Mestizaje

En su Ensayo Gobineau expuso por
primera vez de un modo claro y sistemático, y en el
amplio marco de la historia de las civilizaciones, los
efectos nocivos de la mezcla racial. Todas las
culturas, según el Conde francés, cayeron en la
decadencia, desapareciendo finalmente, a causa de
la mezcla de sangre. «Los pueblos -escribe en su
famosa obra- no degeneran sino por efecto y en
proporción de las mezclas que experimentan, y en
la medida de la calidad de estas mezclas»
1.

1 Conde de Gobineau; “Essai sur I’Inegalité des Races
humaines” Cap. XVI, pág. 5.Según el Conde de Gobineau ni las
malas costumbres, ni las derrotas, ni los malos
gobiernos, son la causa de la decadencia y ruina de
las civilizaciones. La degeneración se produce
cuando un pueblo «no posee ya el valor intrínseco
que antiguamente poseía, porque no circula ya por
sus venas la misma sangre, gradualmente
depauperada con las sucesivas aleaciones» 1.
Ya desde la más remota antigüedad
fue conocido, de modo más o menos consciente, el
efecto deletéreo del mestizaje. Todas las
civilizaciones han considerado la mezcla con otras
razas como algo envilecedor, degradante y, nocivo.
El mestizo fue mirado siempre con menosprecio,
como un ser inferior al de raza pura, el cual estaba
en posesión de facultades muy superiores y
fundamentalmente más en orden que las de aquél.
«Los antiguos egipcios tenían una
pobre opinión del producto mestizo de su propia raza con los negros» dice Byram Campbell. Los
griegos empleaban, la palabra «hybris» para
designar el producto de la mezcla racial. Esta
palabra, afirma Robert Kultner, tiene la misma
raíz que «hubris», que implica la idea de insulto,
arrogancia, pecado o transgresión 2. El sistema de
castas hindú, respondía a la necesidad de evitar la
mezcla de la raza aria dominante y minoritaria con
los elementos aborígenes. Las casta inferiores
recibían el nombre de «enemigas» y «oscuras»
mientras las superiores eran llamadas «claras» y

1
Idem, Cap. IV, p. 39.
2 Byram Campbell, “Race and Social Revolution”, New York,
1958, pág, 22.«divinas». La doctrina hindú habla del kaliyuga, o
época de la decadencia definitiva de un ciclo de
civilización, como aquella en que se borran las
barreras y las diferencias entre las castas y entre
las estirpes. «Los arios que, en su locura,
contraigan matrimonio con una mujer de la última
casta -leemos en el Manava Dharmasastra o «Leyes
de Manú», código religioso y social de la antigua
India- degradan su familia y su descendencia al
nivel de un sudra». «De las uniones irreprobables
-se dice más adelante- desciende una posteridad
sin mácula; de las uniones ilícitas una posteridad
despreciable: se deben, por tanto, evitar las uniones
despreciables»
1. No por otra razón se explica la
prohibición del matrimonio entre patricios y
plebeyos existente en la antigua Roma. La
distinción entre patricios y plebeyos estaba basada
en factores raciales; la clase patricia estaba
formada por los troncos arios que forjaron el Estado
romano, mientras la masa plebeya estaba
constituida por los elementos no-arios, o más
degenerados, que subyacieron a su poder. La
misma idea encontrarnos en la Europa medieval, y
tradicional en general en la cual la nobleza iba
ligada a la pureza de sangre y la unión con
individuos de otras razas era mirada con
repugnancia. En España, por ejemplo, aquél que
poseía sangre judía o árabe era considerado en un
nivel muy inferior, más indigno, que el hombre de
sangre pura, de «sangre limpia» «Yo soy un hombre
-clama un personaje de Lope de Vega -, aunque de
villana casta, limpio de sangre, y jamás de hebrea o

1
“Leyes de Manú”, III, 15, 42.mora manchada»
1. Esto quedó plasmado en las
llamadas «pruebas de limpieza de sangre». La
conciencia racial de los pueblos de estirpe
indoeuropea -escribe Johann von Leers- se ha
expresado a lo largo de la historia en «una estricta
separación de los estratos racialmente distintos,
cuando un pueblo indogermánico conquista un
país extraño y somete a una población extranjera, la validez jurídica del matrimonio aparecía aquí
ligada a la consanguinidad o igualdad de linaje. Sin
equiparación racial no hay connubium. De este
punto de vista parten casi todos los sistemas
jurídicos de los pueblos indoeuropeos»
2.
Hasta en los pueblos más apartados
y más atrasados encontrarnos esta repugnancia,
más o menos acentuada, ante la mezcla con otros
pueblos. En el pueblo judío la mezcla con otros
pueblos aparece ya condenada en el Viejo
Testamento: «Separaos de las gentes del país y de
las mujeres extranjeras» ordena el sacerdote Esdras
(Esdras, 10, 11). «Los pueblos -había escrito
Benjamín Disraelí en su Endymion- conservan su
fuerza, sus tradiciones y las facultades para
grandes empresas solamente en el caso de que
conserven su sangre defendiéndola de mestizajes.
Si se mezcla se bastardean, degenerándose. La
decadencia será así, incontenible. La verdadera
fuerza se encuentra en la nobleza del alma y a ésta
se la humilla si se mezcla la sangre». Este
exclusivismo es lo que ha permitido a la raza judía

1
Lope de Vega, “Peribañez y el Comendador de Ocaña”.
2
J. von Leers, “Blut und Rasse in der Gesetzgebung, München, 1934, pág. 9.
conservarse, sin ser absorbida por los pueblos entre
los que ha vivido, y llegar a la posición de dominio
que hoy ha alcanzado, mientras los pueblos
contemporáneos del antiguo pueblo hebreo;
fenicios, filisteos, persas, etc. han desaparecido
sumergidos bajo oleadas de sangre extraña. Hay
que puntualizar aquí que la llamada «raza judía» no
es tal raza, sino, conforme han señalado la mayoría
de los antropólogos, la resultante de una mezcla de
diversos elementos étnicos -fundamentalmente
levantinos y orientaloides – a los que se han
añadido aportaciones europeas, mongoloides y
negroides. Una mezcla étnica que a partir de cierta
época, y gracias a una especial fuerza anímica, ha
conseguido un relativo grado de cohesión, dentro
siempre de su heterogeneidad constitutiva
fundamental, y que se preservó posteriormente de
una disolución en el seno de los pueblos en que ha
desarrollado su existencia por una estricta
endogamia y autosegregación, así como por su
peculiar forma de concebir la vida y orientar sus
relaciones con otros grupos étnicos. «Los judíos -ha
escrito un autor hebreo en una obra destinada a
ensalzar la mezcla de razas – son el pueblo más
mezclado de todos los pueblos, el pueblo mezclado
en sí… Esta es su fuerza, su dicha» (B. Springer,
Die Blutmischung als Grundgesetz des Lebens
Berlín-Nikolassee, s.a., Pág. 163). «Judíos y
brahamanes se defendieron del mayor peligro, el de
la contaminación: el judaísmo y el hinduismo se
convirtieron en religiones genéticas, cuya
supervivencia se hacía depender de una teoríacorrecta de la diferenciación racial por medio de la
endogamia»
1.
¿Por qué este horror de todos los
pueblos ante la mezcla con otras razas? Existían ya
suficientes hechos para presentirlo, pero la ciencia
ha venido a aclarar aún más este enigma.
Actualmente podemos examinar con una mayor
claridad y perspectiva los efectos de este fenómeno,
que las corrientes democráticas de fanatismo
antirracista, pretenden explicar en base a un
absurdo, superficial y deleznable prejuicio.
James Gregor ha realizado una serie
de estudios, tras los cuales ha llegado a la
conclusión de que el prejuicio racial es uno de los
medios de que se vale la naturaleza para evitar el
fenómeno antinatural del mestizaje 2. La mezcla de
razas sólo se produce en aquellas sociedades que se
han desnaturalizado, que han visto adulterados sus
instintos y debilitadas sus energías vitales, que han
comenzado a sufrir un proceso de disolución.
Si, como han señalado numerosos
autores, observa el raciólogo holandés W. J. Bruyn,
en la mayoría de las formas de civilización la mezcla
racial sólo se da como algo marginal, en la periferia,
se puede deducir que tal fenómeno contranatura
«solo tiene lugar en hombres que se han
desvinculado de su propia cultura». «Hombres
integrados en sanas relaciones vitales no llegarán,
con arreglo a esta línea de pensamiento, aestablecer lazos con otras razas y, con ello, a la

1 C.D. Darfington,”Genetics and man” London, 1964, pág. 321.
2 A. James Gregor; “On the nature of Prejudice”, New York,
1961.mezcla racial. Interpretada en este sentido, la
mezcla de razas es hasta el día de hoy un fenómeno
de desintegración»
1.
El de las consecuencia nefastas del
mestizaje es un hecho tan evidente que no ha
podido menos de saltar a la vista, en un modo u
otro, a las más diversas personalidades, las más
destacadas figuras del pensamiento y de la ciencia.
El mismo Ortega y Gasset expresaba su extrañeza
ante la chocante circunstancia de que aquellos que,
como el historiador Toynbee, se han mostrado
siempre tan sensibles «ante la tragedia atroz del
racismo», no tuvieran ni una sola palabra ni
parecieran reparar siquiera en «la otra tragedia,
precisamente la que se origina por la existencia
numerosa de mestizos y mulatos en los países
donde se da, cosa que conoce todo el que ha viajado
por América y África del Sur»
2. El eugenista
católico Hermann Muckermann apuntaba que, si
bien desde el punto de vista estrictamente
biológico-genético no es mucho lo que se sabe sobre
el problema de los «cruces inarmónicos» «Si se
contemplan a la luz de los sentimientos y de la
tradición, han de ser calificados ciertamente como
una desgracia, como un Unheil»
3. «La historia
-escribe el filósofo alemán Kurt Hildebrandt- nos
enseña que la mezcla indiscriminada, el caos racial
1 Dr. W. J. Bruyn, “Het recht op apartheid, Arnhem 1965, pág.
36.
2
J. Ortega y Gasset, “Una interpretación de la historia
universal”, Madrid 1959, págs. 269 y sig.
3 H. Muckermann, “Volkstum, Staat und Nation eugenisch
gesehen”, Essen, 1933.conduce a la decadencia»
1. El Dr. Robert Knox, en
una de las primeras obras sobre el tema racial
publicadas en Gran Bretaña, calificaba al híbrido o
mestizo de «desgracia de la humanidad»,
degradación que la naturaleza no tarda en vengar
con las más diversas taras. Una mixed race añadía
el citado autor, es «una anomalía sobre la tierra;
algo repudiado por las leyes orgánicas del hombre y
de los animales»
2. En su obra Anthropologie in
pragmatischer Hinsicht, Kant afirmaba: «La mezcla
de los linajes (der Stämme), que poco a poco
disuelve los caracteres, no es provechosa a pesar de
todo pretendido filantropismo, para el género
humano»
3. «No podemos negar nuestro
reconocimiento -escribe el gran compositor alemán
Richard Wagner- a la tesis según la cual el género
humano se compone de razas inconciliablemente
desiguales; las más nobles entre ellas han
conseguido dominar a las menos nobles, pero,
mezclándose con ellas, no han elevado su nivel sino
que se han hecho ellas mismas menos nobles». Y
más adelante añadía: «la corrupción de la sangre ha
llevado consigo una corrupción del temperamento y
de las cualidades morales»
4. Ya el mismo Platón,
«el Rey de los filósofos al hablar scribe el gran compositor alemán
Richard Wagner- a la tesis según la cual el género
humano se compone de razas inconciliablemente
desiguales; las más nobles entre ellas han
conseguido dominar a las menos nobles, pero,
mezclándose con ellas, no han elevado su nivel sino
que se han hecho ellas mismas menos nobles». Y
más adelante añadía: «la corrupción de la sangre ha
llevado consigo una corrupción del temperamento y
de las cualidades morales»
4. Ya el mismo Platón,
«el Rey de los filósofos al hablar de los distintos

1 K. Hildebrandt, “Norn und Entartung des Menschen” Dresden,
1923, pág. 228.
2 R. Knox, -“The races of men A philosopitical enquiry” London,
1862, págs. 400 y 497.
3 Cit. por H. Blome, “Der Rassengedanke in der deutschen
Romantik und siene Grundlagen im 18. Jahrhundert”,
München-Berlín 1943, pág. 28.
4 R. Wagner, “Religione e arte” traduc. de Giulio Cogni, Roma,
1963, págs. 76 y sig.tipos o razas que forman parte de la comunidad
ideal, decía: «al mezclarse (…) se producirá una
cierta diversidad y desigualdad inarmónica, cosas
todas que, cuando se producen, engendran siempre
guerra y enemistad en el lugar que se produzcan»
1.
Planteado el problema en su
dimensión más profunda, podemos decir que la
mezcla de razas -se sobreentiende siempre aquí la
mezcla de razas esencialmente diferenciadasentraña
una ruptura del límite, una lesión de las
formas preservadas a lo largo de los siglos y de los
milenios, un borrar las barreras cualitativas en la
misma realidad vital del ser humano, en su
integridad físico-anímico-espiritual (no otra cosa
quiere decir la palabra griega hybris, igual a
ruptura, transgresión, del límite, de la forma) 2.
Límite, forma, barrera cualitativa que, como
interpretaba la antigua sabiduría helénica, son, por
un lado, expresión de una realidad espiritual,
manifestación de un principio creador, de una
«forma» o dea que se imprime a la materia informe,

1
“República” Carl Vering ha subrayado la coincidencia
existente en este punto entre la teoría de Platón y las tesis del
Conde de Gobineau (“Platons Staat. Der Staat des Königlichen
Weissen”, Frankfurt am Main, 1925, pág. 112).
2
La hybris es el pecado más grande para una concepción
clásica, olímpica, ordenada y normal de la vida. Como observa
Wilhelm Griönbech, la hyhris es el mayor de todos los delitos, el
pecado original para la cosmovisión helénica. “El camino de la
hybris, dice Pindaro, se opone al camino del honor”. La hybris
es la rebeldía contra la ley divina, contra la voluntad de los
dioses, y acarrea la ruina, la destrucción de la areté, de la
virtud. (“Hellas. Griechische Geistegeschichte” Hamburg 1965,
I, Pág. 228-238; W. Jaeger, “Paideia”, México, 1974, págs. 235
y sig.)dándole así vida, ritmo y armonía, y, por otro lado,
y precisamente por ello, factor enriquecedor de la
existencia humana, elemento personalizante,
configurador de la persona en cuanto se eleva por
encima de la simple realidad individual 1.
La mezcla racial es ya de por sí algo
grave, es un mal en si misma -aparte de otras
consideraciones que haremos más adelante, y que
en realidad no hacen sino poner de relieve las
consecuencias o formas de manifestarse de este
mal-; y es un mal en sí misma porque quiebra los
límites diferenciadores en que se expresa el espíritu
en el plano de lo sensible -aquellos «límites
creadores» de que hablaba Goethe-; porque entraña
una disolución de las líneas configuradoras de todo
cuanto es riqueza y libertad en el hombre. Es, como
diría Hildebrandt, la quiebra de la norma del
hombre. En ella se encierra una grave injusticia,
una injusticia cósmica, una injusticia que ofende a
la verdad, al bien y a la belleza; a la verdad, al bien
y a la belleza tal y como se expresan en la carne y la sangre en el ser racial, biológico y espiritual del
hombre. Una injusticia que destruye la paz, la
unidad y la armonía en el seno mismo de la
persona. El mestizaje se halla, en este sentido, en
cuanto ruptura del límite y de la forma, en la línea
de la uniformización democrática, de la
estandarización masificadora, del igualitarismo
totalitario y a ultranza que parece ser el signo de
nuestro tiempo y que hay que proyectar a todos los
órdenes de la existencia.

1 Cf. A. Medrano, «El valor de la persona” (en “Thule”, núm. 1,
primera época. Barcelona)

&&&&&
http://members.libreopinion.com/es/mitgard/mojlnir3.pdf

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s