¿Que Opinaban los Soldados Alemanes de sus Enemigos?

¿Que Opinaban los Soldados Alemanes de sus Enemigos?

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28 abril 2018… BERLIN… y Occidente…

SS Marched / Badenweiler Marsch

Stunde Null Germany after May 1945 The End of Germany

Berlin 1945 – Restart

Flying over the ruins of Berlin in 1945 (in color), Part 1

Flying over the ruins of Berlin in 1945 (in color), Part 2


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https://www.facebook.com/juliosanz89 para ir a parlamento belga

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EN EL PARLAMENTO BELGA:

Mario Díaz Fernández denuncia Pornografía Infantil y violaciones.

La Religión de las Violaciones

Cosificación


Hombres ¿Ustedes son Perdedores?

https://wir-sind-monika.com/page/1/
https://pormiedoalosjudios.wordpress.com/

https://pormiedoalosjudios.wordpress.com/2018/02/18/libertad-para-monika-schaefer-encarcelada-por-alemania/

Genocentrismo XXV.

MIÉRCOLES, 18 DE ABRIL DE 2018

173) Genocentrismo XXV

Genocentrismo XXV.

Manu Rodríguez. Desde Gaiia (18/04/18).
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*Volviendo al aquí y al ahora. El marxismo como sionismo, y el cristianismo… La ‘intelligentsia’ judía, los intelectuales orgánicos del sionismo. Desde Pablo… Hoy están en todos lados, en todas las ramas de la cultura, también en la cultura de masas, que es en gran medida obra suya. También en las ciencias de la vida se han infiltrado estos intelectuales orgánicos (Boas, Gould, Lewontin…).
Llamo la atención sobre el hecho de que el grupo étnico más etnocéntrico que ha conocido este planeta (los judíos –el ‘pueblo’ elegido) es el más empeñado en convencer al resto de los pueblos que las diferencias étnicas entre los humanos no existen. ¿Qué pretenden?
El cristianismo, el marxismo, el psicoanálisis… son instrumentos de alienación y de dominio. Aturden, confunden, hipnotizan a las víctimas.
La negación de las diferencias étnicas huele a programa genocida. Aquí no hay ciencia, ni verdad. Hay más política y ambición de dominio en esta negación de las razas o etnias que en la afirmación de éstas. Y no promete nada bueno. Se diría que la intención es la destrucción de esta diversidad, la homologación étnica y cultural de los diferentes grupos humanos. ¿Con qué intención, me pregunto; qué pretenden? Todo parece indicar que cuentan con un programa oculto. Hay que andar con mucho cuidado con las ideas presuntamente científicas de estos sionistas (no digo judíos), sobre todo en las ciencias de la vida.
Atiéndase a las palabras de Lewontin en “Confusions About Human Races” (2006): “…The last fact about genetic differences between groups is that these differences are in the process of breaking down because of the very large amount of migration and intergroup mating that was always true episodically in the history of the human species but is now more widespread than ever. The result is that individuals identified by themselves or others as belonging to one “race,” based on the small number of visible characters used in classical race definitions, are likely to have ancestry that is a mixture of these groups…”
“El último hecho acerca de las diferencias genéticas entre los grupos es que estas diferencias están en proceso de desintegración debido a la gran cantidad de migración y apareamiento inter-grupal que siempre fue ciertamente episódica en la historia de la especie humana, pero ahora está más extendida que nunca. El resultado es que los individuos identificados por ellos mismos o por otros como pertenecientes a una “raza”, basados en el pequeño número de caracteres visibles utilizados en las definiciones raciales clásicas, probablemente tengan (lo tendrán, en el futuro) ascendencia que sea una mezcla de estos grupos…” De esto se trata. Éste es el programa oculto. Éste es el futuro que nos tienen preparado.
Por último, estas palabras de Charles Murray in “The Inequality Taboo” (2005): Lewontin’s position, which quickly became a tenet of political correctness, carried with it a potential means of being falsified. If he was correct, then a statistical analysis of genetic markers would not produce clusters corresponding to common racial labels… In the last few years, that test has become feasible, and now we know that Lewontin was wrong. Several analyses have confirmed the genetic reality of group identities going under the label of race or ethnicity. In the most recent, published this year, all but five of the 3,636 subjects fell into the cluster of genetic markers corresponding to their self-identified ethnic group. When a statistical procedure, blind to physical characteristics and working exclusively with genetic information, classifies 99.9 percent of the individuals in a large sample in the same way they classify themselves, it is hard to argue that race is imaginary.
“La posición de Lewontin, que rápidamente se convirtió en un principio de corrección política, llevó consigo un posible medio de ser falsado (probar si una teoría es falsa; término ‘popperiano’). Si estuviera en lo cierto, entonces un análisis estadístico de los marcadores genéticos no produciría racimos (‘clusters’) correspondientes a las etiquetas raciales comunes… En los últimos años, esa prueba se ha hecho factible, y ahora sabemos que Lewontin estaba equivocado. Varios análisis han confirmado la realidad genética de las identidades grupales bajo la etiqueta de raza o etnia. En el más reciente, publicado este año, todos excepto cinco de los 3.636 sujetos cayeron en el grupo de marcadores genéticos correspondientes a su grupo étnico auto-identificado. Cuando un procedimiento estadístico, ciego a las características físicas y que trabaja exclusivamente con información genética, clasifica al 99,9 por ciento de los individuos en una muestra grande de la misma manera que ellos mismos se clasifican, es difícil argumentar que la raza es imaginaria.” (Subrayado mío).
Tanto el ensayo de R. C. Lewontin, como el de Charles Murray, pueden encontrarse fácilmente en internet.
¿Qué sentido tiene, por qué la extinción de los grupos étnico-culturales que promueven los ideólogos sionistas; para qué? Es un claro genocidio a escala planetaria. Un genocidio enmascarado en pseudo-teorías (marxistas, pseudo-científicas), y en el nombre de la ‘humanidad’. En el nombre de la comunidad judía, hay que decir.
De un lado el claro etnocentrismo (el pueblo elegido), del otro lado no cesan de difundir ideologías universales (religiosas y políticas) entre los otros pueblos –ideologías universales transétnicas y transculturales que no les afecta, pues ellos son los únicos que nunca dejan de ser lo que son (étnica y culturalmente). Los otros dejan de ser lo que son (étnica y culturalmente) para convertirse en cristianos, o marxistas. Huelen mal estos mesianismos. El marxismo, la dialéctica materialista, es un instrumento, un cebo y un cepo…
Es notorio el cómo han transformado la cotidianidad de los pueblos blancos; sus raíces culturales (desde la cristianización hasta la actual proletarización en marcha). Su poder mediático (medios de comunicación), la industria del ocio (cine, documentales históricos, series de televisión…). Véase el caso de los EEUU: política, filosofía, economía, pintura, música… costumbres de todo tipo. Dirigen nuestra cotidianidad más allá de toda medida. La enrarecida atmósfera etno-cultural que vivimos lleva la marca judía (en amplio sentido).
*En lugar del término ‘raza’, aplicado a los seres humanos, podríamos usar términos como ‘subespecie’ o ‘subtipo’, y estos deberían ser estudiados en genética de poblaciones –su origen, su evolución, su desarrollo… Es un deber profundizar en estas diferencias. La gran familia ‘humana’.
La relación de cada unos de estos grupos humanos (o variedades) con los diferentes entornos geográficos, climáticos, vivientes (flora, fauna…). La conservación de estos subtipos del cariotipo humano es esencial. La diversidad y riqueza étnica y lingüístico-cultural de la especie humana es un legado que a todos los grupos humanos pertenece.
*Hablando de reducionismo, de lo que se trata ahora (con Gould, Lewontin et al.) es de reducir las ciencias de la vida al marxismo, como otrora al judaísmo (el ‘génesis’ bíblico) o al cristianismo. En cualquier caso, conceptos claves en Lewontin y otros (co-evolución organismos-entorno…) están claramente tomados de Vernadsky-Lovelock. ¿Qué mayor construcción del nicho que la transformación de la geología, clima, temperatura del planeta y demás tras la aparición de la vida? En este sentido Lewontin es un plagiario que no cita siquiera sus precedentes al respecto, nada que ver con la probada honestidad intelectual de Lynn Margulis (también judía), o Peter Westbroek (entre otros).
Recientemente encontramos entre algunos científicos judíos (biólogos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos…) una reivindicación de Lamarck y la ‘herencia de caracteres adquiridos’ apoyándose en los avances en epigenética (vease Jablonka, Lamb, o Gissis&Jablonka, ‘Transformations of Lamarckism’, 2011). En ‘Epigenetic Transmission of Holocaust Trauma’ de Natan P.F. Kellermann, publicado en 2013, se nos habla incluso de una ‘transgeneracional transmisión de trauma’. Debería estar claro que tal ‘trauma’ se transmite vía cultural, y que son los judíos los más interesados en mantener viva, y no sólo entre su población, la memoria del discutido ‘holocausto’. Pero, ¿cómo es posible que se puedan transmitir, vía genética (epigenética), experiencias personales psicológicas, y no se transmita la circuncisión, por ejemplo? Los niños judíos y musulmanes llevan miles de años sometiéndose a la circuncisión, y el nacimiento de niños judíos o musulmanes sin prepucio sería una prueba incontestable de la herencia de caracteres adquiridos, pero tal cosa, obviamente, no está sucediendo.
Hay muchas costumbres que tienen que ver con modificaciones del cuerpo (del fenotipo): la antigua deformación craneal en los aztecas; el alargamiento del cuello de las mujeres ‘padaung’ en Birmania; la ablación del clítoris en algunos lugares de África; las deformaciones de dientes, labios, narices, lóbulos de las orejas; las escarificaciones o tatuajes en la piel… Si la herencia de caracteres adquiridos fuera una realidad biológica ya hace tiempo que estas amputaciones o deformaciones deberían haber sido trasmitidas genética o epigenéticamente, pero tal cosa no ha sucedido. ¿Cómo es posible que se transmitan experiencias psicológicas de una generación a otra (en unos pocos años) y no se transmitan las transformaciones corporales que ciertos grupos humanos llevan realizándose tal vez desde hace miles de años?
Se ve claramente que esta vergonzosa manipulación de la verdad por parte de los ‘científicos’ judíos tan solo pretende seguir manteniendo vivo el mito del holocausto (por intereses étnicos, políticos, sociales, económicos…) apoyándose ahora en dudosas interpretaciones del evolucionismo de Lamarck. Resulta perturbador que las ciencias de la vida tomen en consideración semejantes ‘ideas’.
Podemos imaginar el inquietante futuro de las ciencias de la vida en manos del etnocentrismo y del suprematismo judío (el pueblo elegido). Pronto comenzará la persecución pública de cualquier crítica de las ‘nueva biología’ (bastará con la acusación de anti-semitismo, de probado éxito).
Tendremos una biología étnica (judía, etnocéntrica), ideológica, política (marxista)… Lo más curioso es que estas son las acusaciones que habitualmente se hace desde la filas judías a las tradiciones culturales (en amplio sentido) de los pueblos otros. Los pueblos blancos (el occidente europeo) se han visto fustigados por los intelectuales orgánicos del sionismo desde hace cientos de años. Marx supuso una renovación de las estrategias de ataque, ahora culturales, políticas, económicas, sociológicas… y finalmente científicas.
Ahora se habla de ciencia ilustrada (Lamarck), de ciencia capitalista, burguesa, o victoriana (Darwin), de ciencia proletaria (Lysenko y su lamarckismo)… Al heliocentrismo (Aristarco de Samos… Copérnico, Kepler, Newton…), pues, se le podría calificar de ciencia monárquica (recordemos al ‘rey sol’). ¿Y cómo calificaríamos políticamente la tabla periódica de Mendeleiev? Semejantes estupideces no merecen otra respuesta que la reducción al absurdo…
Los judíos (los intelectuales orgánicos del sionismo) llevan modificando el entorno cultural de los pueblos desde hace miles de años –en su propio beneficio. Esta modificación del hábitat cultural de los pueblos otros es una estrategia evolutiva; es la ‘construcción del nicho’ tal como la entiende el pueblo ‘elegido’.
Pueblos parásitos que alteran, que destruyen la herencia cultural de sus anfitriones en su propio beneficio.
Al diablo la verdad… Lo que importa es el poder, la supremacía económica, política, cultural…
*La negación del papel principal de la sustancia genética –‘No en nuestros genes’. El fenocentrismo se resiste. La fenomanía. ¿Por qué? ¿Por qué no se quiere reconocer el papel exclusivo, se diría, de los genes en la evolución? ¿Qué se teme?
Las motivaciones ideológicas y políticas (cuando no etnocéntricas, o al menos, sionistas) en la negación del papel primordial de la sustancia genética en todos los fenómenos biológicos.
La ridícula dialéctica marxista (de origen hegeliano) aplicada a las ciencias de la vida. El reduccionismo ideológico marxista se está imponiendo en nuestra comprensión de los fenómenos biológicos. La rejilla (la ‘grille’) marxista. Los grilletes. ¿Qué se pretende? ¿Qué se consigue?
No sé si hay política o ideología del lado del genocentrismo, pero lo que es innegable es que sí la hay del lado del fenocentrismo (el marxismo de Gould, Lewontin y otros).
Ahora se quiere una biología proletaria, o, como mínimo, democrática. Dado que la anterior era capitalista, o burguesa… Es el colmo de la estupidez.
Lo peor que le ha podido suceder a las ciencias de la vida es la intrusión de estos reventadores profesionales, de estos intelectuales orgánicos del sionismo marxista.
¿Qué se pretende? Introducir la discordia, la división y el enfrentamiento entre los biólogos; introducir la censura, la inquisición, la policía política… De un lado los ‘dialécticos’, del otro… A los biólogos no dialécticos (no marxistas) se les tildará de fascistas, reaccionarios, conservadores… se les arrinconará, se les hará la vida imposible. Ese es el futuro. Las ciencias de la vida dirán lo que quieran los sionistas (lo que es bueno para los ‘judíos’). No habrá verdad, ni ciencia, ni conocimiento… Será ‘1984’ cumplido, como cuando la cristianización, la islamización, o la bolchevización. Será el fin de las ciencias de la vida.
*Personajes insidiosos, particularmente Lewontin con su artículo (1997) acerca de la relevancia de la obra de Dobzhansky (Genetics and the origin of species). Insidioso, e ingrato, toda vez que él mismo fue discípulo de Dobzhansky; injusto también, el artículo podría haber tenido otro título, al menos; y superfluo, porque es como preguntarse, en el campo de la física de partículas, por ejemplo, si la obra de Bohr, o Rutherford es aún relevante. Ni el menor respeto por el que fue su maestro. Podemos compararlo con Francisco Ayala, también discípulo de Dobzhansky, y sus varios artículos in memoriam de éste (he podido encontrar tres: 1976, 1985, 2000).
El año 2001 se publicó un segundo volumen de ensayos dedicado a Richard Lewontin (Thinking about Evolution: Historical, Philosophical and Political Persectives). Maynard Smith publicó una recensión del mismo (Reconciling Marx and Darwin, 2001) en la que hacía las siguientes observaciones (entre otras):
“A theme which arises repeatedly in these essays is the conflict between ‘‘neo-Darwinism’’—the interpretation of Darwin’s ideas in terms of population genetics—and Marxist philosophy… …The idea of a gene that influences development, but is itself unaltered, is undialectical… …This dialectical view has led many of those who have been influenced by Marxism to reject the idea that genes play a special role in evolution, and to be critical of the ‘‘gene-centered’’ approach pioneered by Hamilton, Williams, Dawkins, (and others)… …It is a curious feature of this book that there is, I believe, no reference to the central dogma, or to Watson or Crick. The dogma is perhaps the only statement in biology that is at the same time general, important, and—so far as we know—true… …To sum up, I think this book illustrates the fact that dialectical materialism is antipathetic to the notion of genes that influence development but are uninfluenced by it.”
“Un tema que surge repetidamente en estos ensayos es el conflicto entre el “neo darwinismo” –la interpretación de las ideas de Darwin en términos de genética poblacional– y la filosofía marxista… …La idea de un gen que influye en el desarrollo, pero no se altera, es no-dialéctica… …Esta visión dialéctica ha llevado a muchos de los que han sido influenciados por el marxismo a rechazar la idea de que los genes desempeñan un papel especial en la evolución y a criticar el enfoque “centrado en el gen” iniciado por Hamilton, Williams, Dawkins (y otros)… …Una curiosa característica de este libro es que no hay, creo yo, ninguna referencia al dogma central, o a Watson o Crick. El dogma es quizás la única afirmación en biología que es al mismo tiempo general, importante y, hasta donde sabemos, verdadera… …Para resumir, pienso que este libro ilustra el hecho de que el materialismo dialéctico es ‘antipathetic’ (opuesto, hostil, o antagónico) a la noción de los genes que influyen en el desarrollo, pero que no son influenciados por éste…”
El artículo de Maynard Smith no deja lugar a dudas de que aquí ya no hay ciencia, sino ideología; que ya no hay voluntad de conocimiento y de verdad, sino de poder.
Añadamos estas palabras de Erik I. Svensson, On reciprocal causation in the evolutionary process. 2017 (p. 18): “The idea that genes are unaffected by environments and that the germ line is separated from the soma may seem undialectical, but it is a fact of life. Strong evidence would be required for any claims –made by EES proponents or others– that the Weismannian germline-soma separation is not valid anymore, that the so-called “Central Dogma” of molecular genetics does not hold up (Maynard Smith 1988; 2001) or that soft inheritance plays a major role in evolution (Haig 2007; Dickins and Rahman 2012).”

“La idea de que los genes no se ven afectados por los entornos y que la línea germinal está separada del soma puede parecer no dialéctica, pero es un hecho de la vida. Se necesitarán pruebas contundentes para cualquier afirmación, hecha por los defensores del EES u otros, de que la separación línea germinal-soma de Weismann ya no es válida, que el así llamado “Dogma central” de la genética molecular no se sostiene (Maynard Smith 1988, 2001), o que la herencia blanda juega un papel importante en la evolución (Haig 2007; Dickins y Rahman 2012).”
Ahora se trata de juzgar (políticamente) todas las ramas de las ciencias de la vida a través de los axiomas o premisas (cualesquiera éstas sean) del materialismo dialéctico, y de reducirlas a éste. A lo que no coincida se le considerará como pensamiento conservador, reaccionario, o de ‘derecha’ (ya se está haciendo). Pronto veremos cómo se califica de fascistas a los partidarios de la evolución centrada en los genes (en la sustancia genética, mejor).
En estos últimos años estamos siendo testigos de la estrategia de poder (y de la toma de poder) seguida por el sionismo marxista en las ciencias de la vida. Lo tenemos en los medios de comunicación, en las cátedras, en los libros de texto… Omnipresentes.
Triunfa Lamarck, Lysenko, el materialismo dialéctico; cae Darwin, Mendel, Morgan, Vavilov, Dobzhansky…, y el propio Haldane, marxista él, que tanto contribuyo al neodarwinismo, ha caído en desgracia. Cae finalmente la ciencia burguesa, triunfa la ciencia proletaria.
Vavilov, mártir de la verdad genética. La verdad genética arruina al materialismo dialéctico, como la evolución arruinaba a los creacionistas judíos, cristianos y musulmanes.
*Levins&Lewontin, en el mismo prólogo del ‘biólogo dialéctico’ dicen que el materialismo y el cambio implícitos en la evolución de Darwin son dialécticos, pero que la adaptación no lo es (es ‘cartesiana’). Al no ser dialéctica hay que descartarla. Se ve cómo prevalece la ideología sobre la ciencia, el conocimiento, o la verdad. Lo que coincida con el materialismo dialéctico pasará la prueba, contará con el ‘nihil obstat’ de los censores de turno, lo que no coincida será descartado, boicoteado, o prohibido. Los científicos que no den muestras en sus teorías o puntos de vista de suficiente marxismo serán entonces acusados, insultados, silenciados, y perseguidos.
En el materialismo dialéctico, como en otras ideologías (religiosas o políticas), la censura o aprobación nada tiene que ver con la ciencia de que se trate. Esto no sólo tiene consecuencias para el conocimiento, muchos hombres y mujeres de ciencia pagan las consecuencias de semejante control ideológico de las disciplinas del saber.
La aportación del marxismo a las ciencias de la vida: ruido, confusión.
El materialismo dialéctico en las ciencias, que cada vez tiene más fuerza, es la nueva inquisición –como lo fue no hace muchos años en la URSS. La crítica a Lysenko y al lysenkoismo que encontramos en Gould o Lewontin no debe confundirnos. Es el ‘diamat’ en acción.
La adaptación no es dialéctica, el gen no es dialéctico, así pues…
El disimulo de los marxistas; las tácticas, la estrategia…
Los desastres del ‘diamat’ en la URSS, son los errores que se advierten en los biólogos dialécticos de hoy. La represión vendrá…
Enemigo del pueblo, enemigo de clase… enemigo del ‘diamat’… burgués, idealista, mecanicista, reduccionista, reaccionario, fascista… Estos son los apelativos que los marxistas prodigan a los no marxistas. Llevan más de un siglo haciéndolo. Debemos acostumbrarnos a ellos.
“We shall go to the pyre, we shall burn, but we shall not retreat from our convictions.” Nikolai Vavilov, 1939.
El ‘diamat’, hostil (anti-pathetic) a la verdad.
Una biología marxista resulta tan estúpida, delirante y peligrosa como una biología cristiana, judía, musulmana, budista, hinduista… democrática…
Las ciencias de la vida no necesitan de ninguna ideología (religiosa o política) para llevar a cabo su cometido. Se bastan a sí mismas.
Estas ideologías quieren apropiarse o destruir el mensaje que las ciencias de la vida vienen a traernos. Manipular, distorsionar, podar… los ‘lechos de Procrustes’.
Lo que, en las ciencias de la vida, no coincida con la dialéctica materialista debe desaparecer, simplemente. Éste es el cometido de los ‘biólogos’ dialécticos, de los intelectuales orgánicos del sionismo marxista.
*Los biólogos judíos se promocionan a sí mismos (a los suyos). Adviértase esto en los textos de Gould, Rose, Levins, Lewontin, Jablonka… Como reivindican y recuperan a los suyos. Reescribir la historia de las ciencias de la vida. Las tendencias y los autores que no les vengan bien a los judíos serán difamados, ridiculizados, caricaturizados… Los antecedentes no judíos de las tesis defendidas por los judíos serán ocultados, silenciados. Los otros, los no judíos, desaparecerán de los libros y manuales.
El espíritu de cuerpo judío, su ‘eterna’ estrategia evolutiva. La negación del otro. En último término, les gustaría vernos a todos arrodillados a los pies de los suyos (Marx, Freud, Boas…).
Vernadsky no era judío, pero era soviético, bolchevique, marxista… Esto, al parecer, le salva. Pero basta leer la biografía de Vernadsky para advertir que poco o nada tenía que ver con los soviets o marxistas. Los padeció, como la población rusa en general.
Sucede igual en filosofía con los autores judíos –Derrida, Lévinas… También ellos potencian o promocionan a los suyos (a Marx y a Freud principalmente), se promocionan entre sí. Es la misma estrategia evolutiva de grupo.
En todos los campos de saber, incluso en las ciencias de la vida, hay que introducir a Marx o a Freud. Darwin es nada… La antropología darwiniana, la sociobiología, o la psicología evolucionaría son censuradas porque no les interesa, porque no son marxistas o freudianas, porque ponen en evidencia su estrategia evolutiva de poder –su suprematismo.
En resumidas cuentas, la guerra de los judíos por la supremacía (étnica, cultural, política…) se ha introducido en las ciencias de la vida (que se encontraba parcialmente libre de ellos). Desde Gould, Lewontin, Levins, Rose, Kamin… desde los años setenta del pasado siglo. Su arma predilecta es el materialismo dialéctico, aunque también hacen uso del psicoanálisis. Veamos como los biólogos gentiles salen airosos de esta prueba. Y por biólogos gentiles no me refiero tan sólo a los occidentales.
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Hasta la próxima,
Manu

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FUENTE:
http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2018/04/173-genocentrismo-xxv.html

NATALIDAD, DEMOGRAFÍA, BIOPOLÍTICA Y SEXO

SOBRE NATALIDAD, DEMOGRAFÍA, BIOPOLÍTICA Y SEXO
Publicado el 30 mayo, 2017 por danipirata80

Félix Rodrigo Mora

El desplome de la natalidad en lo que se conoce como España, la cual se sitúa ya en 1,2 hijos por mujer y continua descendiendo, sin que se atisbe ningún mecanismo de corrección, ni institucional ni popular ni espontáneo, ha llegado a ser uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, que está demandando un trato reflexivo cuidadoso y extenso. Este artículo es, por ello, el inicio de una sucesión de intervenciones de diversa condición que irán considerando el problema en su conjunto así como sus manifestaciones parciales. Todo ello con un fin transformador y constructivo, aportar ideas para remediar la calamidad demográfica en curso, que es por ella misma catástrofe cultural, relacional, económica, asistencial y civilizacional.

El asombroso grado de embrutecimiento, ignorancia e insensibilización que padece nuestra sociedad le impide tomar conciencia y reaccionar ante las grandes cuestiones, al prestar toda su atención a cominerías y bagatelas, cuando no a autenticas depravaciones, desde entelequias politiqueras como “la lucha contra la corrupción”, esa feliz utopía para necios, hasta los planes para las próximas vacaciones o las mascotas, hoy las principales receptoras de cariño y cuidados del ciudadano medio. En efecto, mientras los niños y niñas son considerados con indiferencia emocional, cuando no con disgusto y aborrecimiento, perros y gatos, peces y pájaros, provocan efusiones sentimentales de una intensidad y persistencia que causa estupor. El amor que no se es capaz de proporcionar a los niños se da a los animales.

En ello se manifiesta también la aberrante naturaleza de la actual sociedad y de una buena parte de sus integrantes, hombres y mujeres, que colocan a los seres humanos en el último lugar, lo que es un antihumanismo de muy inquietante significación. Odiar obstinadamente lo humano y derretirse de emoción ante lo no-humano es parte medular del régimen patológicamente sensiblero-sádico de nuestro tiempo.

La inquina hacia la maternidad y hacia los niños forma parte del estado de ánimo prevaleciente. Las mujeres que se atreven a ser madres han de hacer previamente un acopio de heroísmo, pues van a ser miradas mal, vituperadas y perseguidas, por la propia familia, por la sociedad en su conjunto y, sobre todo, por la empresa donde trabajan. Todos sabemos que las mujeres-madres no son queridas en los empleos, que su estatuto laboral suele ser mucho peor que el de las que renuncian, de buena o mala gana, a la maternidad, y muchísimo peor que el de las lesbianas y que aquellas féminas que se han mutilado (ligadura de trompas, etc.) para no ser madres, para no “caer en la tentación”. Así pues, es el mismo régimen salarial, el mismísimo capitalismo, el que está haciendo caer la natalidad hasta guarismos que ya no garantizan ni siquiera la continuación de la sociedad.

Algunos, para exculpar al capitalismo, al empresariado, al sistema económico vigente, sostienen que son “las políticas de género” las responsables de la persecución de la maternidad, pero no. Tales malignas políticas son sólo una parte del problema, y además ellas mismas representan los intereses de la clase patronal. La hipocresía es mucha en este campo. Por ejemplo, la Iglesia condena el aborto pero defiende a los empresarios que obligan a las mujeres a abortar por mera codicia, para maximizar sus beneficios.

En efecto, hasta el 80% de los abortos tiene como causa última o inmediata, directa o indirecta, la presión de los empresarios y las empresarias (a veces de una agresividad superlativa) sobre las mujeres. Éstas son forzadas a echar fuera violentamente lo que llevan en su seno para que su vida laboral tenga alguna posibilidad de ser exitosa. A eso se une que el modo de vida de la sociedad urbana, atomizada, aculturada y desorganizada (donde nadie conoce a nadie y nadie se relaciona de forma intensa y sincera, estable y duradera, con nadie), hace imposible que las madres reciban la ayuda que precisan en los momentos difíciles de la crianza, sobre todo en el primer año de vida del bebe.

Dado que la familia se ha casi desintegrado, la extensa, que era la verdadera familia, hace ya mucho (la aniquiló el franquismo, tan nacional-católico él…) y la nuclear ahora, las guarderías, que pretenden, conforme a la frasecita institucional, “hacer compatible el trabajo con la vida laborar de la mujer”, no son solución, por diversos motivos, comenzando porque es aberrante que a un niño o niña de cuatro/seis meses se les deje abandonados 9-11 horas en un lugar generalmente deplorable e incluso horrendo. Tales bebés no serán personas sanas psíquicamente quizá nunca, por causa de tan antinatural tratamiento. Eso lo saben las posibles madres y muchas prefieren no serlo antes que tener que dar ese trato a sus futuros hijos.

Además, ahora la clase patronal ha aprendido a hacer algo escalofriante, no pagar la reproducción de la mano de obra, debido a que ésta llega en enormes cantidades con la emigración desde los países pobres. Así que, dado que aquélla se ha vuelto gratuita, los salarios de las y los menores de 45 años, que son los en edad reproductiva, no incluyen los gastos de crianza de nueva mano de obra, lo que es una de las causas -hay otras- que explican que sus ingresos sean, por lo general, menos de la mitad de los que tuvieron sus madres y padres en empleos similares. Este hecho económico decisivo nos condena a una catástrofe demográfica, a la extinción de la población autóctona, al exterminio étnico y la sustitución racial, lo que ya se anuncia en el virulento racismo antiblanco que el Estado español está promoviendo, por medio de sus jaurías mediáticas y callejeras. Tal medida afecta también a los emigrantes ya asentados, que son tratados del mismo modo.

Hablemos de biopolítica.

El abastecimiento de mano de obra es el problema esencial de toda sociedad. Sí, es el problema más principal, el número uno, pues sólo el trabajo humano crea valor económico. Este asunto es generalmente incomprendido por los analistas y el público, que se centran en si un país es rico o no en recursos naturales, sin comprender que éstos no pueden ser puestos en valor sin mano de obra, sin seres humanos trabajadores. Tres eran las funciones que cumplía una demografía pujante, abastecer de mano de obra a los propietarios de los medios de producción, proporcionar soldados a los ejércitos y aportar pobladores a las colonias. Así ha sido durante milenios, desde que existen las sociedades con clases sociales, propiedad privada concentrada, religión monoteísta con clero institucional y Estado.

Para asegurarse una demografía óptima se controla férreamente la vida sexual del pueblo. Ésta deja de ser la consecuencia del amor y el deseo para subordinarse a las metas biopolíticas que en cada coyuntura histórica establezca el poder constituido. La presión en ello es enorme, colosal, en un sentido o en otro, pues aunque la gente ignara no lo comprenda, los seres humanos son, también objetivamente, lo más decisivo. Han sido las religiones, junto con el Derecho del Estado y la ideología dominante impuesta desde arriba, los que han regulado la actividad sexual, hasta hace muy poco con fines natalistas. Por ello se confinaba la sexualidad en el matrimonio, se hacía del sexo meramente un medio al servicio de un fin, la reproducción, y se perseguían los erotismos no-reproductivos, sobre todo la homosexualidad y otras “perversiones”. El Código Civil francés de 1804, así como sus copias más o menos serviles, como el español de 1889, recogen tal esquema, que convierten en severísima legalidad.

Todo ello queda alterado con el fenómeno de la emigración, gracias al cual los países ricos pueden abastecerse de mano de obra, e incluso de soldados y policías, en los países pobres. Este hecho, sustentado en la revolución de los transportes y las comunicaciones, posterior a la II Guerra Mundial, ha provocado un vuelco radical en estas materias.

Examinemos algunas experiencias históricas. En Roma las viejas y sólidas costumbres familiares y sexuales de antaño quedaron radicalmente alteradas a partir del siglo II antes de nuestra era, cuando las sucesivas victorias de las legiones arrojaron sobre ella masas compactas de gentes esclavizadas, más mujeres que hombres a pesar de lo que digan los manuales de historia. En efecto, el objetivo esencial de las operaciones de conquista en el exterior no era tanto la adquisición de tierras y riquezas como la captura de mano de obra. Ésta, en la forma de esclavos aherrojados, era llevada al interior del imperio y puesta a trabajar, si bien una parte importante fue liberada en un segundo momento, o sea, convertida en apta para el trabajo por un salario, ellos o sus hijos.

Como consecuencia, la vida sexual de la población conoció un cambio enorme, ya visible en el siglo I de nuestra era. Por procedimientos muy diversos se fue desalentando el sexo heterosexual reproductivo, dado que era muchísimo más barato capturar esclavos en el exterior que criar niños y niñas nacidos dentro de las fronteras del imperio. Así fue mientras los ejércitos de la Urbe perversa y sanguinaria resultaron ser capaces de ir de victoria en victoria. Primero tuvo lugar un periodo de “emancipación” de las severas normas erótico-reproductivas de antaño, en lo que fue la “revolución sexual” del siglo I, cuya meollo era la frivolización y banalización del sexo, en un ambiente de permisividad general con todas las prácticas libidinales… menos con las que llevasen al preñamiento de las mujeres, que fue convertido en un acontecimiento crecientemente tabú. La aristocracia dio ejemplo a toda la sociedad, al negarse al sexo reproductivo, lo que fue sustituido por una muy extendida práctica de la adopción de menores biológicamente ajenos, que eran convertidos en herederos y continuadores de los linajes y las familias, en particular de las más opulentas. La manipulación de las mentes fue tan eficaz que muchas de las más respetables matronas romanas desarrollaron una fobia a la maternidad, que se convirtió en repugnancia invencible hacia lo corporal y sexual en general. Tal fue la base sociológica de la toma de posición del clero eclesial romano ante el sexo, andando los siglos.

Los problemas aparecieron en toda su magnitud cuando el imperio alcanzó sus límites máximos de expansión y las guerras comenzaron ya a ser más defensivas que ofensivas, con la consecuencia de aportar cada vez menos esclavos. Esto tuvo efectos graves pues la sociedad romana ya había perdido el hábito de reproducirse, padeciendo una natalidad baja, y la llegada de nuevas gentes por captura y esclavización era asimismo reducida y decreciente. A mediados del siglo II la situación ya estaba planteada en esos términos, pero hay que esperar todavía casi un siglo para que el problema demográfico se haga pavoroso en Roma, siendo esto la causa principal de la conocida como “crisis del siglo III”. Entonces se ha dado ya una reducción general de la población, y no hay individuos suficientes para las legiones ni trabajadores para los campos y obradores. Las ciudades comienzan a perder vecindario, a menudo hasta despoblarse por completo. La aristocracia romana pacta con los jefes de los pueblos germanos el abastecimiento de mercenarios, que aquéllos aprovechan para ir haciéndose con posiciones de más y más poder, lo que les empujará a apoderarse del imperio a partir del siglo V, si bien la operación no lleva a la liquidación de la vieja élite romana sino a la integración de los germanos en ella, en lo que fue un proceso largo y complejo.

La moral sexual se fue alterando conforme iban cambiando las condiciones biopolíticas. De la frivolidad del siglo I, con sus risibles orgías y bacanales, se va pasando a un ambiente de creciente ascetismo enfermizo, aunque sin que se vuelva a recuperar el vigor reproductivo de la Roma anterior a la expansión imperialista. Se va demonizando más y más lo corporal, el erotismo y la sexualidad, valiéndose de la ideología neoplatónica, que lleva a expresiones aberrantes de ascetismos y pseudo-espiritualidad dentro del paganismo (y después con la Iglesia, traidora al ideario cristiano), que no sólo rechazaban toda sexualidad, sino la higiene y el cuidado del cuerpo en general. Si antaño era pecaminoso tener hijos porque los esclavos resultaban más baratos, en los malos tiempos del siglo III tampoco podía haber sexo reproductivo debido a que la sociedad era demasiado pobre para permitirse los gastos de crianza y porque, en definitiva, resultaba más económico traer mercenarios germanos… De este fenomenal embrollo salió Occidente con la revolución popular altomedieval, promovida por el monacato cristiano revolucionario, que al norte de los Pirineos logra impulso una vez que el imperio de Carlomagno, la última expresión visible de la romanidad en putrefacción, se hunde, a comienzos del siglo X.

Un anuncio del presente estado de cosas lo tenemos en Francia tras la I Guerra Mundial. Ésta, con su descomunal poder carnicero y exterminador, hace añico las proposiciones axiales que sustentan el Código Civil napoleónico de 1804. Se comprende, pues murió más de la cuarta parte de la juventud masculina, a la vez que otro porcentaje similar quedo mutilado, física y/o psíquicamente. O sea, faltaban hombres, en este caso más víctimas del régimen patriarcal que las mujeres, al ser forzados por el Estado a perecer en masa en las trincheras. Así las cosas, no había otra solución que la emigración, de manera que Francia se vale de su hegemonía cultural y financiera en Europa para abastecerse con mano de obra, principalmente masculina, proveniente sobre todo de Polonia, Italia y España.

Ello enseña algo decisivo a los poderes constituidos, al capitalismo, al Estado, algo que no está escrito en ningún libro de historia pero que es decisivo: que los países ricos pueden ahorrarse los gastos de crianza, para hacerse aún más ricos, así pues, más poderosos en tanto que imperios, robando la población a los países pobres. De ese modo entramos en la edad del expolio demográfico a muy colosal escala, con países-granja, dedicados a producir seres humanos, como si fueran pollos o cerdos, para la exportación (Marruecos, Ecuador, Nigeria, etc.) y países consumidores de personas (España, entre otros).

Por eso es Francia, junto con EEUU (que es gran imperio gracias a la emigración, no a la tecnología), la que ensaya ya en los años 20 del siglo pasado los primeros esbozos de la “revolución sexual” que va a tener lugar en Occidente algo más tarde, en los 60. Su fundamento biopolítico es simple: si el abastecimiento de mano de obra e incluso de una parte de los reclutas para los ejércitos puede hacerse fuera del país es muy conveniente que dentro de él la gente tenga los menos hijos posibles, para lo cual hay que introducir cambios enormes en las mentalidades y las costumbre, alterando las nociones y vivencias decisivas sobre erotismo y sexualidad. Al mismo tiempo, se constituye el Estado de bienestar, cuyo axioma fundacional dice que a las gentes les va a cuidar y atender el ente estatal, no la familia, cuando sean ancianos o estén enfermos. La política de pensiones garantizadas para todos junto con la emigración masiva crea un nuevo orden erótico y reproductivo, justamente el que ahora se está desmoronando.

En el periodo de entreguerras aún las cosas no podían ser así del todo. Alemania se manifestó adherida a una moral sexual clásica, represiva al modo napoleónico, no porque fuera nazi, sino porque estaba obligada a ello, dado que no estaba en condiciones de capturar fuera la suficiente mano de obra. Además, al carecer de colonias no podía usar tropas coloniales, como si hicieron Inglaterra y Francia con éxito. En buena medida, Hitler atacó hacia el este no tanto para apoderarse de territorios y materias primas como para atrapar mano de obra, que necesitaba desesperadamente a fin de mantener activa su industria, en particular la militar. Por eso millones de eslavos fueron llevados a Alemania a trabajar, donde eran relativamente bien acogidos para que resultaran productivos y eficaces económicamente. Dado que los jefes nazis tenían en mente un largo periodo de guerras, conocedores de su debilidad biopolítica también por razones geopolíticas, se negaron a emplear masivamente a las mujeres en la industria militar, como sí hicieron sus enemigos, no porque fueran “más reaccionarios” que ellos (todos lo eran similarmente…), sino porque estaban obligados a hacerlo si querían disponer de muchas personas en la generación siguiente para abastecer la industria y el ejército.

Finalizada la II Guerra Mundial están dadas todas las condiciones para una revolución biopolítica y demográfica, que tenía que culminar en una manera nueva -peor, más degradada-de concebir lo erótico y reproductivo. Puesto que se esperaba un gran choque militar con la Unión Soviética, en los años 50 se mantuvo el viejo procedimiento, con una natalidad elevada, pero en el decenio siguiente ya estaba claro que no habría conflicto abierto en Europa, de manera que se puso rumbo a una transformación radical de los parámetros y procedimientos demográficos.

De ello surgió la “revolución sexual” de los 60, un icono de aquellos años, hoy olvidado, junto con el mayo francés del 68, Los Beatles, la rebeldía estudiantil, los hippies y otros antiguallas. Al examinar los libros, más o menos desprovistos de calidad y rigor, que la promueven llama la atención su orientación ideologicista, su incapacidad para establecer las bases sociológicas, biopolíticas y demográficas de los cambios en las mentalidades y las conductas entonces habidos. Todo se presenta como si las viejas reglas sexuales fueran el resultado de meras creencias irracionales, sin base en la realidad, que debían ser desechadas a través de un simple ejercicio de mentalización, de “concienciación” progresista. Se citaba a S. Freud y a W. Reich, se denostaba “la represión sexual”, se culpaba al clero y eso era todo, en lo que fue un despliegue impresionante de ramplonería intelectual, muy propia de aquellos tiempos, penosos en lo reflexivo.

Lo medular de dicha “revolución” era la sustitución del sexo con reproducción anterior por otro en el que ésta fuera escasa y a ser posible casi inexistente. Por eso su elemento central era la píldora anticonceptiva. Se esperaba que las necesidades de mano de obra quedasen cubiertas por la emigración, llegada desde los países pobres.

Pasemos a hacer cálculo económico básico. Si se sitúan los gastos de crianza familiares por persona anuales en 3.000 euros y los gastos de crianza estatales (escuelas, sanidad, etc.) en otros tanto, tenemos que a los 25 años un joven ha ocasionado un coste neto de 150.000 euros. Si multiplicamos esa suma por 7 millones, que son los inmigrantes en España hoy, hallamos una suma ligeramente superior al millón de millones, al billón de euros. Eso es lo que ha aportado a la economía española la emigración, suma proporcionada por las economías de los países pobres, dejando de lado los equivalentes monetarios y demás zarandajas contables. Es decir, cada emigrante que salta de una patera a la playa y llega a territorio español equivale a un ingreso de 150.000 euros, que es lo que habría costado criar a la persona que él sustituye, la cual no ha nacido y por tanto no ha tenido que ser mantenido. Pero eso no es todo. El emigrante medio admite salarios mucho más bajos, lo que aporta una ganancia complementaria a la clase patronal, que en conjunto es también de billones, de muchos billones.

Así pues, estamos ante un descomunal procedimiento para explotar a los países pobres y enriquecer a los países ricos cuyo balance económico hay que calcularlo ¡en billones de euros! Por eso se ha dicho que la emigración es el negocio del milenio, el gran montaje económico en el que sustenta el actual orden mundial. Por eso quienes se oponen a él o se atreven a cuestionarlo son triturados por el poder constituido. En este asunto no se admite la más pequeña discrepancia. Quienes hablamos de esto con voluntad de verdad sabemos que estamos condenados a permanecer para siempre extramuros del sistema, todo lo contrario de los denostadores profesionales del “racismo” y la “xenofobia”, que se llenan los bolsillos a base de gritar a favor de la biopolítica del capital.

Toda emigración es un expolio de la sociedad que emite emigrantes por la sociedad que los recibe. Por ejemplo, en la funesta y exterminacionista emigración del campo a la ciudad en España en los años 60 del siglo pasado, el primero ponía los gastos de crianza y el segundo, es decir, la industria y los servicios, se apropiaba gratuitamente de dichos valores al recibir a sus habitantes como emigrantes, de manera que las aldeas, que enviaron 6 millones de personas a las megalópolis, se fueron haciendo progresivamente más pobres a la vez que las ciudades más ricas. Así hemos llegado a su situación actual, de completa aniquilación, con 4.000 de ellas, la mitad de los núcleos habitados del país, al borde de su completa despoblación, al estar habitadas por unas escasas decenas o unidades de ancianos, que a su muerte (inminente en muchos casos) las dejaran completamente vacías. Sin embargo, hace sólo sesenta años estaban llenas de vida, movimiento y ruidos, con mucha población joven y cientos de vecinos[1].

El capitalismo opera de ese modo, se apropia de la población de un territorio de manera absoluta, hasta que lo agota, y luego se vuelve hacia otros territorios, a los que saquea a través del hecho migratorio, hasta agotarlos asimismo. El uso “racional” de la fuerza de trabajo exige que los costos de la crianza los paguen otros y que él, el capitalismo, se quede con la mano de obra ya criada, ya formada, apta para trabajar. Si la emigración es muy abundante, como sucede ahora, se niega incluso a incorporar al salario los gastos de crianza, recortando radicalmente aquéllos, e impidiendo a la gente en edad el ser madres y el ser padres. Algo monstruoso y trágico a la vez.

Volvamos al sexo. Para deprimir todo lo posible el nacimiento de niñas y niños, el actual sistema modificó radicalmente la sexualidad, en el sentido de hacerla todavía más aberrante y antinatural. Antes ya lo era, por colonialista, burguesa y empresarial, según el ideario avieso del código napoleónico. Pero luego se hizo aún peor. Introdujo, sobre todo, nueve rupturas, quiebras, grietas o separaciones en la heterosexualidad. Entre sexo y amor. Entre sexo y deseo. Entre sexo y creación de vida. Entre sexo y misterio. Entre sexo y erotismo. Entre sexo y animalidad. Entre sexo y belleza/sublimidad. Entre sexo y crianza. Entre sexo y cariño puro por los niños. Sobre este asunto volveremos una y otra vez, hasta lograr desmenuzar esas rupturas una tras otra, y todas en su interacción, para aproximarnos a lo que es la vida libidinal natural, prepolítica, por tanto previa a toda biopolítica.

Una vez que el hecho sexual heterosexual fue separado del amor, el deseo, la creación de vida, el misterio, el erotismo, la animalidad, la belleza/sublimidad, la crianza y el amor natural por los niños quedó convertido en un sinsentido, en algo grotesco, risible y prescindible. De ese modo dejó de interesar a cada vez más sectores, lo que lleva a la práctica anticonceptiva más eficaz, la ausencia de deseo y por tanto la ausencia de vida sexual. Se equivocan quienes creen que el erotismo es meramente una función de las fuerzas hormonales que operan en el componente zoológico del ser humano. Eso es verdad para el resto de los mamíferos pero no para nuestra especie, salvo de manera secundaria. En ella lo decisivo es lo específicamente humano, lo espiritual y cultural. Esto es así objetivamente y resulta excelente pero tiene como elemento incorporado la posibilidad de que los poderes religiosos y estatales manipulen el Eros conforme a sus necesidades económicas, políticas y militares.

Como sustitutivos proporcionó formas inferiores o aberrantes de sexualidad, la masturbación (inferior porque es solitaria, sin amor), la pornografía, la prostitución (España está a la cabeza de Europa…), el sexo con artilugios, el bestialismo (coito con animales, disculpable) y la pedofilia. Al mismo tiempo, se realiza una campaña de demonización del sexo heterosexual de unas proporciones descomunales, acudiendo a operaciones de ingeniería social tan reproblables como la Ley de Violencia de Género, que correctamente ha sido calificada de norma contra el amor y el sexo heterosexual, una de las más atroces realizaciones del feminismo de Estado, financiado al mismo tiempo por la derecha y la izquierda, por el Estado y la clase patronal.

¿Qué hace del sexo heterosexual una práctica hoy tan virulentamente odiada por todas las instancias del poder? Precisamente el que sea, o pueda ser, creadora de vida humana, reproductiva. Para que España pueda seguir siendo una potencia imperial de tipo medio en los complejos avatares de la mundialización es necesario que los gastos de crianza y reproducción se aproximen a cero. Ya estamos en 1,2 hijos por mujer y descendiendo, pero las autoridades desean que sea 0,0 hijos por mujer, esto es, que toda la mano de obra sea de importación, traída de fuera, expoliada y robada a los países pobres… Mientras haya gente disponible en éstos (quizá ya por poco tiempo, pues están agotando sus existencias), se les obligará a hacerse cargo de los gastos de crianza de la fuerza laboral destinada a servir al capitalismo multinacional cuyas sedes centrales y cabeceras están en los países ricos.

Además, el sistema de dominación vigente, dando un giro radical, ha pasado de perseguir al sexo homosexual a presentarlo como modélico y fabuloso. La razón es la misma. Ya que éste, por su propia naturaleza, es no-reproductivo, se ha convertido en el más publicitado por los medios de comunicación, con fiestas multitudinarias, como el Dia del Orgullo Gay, totalmente institucionalizada, al estar sustentada por todo el poder burgués, empresarial y estatal.

Al mismo tiempo, el sistema de dominación ha pasado a alterar cualitativamente la masculinidad tanto como la feminidad. Ya no se puede ser varón y no se puede ser mujer: hasta en estas cuestiones, tan íntimas y privadas, ha llegado el Estado a inmiscuirse, lo que es una manifestación de totalitarismo de proporciones inauditas. Ha creado una forma de ser hombre que es penosa por desprovista de magnetismo, fuerza, belleza, erotismo y virilidad. Y una forma de ser mujer no menos patética, por desexuada, zafia, agresiva, degradada y repelente, al reducir a la fémina a mera mano de obra, a ente andrógino al que se prohíbe de muchas manera la natalidad y, por ende, todo lo que acompaña a ésta en lo espiritual y lo corporal. Los robots no tienen sexo, y carecen de encanto erótico, de manera que el capitalismo quiere eso exactamente, autómatas que vayan y vengan al trabajo sin nada que los distraiga de la tarea de producir.

Aquí la misoginia campa por sus fueros. La empresa capitalista desconfía de las mujeres porque sabe que la mayoría de ellas, en torno al 80%, desean imperiosamente ser madres, y conoce que eso las distrae de sus carreras profesionales. Así que ha creado las jaurías progresistas y feministas, muy bien financiadas desde el poder estatal, para linchar a los millones de féminas que no se resignan a ser nada más que mano de obra, que anhelan la maternidad como consecuencia del amor, el deseo y la pasión. Esa virulenta policía del erotismo, la natalidad y la maternidad se encarga de una buena parte del trabajo sucio que el capitalismo necesita que se haga, constituyendo en torno al sexo heterosexual reproductivo, a la maternidad y la crianza, un enrarecido clima social de rechazo y persecución. No se olvide que el primer mandamiento del feminismo de Estado dice que “los hijos explotan a las madres”, ¡los hijos!, no los empresarios ni el fisco devorador.

Ante él muchas féminas se echan para atrás y se resignan a no ser madres, a vivir a costa de los psicofármacos (el 25% son ya consumidoras habituales, una cifra escalofriante, que muestra que el sistema está haciendo drogadictas a una parte conspicua de las mujeres), en soledad, reprimiendo su erotismo, sexualidad e instinto maternal, su necesidad de amar y ser amadas, la cual, si no puede realizarse, enferma e incluso mata a las féminas, como ya observó Freud. Esta es una de las causas del alto grado de patologías psíquicas y físicas que afectan a las mujeres en la sociedad actual, que reprime el amor, proscribe el erotismo y persigue la maternidad. Para enmendar todo esto se necesita de la revolución, dado que no son posibles remedios parciales, al situarse el mal en el meollo mismo del sistema, que es feminicida constitutivamente. En efecto: crear un mundo apto para las mujeres exige una gran revolución, de manera que todas y todos los que se integran en el sistema, al hacerse con ello parte de la anti-revolución se convierten en enemigos decisivos de lo femenino.

Es este estado de cosas el que explican textos como el de Byung-Chul Han “La agonía del Eros”, interesante como aldabonazo, aunque ya se cuida muy mucho el autor de no ir a la raíz de los problemas, para lo que se escuda en una metodología y una jerga pretendidamente “filosóficas”, un tanto ridículas, que miden el menoscabo de la libertad existente para tratar estos asuntos. Hace falta valentía y coraje, de las que aquel carece, para exponer las causas verdaderas de esa agonía de lo erótico, lo amoroso y lo sexual, muy cierta por lo demás. Tales causas están en el centro del sistema capitalista, y su análisis, en sí mismo, es altamente subversivo, o sea, está prohibido, y quienes lo hacen son perseguidos y castigados.

El grupo social que más está perdiendo con todo eso es el de las mujeres de las clases populares. La represión del deseo materno es causa primera de estados de desintegración psíquica y dolencias físicas diversas en todas y cada una de las mujeres que lo padecen, millones y millones en los países “ricos”. El libro “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente”, 1995, de Casilda Rodrigañez y Ana Cachafeiro muestra algunos de los perniciosos efectos de la feminicida biopolítica del capitalismo en el espíritu y el cuerpo de las mujeres[2].

En el presente, el desasosiego y descontento con la políticas anti-natalistas del capital, así como con el fenómeno migratorio que está en su raíz, crecen por toda Europa. Al mismo tiempo se alzan más y más voces poniendo en evidencia los funestos efectos, incluso económicos, de la catástrofe demográfica en curso. El paradigma biopolítico estatuido en los años 60 del siglo pasado está sobrepasado y ya no da mucho más de sí. En suma, las contradicciones internas del sistema se están agravando y se están creando las condiciones para que estos asuntos sean objeto de un debate público que vaya más allá del valeroso actuar de minorías, calumniadas y perseguidas por las fascistoides partidas de la porra del feminismo burgués y el progresismo. Millones de personas están comenzando a abrir los ojos a la verdad en estas materias. Es el momento de penetrar a fondo en ellas.

En sucesivos artículos, textos y otros elementos comunicacionales se irá haciendo, siempre primando lo positivo y propositivo sobre lo crítico. Atención pues.

[1] La destrucción, con la emigración como herramienta decisiva, por el franquismo de la sociedad rural popular tradicional propia de los pueblos de la península Ibérica, que era el orden político, convivencial y económico emergido de la revolución de la Alta Edad Media, es analizado en mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización”. Por eso mi posición es contraria a todas las formas de emigración, también a la actualmente en curso, con millones de personas llegando desde los países del sur. Quienes la respaldan, desde el papa a la izquierda, son los más desvergonzados agentes y servidores del capitalismo.

[2] Estos asuntos, tan fundamentales, son tratados en “Feminicidio, o autoconstrucción de la mujer”, Maria Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora.

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FUENTE:
https://danipirata80.wordpress.com/2017/05/30/sobre-natalidad-demografia-biopolitica-y-sexo/

Le dernier homme contre le temps / Savitri Devi

Le dernier homme contre le temps
Savitri Devi

Adolf Hitler fit non seulement tout son possible pour éviter la guerre, mais il fit aussi tout ce qu’il pouvait pour la stopper. Encore et encore — d’abord en octobre 1939, immédiatement après la fin victorieuse de la campagne de Pologne ; ensuite le 22 juin 1940, immédiatement après la trêve avec la France vaincue — il tendit la main à l’Angleterre ; non pas la main d’un suppliant, encore moins celle d’un homme effrayé, mais celle d’un vainqueur clairvoyant et généreux dont la vie entière fut centrée autour d’une idée créative, dont le programme fut un programme constructif, et qui ne chercha pas querelle aux frères de sang de son propre peuple, qui vit en eux, en dépit de leur haine pour son propre nom, ses futurs amis et alliés.
Le fait que tous les efforts d’Adolf Hitler pour éviter la guerre — ou pour la terminer rapidement et victorieusement, pour le moins honorablement — restèrent infructueux, ne prouve en aucune manière son incapacité en tant qu’homme d’Etat ou en tant que stratège. Cela prouve seulement que les forces de désintégration — les forces coalisées de notre sombre époque, incarnées dans la toute-puissante juiverie internationale — étaient, en dépit de sa perspicacité, en dépit de son génie, trop fortes pour lui ; que l’époque réclamait un homme contre-le-temps encore plus dur que lui, pour briser ces forces de désintégration ; en d’autres termes, qu’il n’était pas le dernier homme contre-le-temps.
Il le savait lui-même, depuis les premiers jours de son combat. Et rien ne montre plus clairement combien il était conscient de sa propre place et de sa propre signification dans l’histoire, que les paroles qu’il adressa à Hans Grimm en 1928, pendant une conversation qui dura une heure et quart : « Je sais qu’un homme capable d’apporter une solution définitive à nos problèmes doit apparaître. Et c’est pourquoi j’ai moi-même commencé à faire le travail préparatoire ; seulement le travail préparatoire le plus urgent, car je sais que je ne suis pas celui qui doit venir. Et je sais aussi ce qui manque en moi. Mais lui reste à l’écart, et personne ne s’avance, et il n’y a plus de temps à perdre. »

Celui qui revient
Quand la justice est écrasée, quand le mal règne sans partage, alors je reviens. Pour la protection des bons, pour la destruction des méchants, pour l’amour de la justice, je renais d’âge en âge.
Bhagavad-Gitâ 4.7-8

La dernière incarnation de Celui-qui-revient — le dernier homme contre-le-temps — porte de nombreux noms. Toutes les grandes religions, toutes les grandes cultures, toutes les vraies traditions (vivantes ou passées) lui en ont donné un. Par les yeux du Visionnaire de Patmos, les chrétiens voyaient en lui le Christ, présent pour la deuxième fois : non plus un doux prêcheur de l’amour et du pardon, mais l’irrésistible chef des anges exterminateurs destinés à mettre fin à ce monde rempli de péché et à établir un nouveau ciel et une nouvelle terre. Le monde islamique l’attend sous les traits du Mahdi, qu’Allah enverra à la fin des temps, « pour écraser tout le mal par le pouvoir de son épée — après que les Juifs seront devenus encore une fois les maîtres de Jérusalem » et « après que le Mal aura enseigné aux hommes à souffler sur le feu ». Et les millions d’hindous l’ont appelé depuis des temps immémoriaux, et l’appellent encore, Kalkî, la dernière incarnation de la puissance conservatrice-du-monde, Vishnu ; Celui qui mettra fin, dans l’intérêt de la vie, à cette époque d’obscurité et qui ouvrira un nouveau cycle du temps. Je l’ai appelé ici par son nom hindou, non pour montrer une érudition que je suis loin de posséder, mais simplement parce que je ne peux pas trouver une autre tradition dans laquelle les trois types de l’existence manifestée — au-dessus-du-temps, contre-le-temps, et dans-le-temps — que j’essaie d’évoquer et de définir dans ces pages, trouvent aussi clairement leur contrepartie que dans la conception ternaire hindoue de la divinité.
Quelques mots éclaireront ce point :
La Trinité hindoue bien connue — Brahma, Vishnu, Shiva, si magistralement évoquée dans l’art hindou — est quelque chose comme la fusion de trois dieux inséparables en un seul ; quelque chose comme le triple aspect d’un dieu personnalisé et transcendant. Cela symbolise quelque chose de bien plus fondamental, c’est-à-dire l’existence dans sa totalité : manifestée et non-manifestée ; concevable, visible et tangible, et au-delà de la compréhension. Car l’existence — l’Etre — est le divin. Et il n’y a pas de divinité en dehors de lui ; et rien en-dehors de la divinité.
Or, Brahma est l’existence en lui et pour lui-même ; l’Etre non-manifesté, et donc en-dehors et au-dessus du temps ; l’Etre, au-delà de la conception de la pensée-liée-au-temps, et donc inconnaissable. Il est significatif que Brahma n’ait pas de temple en Inde, ni ailleurs. Car on ne peut pas rendre un culte à celui qu’aucune conscience-liée-au-temps ne peut concevoir.
On peut, au mieux, par l’attitude juste (et aussi par les pratiques ascétiques justes), se fondre en lui ; transcender la conscience individuelle ; vivre au-dessus du temps — dans le présent absolu qui n’admet ni « avant » ni « après », et qui est l’éternité.
Vishnu — le-conservateur-du-monde — est la tendance de chaque être à rester le même et à créer (et à procréer) dans sa propre apparence ; l’universelle force de vie opposée au changement et donc à la désintégration et à la mort ; la puissance qui relie cet univers-lié-au-temps à son essence intemporelle — chaque être manifesté par l’idée de cet Etre, dans le sens que Platon donna un jour au mot idée.
Tous les hommes contre-le-temps (tout les centres de l’action contre le temps, au sens cosmique du mot) sont des incarnations de Vishnu. Ils sont tous — plus ou moins — des sauveurs du monde : des forces de vie, dirigées contre le courant descendant du changement irrésistible qui est le vrai courant du temps ; des forces de vie tendant à rendre au monde sa perfection originelle et intemporelle.
Shiva — le destructeur — est la tendance de chaque être à changer, à mourir pour son présent et pour tous ses aspects passés. Il est Mahakala — le Temps lui-même ; le temps qui entraîne l’univers vers sa perte inévitable et, au delà de cela, vers une non moins inévitable régénération ; vers le printemps d’un nouvel Age d’Or et à nouveau, lentement et constamment, vers la dégénérescence et vers la mort, dans une succession sans fin.

Les vrais grands hommes dans-le-temps — des hommes comme Gengis-Khan — reflètent quelque chose de sa terrible majesté. Les plus grands hommes contre-le-temps aussi — dans la mesure où ils doivent tous posséder (plus ou moins) les qualités de caractère qui sont spécifiquement celles des hommes dans-le-temps ; les qualités dans lesquelles est enracinée la capacité de la violence organisée. Car Shiva n’est pas seulement le destructeur ; il est aussi le créateur — celui qui est bon, celui qui est positif — dans la mesure où toute nouvelle création est conditionnée par le changement et ultimement par la destruction de ce qui existait avant. Il est — en tant qu’essence du changement destructeur, en tant que le temps — tourné en avant vers le futur. Et d’autre part, le Seigneur Shiva lui-même — le temps personnifié — est aussi (bien que cela puisse paraître étrange d’un point de vue purement analytique) au-dessus-du-temps. Il est le grand Yogi, dont le visage reste aussi serein que le ciel bleu pendant que ses pieds battent le rythme furieux de la danse de la destruction, parmi les flammes et la fumée d’un monde qui s’écroule.
En d’autres termes, Vishnu et Shiva, le-conservateur-du-monde et le destructeur-du-monde, la force contre-le-temps et le temps lui-même — Mahakala — ne sont qu’un. Et ils sont Brahma, l’existence intemporelle, l’essence de tout ce qui est. Ils sont Brahma manifesté dans-le-temps (et aussi automatiquementcontre-le-temps) et néanmoins intemporel. L’art hindou a symbolisé cette vérité métaphysique par la figure de Hari-Hara (Vishnu et Shiva en un seul corps) et par la célèbre Trimurti à trois visages : Brahma-Vishnu-Shiva.
Dans l’univers manifesté où nous expérimentons à notre échelle, aucun être vivant n’incarne cette triple et complète idée de l’existence — la loi éternelle, universelle, du changement constant, et de l’aspiration permanente et de l’effort incessant pour retourner à la perfection originelle et à la paix intérieure ineffable de l’intemporalité, inséparable d’elle — mieux que l’homme éternel et qui-revient-toujours, l’homme contre-le-temps ; Celui-qui-revient, âge après âge, « pour détruire les méchants et pour établir sur la terre le règne de la justice. »
L’homme dans-le-temps peut difficilement posséder quelque chose des qualités de Vishnu, ou, comme je les ai nommées, des qualités solaires.
L’homme au-dessus-du-temps peut difficilement posséder quelque chose des qualités foudroyantes de Shiva, le destructeur.
L’homme contre-le-temps — qui vit dans l’éternité tout en agissant dans le temps, selon la doctrine aryenne de la violence dans le détachement — possède la fidélité de Vishnu pour le modèle originel de la création, la sainte furie de destruction de Shiva (en vue d’une nouvelle création), et la sérénité insondable de Brahma qui est, je le répète, la sérénité de tous les trois : la paix intemporelle au-delà du grondement de toutes les guerres dans-le-temps.
Jusqu’à présent aucun héros contre-le-temps n’a exprimé ce triple aspect de la divinité immanente avec une exactitude absolue, et aucun ne le fera, excepté le dernier.
Le dernier grand individu — une fusion absolument harmonieuse des opposés les plus tranchants, à la fois soleil et foudre — est celui que les fidèles de toutes les religions et les membres de presque toutes les cultures attendent ; celui dont Adolf Hitler (consciemment ou inconsciemment) dit en 1928 : « Je ne suis pas Lui ; mais comme personne ne s’avance pour préparer le chemin pour lui, je le fais » ; celui que j’ai appelé par son nom hindou, Kalkî, à cause de la vérité cosmique que ce nom évoque.
Contrairement à Adolf Hitler, il n’épargnera aucun des ennemis de la cause divine : aucun de ses opposants extérieurs, mais aussi aucun des tièdes, des opportunistes, des hérétiques idéologiques, des bâtards au sang-mêlé, des malades, des hésitants, des trop-humains ; aucun de ceux qui, dans leur corps ou leur caractère ou leur esprit, portent la marque des âges obscurs.

Ses compagnons d’armes seront les derniers nationaux-socialistes ; les hommes de fer qui auront surmonté victorieusement l’épreuve de la persécution, et plus encore, l’épreuve de l’isolement complet dans un monde lugubre et indifférent dans lequel ils n’ont pas leur place ; ceux qui font face à ce monde et qui le défient par tous leurs gestes, par toutes leurs paroles, par tous leurs silences ; et plus encore (dans le cas des plus jeunes), sans même le souvenir personnel des grands jours d’Adolf Hitler pour les soutenir. Ils sont ceux qui un jour, apporteront la récompense pour tout ce que les hommes contre-le-temps ont souffert pendant le cours de l’histoire, ainsi qu’eux-mêmes, pour l’amour de la vérité éternelle : les vengeurs que les 5000 martyrs de Verden appelèrent en vain dans leurs coeurs au moment de la mort, sur la rive de la rivière Aller, rouge de sang ; ceux que les millions de martyrs de 1945 — les mourants, les torturés, et les survivants désespérés — appelèrent en vain ; ceux que tous les combattants vaincus contre-le-temps appelèrent en vain, à chaque époque du grand combat cosmique sans début ni fin, contre les forces de désintégration, éternellement associées aux forces de vie.
Ils sont le pont vers la surhumanité, dont Nietzsche a parlé ; le dernier bataillon, dans lequel Adolf Hitler a placé sa confiance. Kalkî les conduira, à travers les flammes du grand embrasement final, dans la lumière du soleil d’un nouvel Age d’Or.
Nous voulons espérer que la mémoire de celui qui fut l’Avant-dernier, le plus héroïque de tous les hommes contre-le-temps, Adolf Hitler, survivra, au moins dans les chants et les symboles. Nous voulons espérer que les Seigneurs du Nouvel Age, les hommes de son sang et de sa foi,
lui rendront les honneurs divins, à travers des rites remplis de sens et d’intensité, dans l’ombre fraîche des immenses forêts régénérées, sur les plages, ou sur les sommets inviolés des montagnes, face au soleil levant.
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Extrait de Savitri Devi, La Foudre et le Soleil, troisième édition abrégée (Wellington, NZ, Renaissance Press, 1994), 74, 82-83. Première édition à Calcutta, 1958.

Las violaciones en masa cometidas por el Ejército Rojo en Alemania

Las violaciones en masa cometidas por el Ejército Rojo
Juan E. Pflüger
/ 02 julio, 2015
El jefe de propaganda del ejército soviético lo tenía claro y así se lo trasmitió a las tropas comunistas que, tras romper el frente oriental, entraron en Alemania: “¡Maten! ¡Maten!. En la raza alemana no hay más que mal, ¡ni uno entre los vivos, ni uno entre los aun no nacidos, nada más que mal! Sigan los preceptos del camarada Stalin. Aniquilen a la bestia fascista de una vez por todas en su guarida. ¡Usen la fuerza y rompan el orgullo racial de esas mujeres alemanas! ¡Tómenlas como su botín de guerra! A medida que avancen, maten, nobles soldados del ejército rojo.”

La consecuencia: dos millones de mujeres alemanas violadas, de las que casi un cuarto de millón asesinadas durante o después de la violación. Una conducta inducida por los mandos que trasmitieron a la tropa “su derecho” a tomar a las mujeres alemanas como parte del botín de guerra.
Las denuncias de violaciones en Alemania fueron sistemáticamente silenciadas y ocultadas tras la Segunda Guerra Mundial. Al fin y al cabo, los soviéticos habían sido ganadores del conflicto y Estados Unidos, Inglaterra y Francia no estaban dispuestos, tampoco tenían fuerza para ellos como se demostró poco después, a enfrentarse contra Stalin y sus socios. Un libro publicado en 2005 por el historiador británico Antony Beevor “Berlín, la caída: 1945” demostró documentalmente la masacre cometida por el Ejército Rojo a medida que ocupaba territorio alemán.

En la zona oriental, todavía durante la guerra, fueron violadas casi 1,4 millones de mujeres de todas las edades, desde niñas a ancianas. La orgía continuó con la toma de Berlín, donde más se cometieron más de 100.000 violaciones. Como si no hubieran tenido suficiente, en la zona controlada por la URSS, continuaron con esta práctica llegando a cometer otro medio millón de abusos.

Las descripciones que Beevor recoge en su libro son espeluznantes: violaciones múltiples, niñas, ancianas,… El sadismo estuvo presente en todos los casos, pero especialmente en aquellos en los que, como la esposa del ex canciller Helmut Kohl, las hijas eran violadas delante de sus madres. O aquellas en las que los abusos sexuales iban acompañados de torturas que terminaban con la muerte de las víctimas.

La documentación oficial consultada por el historiador no deja lugar a la duda sobre los brutales hechos. En ellos, los más crueles resultaron ser los soldados mongoles que llegaron a crucificar vivas a mujeres que previamente habían violado y se llegaron a encontrar algunas que habían sido ahorcadas con sus propios intestinos tras haberles abierto el estómago.

Infinidad de casos que no se restringieron a la entrada de los soviéticos en Alemania. Sucesos similares, aunque en menor número, se vivieron durante la toma soviética de Hungría, donde se han documentado 55.000 violaciones.
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FUENTE:
https://gaceta.es/blogs/crimenes-del-comunismo/violaciones-masa-cometidas-ejercito-rojo-02072015-2053-20150702-0000/


Ilya Ehrenburg
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http://es.metapedia.org/wiki/Ilya_Ehrenburg

Iliá Grigórievich Erenbúrg (Kiev, 1891 – Moscú, 1967) conocido popularmente como Ilya Ehrenburg, fue un escritor y periodista judío, jefe de propaganda del ejército soviético y conocido por su marcado antigermanismo. Nació en la ciudad rusa de Kiev, el 27 de enero de 1891 y murió en Moscú, el 31 de agosto de 1967 a los 76 años de edad. Recibió el Premio Lenin de la Paz por sus “méritos” en el año 1952.

Antigermanismo
Ehrenbúrg fue conocido por su radical antigermanismo. Su odio hacia Alemania le hizo proferir frases como estas:

“¡Soldados del Ejército Rojo, arrancad por la violencia el orgullo racial de las mujeres alemanas!…¡Violad, destruid, matad!”
“Alemania es una puta. Estamos en Alemania. Las ciudades arden y me siento feliz. Los alemanes no tienen alma. Levantaremos cadalsos en Berlín. El terror empuja a los alemanes y a sus hembras hacia el oeste. Alemania puedes dar cuantas vueltas quieras y arder y aullar en tu mortal agonía. ¡La hora de la venganza ha sonado!”
“Los alemanes no son seres humanos. De ahora en adelante la palabra “alemán” es la peor maldición para nosotros. De ahora en adelante la palabra alemán debe golpearnos. Debemos decir no más. No debemos excitarnos. Debemos matar. Si no has matado al menos un alemán en un día, has desperdiciado el día. Si creen que su vecino matará a un alemán, no se dan cuenta del peligro. Si no matan al alemán, el alemán los matará a ustedes. El secuestrará sus familiares y los llevará a su maldita Alemania para torturarlos”[1]
Julio 7 de 1942
“Si no pueden matar a un alemán con una bala, mátenlo con la bayoneta. Si hay calma en su parte del frente o esperar la lucha, maten un alemán mientras tanto. Si ustedes dejan a Alemania viva, los alemanes colarán a los rusos y violarán a las rusas. Si matan un alemán maten a otro –no hay nada más divertido para nosotros que un puñado de cadáveres alemanes. No cuenten los días ni los kilómetros, cuenten solo el número de alemanes muertos por ustedes. Maten al alemán –esa es la solicitud de sus abuelas ¡maten a los alemanes!- esa es la oración de sus niños. ¡Maten a los alemanes! –su patria les pide. No fallen, no desistan ¡Maten!”[1]
Panfleto “Matar” de Eremburg
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“No es suficiente con enviar a los alemanes al oeste de vuelta. Los alemanes deben ser cazados hasta la tumba. Ciertamente, un Fritz con el ojo morado es mejor que uno sin ojo, pero de todas las variedades de Fritzes la mejor es el muerto.”.
Ehremburg, Octubre de 1944 en Estrella Roja
“¡Maten valientes hombres del Ejército Rojo, maten! No hay nada de lo que el alemán no sea culpable. El Camarada Stalin nos ordeno que sacrifiquemos al animal rabioso. Rompan con la fuerza el orgullo racial de las mujeres alemanas. Tómenlas como su trofeo de guerra por derecho. Maten, valientes hombres del Ejército Rojo, maten.”

MÁS INFORMACIÓN:
http://es.metapedia.org/wiki/Ilya_Ehrenburg