21 julio, 2, 3 y 10 agosto 2013, La fundamentación del “fascismo” (1, 2, 3 y 4)

domingo, julio 21, 2013

La fundamentación del fascismo

El antifascismo es la clave de bóveda de la ideología oligárquica a escala mundial, el lugar mágico donde los okupas de la Kasa Okupada (o los terroristas de ETA) y los yuppies de Wall Street se dan la mano. Unos consumen caballo y otros coca, pero todos alucinan Hitlerel mal absoluto. La matriz educativa común: Hollywood.  ¿Detéctase alguna diferencia fundamental entre Herbert Marcuse y los Rothschild? Responderemos a esta pregunta, con pruebas en la mano, en otra entrada.  Hemos recorrido un largo camino (2007-2013) en este blog (sin contar los años previos de formación y preparación) que culmina en el primer Curso de Filosofía de la UNIVERSIDAD POPULAR VIRTUAL. La fundación de esta institución no responde a un afán de enriquecimiento (es gratuita) ni de notoriedad (la temática del fascismo, objetivamente planteada, conlleva estigmatización, marginación y represalias, nunca honores), sino al simple hecho de que la universidad oficial, pública o privada, está impedida para abordar ciertas cuestiones básicas en las que se decide el futuro de nuestra civilización. Dichas cuestiones se resumen en una sola palabra: el fascismo. Por “fascismo” hay que entender aquí, y desde el principio hemos fijado este postulado o requisito interpretativo, no aquello que el sistema oligárquico transnacional define o señala con esta palabra maldita (convertida en un mero insulto), antes bien:  a/ un concepto, imaginario y dogma ideológico que brota del “antifascismo” como su correlato negativo. El antifascismo precede al “fascismo” así definido y responde a la dinámica interna de desarrollo/colapso de la propia izquierda marxista.  b/ el fascismo, o mejor, “los fascistas”, identifica a individuos concretos, millones de personas exterminadas a manos del comunismo y del liberalismo-sionismo occidental, en nombre del “antifascismo”. El fascismo mienta la memoria histórica del mayor exterminio de masas (genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad) del que recuerdo haya. En la actualidad el antifascismo opera de forma represiva y genocida, ya sea silenciado las atrocidades cometidas por los vencedores, ya perpetrando nuevas atrocidades, persiguiendo a los disidentes de la versión “políticamente correcta” de la historia u ocultando la realidad. El antifascismo ha sacado, de sus propias entrañas, el “islamofascismo” para legitimar guerras de agresión y crímenes contra la paz que se repiten una y otra vez sin que los denominados “intelectuales progresistas” (cómplices del delito), y ya no digamos los políticos oligárquicos, se atrevan a denunciar el carácter criminógeno del imaginario, el discurso y la praxis antifascista. c/ el fascismo es el “pensamiento” desde el momento en que el filósofo más importante del siglo XX, Martin Heidegger, militara en el nacionalsocialismo y haya quedado en evidencia que no se trata de un vínculo meramente “personal” que afecte sólo a su “vida” (por contraposición a la “obra”), sino un conjunto de filosofemas que se ubican en el centro mismo del concepto de “racionalidad y verdad”. En consecuencia, el análisis del fascismo en una institución que esté fuera del alcance de las garras del poder corrupto y criminal que nos gobierna es un imperativo intelectual, filosófico y espiritual de primera magnitud. La filosofía misma está en riesgo de supervivencia. Y no olvidemos que escritores como Emmanuel Faye, Victor Farias y Julio Quesada reclaman la estigmatización pública e incluso, en el caso de Faye y Farías, la prohibición del pensamiento heideggeriano.  d/ el fascismo es también un hecho histórico, político y doctrinal. El fascismo nace el 13 de mayo de 1919 con un programa de izquierda nacional que nada tiene que ver con el racismo y el antisemitismo, antes bien muchos de sus fundadores son judíos. Los vínculos del fascismo con el pensamiento de Nietzsche son los que caracterizan este movimiento frente a la izquierda tradicional marxista y la escisión socialista de Mussolini que aquél comporta tras un largo proceso de reflexión y elaboración ideológica. El fascismo, empero, se derechiza rápidamente, establece una dictadura, pacta con la burguesía italiana, y a la postre se revuelca “en una cama redonda” (Juan Colomar) con la aristocracia y el Vaticano. Perdida la guerra, en la que no comete genocidio alguno, intenta recuperar sus raíces nacional-revolucionarias en la República Social Italiana, más conocida como República de Salò, pero ha quedado ya desacreditado ante el pueblo de Italia.  c/ la palabra “fascismo” designa también el conjunto de los movimientos políticos que, inspirados en su versión original mussoliniana, observarán distintos desarrollos. En el caso alemán, que es el que interesa aquí por la adhesión de Heidegger, el fascismo cometerá, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, atrocidades comparables a las de sus adversarios. El fascismo, que surge como reacción ante los crímenes del comunismo, es decir, al gulag, tiene en Alemania la característica adicional de actuar en respuesta a los bombardeos terroristas ingleses y a un plan de liquidación étnica de Alemania publicado en EEUU en 1941. El llamado Holocausto, cuyas dimensiones y métodos han sido exagerados, tuvo no obstante como consecuencia el asesinato o la muerte (por enfermedades, sobreexplotación e inanición) de millones de personas, en muchos casos de etnia judía, prisioneros rusos y gitanos, todo ello a partir de finales de 1942. Sin embargo, la afirmación de que[fascismo=Holocausto] es un dogma tan arbitrario o tan válido como pueda serlo [comunismo=gulag] o[liberalismo=Hiroshima/exterminio de los indios americanos/esclavitud negra] o [sionismo=Nakba]. El fascismo, que, insistamos en este punto, en su versión original, y única a la que puede aplicarse el término FASCISMO de forma legítima, no perpetró ningún genocidio, ha sido menos criminal que, por ejemplo, el comunismo. Por cada víctima del nazismo hay 10 víctimas del comunismo; y además unas víctimas acusadas de fascistas. Todos los crímenes de masas del antifascismo permanecen impunes, no obstante lo cual sólo se promueve oficialmente, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la “memoria” de “el Holocausto”, con una clara intención de utilizar este último para encubrir aquéllos otros “genocidios olvidados”. d/ el fascismo como ideología. No existe una ideología fascista común a los movimientos fascistas.Cada movimiento fascista desarrolló su propia ideología y un programa político de carácter accidentalista. La democracia había sido desacreditada, pero no por el fascismo, sino por las propias izquierdas marxistas, como régimen burgués y en Moscú, a consecuencia de este tipo de percepción, habíase instalado ya una dictadura sanguinaria. Sin embargo, pese a ese accidentalismo de los programas y del activismo, los distintos fascismos sí compartían un sistema de valores al igual que el comunismo, el liberalismo, la socialdemocracia y el anarquismo compartían y compartenotro.
Heidegger, filósofo fascista. Una cuestión sin respuesta  posible en el marco de lo “políticamente correcto”.

Dicho esto, ¿en qué puede consistir una “fundamentación del fascismo”?  En primer lugar, en determinar el “concepto de fascismo” en función del cual se va a establecer el vínculo entre el pensamiento de Heidegger, es decir, la filosofía, y el fenómeno fascista como hecho doctrinal. En segundo lugar, en argumentar el grado de legitimidad teórica que pueda corresponder a esas raíces filosóficas comunes compartidas por todos los fascismos, bien entendido que si se habla de valores fascistas, entonces se ha admitido ya que existe un fascismo normativo y que el fascismo, al igual que el resto de los fenómenos políticos, debe ser juzgado no sólo por sus hechos(cualesquiera que éstos sean), sino por sus fines, principios, valores y normas. El fascismo histórico, en última instancia, será condenado o absuelto en función de sí mismo y no de los dogmas de otras doctrinas políticas, a menos que se demuestre, antes de emitir el fallo, que esas doctrinas políticas “humanistas” están más próximas a una validez racional que la propia doctrina política fascista.  Este es el camino que hemos emprendido y solicitamos la ayuda de todos para continuar adelante. No se trata de meras palabras, los frutos comienzan a estar ya a la vista de todos.  La fundamentación del fascismo, en los términos expuestos, afecta de manera esencial al futuro de la civilización occidental, tanto si se trata de determinar en qué sentido existe una relación esencial entre fascismo y filosofía, cuanto si se trata, por el contrario, de “superar” el “fascismo” de manera definitiva, dejándolo atrás como figura del espíritu. Porque el fascismo es, en efecto, una figura del espíritu y jamás será aniquilado mediante el mecanismo material de una simple acción militar y la correspondiente represión legal-policial, ni la mera manipulación propagandística de la historia o la prostitución del mundo académico. La historización o racionalización científica, historiográfica y filosófica del fascismo es requisito para la pervivencia de la propia institución científica; por ende, para el futuro de la democracia como modelo de sociedad basado en el consenso, el diálogo y la fundamentación argumentada, racional, “pacífica”. Pues de espaldas y contra la ciencia libre, contra la ilustración, contra la filosofía,no hay democracia que valga.  Pero el antifascismo está pudriéndolo todo, literalmente todo, a efectos de mantener sus dogmas y encubrir sus horrendos delitos. Pocos ven esto. Y si lo ven, callan por miedo y egoísmo. Nosotros tenemos claro, empero, cuál es el camino. La Universidad Popular Virtual “La Marca Hispánica” y la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) son las respuestas que estamos dando a una situación de crisis y deslegitimación de las instituciones democráticas que, poco a poco, arrastra occidente al abismo de la barbarie.  No te quedes quieto esperando a ver “qué pasa”. !Apoya nuestra causa!  La verdad en marcha.  Jaume Farrerons 21 de julio de 2013

Publicado por ENSPO en 8:05 a.m. 

74 comentarios:

Asclepio dijo…

Marcuse y Fromm son la expresión de la secularización de los valores cristianos en su apogeo. Como paladines de la corrección política y sus tópicos progresistas sobre la defensa de los débiles y oprimidos: “Haz el amor y no la guerra”, “Discurso del odio”; por mor del fraternal paraíso que vendrá. Es una forma sublimada de cristianismo en estado puro, un veneno destilado hasta alcanzar su más tóxico grado con el cual los infelices descargan todo su odio contra todo aquello que reste de firme y elevado en la lucha por la vida.
12:21 a.m.

Jackobs dijo…

Es cierto, la victoria aliada ha devuelto el mundo a la situación pre-fascista y la victoria sobre la URSS lo ha devuelto a la época liberal-imperialista. Si bien tanto filosófica como históricamente se ha conseguido ya desacreditar el comunismo, no puede decirse lo mismo del fascismo q ciertamente fue vencido en el plano material pero no en el intelectual pues es consecuencia directa del fracaso de las democracias.
2:40 a.m.

ENSPO dijo…

En este momento la única resistencia real sólo podría proceder de un fascismo nacional-revolucionario de izquierdas.
Vean el siguiente discurso de Hitler, su actualidad no puede ser más rabiosa:

¿Mintió Hitler?
2:57 p.m.

Vailos Laros dijo…

Pues claro que no mintió. No mintió desde el principio, al contrario, dijo verdades como puños, y eso es justamente lo que no le perdonan sus enemigos, los vencedores de la II Guerra Mundial, la actual oligarquía.
Y por eso la oligarquía necesita emitir mucha propaganda antifascista (documentales descaradamente parciales, películas made in Hollywood, etc., etc.) para narcotizar a las masas y contrarrestar a los grupos que disienten de las verdades oficiales. Y también establecer leyes represivas contra todo aquel que saque conclusiones distintas de las oficiales: es la moderna Inquisición.
Los que mienten son los enemigos de Hitler y del fascismo en general. Los que mienten son los antifascistas.
11:40 p.m.

Asclepio dijo…

Y curiosamente hoy se miente más que nunca. Jamás la mentira esclavizó a tantos como hoy. Pero la gente se cree libre de prejuicios, así es su nueva religión: ya no hay dios, ni verdad, hay que ser tolerantes pues y divertirse. Y miran con desdén a sus antepasados creyéndolos cegados por absurdos prejuicios y creencias cuando la estupidez y banalidad del hombre actual supera de seguro con creces cualquier cosa que haya visto la historia.
3:56 a.m.

ENSPO dijo…

Felicito a sus autores por los comentarios a este hilo.
Realmente creo que estamos llegando a una auténtica comprensión de cuál es la situación real y qué está decidiéndose en el hemisferio occidental.
Muchas de las principales previsiones que hicieran los líderes fascistas si se daba la circunstancia de que salían derrotados de la Segunda Guerra Mundial, están cumpliéndose con una exactitud pasmosa.
La primera victoria es entender lo que “realmente” pasa: identificar al enemigo y sus estrategias.
La segunda victoria es la superioridad moral y espiritual frente a ese enemigo.
La victoria material, una vez conseguida la victoria cognoscitiva y la victoria moral, es sólo cuestión de tiempo.
El planeta entero tiene que alzarse en llamas contra el poder oligárquico opresor.
Que muchas pequeñas chispas como este blog provoquen el incendio.
!Sea!
8:25 a.m.

Cabrero dijo…

Si bien la lucha en el plano teorico es imprescindible, debe abrirse un frente material. La denuncia de la subordinación del poder político respecto del económico será coherente y por tanto convincente si los denunciantes no son colaboracionistas con el sistema, por ejemplo, no colaboran con los bancos, no compran productos de las grandes corporaciones multinacionales que hunden el comercio local, gastan su dinero en iniciativas ideologicamente afines creando un mercado subordinado a intereses sociales y no al contrario, etc. Saludos.
8:29 a.m.

ENSPO dijo…

En eso estamos, piense que si yo no produzco más teoría, es porque al mismo tiempo he fundado un partido político y hasta engancho carteles por la calle, pago un local con mis modestos recursos, he fundado la Universidad Popular Virtual y ahora preparo las clases…
En lugar de dedicar todo este esfuerzo a hacerme rico y “pasármelo bien”, como la mayoría de los ciudadanos que tanto protestan de los codiciosos banqueros y de los corruptos políticos, he volcado toda mi vida a una tarea que, como mucho, sólo me comporta las represalias del sistema, la estigmatización, la difamación, el insulto… !Ese es mi único “pago”! Y NO QUIERO OTRO.
Dedico horas y horas a este blog, cuya finalidad es emitir una permanente señal de socorro y un llamamiento a la lucha contra los criminales que nos gobiernan.
Mi tiempo y mis energías (por no hablar de mis medios materiales o de mi salud) ya no dan más de sí.
Por eso les pido ayuda. Cualquier cosa que puedan hacer (difundir el blog, por ejemplo) ya es algo más que el simple quedarse mirando a ver lo que pasa. Todos hemos de adoptar una posición activa, si no los que hemos ido delante durante años en solitario caeremos algún día (ya no muy lejano) de puro agotamiento.
Saludos cordiales.
1:31 p.m.

Anónimo dijo…

“Alemania vigilada”, libro escrito por Josef Foschepoht.
“El Centro Wiesenthal inicia una cacería de criminales nazis en Alemania”
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/07/23/actualidad/1374591071_810464.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/07/22/actualidad/1374513056_157812.html
Arriba dejo dos enlaces muy ilustrativos de como no sólo no cesa sino que arrecia la campaña de control sobre Alemania. El “Sistema” ya no oculta que es el Big BROTHER que vigila a la gente y que manipula sus ideas. Creo que el mensaje es que debemos asumir que dado que estamos vigilados tenemos que autocensurarnos y tener cuidado con lo que decimos.
1:15 a.m.

ENSPO dijo…

La ambigüedad de la red es en este punto digna de reflexión.
Internet ofrece en teoría la posibilidad de expresar las propias ideas y ejercer la crítica, pero es también un sistema de detección de opositores.
Cuando la transición de la falsa democracia actual (o, si se quiere, de la dictadura encubierta) a la oligarquía totalitaria sin máscaras acelere sus pasos, el poder lo tendrá muy fácil para saber “quién es quién” y presentarse en la puerta de casa de los “desafectos”.
La creciente legislación represiva no es más que un indicio del futuro que nos acecha si no pasamos de las palabras y los escritos a la resistencia activa en el mundo real.
12:04 p.m.

ENSPO dijo…

!!!Luchad, desobedeced!!!
Allí donde estéis, vuestro sitio en el mundo es una trinchera de la resistencia contra la oligarquía sionista, la gran perra financiera racista, parasitaria y criminal.
Pero sólo existe un arma legítima: la verdad. Manos desnudas. Antes morir que matar.
Pongámoslos de rodillas. Son sólo CERDOS GENOCIDAS con corbata.
Juntos PODEMOS.
Coordinadora de la Izquierda Nacional, 16 de julio de 2013.
12:06 p.m.

Vailos Laros dijo…

Hace unas cuantas semanas, un usuario preguntó que qué opinaba el PNR (que junto a INTRA es el único grupo de ideología NR auténtica) sobre este blog.
Y yo pregunto: ya que se ha sacado a colación el activismo, ¿no podemos contar con el PNR para, junto con INTRA, llevar a la praxis lo que se propugna en este blog?
10:17 p.m.

ENSPO dijo…

Consideramos al PNR como un partido hermano. Las únicas diferencias, sin coincidir ideológicamente en todo, fueron antaño estratégicas y tácticas, pero nosotros hemos venido a dar la razón al PNR en su postura de rechazar toda participación en unas instituciones pseudo democráticas PODRIDAS del contubernio “constitucional”. El PNR andaba acertado en esto, aunque en aquel tiempo no estaba tan claro como ahora lo está, sin duda.
Nosotros manifestamos aquí nuestro total apoyo al PNR en la lucha contra el régimen. Las diferencias ideológicas de fondo son secundarias en la situación de emergencia nacional que nos embarga.
Pero tampoco hemos recibido del PNR ninguna propuesta formal de colaboración. Estamos abiertos a ella y dispuestos a dar el primer paso sin ningún problema.
Saludos cordiales.
11:01 a.m.

ENSPO dijo…

Juan Colomar es la gran figura común que une al PNR y la INTRA.
En septiembre nuestro partido va a extremar y potenciar su campaña por la abdicación del rey, con actos públicos contra la monarquía y la casta política corrupta.
Nosotros no vamos, SIN TREGUA y en memoria de Juan Colomar, a dejar de seguir luchando por la causa socialista-nacional hispánica.
!!!En pie contra la oligarquía!!!
Llamamiento a todas las izquierdas nacionales del mundo.
Coordinadora por una Izquierda Nacional, 25 de junio de 2013
11:04 a.m.

Anónimo dijo…

¿Izquierda Nacional para todos los pueblos del mundo?
11:18 a.m.

Anónimo dijo…

No hubo tal victoria sobre la URSS tal como afirma Jackobs, puesto que la Unión Soviética también formó parte de los aliados y si desapareció fue porque los mismos que la crearon, que fueron también los creadores del liberalismo(La oligarquía financiera) la disolvieron cuando lo creyeron oportuno.
11:49 a.m.

ENSPO dijo…

El funcionamiento del dispositivo oligárquico creo que es más complejo. No se trata de una simple “conspiración”, aunque existan realmente conspiraciones en ámbitos de alcance más reducido.
El poder resultante de la II Guerra Mundial era una poliarquía, fundamentada en el estrato ideológico común del antifascismo.
El enfrentamiento entre la URSS y EEUU fue REAL hasta cierto punto. Pero compartían VALORES y esto nunca dejaron de tenerlo presente ambos bandos.
En estos matices se decide el alcance y la eficiencia de la FILOSOFÍA CRÍTICA.
La historia no es una conspiración, su secreto hilo conductor son los valores.
Nietzsche dixit.
2:13 p.m.

Anónimo dijo…

Asombrosa bitácora. Quizá única en todo el planeta.
2:20 p.m.

Anónimo dijo…

Obviamente la URSS y los EE.UU. compartían valores en lo más esencial(y tanto que los compartían), se aliaron durante la segunda guerra mundial, los norteamericanos(junto a los británicos) le suministraron a los soviéticos grandes cantidades de armamento para derrotar a Alemania por el frente del Este, después de la contienda bélicaz en las conferencias de Yalta y de Potsdam se volvieron a dar la mano y se repartireon Europa y el planeta en sí.  El sionismo siempre crea dos bandos para justificar sus guerras atroces con el objetivo de acrecentar su poder en el mundo(se entiende también como es lógico apoderarse de las riquezas del prójimo). Por eso analizando la naturaleza de los hechos se llega a la conclusión de que todo ese enfrentamiento era ficticio, lo que han llamado la guerra fría sólo fue eso, un engañabobos. Además hay que darse cuenta de otro detalle muy importante, jamás en occidente se han ofrecido documentales o se han realizado películas hollywoodenses sobre los genocidios masivos cometidos no sólo por los soviéticos, también por los comunistas en China, Camboya, Laos…Han tapado de forma concienzuda todos sus crímenes, esto está ahí, es innegable, por poner un ejemplo y esto está demostrado, los EE.UU apoyaron la subida al poder de Mao Tse Tung, el que quiera ignorar estos acontecimientos es su problema, los hechos son claros.
5:08 a.m.

ENSPO dijo…

También Alemania financió a Lenin para conseguir poner fuera de combate a Rusia en la Primera Guerra Mundial. A veces las cosas son un poco más complicadas de lo que parecen. ¿Sabía Alemania que financiando a Lenin cavaba su propia fosa? ¿Y el apoyo de la banca internacional a Hitler, e incluso de New York Times, para frenar al comunismo? Es menester poner la lupa y analizar cada caso por separado antes de construir a grandes trazos supuestas conspiraciones que en realidad no son tales, que responden a intereses del momento. La coherencia última de proceso de destrucción de Europa NO ES UNA CONSPIRACIÓN, sino un PROYECTO HISTÓRICO cuyo hilo conductor son los valores. Aunque algunas sectas, no hay que negarlo, hayan participado activamente en la consecución del resultado (hoy ya visible). Saludos cordiales.
7:48 a.m.

Jackobs dijo…

Me sumo al último comentario de ENSPO. No se trata de una conspiración planeada en la sombra cuyas etapas se cumplen inexorablemente de forma matemática. Más bien podría hablarse de una marea, de una inercia, una fuerza invisible q nos arrastra y conduce hacia una determinada dirección. El mismo H pej fue financiado al principio de su carrera política por el gobierno inglés y por ciertos banksters useños q veían en él al gendarme regional capaz de poner freno al avance comunista en centro-Europa. Otra cosa es q después se les rebotara como pej hicieran en su día Sadam Husein, Noriega…
8:12 a.m.

ENSPO dijo…

De hecho el fascismo sólo empieza a ser considerado un enemigo radical por el sistema oligárquico cuando éste se da cuenta de que no lo puede utilizar como tapón contra el comunismo, porque el fascismo es, para la oligarquía, una amenaza mucho más grave que el comunismo. ¿Por qué? PRECISAMENTE POR LOS VALORES. El fascismo representa una ruptura de valores, el comunismo NO. Entonces comienza la Gran Cruzada Antifascista, con los judeo-bolcheviques y sionistas, a un lado, y los fascistas enfrente de AMBOS.
10:47 a.m.

Anónimo dijo…

¿Alemanía financiaba a Lenin?, no se de donde ha obtenido dicha información, no la comparto por supuesto, precisamente uno de los objetivos de la primera guerra mundial era llevar a los bolcheviques al poder, por un lado para que la oligarquía pudiera explotar parte de los recursos naturales de la antigua URSS y por otro lado crear el oponente ideal al liberalismo para conformar los dos futuros bloques ideológicos para justificar sus guerras. Sobre el apoyo de la banca internacional a Hitler es algo que no está demostrado, eso forma parte de la historia oficial, no tiene sentido que desde esta bitácora se diga que Hitler combatió a la oligarquía financiera(siendo esto el motivo de la guerra) y por otro lado venga usted diciendo que esa misma oligarquía lo financió, no tiene sentido, por eso tampoco tiene sentido decir que lo hicieron para frenar el avance del comunismo, cuando se sabe perfectamente que los bolcheviques fueron financiados por el capitalismo occidental, por esa misma oligarquía financiera, es absurdo.
10:50 a.m.

ENSPO dijo…

Lenin defendía un programa de tipo pacifista denunciando la Primera Guerra Mundial como guerra burguesa.
Para los alemanes, el triunfo político de Lenin significaba acabar con el segundo frente y poder centrar su esfuerzo de guerra contra Francia/Inglaterra.
De ahí la paz de Brest-Litovsk, donde precisamente Rusia abandona la guerra y Lenin cumple su compromiso con Alemania de cerrar el frente oriental. Los alemanes ocupan buena parte del territorio del extinto imperio zarista y trasladan el grueso de sus tropas en Rusia al frente occidental. Estados Unidos desequilibra la balanza en el último momento y la ofensiva alemana en el frente occidental fracasa.
Entonces Alemania sabe que tiene la guerra perdida y se rinde tras las desastrosas derrotas de agosto de 1818 frente a los ingleses.
El pueblo alemán está desmoralizado por el bloqueo (el hambre de la población civil) y la beligerancia yanqui ha matado toda esperanza de victoria. Alemania no sólo tiene que deponer las armas, sino que en su territorio amenaza extenderse la revolución bolchevique. Éste es el origen del fascismo en Alemania, una reacción ante esta terrible situación en parte motivada por el apoyo de Berlín a Lenin.
Sorprendente es que usted ignore todo esto.
Estamos ante simple historia de manual. Ninguna “información secreta”. Nada. Libros académicos de lo más sencillo de encontrar.
11:11 a.m.

Jackobs dijo…

A partir y mucho antes de 1939, continuando hasta el día de hoy, la opinión mundial ha sido manipulada sistemáticamente para inducir la falsa creencia de que H era un poderoso loco, despótico y malvado tirano que se había apoderado ilegalmente del poder en Alemania, que buscó la guerra con su vecinos europeos, y que tenía un plan para dominar el mundo. Los “historiadores” oficiales, han mantenido y perpetuado esta narrativa propagandística desde 1945, mientras que hábilmente ignoran los numerosos intentos documentados de H para convencer a los Aliados de la 1º Guerra Mundial, a través de la vía diplomática, a cumplir con sus propios compromisos de desarme, y para trabajar con él para lograr una solución justa de las cuestiones pendientes derivadas del Tratado de Versalles, que había mutilado gravemente Alemania (y por consiguiente, también la economía mundial), así como, causado crecientes tensiones persistentes en Europa, fueron repetidamente rechazadas. Esto demuestra claramente que estos esfuerzos de preservación de la paz mundial se vieron frustrados por los traficantes de guerra británicos, franceses, estadounidenses y rusos y sus titiriteros, los banqueros internacionales que tenían –y tienen- una agenda muy diferente a la que las que el Nacional Socialismo planteaba una gran amenaza. Por lo tanto, estos declararon que “H era una amenaza para el mundo y debe ser detenido”, empleando una propaganda atroz, citas falsas o citas sacadas completamente de contexto, y desinformación para propagar y perpetuar su propia narrativa, para incitar a las naciones a la guerra, y desviar siempre la culpa de ellos mismos. Y, por supuesto, también desprestigiaron a aquellos que apoyaron a H, o a aquellos que al menos encontraron sus objetivos de política exterior objetivos y bastante razonables, como “apaciguadores”. Entonces, después de haber tenido éxito en la destrucción de Alemania, enterraron las pruebas que desafiaban su narrativa, crearon pruebas falsas, y torturaron a los alemanes para sacarles falsas confesiones auto inculpatorias, etc para establecer su versión (la de los vencedores), acerca de los acontecimientos como la historia oficial, y que su guerra era completamente justificada y necesaria, la llamada “guerra buena.” Desde 1945, este falso paradigma ha sido reciclado perpetuamente mientras los defensores de la agenda del Nuevo Orden Mundial siguen marcando a todos los verdaderos líderes nacionalistas que sirven a su pueblo (y no a los banqueros) como “próximo H” o como “facista “, etc. Y, por supuesto, aquellos que los apoyan están de nuevo etiquetados como “traidores” o “cobardes” o incluso como “terroristas”. Es hora de que el mundo despierte, enfrente a los hechos, y reconozca este método de operaciones con las que siempre se conduce a los borregos.
1:16 a.m.

Anónimo dijo…

¿El atéo e hijo de atéos Mussolini no ordenó realizar genocidio alguno? A diferencia del Batallón 101 de la einsatzgruppen del que Hitler no podía conocer sus interioridades, Mussolini los mandó realizar antes de la II GM contra musulmanes que no representaban ningún peligro para la supervivencia de su nación:
Bajo el gobernador Volpi (desde 1921 hasta 1925) se retiraron los Statuti y se decidió que los papeles en la sociedad se distribuían en base a la pertenencia étnica: solo los italianos podían acceder a la instrucción superior, y a los cargos directivos y administrativos; a los árabes tocaban el pastoreo, el trabajo manual, los pequeños negocios, el trabajo artesanal; los judíos recibieron mejor trato: papeles de intermediación en el ámbito económico y social.
Desde 1928 recibió el cargo del gobernador único de Tripolitania y Cirenaica el mismo Pietro Badoglio, que, con el general Graziani, fue el más despiadado hacia los nativos. Él declaró que no se debía perdonar al rebelde: “né a lui né alla sua famiglia né ai suoi armenti né ai suoi eredi”31 (” ni a él ni a su familia ni su ganado ni a sus herederos”).
Desde el marzo de 1930 el general Graziani, bajo el gobierno colonial de Badoglio, empezó la última y más sangrienta y absurda guerra de represión contra los resistentes libios. Escribió el gobernador Badoglio, después de la vuelta a Libia del general Graziani:
En primer lugar debemos crear una separación espacial amplia y bien definida entre las fuerzas rebeldes y la población sometida. No niego el alcance y la gravedad de esta medida, que significará la ruina de la llamada población sumisa. Pero ahora el recorrido se ha decidido y tenemos que seguir hasta el final, incluso si se tratara de destruir a toda la población de Cirenaica. Por lo tanto, urge recoger en un espacio cerrado a toda la población sometida, de manera que pueda ser monitorizada apropiadamente y para que haya un espacio de respeto absoluto entre ella y los rebeldes. Una vez hecho esto, entonces iremos a la acción directa contra los rebeldes. ”
Bajo el mando de Graziani, que Mussolini envió en 1930 a Libia, bombardearon Cirenaica: Libia fue para la Aeronáutica militar italiana un campo experimental para el uso de aviones de guerra, dirigibles y gases mortales, gas mostaza y bombas al fósforo, prohibidos por la Convención de Ginebra (esto se repitió en Etiopía después de algunos años); además desde los aviones italianos los soldados mataban a las personas con metralletas. Se mataron también muchísimos animales de los semi-nómadas, se incorporaron todas la propiedades de las zahawayak, se intentó hacer tierra quemada en toda la zona para los rebeldes. Además se construyó una barrera de hierro de púas, de 270 km de largo y 4 m de ancho, que aislase Cirenaica de Egipto, para impedir que los egipcios ayudasen a los rebeldes. Mientras tanto Graziani hizo trasladar casi toda la población de Cirenaica al desierto de la Sirte. Se forzaron 100.000 personas, entre ellas mujeres, niños, viejos, a marcharse de pies, de invierno, por centenas y en algunos casos por más que mil kilómetros, trayendo consigo sus animales. Se ejecutaban inmediatamente los que, no aguantando, se paraban.
Badoglio sabía anticipadamente que muchas de estas personas fallecerían y que Cirenaica se volviera tierra casi exclusivamente italiana. Un verdaero genocidio. Al menos 40.000 personas murieron en los tres años de detención en el infierno de trece campos de concentración. Cada uno de los presos recibían al día 600 gramos de pan y una sopa liquida y asquerosa. En los campos de concentración, se castigaba con la horca el mínimo señal de rebelión o cualquier intento de huida: todos los árabes tenían que asistir cada día a la ejecución de sus hermanos, sin quejarse, sin llorar, en silencio.
Luego llegarían los colonos… este es el lastre histórico del fascismo, no en el marco de una guerra por la supervivencia, del atéo Mussolini.
2:45 p.m.

ENSPO dijo…

El comportamiento de Italia como potencia colonial no fue ni mejor ni peor que el del resto de las potencias coloniales, de las cuales aprendió el “modo de tratar” a los colonizados.
El modelo lo ponen España, Inglaterra y Francia, por no hablar de los Estados Unidos con los indios autóctonos y luego con los negros.
Esto que usted describe no forma parte de una “ideología fascista”, pero la propaganda liberal se ha dedicado a cargar en la cuenta del “fascismo” lo que no es más que la NORMA de los seguidores del Sermón de la Montaña desde la conversión de los sajones y las cruzadas hasta la guerra del Vietnam o la guerra de Iraq.
Y de “Mussolini ateo” nada, señor cristiano.
El Mussolini que usted describe es un Mussolini que ya ha pactado con el Vaticano, es un DERECHISTA, sin contar con que la invasión italiana de Libia es ANTERIOR al fascismo.
Quizá alguno de los dirigentes DERECHISTAS Y CREYENTES que hoy se llenan la boca con la palabra “fascismo” nos pueda explicar el compasivo modo de obrar del occidente cristiano con las razas de los continentes sometidos a Yahvé.
Libia incluida.
3:22 p.m.

ENSPO dijo…

Por lo demás, sigue siendo un hecho que el fascismo italiano no fue un régimen genocida a pesar de las atrocidades cometidas en sus colonias.
Si la masacre de los cirenaicos lo convierte en tal, entonces no hay un solo país europeo o ideología que se libre de esa misma etiqueta.
Y también sigue siendo digna de consideración la cuestión de por qué sólo y únicamente el fascismo, el ÚLTIMO agente de las vulneraciones de los derechos humanos en la historia occidental y, por tanto, un actor que se limita a reproducir, copiar e imitar aquello que OTROS han promovido a lo largo de siglos, se convierte en el chivo expiatorio de la modernidad y en la encarnación del “mal absoluto” para un cristianismo derechista cuyo pasado es un auténtico MONTÓN DE MIERDA.
Eso sí, un montón de mierda convenientemente disimulado por Hollywood y convertido, a lo sumo, en una mera cadena de errores provocada por personajes “paganos” y “fascistas”, no “verdaderos cristianos”, por supuesto.
3:33 p.m.

Anónimo dijo…

¿El ateísmo de Mussolini nada de nada, señor dasein? Se le invita a leer los diarios de Claretta Petacci (“donde está la confrontación muy clara con la iglesia en las leyes raciales”), y Galeazzo Ciano, ministro de Relaciones Exteriores, donde se observa que el prejuicio anti-católico de Mussolini nunca desapareció.
Mussolini estaba dispuesto a todo sacrificio para comprar la paz con el Vaticano. Esta mascarada es añeja: se llama “París bien vale una misa”.
No fueron seguramente motivos religiosos o morales los que habían incitado a Mussolini a dar ese paso, sino meras consideraciones políticas de dominio. Necesitaba un apoyo moral para sus planes imperialistas y hubo de preocuparse especialmente de despejar la desconfianza que le oponía el extranjero. Por eso buscó el contacto con aquel poder que había resistido todos los embates del tiempo y cuya poderosa organización, que abarca el mundo entero, podía en ciertas circunstancias serle muy peligrosa.
¿Que nos importa ahora lo que GB, Francia o los EEUU hicieran con las otras razas? Lo que nos importa ahora señor dasein es lo que el fascismo y los fascistas hicieron en nombre del imperialismo fascista: genocidio de musulmanes,civiles, hombres, viejos, mujeres y niños, y colonización de países musulmanes y cristiano/judíos/hortodoxos como Albania, Etiopía o Grecia. Países que no representaban ningún peligro para Italia.  El padre de Mussolini fue ateo y Mussolini también lo fue. Un “dasein” no puede pretender que ignoremos las convicciones éticas materialistas (atéas) que fueron el motor que puso en movimiento la mascarada católica de Mussolini.
Igualmente, la Sociedad de Naciones sancionó a Italia por su intervención en Etiopía, y no por fabulosos motivos.
3:07 a.m.

Anónimo dijo…

La intervencion Italiana en Libia es anterior, pero los campos de concentración, el uso de gases venenosos en contra de la Convención de Ginebra y los genocidios de civiles se producen en la primera etapa del gobierno fascista.
3:12 a.m.

Anónimo dijo…

¿El fascismo italiano no fue un régimen genocida a pesar de las atrocidades cometidas en sus colonias? Impresionante. ¿Que acaso los musulmanes libios no eran seres humanos? Si los dirigentes fascistas son conscientes de que la reclusión (por tres años) de la población en un desierto en condiciones inhumnas suponía la ruina y el genocidio de la población autóctona de Cirenaica… La muerte intencional de un tercio de la población ¡Civil!no es genocidio… ¡Si éste es el modelo copiado por Israél para establecer su Entidad, solo que el sionista un poco menos sangriento!
3:31 a.m.

Keitel dijo…

Los crímenes de Libia son los crímenes de la derecha cristiana colonialista e imperialista de siempre en su versión fascista, es decir, bastante tardía. Pretender que esos son los crímenes del “dasein” resulta de una IMPOSTURA CANALLESCA o una muestra de IGNORANCIA SUPINA.
A menos que aporte una “prueba”, una sola, de que esos son crímenes del “dasein” y tienen siquiera la más remota relación con este concepto.
¿Dónde habla Mussolini del “dasein”?
¿Qué peso pueden tener las opiniones filosóficas de Mussolini, y esto en el mejor de los casos, si el régimen fascista, en su doctrina oficial, ya se había derechizado y declarado católico y actuaba como tal, es decir, como SIEMPRE habían actuado los poderes políticos católicos?
¿Qué fue del programa del 13 de mayo de 1919 y qué tiene que ver ese programa con la Italia del Ventennio? NADA.
¿Materialismo? Pero, ¿dónde encuentra usted la conexión del Dasein con el materialismo si Heidegger es un crítico radical del materialismo?
Resulta que el “dasein” (sic) es materialista y que cuando se cometen crímenes coloniales esto sería materialismo “heideggeriano” (¿?)en acción y por lo tanto el “dasein” debe ser imputado por ello.
Tanta ignorancia y pedestrismo filosófico asombran.
¿Eran crímenes del “dasein” los del imperio británico, el imperio francés o los de EEUU con los indios autóctonos?
¿Esperó Yahvé al “dasein” (sic) y al “materialismo” (también harto tardío) para empezar a asesinar en masa o ya se dedicaba a tales menesteres desde los anatemas del Antiguo Testamento?
Usted necesita, para empezar, un manual de ortografía básica. No sabe ni escribir correctamente las palabras que intenta emplear, y su ANALFABETISMO sobre el tema del Dasein es tal que sólo puede ser objeto de mofa, no de una discusión seria.
Además en este blog ya se han denunciado y criticado los crímenes del fascismo.
El señor analfabeto nos descubre ahora aquello que aquí ya ha sido dicho, por ejemplo, a propósito de los Einsatzagruppen en Alemania.
Que el fascismo cometió crímenes. !Vaya descubrimiento!
Y le echa en cara a FILOSOFÍA CRÍTICA esos crímenes, como antaño los revisionistas y neonazis le echaban en cara reconocer, por ejemplo, sin paños calientes, la masacre de Babi Yar.
Curiosamente, todos estos mangantes son cristianos ofendidos por nuestros ataques a su asesino dios Yahvé, el padre de todos los asesinos en masa, al que ellos sirven abyectamente con las manos manchadas de sangre.
4:32 a.m.

Anónimo dijo…

Este mangante no es cristiano, es el mismo sinvergüenza que pretendía convertir a Nietzsche en islámico morisco. Después de la tunda recibida, ha vuelto con ánimo de venganza “denunciando” lo que este blog ya ha dicho y repetido ya una mil veces, a saber, que el fascismo también cometió crímenes y que la versión revisionista Hitler=Bambi es un fraude.
Ahora pretende acusar al “Dasein” de la limpieza étnica de la Cirenaica bajo Mussolini. Sin pruebas.
Su meta no es el debate, sino ensuciar este blog.
El bando de este perro es el yihadismo. No se confundan.
7:32 a.m.

ENSPO dijo…

Ni siquiera el sistema oligárquico, que ha exagerado TODOS los crímenes del fascismo a fin de elevarlos a la categoría de “mal absoluto”, habló nunca de genocidio a propósito de los hechos de la Cirenaica bajo el Ventennio. Estaríamos ante un caso de “limpieza étnica”, pero no un genocidio, tipo penal que comporta sus propias y estrictas condiciones legales para ser imputado como tal.
No toda masacre de masas es genocidio, existen otros tipos, como el crimen de guerra, la limpieza étnica, el crimen contra la paz…
En cualquier caso, dichas prácticas son imperial-colonialistas, habría menester de mucha mala fe para considerarlas estrictamente FASCISTAS.
Pero atribuírselas a la filosofía de Heidegger es cosa de sinvergüenzas, sólo un provocador incurriría en tamañas manipulaciones.
Éste ya lo intentó con Nietzsche, la de ahora es la nueva jugarreta sucia del troll pro-islámico que, abusando de nuestra confianza, se pasea por este blog desde hace un mes aproximadamente.
Les rogamos que disculpen el descenso de nivel que está afectando al debate por culpa de este usuario, típico efecto (buscado, deliberado) de la actuación de un troll.
Saludos cordiales.
8:09 a.m.

Anónimo dijo…

Prácticas genocidas del islam: “matad a los ateos allí donde les encontréis” (sura 9, aleya 5), “matadles donde deis con ellos” (s. 2, a. 191), “infundiremos el terror en los corazones de los que no crean” (s. 3, a. 151) “los infieles son para vosotros un enemigo declarado” (s. 4, a. 101), “y para los infieles tenemos preparado un castigo humillante” (4, 151), “!cuántas ciudades hemos destruido! Les alcanzó nuestro rigor de noche o durante la siesta” (7, 4), “no enviamos ningún profeta a ciudad que no infligiéramos a su población miseria y desgracia -quizá así se humillaran” (7, 94), “a los que desmientan nuestros signos les conduciremos paso a paso hacia su pérdida, sin que sepan cómo” (7, 182), “infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. !Cortadles el cuello!” (8, 12), “que no crean los infieles que van a escapar, no podrán” (8, 65), “anuncia a los infieles un castigo doloroso” (9, 3), “si no vais a la guerra, Alá os infligirá un doloroso castigo, porque dios es omnipotente” (9, 39) “combatid a los infieles que tengáis cerca, que os encuentren duros” (9, 123), “en cuanto a los que hayan sido infieles, se les dará a beber agua hirviente y sufrirán un castigo doloroso porque no creyeron” (10, 4), “cuando queremos destruir una ciudad (…) la aniquilamos” (17, 16), “nosotros heredaremos la tierra y sus habitantes” (19, 40), “¿no ves que hemos enviado a los demonios contra los infieles para que les instiguen al mal?” (19, 83), “y no cesaron en sus lamentaciones hasta que les segamos sin vida” (21, 15), “a los infieles se les cortarán trajes de fuego y se les derramará en la cabeza agua hirviente, que les consumirá las entrañas y la piel; se emplearán en ellos focinos de hierro” (22, 19-22), “a todos les dimos ejemplos y a todos les exterminamos” (25, 39), “quienes se oponen a Alá y a su enviado serán derribados como lo fueron quienes les precedieron. Hemos revelado signos claros. Los infieles tendrán un castigo humillante” (58, 5), “los que no crean, tanto la gente de la escritura (judíos, cristianos) como los ateos (…) son lo peor de la creación” (98, 6).
Esto es lo que podemos esperar los ateos del islam. En una palabra: ser degollados. ¿Y son éstos, los musulmanes, quienes reclaman, para ellos y sólo para ellos, aquellos mismos derechos humanos que pisotean sin piedad cuando se trata de los no-islámicos?
8:23 a.m.

ENSPO dijo…

Cita de Ágnes Heller en este blog:
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/03/impostores-2-r-j-b-bosworth.html
8:34 a.m.

ENSPO dijo…

Edward Tannenbaum sobre el fascismo en este blog:
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/05/impostores-3-edward-r-tannenbaum.html
8:41 a.m.

Jackobs dijo…

A tenor de un comentario de más arriba quiero dejar claro q el cambio de actitud del gobierno de UK con respecto de H se produjo después de la invasión de Checoslovaquia, hasta entonces la colaboración era plena. Se podrían sacar a colación numerosas pruebas en ese sentido, pej fue el MI6 quien abortó antes de la ocupación de los Sudetes un intento de golpe de estado contra H. Aquí os dejo un link de un interesante documento de los 50s desclasificado hace poco q viene a abonar lo q afirmo. El Banco de Inglaterra jugó un papel vital en la venta del oro confiscado después de la invasión. Según el documento, nunca antes publicado, el banco vendió oro en beneficio del Reichsbank. Oro q se había confiscado al Banco Nacional Checo. El banco transfirió en marzo de 1939 oro por un valor de 5,6 millones de libras desde la cuenta del Banco Nacional Checo al Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés) en una cuenta abierta en beneficio de Reichsbank. Así pej traduzco: “Hubo transacciones de oro posteriores al 1 de junio (de 1939), con la venta de oro (440,000 libras) y envíos de oro a Nueva York (420,000 libras) desde la cuenta número 19 del BIS. Se trataba de oro que había sido enviado a Londres por el Reichsbank”.  http://www.bankofengland.co.uk/archive/Documents/archivedocs/wwh/2/p3c9p1292-1301.pdf
3:35 a.m.

ENSPO dijo…

Matad a los ateos allí donde los encontréis. Basta leerlo, no dice en qué contexto se ha de empezar a hacer esto, ni cuándo se termina de hacerlo. La orden es incondicional. Se mata a los ateos porque son ateos siempre que se los pueda matar, claro. Nosotros no necesitamos leer árabe para entender El Corán. Quien lo ha traducido al castellano conoce suficientemente bien el árabe, se supone.
11:07 a.m.

Anónimo dijo…

http://www.elministerio.org.mx/blog/2013/06/putin-urss-judio-gobierno/
http://www.timesofisrael.com/putin-first-soviet-government-was-mostly-jewish/
¿Es posible que el astuto y sagaz Putin esté intentando halagar a los israelitas? Seguramente con la mirada puesta en la guerra de Siria.
11:07 a.m.

ENSPO dijo…

Citamos lo dicho por el islamista:
“¿El ateísmo de Mussolini nada de nada, señor dasein? Se le invita a leer los diarios de Claretta Petacci (“donde está la confrontación muy clara con la iglesia en las leyes raciales”), y Galeazzo Ciano, ministro de Relaciones Exteriores, donde se observa que el prejuicio anti-católico de Mussolini nunca desapareció. Mussolini estaba dispuesto a todo sacrificio para comprar la paz con el Vaticano. Esta mascarada es añeja: se llama “París bien vale una misa”. No fueron seguramente motivos religiosos o morales los que habían incitado a Mussolini a dar ese paso, sino meras consideraciones políticas de dominio. Necesitaba un apoyo moral para sus planes imperialistas y hubo de preocuparse especialmente de despejar la desconfianza que le oponía el extranjero. Por eso buscó el contacto con aquel poder que había resistido todos los embates del tiempo y cuya poderosa organización, que abarca el mundo entero, podía en ciertas circunstancias serle muy peligrosa.”
Quien pretendió que Nietzsche era islamista, pero IGNORABA las citas de Nietzsche contra Mahoma, nos quiere ahora aleccionar sobre los crímenes fascistas, de los que ya hemos hablado no pocas veces en este blog, y reconocido sin ningún tipo de problemas desde la fundación misma del sitio en el año 2007.
Pero el fanático no tiene bastante, quiere que aceptemos la teoría del círculo cuadrado. Quiere, como todo buen monoteísta, que la verdad sea lo que él quiere (=su salvación, casualmente), y no amoldarse a la verdad.
Me pregunto: ¿no era Nietzsche islámico según usted, señor MENTIROSO? ¿No fue Mussolini nietzscheano? ¿No serían entonces los crímenes de Mussolini en Libia los crímenes de un nietzscheano, o sea, los crímenes de un filósofo proislámico? Porque el “ateísmo” de Mussolini no es más que el ateísmo de Nietzsche (otra palabra que usted es incapaz de escribir correctamente).
Pretende, el analfabeto, examinar nuestras aptitudes, pero es absolutamente incapaz de entender que la palabra “genocidio” identifica un tipo penal y que no se puede confundir con el crimen de guerra u otros tipos penales distintos (de lesa humanidad).
Tampoco es capaz de entender que si el fascismo hubiera sido un régimen genocida, la propaganda del sistema oligárquico no hubiera dejado de repetirlo una y otra vez hasta la saciedad. No obstante los propios historiadores antifascistas NIEGAN que el régimen de Mussolini fuera genocida.
Estamos, por tanto, ante un problema de estupidez y mala fe por parte de un piojo que comete faltas de ortografía pero, no obstante, hinchado de soberbia. Un tramposo que, además, dice que siempre se encuentran citas para apoyar las propias tesis, claro, pero que se basa en dos entradas de un diario de Mussolini. Nosotros nos basamos en las conclusiones de la mayoría de los politólogos antifascistas.
(sigue)
12:22 p.m.

ENSPO dijo…

(procede del post anterior)
Finalmente, el MENDAZ que quiso convertir a Nietzsche en un creyente de Alá (!asombroso!) no puede comprender tampoco que las ideas del régimen fascista del Ventennio, incluidas las filosóficas, quedaron codificadas en diferentes textos oficiales. El fascismo del Ventennio era católico. No importan aquí las ideas filosóficas PERSONALES de Mussolini, basadas en dos citas (ya sabemos que el MENTIROSO cita las cosas que le convienen e ignora las que no le convienen): la doctrina filosófica del fascismo en el Ventennio es la de GIOVANNI GENTILE y es bajo esa doctrina, y no bajo ningún “materialismo” (porque el fascismo, incluso el anterior al Ventennio, NUNCA fue materialista) que se cometen las atrocidades en Libia.
Pregúntele por ellas, en consecuencia, a su dios, pues Alá, Yahvé y el dios cristiano son el MISMO dios. El carnicero de Jericó, su dios, fue el que arrasó Libia.
Le recuerdo, en fin, que los propios musulmanes islamistas se masacran entre ellos sin piedad, chiítas contra sunitas, sunitas contra chiítas. !Qué no harán estos fanáticos con los cristianos! !Qué no harán con los ATEOS!
Usted no sabe ni escribir correctamente la palabra “ateo”, la escribe con acento en la e, y sin embargo nos pide cuentas sobre nuestros conocimientos de alemán o árabe. !Aprenda correctamente el castellano en el que pretende (en vano) expresar sus injurias e imposturas ad majorem gloriam Dei!
Es usted un ANALFABETO funcional, un fanático islamista y un MENTIROSO COMPULSIVO.
Entendemos que sus posts son spam y no le vamos a dejar que siga envenenando esta bitácora.
Váyase a hacer propaganda de la yihad a otro sitio. En esta página no aceptamos semejante tipo de basura.
S-i-n-v-e-r-g-ü-e-n-z-a.
12:22 p.m.

ENSPO dijo…

Hete aquí la más grandiosa prueba de la INCOMPETENCIA E INEPCIA del que aspira a aleccionar a este blog y hasta nos ha reclamado nuestros títulos de idiomas:
“Un “dasein” no puede pretender que ignoremos las convicciones éticas materialistas (atéas) que fueron el motor que puso en movimiento la mascarada católica de Mussolini.”
O sea que el fascismo era ateo, LUEGO era materialista.
¿De verdad que tiene usted la más remota idea de filosofía o siquiera de fascismo?
¿Tiene usted la más insignificante y básica noción relativa a los orígenes ideológicos del fascismo?
¿Era Nietzsche materialista?
¿De dónde saca que ateo=materialista?
Precisamente, lo que caracteriza el fascismo es su IDEALISMO ATEO.
Y esto desde Nietzsche, precisamente. Desde la muerte de Dios como IDEAL DE VERDAD, como ética de una VERDAD sin paliativos para cobardes que pretenden “salvarse” a toda costa.
Le recomiendo “El nacimiento de la ideología fascista”, de Zeev Sternhell. Es el clásico sobre el tema y parece evidente que usted desconoce su existencia.
PALETO que escribe *atéo.
Paleto que escribe “dasein”, cuando en alemán todos los sustantivos van con mayúscula.
IGNORANTE hinchado de soberbia. ¿Es esto lo que produce su Alá?
12:36 p.m.

ENSPO dijo…

En respuesta al anónimo sobre los judíos del primer gobierno soviético: si hace unos años recordabas que el concepto de “Judeobolchevique”, un concepto “nazi”, tenía su fondo de verdad, te echaban a los perros.
Hoy la evidencia es reconocida desde fuentes de todas las tendencias. Para empezar el propio Sartre lo reconoció hace muchos años. Solzhenitsyn también, pero le acusaron de reaccionario. Ahora los diarios de Israel muestran con orgullo que fueron judíos, en su mayor parte, quienes organizaron aquella “gloriosa” revolución, cuya herencia son 100 millones de víctimas acusadas de “fascistas”.
Unas víctimas abocadas al olvido pero que en este blog no dejaremos de recordar, entre otras, aunque resultemos molestos.
Las verdaderas víctimas del “materialismo ateo”.
2:28 p.m.

Anónimo dijo…

nietzsche, el anticristo, &42
¿Qué fue lo único que más tarde Mahoma tomó prestado del cristianismo? La invención de Pablo, su medio para establecer una tiranía de los sacerdotes y organizar una grey: LA FE EN LA INMORTALIDAD, vale decir, la doctrina del “juicio”.
2:37 p.m.

Anónimo dijo…

La guerra de Libia comenzó como un ataque de Italia al imperio turco. Libia no era un país independiente. El ataque y las primeras atrocidades, por ambos bandos (italianos y árabes) comenzaron mucho antes de que el fascismo existiera:
“3. La guerra contra el Imperio Otomano y la agresión a Libia
Al Imperio Turco el gobierno italiano envió un ultimatum el 28 de septiembre 1911, pidiendo la inmediata capitulación y el 29 declaró el estado de guerra. El sultán propuso el reconocimiento sobre el territorio el protectorado italiano, pero el presidente Giolitti rechazó, y empezó la guerra sin pedir tampoco la aprobación del Parlamento. Dice el historiador Del Boca:
A quindici anni da Adua, Giolitti rifiuta il protettorato, che non gli costerebbe un soldo né una vita umana, per iniziare una guerra di cui non può prevedere la durata, i costi, le perdite, le ripercussioni in Italia e in Europa. Una guerra che Giolitti scatena senza l’approvazione, né la ratifica del Parlamento22.
Quince años después de Adua, Giolitti rechaza el protectorado, que no cuesta un centavo o una vida humana, para iniciar una guerra de que no se puede predecir la duración, los costos, las pérdidas, las repercusiones en Italia y Europa. Una guerra que Giolitti dispara sin la aprobación o ratificación del Parlamento.
Sobre esta decisión bélica, así se expresó Salvemini:
“Ma sia il quando, sia il perché, sia il come dell’impresa libica non si spiegano, se non tenendo presenti la incoltura, la leggerezza, la facile suggestionabilità, il fatuo pappagallismo delle classi dirigenti italiane.”
Sin embargo, tanto el cuándo tanto el qué y el cómo de la guerra libia no se puede explicar, si no se toma en cuenta la incultura, la superficialidad, la fácil sugestibilidad, dl pappagallismo fatuo de las clases dirigentes italianas.
(sigue)
2:05 p.m.

Anónimo dijo…

20 naves llegaron cerca de Trípoli y bombardearon la ciudad. En el desembarco de los soldados, hubo gran confusión; hubo también una epidemia de colera y las primeras ejecuciones de árabes que se denegaban a dar ayuda a los italianos (¡no se trataba de combatientes, sino de libios que rechazaban trabajar para facilitar la invasión!)
Seguidamente cayó Tobruq, luego Derna y Homs después de una desesperada defensa; Binghazī intentó resistir y los italianos la bombardearon.Muchos judíos acogieron muy bien a los italianos, esperando convertirse en ciudadanos libios-italianos, de salir de la condición de minoría. En una primera fase aprovecharon de la oportunidades económicas que les ofrecía la llegada de los italianos, pero, como veremos, tuvieron que arrepentirse de este consentimiento25.Sin embargo, después de pocas semanas, los árabes de la zona interior atacaron en la oasis de Sciara Sciat, cerca de Trípoli, dos batallones italianos y ganaron. Mataron, incluso de manera cruel, más de 600, entre soldados y oficiales: era un claro señal del rechazo de los invasores por parte de las población.En los días siguientes, hubo la represalia. Por tres días seguidos los soldados italianos mataron a los árabes. Se vació la oasis. Se deportaron algunas millares (todavía no se sabe cuántos: 2500? 4000?) a distintas zonas de Italia: a las islas Tremiti, a Ustica, a Ponza etc…
2:11 p.m.

Anónimo dijo…

(procede del post anterior)
Hemos conocido el periodista Giuseppe Bevione, a propósito de Libia “tierra prometida”. Este hombre siguió como enviado la guerra de Libia. Leamos algunos pasaje de su impresionante memoria sobre la matanza y la deportación de los árabes que siguieron la derrota italiana de Šara Šat. No hay más traza de “tierra prometida”, sino descriciones de rebelión, de pobreza que el periodista interpreta como maldad, de represalias durísimas:…Centinaia di case furono perquisite. La quantità di armi e munizioni sequestrata fu enorme. Tutti gli arabi scoperti con armi alla mano furono arrestati e legati con le maní dietro il dorso […]. A masse di centinaia i prigionieri furono condotti in città tra doppia fila di baionette. Non vidi mai nulla di più miserabile e sinistro di quei greggi laceri, che i nostri cacciavano avanti con le baionette. Tutti erano a brandelli. La feccia dell’interno era stata lanciata contro di noi. Abbondavano i negri. Non un solo arabo in condizioni decenti è stato preso. I turchi avevano reclutato fra la più bassa materia umana della contrada la gente disperata per darci l’attacco alle spalle. […] Qualora si provveda a una repressione radicale, le preoccupazioni non hanno ragione di esistere. Si deve lasciare la mano libera al governatore per l’evacuazione di tutta l’oasi… (23 ottobre)Se cachearon cientos de casas. La cantidad de armas y municiones incautadas fue enorme. Todos los árabes capturados con armas en la mano, fueron detenidos y atados con las manos detrás de la espalda […]. Una masa de cientos de prisioneros fueron llevados a la ciudad entre dos hileras de bayonetas. Nunca vi nada más miserable y siniestro de esos rebaños harapientos, que nuestros soldados empujaban por delante con sus bayonetas. Todos estaban andrajosos. Habían lanzado contra nosotros lo peor del interior. Abundaban los negros. No se encontraba entre los presos un solo árabe en condiciones decentes. Los turcos habían reclutado entre el material humano más bajo de la población de la zona gente desesperada que nos dé el ataque desde las espaldas […]. Si se prevé una represión radical, las preocupaciones no tienen razón de existir. Se deben dejar las manos libres al gobernador para la evacuación de todo el oasis .. (23 de octubre)Le esecuzioni capitali che hanno durato tre giorni e che hanno inviato ad Allah oltre mille fedeli erano indispensabili. Solo una generosa restituzione di uccisioni poteva stabilire nell’animo arabo il senso della cosa giudicante e la certezza della nostra forza. Siamo in contrade in cui la legge del taglione permane […]. Che fare dei superstiti? La deportazione in un piccolo arcipelago italiano consacrato da tempi antichi a domicilio dei criminali è stata un’idea eccellente. La prontezza con cui fu tradotta in realtà ne raddoppiò il valore. Gli arabi ora sanno quale sorte attende il reo di fellonia, anche se non uccide… (30 ottobre)27.Las ejecuciones que duraron tres días y enviaron a Allah más de mil fieles eran indispensables. Sólo una generosa devolución de asesinatos podría establecer en el alma árabe el sentido de nuestra justicia y la certeza de nuestra fuerza. Estamos en comarcas en los que la ley de tallón sigue siendo […] ¿Qué hacer de los sobrevivientes? La deportación en un archipiélago pequeño italiano consagrado desde la antigüedad como lugar de detención de los criminales fue una excelente idea. La facilidad con que se tradujo en realidad duplica su valor. Los árabes saben ahora lo que el destino le espera al culpable de un traición, incluso si no mata …”(30 de octubre)
(sigue)
2:12 p.m.

Anónimo dijo…

(procede del post anterior)
Otro nacionalista, Maffeo Pantaleoni, así se exprimía, interpretando seguramente las ideas de muchos italianos del tiempo:
“L’imbastardita attuale popolazione, costituita dall’incrocio di quanto vi ha di più laido tra le razze umane, va respinta e distrutta, e sostituita con buon sangue italiano”.
“La actual población, que se hizo bastarda por el cruce de lo que es más feo entre las razas humanas, debe ser rechazada y destruida y reemplazada por buena sangre italiana”.
Pese a la feroz represión, siguieron otros enfrentamientos entre la población del interior y los italianos. Esto pasó sobre todo porque los árabes de la zona desérticas o casi desérticas se veían amenazada su misma existencia: la apropiación de tierras, sobre todo del Ğebel, por parte de los italianos, rompía el equilibrio difícil que las tribus del interior habían realizado a lo largo de los siglos entre actividad agrícolas y pastoreo, moviéndose en grandes espacios.
La horca fue el instrumento de muerte reservado a los árabes que se rebelaban al dominador.
En 1912 se firmó la paz de Ouchy entre el Imperio turco e Italia, a la que se reconocía la posesión de Cirenaica y Tripolitania.
En 1915 hubo una gran rebelión de los árabes, que dejó a los italianos solo pocas zonas de la costa. Mientras tanto algunos millares entre árabes y judíos, al rededor de 4500, de Libia viajaron a Italia para trabajar en la industria bélica: vivían en una condición penosa y volvieron a su tierra en 1918.
Hubo un ambiguo armisticio entre el Gran Sanusī y los italianos en 1917, y no cesaron con esto los enfrentamientos.”
Fuente: http://cavallinidandalusia.blogspot.com.es/2012/10/el-colonialismo-italiano-en-libia.html
Queda claro que tanto el racismo como los crímenes de masas son anteriores al fascismo. Lo sucedido en Libia no es fascismo, es “colonialismo occidental clásico”. En este caso directamente avalado por la Iglesia Católica. El fascismo se limitó a concluir, con más “eficacia” y en un marco ya enquistado en la crueldad recíproca, aquello que la oligarquía católico-liberal italiana había emprendido de manera inepta en 1911.
2:12 p.m.

Anónimo dijo…

Las víctimas del presunto genocidio cirenaico, perpetrado bajo el régimen de Mussolini, son unas 45.000 personas.
En la guerra libia era imposible distinguir entre civiles y militares. Esto ocurre en todas las guerras coloniales: la población, como es natural, se identifica y apoya la resistencia; las represalias del ocupante terminaban siendo indiscriminadas.
No hubo empero voluntad de exterminar a la población libia, sino de someterla mediante un duro escarmiento y poner fin de una vez por todas a la guerra colonial emprendida por la derecha católico-liberal.
El genocidio no fue una característica fundamental del régimen fascista a pesar de los crímenes innegables cometidos en Libia.
2:22 p.m.

ENSPO dijo…

En la entrada se afirma lo siguiente:
“El fascismo, que, insistamos en este punto, en su versión original, y única a la que puede aplicarse el término FASCISMO de forma legítima, no perpetró ningún genocidio, ha sido menos criminal que, por ejemplo, el comunismo.”
De ahí no se desprende que el fascismo no cometiera crímenes, se afirma que “ha sido menos criminal”. Los crímenes en Libia, Abisinia y otras colonias son innegables. No reconocemos, empero, la masacre de Cirenaica como genocidio, sino como crimen de guerra. La población civil era combatiente dadas las características del conflicto colonial.
Para que pudiera hablarse de genocidio los italianos tendrían que haber planeado el exterminio de toda o un porcentaje importante de la población libia. Pero no es el caso.
6:34 a.m.

Anónimo dijo…

Un genocidio es el perpetrado por los turcos contra los armenios, con 2 millones de víctimas. Se trata de exterminar a una población o etnia, de liquidarla. Hay genocidio cuando se pretende eliminar esa etnia (genos). Tiene que haber una voluntad de que la etnia, definida como tal, desaparezca. Véase el genocidio armenio en Wikipedia.
“El genocidio armenio (en armenio: Հայոց Ցեղասպանություն; en turco: Ermeni Soykırımı), también llamado holocausto armenio o Մեծ Եղեռն (Medz Yeghern, “Gran Crimen”), fue la deportación forzosa y exterminio 2 de un número indeterminado de civiles armenios, calculado aproximadamente entre un millón y medio y dos millones de personas,3 por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, desde 1915 hasta 1923.4
Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a muchos de los deportados. Otros grupos étnicos también fueron masacrados por el Imperio otomano durante este período, entre ellos los asirios, los griegos de Ponto y los serbios. Algunos autores consideran que estos actos son parte de la misma política de exterminio.5
La fecha del comienzo del genocidio se conmemora el 24 de abril de 1915, el día en que las autoridades otomanas detuvieron a 235 intelectuales armenios que eran líderes de la comunidad de armenios en Estambul; en los días siguientes, la cifra de detenidos ascendió a 600. Posteriormente, una orden del gobierno central estipuló la deportación de toda la población armenia, sin posibilidad de cargar los medios para la subsistencia, y su marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, en las que la mayor parte de los deportados pereció víctima del hambre, la sed y las privaciones, a la vez que los sobrevivientes eran robados y violados por los gendarmes que debían protegerlos, a menudo en combinación con bandas de asesinos y bandoleros.6
Aunque la República de Turquía, sucesora del Imperio otomano,7 no niega que las masacres de civiles armenios ocurrieron,8 no admite que se trató de un genocidio, arguyendo que las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo, sistemático y premeditado dispuesto por el Estado otomano, sino que se debieron a las luchas interétnicas, las enfermedades y el hambre durante el confuso periodo de la Primera Guerra Mundial.9 A pesar de esta tesis, casi todos los estudiosos -incluso algunos turcos- opinan que los hechos encajan en la definición actual de genocidio.10 11 12
Se lo considera por lo general el primer genocidio sistemático moderno;13 14 de hecho, es el segundo caso más estudiado de genocidio, después del Holocausto.6 Hasta la fecha 22 Estados han reconocido oficialmente el genocidio.15″
En Cirenaica no hubo genocidio.
6:44 a.m.

ENSPO dijo…

Delito de genocidio:
http://es.wikipedia.org/wiki/Genocidio
“Existe una discrepancia entre el significado jurídico y el significado coloquial o profano de la palabra, lo que da lugar a equívocos y enconados debates acerca de la cuestión.
Desde un punto de vista jurídico, el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra se considera un delito de derecho internacional. Tanto la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) de 1998 recogen una idéntica definición:1 2
Delito de Genocidio.1 2 Se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
A) Matanza de miembros del grupo; B) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; C) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; D) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo; E) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo. En el lenguaje común, sin embargo, el término tiene un significado diferente, tal como viene recogido en por la Real Academia Española:5
Genocidio: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política.
Este segundo significado es el que mueve a muchas personas a calificar como genocidio determinadas matanzas de personas que, en realidad, no se ajustan al tipo penal del delito de genocidio definido internacionalmente.6”
6:46 a.m.

ENSPO dijo…

La política italiana en Libia era incompatible con el programa político fascista originario, es decir, nacional-revolucionario, donde se establecía una milicia puramente defensiva y la influencia cultural italiana por medios pacíficos.
Sólo la derechización del fascismo y la necesidad de concluir una aventura colonial emprendida por el régimen liberal-católico anterior, en una Libia envenenada por décadas de guerra y aplicación de ley del Talión, provocó la masacre de los cirenaicos.
Cuando Mussolini perpetró este crimen, TRAICIONÓ el programa fascista de 13 de mayo de 1919.
Otro tanto puede decirse a propósito de sus pactos con el Vaticano, la aristocracia, la burguesía… ¿Era eso fascismo?
Sí, lo que hoy entendemos por fascismo, pero no el fascismo nacional-revolucionario genuino, el único que reivindicamos aquí.
7:19 a.m.

ENSPO dijo…

Véase la política militar prevista por el programa fascista de 13 de mayo de 1919:
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/06/programa-fascista-del-13-de-mayo-de.html
“(…) En cuanto al problema militar:
NOSOTROS QUEREMOS:
a/ la institución de una milicia nacional, con breves períodos de instrucción y una misión exclusivamente defensiva;
b/ la nacionalización de todas las fábricas de armas y explosivos;
c/ una política exterior nacional que tienda a favorecer los objetivos pacíficos de la civilización de la nación italiana en el mundo;
En cuanto al problema financiero:
NOSOTROS QUEREMOS:
a/ un fuerte impuesto extraordinario y progresivo sobre el capital, que tenga el aspecto de una verdadera expropiación parcial de todas las riquezas;
b/ la confiscación de todos los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todos los ingresos episcopales, ya que éstos constituyen una enorme carga para la nación, en beneficio de algunos;
c/ la revisión de todos los contratos de suministros de guerra y la confiscación del 85 por ciento de las ganancias de guerra.”
7:23 a.m.

ENSPO dijo…

Creo que queda claro:
“a/ la institución de una milicia nacional, con breves períodos de instrucción y una misión exclusivamente defensiva;”
Creo que queda clara la imposibilidad de conciliar este precepto con la colonización de Libia emprendida por la Italia católica, capitalista y racista de Giolitti.
7:24 a.m.

ENSPO dijo…

Mussolini condenó la guerra de Libia en 1911.
Citamos a Stanley Payne:
“Como otros sindicalistas revolucionarios, Mussolini condenó la guerra libia de 1911, porque, decía, una empresa así, bajo un gobierno burgués, dejaba la bandera nacional convertida en un ‘harapo que se plantaría sobre una colina de excrementos'” (Payne, S., Historia del Fascismo, Barcelona, Planeta, 1995, p. 119).
Lástima que no recordara sus propias palabras y planteamientos nacional-revolucionarios durante el Ventennio. Se había convertido en derechista, católico, racista, imperialista y colonialista. Esto es lo que se conoce hoy por “fascismo”.
7:38 a.m.

Anónimo dijo…

Efectivamente ENSPO, usted mismo ha podido comprobar cual es la definición jurídica y no coloquial de genocidio.
Delito de Genocidio.1 2 Se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
A) Matanza de miembros del grupo; B) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; C) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
Esto es exactamente lo que pasó en Libia en tiempos del gobierno del “no fascista” Mussolini. Se sabía (aquí mismo he expuesto anteriormente citas de los perpetradores al respecto) que las condiciones de confinamiento en el desierto de la población de Cirenaica llevarían a eso, al genocidio, y así es como efectivamente murió un tercio de la población (a la que también se gaseó estando como estaba completamente indefensa) al tiempo que se arruinaron por abandono (desplazamiento de la población) sus medios de supervivencia y eso es (genocidio) lo que se proyectó, con la intención de colonizar Cirenaica con italianos ¿Y usted pretende ser ejemplo de compromiso con la verdad y reitera que el régimen fascista no fue genocida?
Lo que le puedo decir de su argumento de que los antifascistas no lo consideran genocidio es que si los historiadores “antifascistas” no han querido ver genocidio por parte del gobierno de B. Mussolini será por oscuros intereses de imagen (Italia acabó la guerra en el bando vencedor y el poder sionista tenía evidente necesidad en el momento de crear su propia leyenda de que el genocidio de musulmanes no se viera en aquellos momentos como genocidio, sino como una medida necesaria (ante los subhumanos y terroristas musulmanes que se escudan con la población civil, por cierto calca usted sobre los libios, el discurso oficial sionista que justifica la acciones sionistas sobre los palestinos) lo que ubiera sido un engorroso precedente para el sionismo y de paso, evitar poner a funcionar el molesto ventilador de la verdad, esa que usted mancilla insidiosamente reiterándose en que la Italia de Mussolini no cometió genocidio en Libia.
Lo de paleto y demás descalificativos no puedo replicarle porque ni me planteo semejante dialéctica, no con usted sino con nadie, cuestión de principios “paletos”. Semejantes calificativos lo único que hacen es hablar mal de usted, no de mi.
El genocidio armenio no fue ordenado por autoridades islámicas sino por el gobierno laicista de los jóvenes turcos(atéos y anti-islámicos declarados). Afortunadamente todavía existe la memoria que en aquellos momentos realizó para el FO el embajador británico en Damasco, que deja bien claro como los ulemas musulmanes y la población musulmana se opusieron a las órdenes de los “jóvenes turcos” hasta el límite de sus posibilidades, minimizando el alcance de dicho genocidio de origen laico, nacionalista, modernista, etc.
12:45 p.m.

ENSPO dijo…

No hubo genocidio en Cirenaica, porque los italianos no tenían la intención de exterminar a la población árabe en cuanto tal. Hubo crimen de guerra, ciertamente, y de dimensiones considerables, pero el genocidio es otra cosa. Tiene que haber una motivación ÉTNICIDA singular, inexistente en este caso.
El genocidio es un delito muy cualificado. USTED INTEPRETA MAL EL TIPO PENAL.
Si los fascistas hubieran cometido un genocidio en Libia, no le quede la menor duda de que esto habría sido públicamente reconocido y utilizado para caracterizar a Mussolini como genocida.
¿Cree usted realmente sus propias mentiras, o sea, que existió genocidio pero las autoridades aliadas no lo quieren denunciar para no perjudicar a la Italia de la Resistencia, a la Italia partisana?
!Menuda argumentación!
Resulta que ESO no perjudicaría a la Italia pro-aliada, al contrario, la favorecería.
El “genocidio de la Cirenaica” llenaría de contenido todos los mitos sobre el imaginario del fascismo en cuanto “mal absoluto”.
¿Se ha preguntado entonces por qué los oligarcas no han difundido hasta el último rincón del planeta la propaganda sobre el genocidio de la Cirenaica reconocido como tal?
Hágase esas preguntas.
Usted ha quedado aquí ya desacreditado cuando pretendió que Nietzsche era un islamista. Hay que ser un auténtico sinvergüenza para sostener semejante impostura.
Además, es incapaz de explicar, excepto con más mentiras (mentiras sobre mentiras) las claras incitaciones al exterminio que se detectan en El Corán. Es usted ESTRUCTURALMENTE DESHONESTO, como corresponde a todos los “hombres de fe” que usan la razón como a una puta, pero no creen en la verdad pues ellos ya han decidido de antemano qué sea la verdad (=su salvación, claro).
Por eso ya no le tengo ningún respeto.
Además, es evidente que usted nos reclama nuestros títulos de idiomas pero no sabe acentuar en castellano. Su FALSA HUMILDAD, su DOBLEZ, su anonimato traidor, es soberbia de la peor especie.
Nos reprocha que nos sabemos alemán, pero escribe “dasein” con minúscula. Paleto es el calificativo que se merece por ello.
Todo esto es consecuencia de su actitud proselitista hacia este blog. Usted no viene aquí a debatir, sino a promover una doctrina irracional de fe y sumisión. No hay argumentos, sólo trampas, sutiles descalificaciones, sofismas, falsedades, manipulaciones…
Le ruego que abandone definitivamente el sitio. Si tuviera un poco de dignidad no continuaría molestando con sus intervenciones.
No me obligue a suprimir sus posts. Saludos cordiales.
2:41 p.m.

ENSPO dijo…

Crímenes de guerra italianos:
http://it.wikipedia.org/wiki/Crimini_di_guerra_italiani
Sólo algunos autores, como Eric Salerno, hablan de genocidio en Libia.
Los hechos de Cirenaica están considerados CRÍMENES DE GUERRA y no GENOCIDIO.
3:02 p.m.

ENSPO dijo…

Dedicaremos una entrada al libro de Eric Salerno para fundamentar nuestra postura.
Si después de leer
Genocidio in Libia. Le atrocità nascoste dell’avventura coloniale italiana (1911-1931)
Eric Salerno
Editorial: Manifestolibri, 2005
ISBN 10: 8872853893 / ISBN 13: 9788872853894
Entendemos que debemos modificar nuestra postura al respecto, lo haremos públicamente en este blog explicando las razones.
3:05 p.m.

ENSPO dijo…

http://www.lettera22.it/showart.php?id=3012
Recensión del libro de Salerno con comentarios sobre el sector minoritario de historiadores que defienden la existencia de genocidio en Libia.
Incluso para esos autores, el genocidio pertenece a la aventura colonial italiana en su conjunto, iniciada bajo el régimen liberal, y no al fascismo como ideología.
3:38 p.m.

Anónimo dijo…

ENSPO, en ningún momento dije que Nietschze fuera islamista, solo dije que N consideraba al Islam más cercano al espíritu europeo que Grecia, Roma o el cristianismo. Lo de Grecia tiene relación evidente con el pesimismo heroico que usted defiende, salvo que Nietsche fuera ignorante de Grecia y del espíritu germano. También dije que eminentes ulemas musulmanes han asociado el mensaje profundo de Nietschze con el del Islam. Ni he dicho lo que usted dice que he dicho ni he falseado nada ya que ambas afirmaciones eran ciertas, corroborables. Los ataques interminables que se derivan de su interpretación de lo que dije ya no tienen sentido. Pero darse cuenta de esto requiere atenerse a lo que he escrito y no divagar sobre lo no dicho.
La libertad está ausente en los mitos paganos. Aquiles, héroe de la Ilíada no deja de ser una marioneta, manejada por los dioses (y por su obsesiva pasión de venganza).
Ulises, en la Odisea, es un héroe que va postergando el regreso al hogar, porque allí lo importante es el viaje. Penélope pasa la vida tejiendo y destejiendo. No hay futuro.Y no lo hay porque falta el propósito, la misión, como quiera llamarse.
El mito heroico completo exige que alguien encomiende el encargo. El encargo no se le ocurre a uno, sino que es otorgado. Por mucho que decidamos darle nuestro propio sentido a la vida, al estar cerrados al ámbito de la máxima amplitud (Dios), acabaremos en el pesimismo de una vida que es un tejer y destejer como Penélope.
La ética de la destinación, el destinarse, sólo es posible al sabernos -libremente- dependientes del Creador que nos origina. (Usted no cree en un Creador, yo sí, y nuestras diferencias no ameritan desprecios ni insulto porque dicho punto entra en el ámbito de nuestra fé y creencias).
Yo considero la política italiana en Cirenaica un genocidio, no me cabe duda con la definición legal sobre la mesa. Ahora bien, en el momento en que se produjo, eso era lo normal por parte de todas las potencias (no solo cristianas, sino también de otras filiaciones filosóficas, como ese pesimismo heroico que es el budismo, filosofía donde no existe Dios ni Paraíso) y quizás ese sea el motivo de no incidir en el tema por parte de la propaganda del sistema, ya que quienes serían los perpetradores del CRIMEN, estaba decidido, iban a ser en exclusiva los alemanes. Tampoco el genocidio armenio es considerado un genocidio por diversos motivos de interés político como el interés en no condenar a un movimiento político europeísta, anti-islámico y sionista en el medido Oriente como el de los jóvenes turcos- y no por eso dejó de ser lo que fue, con el tipo legal en la mano.
Y vuelvo a disentir con vd,. el “genocidio de la Cirenaica” NO llenaría de contenido todos los mitos sobre el imaginario del fascismo en cuanto “mal absoluto” porque es un genocidio EXACTAMENTE igual al planificado por los EEUU contra los indios norteamericanos, los belgas en el Congo y evidentemente Francia e Inglaterra en medio mundo. Los anti-fascistas no son tan tontos como usted supone, los crímenes de guerra del batallón 102 les bastan para justificar el genocidio “fascista” y no ansían meterse en “jardines” de los que podrían salir mal parados. Los genocidios contra no judíos no conviene airearlos, como los genocidios de las democracias, y el genocidio de Cirenáica ya había empezado en Libia con anterioridad a la llegada de Mussolini al poder, no era originario ni exclusivamente fascista.
11:34 a.m.

ENSPO dijo…

Cuando afirma que usted no ha pretendido convertir a Nietzsche en un islamista, sólo le puedo responder que repase sus mensajes.
En lo referente a los hechos de la Cirenaica, creo que ya he dicho lo que tenía que decir y me remito a mis respuestas. El lector puede darlas por reproducidas una vez más. Cuando pueda examinar el libro citado dedicaré, si es necesario, un post al tema.
Usted puede creer lo que desee. Pero este blog tiene también derecho a mantener una directriz ideológica concreta. Usted es libre de fundar un blog y hacer allí propaganda islamista. Pero alguien que se somete a una observancia religiosa no tiene razones, si las tuviere lo suyo ya no sería fe. Y donde no hay razones, sino fe, no puede haber argumentación; hay, normalmente, manipulación.
Pero en este blog los argumentos son la forma de nuestra piedad pagana. La verdad es lo sagrado para nosotros. La fe, con sus mentiras y engaños, nos ofende…
¿Es mucho pedirle que respete nuestro espacio sagrado del mismo modo que usted pediría respeto para una mezquita?
Por favor, utilice otros sitios para el proselitismo fideísta musulmán. FILOSOFÍA CRÍTICA es un territorio LIBERADO del dios de Abraham.
Gracias.
3:09 p.m.

Anónimo dijo…

Si, claro que puedo y voy a dejarle su espacio sagrado pero es que usted anda ofendiendo y faltando a la verdad y creo que incluso dentro de la ética pagana se contempla el derecho a la réplica cuando se ofende a la verdad con falsedades. Verá, he repasado mis comentarios respecto a Nietschze. Los dos primeros resumen lo que he querido decir y son simples citas (sin comentario alguno) que no pretenden hacer pasar a Nietsche como islamista sino resaltar que éste encontraba mayor afinidad al gusto y al espiritu europeos con el Islam, que con Roma o Grecia. De manera automática vd ha replicado: “Nietzsche PREFIERE el islam a Roma (a la Roma cristiana), no se puede concluir de ahí que Nietzsche sea islamista”…
¡Pero dígame donde yo he dicho que Nietschze fuese islamista! Su incapacidad de entender siquiera unos comentarios tan simples y perseverar en poner en mi boca lo que no he dicho demuestra que usted no venera la verdad, sino que ha rechazado ciertas devociones por otras, reaccionando irracionalmente y todavía perseverando en ello. Muchos son los que sostienen servir y venerar a la verdad y a la razón desde la noche de los tiempos – por no decir los seres humano ¡Todos!- señor ENSPO, sin embargo el movimiento se demuestra andando.
Las personas que creen en un concepto de Dios razonado y razonable (lo siento pero a diferencia del cristianismo, en el Islam Dios es omnipotente sobre este mundo, no sobre si mismo -no puede dejar de existir porque por definición es “El eternamente subsistente” y además no está en este mundo que es parte de su creación, y por eso se le llama en el Corán “Señor de los mundos”, ni hacen trampas, ni engañan ni carecen de argumentos. UNA ARGUMENTACION (entre miles):
La posibilidad de que la realidad sea auto-creada (Sin Creador) es una de esas declaraciones “analíticamente falsa” por la simple razón de que algo no puede ser anterior a sí mismo. Si tú te creaste a ti mismo, entonces tú debes haber existido antes para que te crearas a ti mismo, pero eso simplemente no puede ser.
Así que quedan 2 opciones: un universo eterno o un Creador eterno.
Hasta ahora, todos los puntos clave de la evidencia científica y filosófica apuntan lejos de un universo eterno y hacia un Creador eterno. Desde el punto de vista científico, los científicos honestos admiten que el universo tuvo un principio, y todo lo que tiene un principio no es eterno. En otras palabras, todo lo que tiene un principio tiene una causa, y si el universo tuvo un principio, tuvo una causa. El hecho de que el universo tuvo un principio, es subrayado por evidencias tales como la segunda ley de la termodinámica, el eco de radiación del big bang descubierto a principios del siglo XX, y el hecho de que el universo se esté expandiendo y pueda ser rastreado hasta un singular inicio. Todas ellas prueban que el universo no es eterno.
2:47 p.m.

Anónimo dijo…

Más aún, las leyes que rodean la causalidad hablan en contra de que el universo sea la causa última de todo lo que conocemos por este simple hecho: un efecto debe asemejarse a su causa. Siendo esto así, ningún ateo puede explicar cómo un universo impersonal, sin propósito, sin significado y amoral, accidentalmente creó seres (nosotros) que están llenos de personalidad y obsesionados con el propósito, el significado y las leyes morales. Tal cosa, desde el punto de vista causal, refuta por completo la idea de un universo natural dando origen a todo lo que existe.
Poniéndolo en un conjunto de declaraciones lógicas:
• Existe algo. • Tú no obtienes algo de nada. • Por tanto necesariamente existe “algo” eterno. (salvo que la fe en la “generación espontanea” fuese algo diferente a un cuento de hadas pues no se obtiene algo de nada, está probado). • Las únicas dos opciones son un universo eterno y un Creador eterno. • La ciencia y la filosofía han descartado el concepto de un universo eterno. • Por tanto, existe un Creador eterno.
Mientras que los ateos tales como Freud aseguran que aquellos que creen en Dios simplemente quieren el cumplimiento de un deseo, tal vez sea Freud y sus seguidores quienes realmente sufren del cumplimiento de un deseo: la esperanza y el deseo de que no haya un Dios, ni a quién entregar cuentas, y por lo tanto tampoco un juicio.
Por alusiones, no para hacer proselitismo ni con la intención de profanar su espacio sagrado.
2:47 p.m.

Vailos Laros dijo…

Pues por su misma lógica, señor musulmán, tampoco puede haber un “Creador” que exista antes de crearse a sí mismo. Y si su “Creador eterno” existe desde siempre, ¿por qué no puede el universo existir desde siempre, conteniendo el germen de lo que será posteriormente?
¿Cómo pueden ustedes los monoteístas del “Libro” “crear” un “Dios” cuando ni siquiera pueden crear una pulga?
3:30 p.m.

ENSPO dijo…

No te molestes, Vailos Laros, todo lo que dice carece de consistencia lógica, pero lo peor es que es un mentiroso. Vean lo que escribió el 17 de julio en el hilo sobre “El Holocausto antes del Holocausto o el derecho a dudar (2)”:
“Por supuesto que Nietzsche es pro islámico, lee pues respecto al alcohol, al cristo crucificado… efectivamente “o se es un tshandala o no se és”. Por tanto Enspo, Nietschze se declara pro islámico, no hay duda: ¡¡Paz y amistad con el islamismo!!”
Y ahora lo niega y dice que nosotros faltamos a la verdad.
No sabe escribir la palabra Nietzsche correctamente pero nos da lecciones sobre su filosofía.
Nietzsche ya dejó clara su postura ante el profeta Mahoma, un dato que el mentiroso islamista oculta:
“¿Qué fue lo único que más tarde Mahoma tomó prestado del cristianismo? La invención de Pablo, su medio para establecer una tiranía de los sacerdotes y organizar una grey: LA FE EN LA INMORTALIDAD, vale decir, la doctrina del “juicio”.”
Nietzsche, el anticristo, &42
Acusarme de mentiroso a mí, que me puedo equivocar y me he equivocado muchas veces pero que tengo a la Verdad por mi único dios, es lo último que pienso tolerar en este sitio.
Cualquier nuevo comentario del islamista será suprimido.
3:47 p.m.

ENSPO dijo…

Por lo demás, el argumento creacionista ha sido refutado tantas veces que sólo los ignorantes esgrimen ya esta tontería, basada en una falacia monumental y evidente para cualquier persona honesta.
Dicen que un Universo tan complejo, maravilloso y bello como el nuestro no puede ser el resultado del azar, sino que debe de haberlo creado un ser pensante fuente de todas sus perfecciones pero más perfecto todavía.
O sea, que el Universo requiere de un creador debido a sus perfecciones, pero el Creador, más perfecto todavía, no necesita a su vez otro Creador. ¿Por qué? Esto nunca te lo explican.
Estos señores andan menesterosos de vidas eternas, de ansiolíticos, y usan la lógica como una puta a su servicio, que hace y dice lo que ellos quieren que haga y diga, pero en el fondo les importan un rábano los argumentos.
Si Dios NO necesita un Creador, entonces el Universo TAMPOCO.
Y si el Universo lo necesita, también Dios y entonces entramos en el famoso regreso ad infinitum, cada Creador requiere a su vez haber sido creado, de manera que el Universo no existiría.
Pero el universo existe, luego no ha sido creado y no es menester ningún creador para explicarlo. Se explica a sí mismo, es lo único que hay. Es la REALIDAD que los monoteístas de todos los colores quieren negar para vender sus paraísos imaginarios y erigir su dominación sobre esta PATRAÑA PARA COBARDES.
Saludos cordiales.
4:08 p.m.

ENSPO dijo…

Coincido, pues, totalmente, con tu argumento, Vailos Laros. Me he limitado a exponerlo de manera un tanto más prolija.
Saludos, camaradas.
4:08 p.m.

ENSPO dijo…

Más metralla. Dice el islamista:
“La ciencia y la filosofía han descartado el concepto de un universo eterno”.
!!!La ciencia y la filosofía han descartado el concepto de un universo eterno!!!
Asombroso. ¿Qué ciencia? ¿Qué filosofía? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo?
Ni una cita, nada. HABLA EN NOMBRE DE LA FILOSOFIA Y LA CIENCIA, QUE DEBE DE CONOCER EN SU TOTALIDAD, pero NI UNA SOLA ACREDITACIÓN DOCUMENTAL.
Veamos un simple ejemplo de lo que yo conozco, la filosofía.
¿Quizá Nietzsche, que habla del eterno retorno de lo mismo (ewige Widerkehr), le da la razón al islamista? !Y eso que Nietzsche era proislámico!
Pues ha ido a topar con la horma de su zapato cósmico.
No ha entendido todavía el islamista que para plantear la cuestión de un Dios eterno necesitamos primero un concepto de “tiempo”, pues la eternidad es una noción temporal.
¿Y no fundamenta entonces el TIEMPO, o sea el Universo, en tanto que eternidad, a Dios?
¿Mas qué Dios es ese? ¿Quizá el ente omnipotente ya refutado mil veces en este sitio?
¿Se ha leído usted siquiera, señor islamista, “Ser y tiempo”, la obra capital de Heidegger, el filósofo más importante del siglo XX, antes de hablar de “eternidad” y otras nociones temporarias sobre las que es menester tener alguna noción filosófica antes de postular sus dogmas interesados, sus ilusiones sobre la “vida eterna”? ¿Qué es la eternidad? ¿En qué MOMENTO acontece la Creación? Es obvio que todo esto carece de sentido.
Habla usted en nombre de la filosofía en su conjunto -algo imposible, pues la filosofía es un debate abierto- PERO DESCONOCE el tema.
Por supuesto que ni ha leído “Ser y tiempo”, y si lo ha hecho, no ha comprendido nada de nada. Nadie que conozca a Heidegger apela a una noción temporaria (la eternidad) AYUNA DE TODO CORRELATO FENOMÉNICO.
El islamista tiene primero su fe, y luego busca los argumentos, sólo los que la justifiquen, ignorando los que la refuten. Un fideísta NO PUEDE SER HONESTO. Es un tramposo y TIENE que serlo.
La intervención del islamista aquí es un ejemplo concreto de esta norma general.
Saludos.
4:34 p.m.

Anónimo dijo…

Es totalmente falso que la ciencia y la filosofía descarten la idea de un universo eterno. El islamista o es un ignorante o es un mentiroso. Basta una simple visita a Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Eternidad
“El físico y divulgador Brian Greene, en su libro El tejido del cosmos, explica el concepto de eternidad dominante en la física desde Einstein, quien calificaba el tiempo de “ilusión pertinaz”. Esta eternidad física sería inmanente al propio universo, no trascendente, como pretenden las religiones. La argumentación de Greene parte de la relatividad, que ha demostrado que los momentos pasados o futuros no pueden ni deben ser interpretados como menos reales que el pretendido momento presente. De este modo, el tiempo ha de entenderse como un todo que excluye las fronteras entre pasado, presente y futuro; un todo, pues, indiviso, aunque fundido con el espacio (véase Eternalismo).
“De la misma manera que imaginamos que todo el espacio está realmente ahí fuera, que existe realmente, también deberíamos imaginar que todo el tiempo está realmente ahí fuera, que también existe realmente. Pasado, presente y futuro parecen ser ciertamente entidades distintas. Pero, como Einstein dijo en cierta ocasión: «Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que sea». Lo único que es real es la totalidad del espaciotiempo.
“El tejido del cosmos, Ed. Crítica, 2010, p. 183-184
“En su libro La teoría del todo, el físico Stephen W. Hawking expone la hipótesis más novedosa. Sin estudiar directamente el tema de la eternidad, propone, partiendo de la relatividad general y la mecánica cuántica, un modelo de universo difícilmente concebible, el cual, por un lado, es “finito en el espacio y el tiempo” pero, por otro, está exento de bordes o fronteras, es decir, no tiene principio ni final definidos. La mecánica cuántica permitiría la no existencia de singularidades —singularidades como el “principio” (big bang) o el “fin” (big crunch).
“Hawking compara este espacio con la superficie esférica de la Tierra, finita en extensión pero sin bordes o fronteras, aunque asignándole dos dimensiones extra, incluyendo la cuarta dimensión temporal (con lo que parece sugerir lo que se ha definido como hiperesfera).
“Hawking concluye: ‘La teoría cuántica de la gravedad ha abierto una nueva posibilidad. En esta, no habría ninguna frontera para el espacio-tiempo. […] No habría singularidades en las que las leyes de la ciencia dejaran de ser válidas ni bordes del espacio-tiempo en el que hubiera que apelar a Dios o alguna nueva ley para establecer las condiciones de frontera para el espacio-tiempo. Se podría decir: “La condición de frontera del universo es que no tiene frontera”. El universo sería completamente autocontenido y no estaría afectado por nada fuera del mismo. No sería ni creado ni destruido. Simplemente sería.
“La teoría del todo, Ed. Debolsillo, 2009, p. 103-104
4:54 p.m.

Anónimo dijo…

(sigue del anterior post)
“El físico Roger Penrose, viejo colega de Hawking, ha elaborado una teoría circular de la historia del universo que él denomina cosmología cíclica conforme. Dicha teoría propone una sucesión «posiblemente infinita» de fases, cada una con un principio y un final, y separadas por sus respectivos big bangs. Según Penrose, cada una de estas fases, a las que llama eones, «parece ser una historia entera de un universo en expansión» (Ciclos del tiempo. Barcelona, Debolsillo, 2011 – p. 150). El concepto de eternidad de este científico afecta a las partículas sin masa, los fotones y gravitones: «Según una partícula sin masa, el paso del tiempo no existe; una partícula semejante puede incluso alcanzar la eternidad antes de experimentar el primer “tic” de su reloj interno. […] ¡Bien podría decirse que “la eternidad no es para tanto” para una partícula sin masa como un fotón o un gravitón!» (op. cit., p. 148).”
Yo creo que es un mentiroso. Nadie puede ser tan incapaz que no entre ni siquiera en la Wikipedia antes de afirmar que la ciencia y la filosofía niegan un universo eterno.
4:55 p.m.

Keitel dijo…

Éste es el tipo de mamarrachadas en que caemos si seguimos los pasos de toda esa chusma aterrorizada (y dispuesta a cualquier cosa) con la idea de la muerte, de la VERDAD:
http://es.scribd.com/doc/62811769/La-Fisica-de-la-inmortalidad
El problema no es la muerte, sino ver cómo hacen el ridículo los humanos y prostituyen su mente e inteligencia para “tranquilizarse” y, de paso, obtener poder y dinero. El fascismo significa darle una buena patada en el culo a toda esta mierda. Y eso sólo para empezar. !!!Viva la Muerte!!!
5:09 p.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/07/la-fundamentacion-del-fascismo.html
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

viernes, agosto 02, 2013

La fundamentación del fascismo (2) . J. Derrida: “no creo que podamos todavía pensar lo que es el nazismo” (I)

Jacques Derrida o “la cosa inmunda”: intelectual francés, muy valorado en Estados Unidos, que saqueó la obra de Heidegger para ponerla al servicio del sistema oligárquico. 
La tarea, el deber y en verdad la única cosa nueva e interesante, no es acaso el tratar de reconocer las analogías y las posibilidades de ruptura entre lo que se llama el nazismo, ese continente enorme, plural, diferenciado, aún oscuro en sus raíces, y de otra parte un pensamiento heideggeriano también múltiple y que permanecerá por mucho tiempo provocativo, enigmático, todavía por leer. No porque posea en reserva siempre oculta, una buena y tranquilizadora política, un “heideggerianismo de izquierda”, sino porque él no opuso al nazismo de hecho, a la fracción dominante, más que un nazismo más “revolucionario” y más puro.
Non parce qu’elle tiendrait en réserve, toujours cryptée, une bonne et rassurante politique, un «heideggérianisme de gauche», mais parce qu’elle n’a opposé au nazisme de fait, à sa fraction dominante, qu’un nazisme plus «révolutionnaire» et plus pur !
(Jacques Derrida)
Hemos enlazado la entrevista a Jacques Derrida “Heidegger, el infierno de los filósofos”, realizada por las mismas fechas en que Victor Farías publicara Heidegger y el nazismo (1987) y desatara el verdadero “escándalo” del Rectorado de 1934, consistente no tanto en el rectorado mismo, cuanto en el hecho de que la cima del pensamiento secular hubiera militado en el partido nacionalsocialista antes y después de su dimisión como rector. Heidegger era, por tanto, un nazi.Hay que comérselo con patatas, señores heideggerianos. !Basta ya de paños calientes! El rectorado no puede seguir tachándose de error ocasional: políticamente, Heidegger se identificó con el DritteReich. Heidegger fue, hasta el día de su muerte, un nacionalista y socialista alemán. Su “socialismo nacional” quizá no coincidía con el nacionalsocialismo en todos los aspectos, mucho menos por lo que se refiere al “programa” del partido de Hitler (antisemitismo, racismo), pero sí compartió el enfoque y ciertos conceptos fundamentales de aquello que debe ser considerado, en consecuencia y sólo por esa razón, una opción política digna de rigurosa consideración intelectual. Ya no es suficiente vociferar que los nazis eran unos simples bárbaros analfabetos, fanáticos, iletrados… !Habrá que afinar un poco más el arsenal crítico, muchachos de la cheká! Otro tanto cabe sugerirles a los trepas friedmanitas de “La Ilustración Liberal”.
Sin embargo, la pregunta más importante, siempre soslayada por temor a las represalias, es decir, al desprestigio, a la ruina de la “carrera” profesional (!en presuntos filósofos!), etcétera, no era aquélla por el vínculo personal de Heidegger, del ciudadano Heidegger, con el “mal absoluto” (=el fascismo), sino esta otra por la existencia, o no, de filosofemas “fascistas”. Fascismo y filosofía. O, para decirlo con prístina claridad: la fundamentación del fascismo. Por supuesto, dicha formulación, así, tal como la expresamos en este blog, es completamente novedosa. ¿Quién se atrevería a plantear siquiera la cuestión desde la cátedra de una universidad? Digamos que la cuestión está implícita en la entrevista enlazada. Es el interrogante (Frage) que se desprende de las asombrosas afirmaciones de Derrida. Que alguien como Jacques Derrida, renombrado “intelectual” del  establishment institucional filosionista,  haya “admitido” todo aquello que puede leerse en dicha entrevista y en algunos de sus escritos sobre el affaire Heidegger ya es mucho en los tiempos que corren, pero Derrida nunca osó llegar hasta el final porque no era un auténtico filósofo, sino, en el fondo, un propagandista, uno más, del dispositivo oligárquico de dominación planetaria.  El nivel filosófico de Derrida se encuentra muy por encima del pedestrismo periodístico de un “comisario instructor” de Sión y chequista policial caza-nazis de la “cultura” como Victor Farías, pero la preocupación, el eje central del “pensamiento” derridiano es también, como el de Farías, político y antifascista. Estamos ante un saqueo de la obra de Heidegger con vistas a depurarla y ponerla al servicio de la oligarquía. No obstante, en esta “tarea”, que Derrida denomina déconstruction (“deconstrucción”) y poco tiene que ver con la heideggeriana Destruktion de la metafísica, han de insinuarse inevitablemente ciertas temáticas impensadas que, por sí solas, abren un agujero negro intelectual, político y moral todavía más inmenso y profundo que el provocado por la simple militancia o el ideario político privado, claramente nazi, del profesor Martin Heidegger.
Les rogamos que antes de proseguir le echen, pues, una ojeada a la entrevista. En la siguiente entrada comentaremos las afirmaciones derridianas y algunos de sus textos citados ya aquí.  La Marca Hispànica 2 de agosto de 2013
(Continuará en la siguiente entrada).
DOCUMENTACIÓN ANEXA
El siguiente texto procede de la página de Horacio Potel DERRIDA EN CASTELLANO.
HEIDEGGER, EL INFIERNO DE LOS FILÓSOFOS Jacques Derrida Entrevista con Didier Éribon aparecida en Le Nouvel ObservateurParis, 6-12 noviembre 1987. Recogida en Points de Suspension, Galilée, 1992. Traducción parcial de Carlos Torres en Caronte Filosofía, Año 2, N.º 3, Buenos Aires, Septiembre de 1993.
– Sus dos libros aparecieron algunos días después del de Víctor Farías que recuerda con vigor cuáles han sido las posiciones y las actividades políticas de Heidegger. ¿Qué piensa de sus conclusiones?
– Con respecto a lo esencial de los “hechos”, no encontré en esa investigación nada que no fuera conocido desde hace tiempo por aquellos que se interesan seriamente en Heidegger. En cuanto al examen de un cierto archivo, es bueno que los resultados estén disponibles en Francia. Los más sólidos de ellos ya eran accesibles en Alemania, luego del trabajo de Bernd Martin y de Hugo Ott, y que el autor pone ahora ampliamente a disposición. Más allá de ciertos aspectos documentales y de cuestiones factuales, que llaman a la prudencia, discutiría sobre todo -importa que la cuestión quede abierta- la interpretación que relaciona esos “hechos” al “texto”, al “pensamiento” de Heidegger. La lectura propuesta, si es que hay una, es insuficiente o contestable, a veces tan grosera que uno se pregunta si el investigador leyó a Heidegger más de una hora. Se dice que fue su alumno. Son cosas que pasan. Cuando él declara tranquilamente que Heidegger, cito: “traduce un cierto fondo propiamente nacional-socialista” en “formas y en un estilo que ciertamente le pertenecen” señala con el dedo un abismo, más que un abismo, un “debajo” de cada palabra. Pero él no se acerca ni por un momento a lo que deja entrever y no parece incluso sospechar su alcance.
¿Tiene, ese libro, material para causar tal revuelo? No, salvo en los lugares donde se interesan muy poco en trabajos más rigurosos y más difíciles. Pienso en aquellos que, sobre todo en Francia, conocen lo esencial de estos “hechos” y “textos” y condenan sin equívocos el nazismo y el silencio de Heidegger después de la guerra, pero también tratan de pensar más allá de los esquemas confortables o convenientes, y justamente en comprender. ¿Qué? Y bien, lo que sujeta o no un pasaje inmediato según tal o cual modo de la susodicha “traducción” entre el compromiso nazi, bajo tal o cual forma, y lo más esencial y agudo, a veces lo más difícil de una obra que continua y continuará dando que pensar. Pensar inclusive en la política. Recuerdo en primer lugar los trabajos de Lacoue-Labarthe, pero también en ciertos textos, muy diferentes entre sí, de Lévinas, Blanchot, Nancy.
¿Por qué el archivo parece insoportable y fascinante? Precisamente porque nadie ha podido reducir toda la obra pensada de Heidegger a la de una determinada ideología nazi. Ese “dossier” no habría despertado semejante interés de otra manera. Luego de más de medio siglo, ningún filósofo riguroso ha podido hacer la economía de una “explicación” con Heidegger. ¿Cómo negarlo?¿Por qué negar que tantas obras “revolucionarías”, audaces e inquietantes del siglo XX, en la filosofía y en la literatura, se han arriesgado, incluso comprometido con regiones encantadas que se manifestaban como lo diabólico para una filosofía parapetada en su humanismo liberal, y de izquierda? En lugar de barrer o tratar de olvidar dichas regiones, ¿no sería preciso tratar de dar cuenta de estas experiencias, es decir de nuestro tiempo, sin creer que esto es claro de suyo para nosotros? La tarea, el deber y en verdad la única cosa nueva e interesante, no es acaso el tratar de reconocer las analogías y las posibilidades de ruptura entre lo que se llama el nazismo, ese continente enorme, plural, diferenciado, aún oscuro en sus raíces, y de otra parte un pensamiento heideggeriano también múltiple y que permanecerá por mucho tiempo provocativo, enigmático, todavía por leer. No porque posea en reserva siempre oculto, una buena y tranquilizadora política, un “heideggerianismo de izquierda”, sino porque él no opuso al nazismo de hecho, a la fracción dominante, más que un nazismo más “revolucionario” y más puro.
-Su último libro Del Espíritu habla también del nazismo de Heidegger. Inscribe la problemática política en el corazón mismo del pensamiento.
Del Espíritufue en primer lugar una conferencia pronunciada en la clausura de un coloquio organizado por el Colegio internacional de Filosofía bajo el título “Heidegger, preguntas abiertas”. Las actas aparecerán pronto. La cuestión “política” fue abordada de modo analítico a lo largo de numerosas exposiciones, sin complacencia: ni para Heidegger ni para los arrebatos sentenciosos que, del lado de la “defensa” como de la “acusación”, han logrado tan frecuentemente prohibir leer o pensar que se trata de Heidegger, de su nazismo, o del nazismo en general. Al comienzo del libro y en ciertos textos de Psyché, me expliqué sobre la trayectoria que me condujo a intentar esa lectura después de tantos años. Aunque de un modo primario, busca anudar en torno al nazismo una multiplicidad de motivos en relación a los cuales siempre disentí con Heidegger: las preguntas por lo propio, lo próximo y la patria (Heimat), del punto de partida de Ser y Tiempo, de la técnica y de la ciencia, de la animalidad y de la diferencia sexual, de la voz, de la mano, de la lengua, de la “época” y sobre todo, es el subtítulo de mi libro, la pregunta por la pregunta, casi constantemente privilegiada por Heidegger como la “piedad del pensamiento”. Sobre estos temas mi lectura ha sido siempre, digamos, activamente perpleja. En todas mis referencias a Heidegger, por más lejos que se remonten en el tiempo, señalé mis reservas. Cada uno de los motivos de inquietud, es evidente tienen un rasgo que se puede llamar rápidamente “político”. Pero desde el momento en que uno se explica con Heidegger de modo crítico o deconstructivo, ¿no se debe también reconocer una cierta necesidad de su pensamiento, su carácter inaugural en tantos aspectos y sobre todo lo que tiene de porvenir para nosotros en su desciframiento? Esto es una tarea para el pensamiento, una tarea histórica y una tarea política. Un discurso del nazismo que se exime a sí mismo de pensar permanece dentro de la opinión conformista de una “buena conciencia”.
Desde hace tiempo trato de desarmar la vieja alternativa entre una historia o una sociología “externa”, en general impotente para evaluar los filosofemas que pretende explicar, y, de otra parte, la “competencia” de una lectura “interna” ciega esta vez a la inscripción histórico-política y principalmente a la pragmática del discurso. En el caso de Heidegger la dificultad de articular las dos “perspectivas” es particularmente grave. El problema se presenta en su misma articulación: el nazismo, de anteayer a mañana. Pero también en la medida que el “pensamiento” de Heidegger desestabiliza los fundamentos de la filosofía y de las ciencias del hombre. Busco esclarecer alguna de estas articulaciones faltantes entre una aproximación externa y una interna. Pero esto sólo es pertinente, eficaz, si se tiene en cuenta la desestabilización de la que hablaba recién. Seguí de este modo el tratamiento práctico, “pragmático” del concepto y del léxico del espíritu, tanto en los textos “mayores” como, por ejemplo, en el Discurso del rectorado. Estudié con el mismo detenimiento otros motivos conexos en “La mano de Heidegger” y en otros ensayos agrupados en Psyché.
-Seguramente no dejarán de hacerle la siguiente pregunta: ¿a partir del momento en que se sitúa el nazismo en el corazón mismo del pensamiento de Heidegger, cómo es posible continuar leyendo esta obra?
-La condenación del nazismo, cualquiera fuese el consenso sobre este tema, no es aún un pensamiento del nazismo. No sabemos aún lo que es o lo que ha hecho posible esta cosa inmunda pero sobredeterminada, trabajada por conflictos internos (de ahí las fracciones y las facciones entre las cuales Heidegger se sitúa – y su estrategia retorcida en el uso de la palabra “espíritu” toma un cierto sentido cuando se piensa en la estrategia general del. idioma nazi y en las tendencias biologizantes, estilo Rosenberg, que terminaron por triunfar). En fin el nazismo no ha crecido en Alemania o en Europa como un champiñón…
-¿Del Espíritu es entonces tanto un libro sobre el nazismo como sobre Heidegger?
– Para pensar el nazismo no es necesario solamente interesarse en Heidegger, pero es preciso interesarse también en él. Creer que el discurso europeo puede tener a distancia al nazismo como a un objeto es, en el mejor de los casos, una ingenuidad, en el peor, un oscurantismo y un error político. Es hacer como si el nazismo no hubiera tenido ningún contacto con el resto de Europa, con los otros filósofos, con otros lenguajes políticos o religiosos…
-Lo que sorprende en su libro es la relación que establece entre los textos de Heidegger y los de otros pensadores, como Husserl, Valéry…
-En el momento en que su discurso se pasa de un modo espectacular del lado del nazismo (¿y qué lector exigente creyó que el episodio del rectorado era un hecho aislado y fácilmente delimitable?), Heidegger retorna la palabra “espíritu” que él mismo había recomendado evitar, saca las comillas de donde las había colocado. Limita el movimiento deconstructivo que había comenzado anteriormente. Sostiene un discurso voluntarista y metafísico de los cuales sospechaba. Desde este punto al menos, al celebrar la libertad del espíritu, su elevación se asemeja a los otros discursos europeos (espiritualistas, religiosos, humanistas) que en general se oponen al. nazismo. Madeja compleja e inestable que intente desenredar reconociendo los hilos comunes al nazismo y al antinazismo, la ley de la semejanza, la fatalidad de la perversión. Los efectos de espejo son a veces vertiginosos. Esta especulación la trato al final del libro…
No se trata de mezclarlo todo. Sí de analizar los trazos que prohíben el corte simple entre el discurso heideggeriano y otros discursos europeos, ya sean antiguos o contemporáneos. Entre 1919 y 1940 (¿pero no sucede también hoy?) todo el mundo se preguntaba: “¿en qué se va transformar Europa?” y esto se tradujo siempre del siguiente modo: “¿cómo salvar al espíritu?”. Se proponen frecuentemente diagnósticos análogos sobre la crisis, sobre la decadencia o la “destitución” del espíritu. No nos limitemos a esos discursos y a su horizonte común. El nazismo sólo se ha podido desarrollar con la complicidad diferenciada pero decisiva de otros países, de Estados “democráticos”, instituciones universitarias y religiosas. A través de esa red europea creció y se elevó siempre este himno a la libertad del espíritu que concuerda al menos con el de Heidegger, precisamente en el momento delDiscurso del rectorado y en otros textos similares. Intenté recobrar la ley común, terriblemente contaminada, de estos cambios, divisiones, traducciones recíprocas.
– Decir que Heidegger lanza su profesión de fe nazi en nombre de la “libertad del espíritu” es una manera bastante mordaz de responder a todos aquellos que recientemente le han atacado en nombre de la “conciencia”, de los “derechos humanos” y que le reprochan su trabajo de deconstrucción del “humanismo” y lo clasifican como…
– Nihilista, anti-humanista… Conozco todos los slogans. Intento, al contrario, definir la deconstrucción como un pensamiento de la afirmación. Porque creo en la necesidad de mostrar, en lo posible sin limitaciones, las adherencias del texto heideggeriano (escritos y actos) a la posibilidad y a la realidad de todos los nazismos, porque creo que no es preciso encasillar la monstruosidad abisal en esquemas pobres y repetidos, encuentro algunas de estas maniobras ridículas y alarmantes a la vez. Son antiguas, pero se las ve reaparecer. Alguna de ellas toman como pretexto el “reciente descubrimiento” para exclamar: 1) “Leer a Heidegger es una vergüenza” 2) “Saquemos la siguiente conclusión – y la escala: todo lo que, especialmente en Francia, se refiere a Heidegger de una manera o de otra, véase la denominada “deconstrucción” es heideggeriano”. La segunda conclusión es estúpida y deshonesta. En la primera se lee la renuncia al pensamiento y la irresponsabilidad política. Por el contrario, es después de una cierta deconstrucción, en todo caso la que a mí me interesa, que podemos hacerle, creo, nuevas preguntas a Heidegger, descifrar su discurso y situar los riesgos políticos, y reconocer en algunas ocasiones los límites de su propia deconstrucción. Un ejemplo, si le parece, de la confusión reinante en este asunto y contra la cual quiero poner en guardia. Se trata del prefacio a la investigación de Farías. Al final de una arenga para uso doméstico (¡es todavía Francia quien habla!) se lee esto: “su pensamiento [el de Heidegger] tiene para numerosos investigadores un efecto de evidencia que ningún filósofo ha podido jamás igualar en Francia, exceptuando al marxismo. La ontología finaliza en una deconstrucción metódica de la metafísica como tal”. ¡Diablos! Si existe un efecto de evidencia sólo se presenta al autor de estos revoltijos. No hay un efecto de evidencia en el texto Heidegger, ni para mí ni para aquellos que he citado continuamente. Y la deconstrucción que intento llevar a cabo no es, si se ha leído un poco al respecto, una “ontología heideggeriana”, ni tampoco una “filosofía de Heidegger”. Y la “deconstrucción” – que no es un “final”- no es de ningún modo un “método”. Ella desarrolla inclusive un discurso bastante complicado sobre el concepto de método. Estando presente la gravedad trágica de estos problemas, ¿esta explotación franco-francesa para no llamarla provincial no parece cómica y siniestra al mismo tiempo?
-Esta confusión se basa posiblemente en la dificultad de la lectura de sus libros. Se dice frecuentemente que para leer a Derrida es necesario haber leído a todo Derrida. Lo que significaría haber tenido que leer a Heidegger, Husserl, Nietzsche…
– ¡Pero esto es cierto también para muchos otros! Es una cuestión de economía. Esto sería pertinente para todos los investigadores científicos. ¿Por qué reprochárselo sólo a los filósofos?
– Esto es particularmente cierto para su obra.
– Para desarrollar lo implícito de tantos discursos sería preciso cada vez, una introducción pedagógica que no es razonable pedir a cada libro. La responsabilidad debe aquí desmultiplicarse, mediatizarse, la lectura hacer su propia obra y la obra su lector.
– Del Espiritu está tomado de una conferencia y su estilo es demostrativo. Pero sus obras precedentes como Parages o Ulysse gramophone se acercan quizás a tentativas literarias sobre textos literarios.
– Me esfuerzo siempre por ser lo más demostrativo posible. Pero es verdad que las demostraciones están prisioneras de formas de escritura que tienen sus propias reglas, a veces nuevas, otras producidas y deducidas. No pueden responder por las normas tradicionales que justamente esos textos interrogan o desplazan.
– Su libro sobre Joyce es incluso un poco desconcertante.
– Se trataba de Joyce. Sería triste en consecuencia escribir en formas que no se dejen afectar por las lenguas de Joyce, por sus invenciones, su ironía, la turbulencia que introduce en el espacio del pensamiento o de la literatura. Si se quiere tener en cuenta el acontecimiento llamado “Joyce” es preciso escribir, contar, demostrar de otro modo, arriesgarse a una aventura formal.
– ¿Adapta su estilo al objeto que analiza?
-Sin mimetismo, pero incorporando en alguna medida la firma del otro. Si hay suerte, un texto diferente hace su aparición, un acontecimiento diferente, irreductible al autor o a la obra, de la cual sin embargo es preciso hablar lo más fielmente posible.
– Entonces sería preciso inventar con cada libro un “tono” nuevo, como diría Robert Pinget?
Sí, lo más difícil es la invención del tono y con el tono que uno puede hacer, que se deja hacer, la pose que uno toma y la que nos toma.
– ¿Se considera un escritor?
– La atención sobre la lengua o sobre la escritura no implica necesariamente “literatura”. Al interrogar sobre los limites de estos espacios, la “literatura” o la-”filosofía”, pregunto si aún es posible ser simplemente un “escritor” o un “filósofo”. Sin duda no soy ni lo uno ni lo otro…
[…]
– En Psyché se encuentra un texto sobre Mandela y el apartheid. Es uno de sus raros textos políticos…
– ¿Y si alguien sostuviera que esos dos libros sobre el alma y el espíritu son también los libros de un militante? ¿Que los ensayos sobre Heidegger y el nazismo, sobre Mandela y el apartheid, sobre el problema nuclear, la institución psicoanalítica y la tortura, la arquitectura y el urbanismo, etc., son “escritos políticos”? Pero tiene razón, no he sido nunca un “militante o un filósofo comprometido en el sentido de la figura sartriana o incluso foucaultiana del intelectual”. ¿Por qué? Pero ya es demasiado tarde, ¿no?
Texto original en francés.
Publicado por ENSPO en 11:01 a.m.
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

sábado, agosto 03, 2013

La fundamentación del fascismo (3). Víctimas del antifascismo o personas exterminadas bajo la acusación de “fascistas”

Stéphane Courtois: “esta participación de los comunistas en la guerra y en la victoria sobre el nazismo hizo triunfar de manera definitiva la noción de antifascismo como criterio de verdad para la izquierda” (El libro negro del comunismo, p. 36).  Nos hemos planteado la pregunta por la “validez filosófica” del fascismo, cualquiera que pueda ser el significado de esta “escandalosa” afirmación. Conviene ahora dar un nuevo y breve rodeo a fin de retomar con más seguridad las cuestiones sólo insinuadas por Jacques Derrida. Tal circunloquio o digresión conduce a la consideración del anticomunismo como rasgo esencial del fascismo y, por ende, a la duda sobre la verdadera naturaleza del antifascismo. Éste consiste en una práctica asesina de masas inherente al régimen marxista-leninista. Desde el momento, coincidente con la Guerra Civil Española (1936-1939), en que el fascismo aparece como proyecto histórico anticomunista, “justifícanse”, mediante la retórica antifascista, exterminios sistemáticos de segmentos enteros de la sociedad emprendidos antes de que el fascismo existiera y continuadosdespués de su desaparición. El “antifascismo” occidental, tras el descrédito y hasta la extinción del propio comunismo, muestra a su vez en tiempo real una inquietante perspectiva que nos afecta a todos en la medida en que la “máquina de matar” oriunda de Moscú sigue viva y en pleno ejercicio de sus facultades, pero invisible a los ojos de los “intelectuales críticos” del sistema oligárquico, quienes, por el contrario, la alimentan con todas las energías de su discurso.

No se trata de mezclarlo todo. Sí de analizar los trazos que prohíben el corte simple entre el discurso heideggeriano y otros discursos europeos, ya sean antiguos o contemporáneos. Entre 1919 y 1940 (¿pero no sucede también hoy?) todo el mundo se preguntaba: “¿en qué se va transformar Europa?” y esto se tradujo siempre del siguiente modo: “¿cómo salvar al espíritu?”. Se proponen frecuentemente diagnósticos análogos sobre la crisis, sobre la decadencia o la “destitución” del espíritu. No nos limitemos a esos discursos y a su horizonte común.
(Jacques Derrida)

Naturaleza y actualidad del antifascismo Una jerga criminógena, el antifascismo, sigue utilizándose desde 1945, pero de forma creciente y con mayor irracionalidad, si cabe, que a la sazón, en todos los ámbitos de las “sociedades de mercado”. El absoluto desprecio hacia las víctimas, que fueron asesinadas en nombre de imputaciones literalmente delirantes, aumenta también de manera exponencial a medida que nos alejamos en el tiempo del final de las Guerras Alemanas. Es así una “posguerra” eterna que prolonga la “propaganda bélica” en el corazón mismo de “la paz” y convierte el panfletarismo mental de los militares en “cultura” civil. Las cifras de personas exterminadas (ancianos, mujeres y niños incluidos) bajo la acusación de “fascistas” o de etiquetas y estigmas (“negros”, en la China de Mao, reaccionarios, nazis, derechistas, etcétera) semántica y funcionalmente equivalentes, es decir, de sinónimos a efectos de liquidación física pura y simple, rondan los 100 millones en total y son el resultado deprácticas políticas como las siguientes:

En términos de número de víctimas, la lista de los crímenes comunistas más graves se establece como sigue: 1/ ejecuciones individuales y colectivas de personas consideradas como opositores políticos, sin juicio o después de un juicio sumario, represiones sangrientas de manifestaciones y de huelgas, ejecución de rehenes y prisioneros de guerra en Rusia del 1918 al 1922. Por falta de acceso a los archivos (y también a causa de la ausencia de rastros documentales de numerosas ejecuciones) es imposible dar cifras precisas, pero las víctimas se cuentan endecenas de millares; 2/ muerte por hambre de cerca de 5 millones de personas a causa de los requisas, principalmente en Ucrania en 1921-1923. El hambre ha sido utilizada como arma política por varios regímenes comunistas y no únicamente por la Unión Soviética; 3/ exterminio de 300 000 o 500 000 cosacos entre 1919 y 1920; 4/ defunción de centenares de millares de personas en los campos de concentración. En esto, la imposibilidad de acceder a los archivos también bloquea la búsqueda; 5/ unas 690 000 personas arbitrariamente han sido condenadas a muerte y ejecutadas en el momento de la ola de “purgas” del partido comunista de 1937-38. Millares de otros han sido deportados o enviados a campos. En resumen entre el 1 de octubre de 1936 y 1 de noviembre de 1938 cerca de 1.565.000 personas fueron detenidas y 668.305 de ellas han sido ejecutadas. Según numerosos investigadores estas cifras son infravaloradas y deberán ser verificadas cuando todos los archivos hayan sido hechos accesibles; 6/ asesinatos masivos de aproximadamente 30.000 kulaks (campesinos ‘ricos’) en el momento de la colectivización forzada de 1929-33. Por otro lado, dos millones fueron deportados entre 1930 y 1932; 7/ millares de ciudadanos ordinarios, acusados de mantener relaciones con el “enemigo” han sido ejecutados en el período que precede a la segunda guerra mundial. En 1937, por ejemplo, unas 144 000 personas, acusadas de tener contactos con polacos que vivían en la Unión Soviética, fueron ejecutadas. En 1937 también, 42 000 personas fueron ejecutadas con motivo de mantener relaciones con trabajadores alemanes en la URSS; 7/ unos 6 millones de ucranianos murieron de hambre bajo el efecto de una política deliberada en los años 1932-33; 8/ asesinatos y deportaciones de centenares de millares de polacos, ucranianos, lituanos, letones, estonios, moldavos y habitantes de la Besarabia en 1939-41 y en 1944-45; 9/ deportaciones de los alemanes del Volga en 1941, tártaros de Crimea en 1944, los chechenos e ingushes en 1944; 10/ deportaciones y exterminios de un cuarto de la población de Camboya entre 1975 y 1978; 11/ millones de víctimas de las políticas criminales de Mao Zedong en China y Kim Il Sung en Corea del Norte. En este caso también la ausencia de documentos no permite dar cifras precisas; 12/ numerosas víctimas en otros continentes, África, Asia y América latina, en países que se dicen comunistas y explícitamente se refieren a la ideología comunista. Esta lista no es absolutamente exhaustiva. Literalmente no hay un país (o una región) bajo régimen comunista que no pueda elaborar su propia lista de sufrimientos. Los campos de concentración establecidos por el primer régimen comunista desde septiembre de 1918 se transformaron en uno de los símbolos más vergonzosos de los regímenes comunistas. En 1921 eran ya 107 y más de 50 000 personas fueron detenidas allí. El índice de mortalidad extremadamente elevado que los caracterizaba puede ser ilustrado por el ejemplo del campo de Kronstadt: sobre 6 500 detenidos internados en marzo de 1921, sólo 1 500 vivía un año más tarde. En 1940, el número de presos alcanzaba 2 350 000 repartidos en 53 campos de concentración, 425 colonias especiales, 50 colonias para menores y 90 casas para niños. Durante los años 40, la media de los detenidos era permanentemente de 2,5 millones. Fijándonos en la fuerte mortalidad, esta cifra significa que el número de las personas que han sido internadas fue mucho más elevado. En resumen, de 15 a 20 millones de personas pasaron por los campos entre 1930 y 1953. El sistema de los campos también ha sido adoptado por otros regímenes comunistas, en particular por China, Corea del Norte, Camboya y Vietnam. La invasión de varios países por el ejército soviético durante la segunda guerra mundial fue seguida sistemáticamente por un terrorismo masivo: detenciones, deportaciones, asesinatos a gran escala. Entre los países más afectados hay que citar Polonia (según las estimaciones 440 000 víctimas en 1939, entre las que están los oficiales polacos prisioneros de guerra, en Katyn en 1940), Estonia (175 000 víctimas, entre las que están 800 oficiales, lo que representa un 17,5 de la población total), Lituania, Letonia (119 000 víctimas), Besarabia y Bucovina del norte. La deportación de poblaciones enteras era una medida política corriente, en particular durante la segunda guerra mundial. En 1940-41, cerca de 330 000 naturales polacos que habitan las zonas ocupadas por el ejército soviético fueron trasladados por fuerza al este de la Unión Soviética, principalmente en Kazajstán. 900 000 alemanes de la región del Volga fueron deportados en otoño de 1941; 93 000 calmucos en diciembre de 1943; 521 000 chechenos e ingushes en febrero de 1944; 180 000 Tártaros de Crimea en 1944. Para que la lista sea completa, también hay que mencionar a los letones, los lituanos, los estonios, griegos, los búlgaros, los armenios de Crimea, los turcos mesjetas, y los kurdos del Cáucaso. La deportación también afectó a los opositores políticos. A partir de 1920, los opositores políticos de Rusia fueron enviados a las islas Solovki. En 1927, el campo construido en estas islas albergaba a 13.000 detenidos, de 48 nacionalidades diferentes. Los crímenes más violentos de los regímenes comunistas, tales como el homicidio de masa y el genocidio, la tortura, el trabajo forzoso y otras formas de terrorismo físico colectivo, continuaron en Unión Soviética y, a un grado menor, en otros países europeos, hasta la muerte de Stalin. A partir de mediados de los años 50, el terrorismo disminuyó considerablemente en los países comunistas pero la persecución selectiva de diversos grupos e individuos prosiguió. Consistía en vigilancia policíaca, en detenciones, encarcelamientos, multas, tratamientos psiquiátricos forzados, diversas restricciones de la libertad de movimiento, discriminaciones en el empleo que a menudo llevaban a la pobreza y a la exclusión profesional, a la humillación y a la difamación públicas. Los regímenes comunistas europeos post estalinistas explotaron el temor de las persecuciones potenciales, muy extendidas y muy presentes en la memoria colectiva. A largo plazo, no obstante, la memoria de los horrores pasados gradualmente se atenuó, perdiendo de su influencia sobre las jóvenes generaciones. Sin embargo, hasta durante estos períodos relativamente tranquilos, los regímenes comunistas se mostraron capaces de recurrir a una violencia masiva si lo consideraban necesario, como lo mostraron los acontecimientos de Hungría en 1956, de Checoslovaquia en 1968 o de Polonia en 1956, 1968, 1970 y 1981. La caída de los gobiernos comunistas en la Unión Soviética y en otros países europeos facilitó el acceso a ciertos archivos que atestiguaban los crímenes comunistas. Antes de 1990, estos archivos eran totalmente inaccesibles. Los documentos que se encuentran constituyen allí una fuente de información importante sobre los mecanismos de gobierno y de toma de decisiones, y completan los conocimientos históricos relativos al funcionamiento de los sistemas comunistas.

Y aquí tenemos a Derrida:

La condenación del nazismo, cualquiera fuese el consenso sobre este tema, no es aún un pensamiento del nazismo. No sabemos aún lo que es o lo que ha hecho posible esta cosa inmunda pero sobredeterminada, trabajada por conflictos internos (de ahí las fracciones y las facciones entre las cuales Heidegger se sitúa – y su estrategia retorcida en el uso de la palabra “espíritu” toma un cierto sentido cuando se piensa en la estrategia general del idioma nazi y en las tendencias biologizantes, estilo Rosenberg, que terminaron por triunfar). En fin el nazismo no ha crecido en Alemania o en Europa como un champiñón…
Pero, ¿quiso enterarse alguna vez Derrida de dónde sentó realmente sus posaderas “la cosa inmunda”años antes de que el fascismo, a trompicones, hiciera acto de presencia en la escena europea? Preguntémonos en serio hasta cuándo los presuntos “intelectuales críticos”, sufridos huérfanos de Stalin, van a seguir actuando como simples turiferarios del poder oligárquico.
¿Puede, en efecto, considerarse el “mal absoluto” (=la cosa inmunda) un proyecto político, a saber, el fascismo, fundado expresamente para detener el exterminio de casi todos los grupos sociales (burguesía, aristocracia, campesinado)con que tropezábase Lenin e impedir que los matarifes de Moscú extiendieran sus fechorías por el resto de Europa? Actualmente el grado de distorsión de la realidad histórica es tan enorme que nos vemos en la obligación de recordar cuestiones elementales de sentido común. El fascismo combate en defensa de la civilización europea amenazada por la barbarie bolchevique, pero no puede enfrentarse a los “rojos” arrojándoles a la cara caramelitos de fresa. Voilà el espíritu (Geist), Mr. Derrida. Sin embargo, cuando el fascismo llega al poder en Italia su represión no puede compararse, ni de lejos, a la matanza de los primeros años del leninismo en Rusia. Lenin aniquila en tres meses un número de personas superior a las que el imperio zarista había castigado a lo largo de todo un siglo. La dictadura fascista en Italia no traerá consigo más que 25 ajusticiados en 21 años: compárese sólo este dato con elhistorial delictivo de la banda terrorista ETA. Al inicio de la Operación Barbarroja (invasión nazi de la URSS), en 1941, el régimen comunista ya ha exterminado a 13 millones de ciudadanos rusos.

Se dirá que la verdad del fascismo es el nazismo. Ahora bien, ni siquiera el nazismo, y ello en el contexto de una guerra mundial, alcanza las cotas de victimización del comunismo. Por cada víctima judía del nazismo, detéctanse como pocas 10 del antifascismo. Y esto únicamente en la versión comunista u oriental del antifascismo,pues existiría, como ya he subrayado, un  antifascismo occidental de naturaleza  liberal-capitalista y sionista al que le corresponden “sus propios genocidios”. Dichos crímenes de masas no han sido juzgados, es decir, permanecen impunes. Son los genocidios olvidados. El “antifascismo global” hace posible esta situación totalmente incompatible -en buena lógica- con la machacona cháchara propagandística sobre “la democracia y los derechos humanos”.  La jerigonza que legitimó tales atrocidades se ha extendido a los políticos de la derecha liberal, obedientes, con la complicidad de los Estados Unidos de América, al sionismo racista, supremacista y genocida del Estado de Israel.

En la política, la prensa, la cultura, la educación y hasta la propia red, elantifascismo funciona  a pleno rendimiento como código simbólico estigmatizador de los ciudadanos disidentes; tal vez a la espera del día, ya próximo al parecer, en que tenga que recurrirse a lacoartada antifascista del “mal absoluto” con los fines asesinos que la caracterizan y la han caracterizado desde su aparición en la historia. Recordemos una frase del informe Lindblad citado arriba:

Literalmente no hay un país (o una región) bajo régimen comunista que no pueda elaborar su propia lista de sufrimientos.

El  comunismo fue esencialmente criminal, cuando no genocida. Pero lo fue en tanto que antifascista. Y el antifascismo ha sobrevivido al comunismo porque constituye un fenómeno consustancial al “progresismo” moderno. No es, en efecto, únicamente comunista, ahora podemos verlo con claridad, sino también “capitalista”. Es un monstruo parido por Yahvé, léase: por el monoteísmo judeocristiano (aquello que Heidegger denominara la “ontoteología”)… El fascismo se propuso la extirpación de “la máquina de matar” como una de sus metas fundamentales. Sólo el fascismo se enfrentó, así, a la asesina “utopía profética” en cuanto tal. Las democracias occidentales aliáronse en cambio con el comunismo y posibilitaron la comisión de sus atrocidades. Impensable la victoria soviética contra el Tercer Reich sin el generoso concurso del capital americano. Que el liberalismo sionista haya “heredado” el antifascismo no resulta pues casual. Saquemos, de una vez, las consecuencias de este hecho. Pero el “intelectual de izquierdas” (Oriol Malló, por ejemplo) es un engendro deforme descendiente del sacerdote judeocristiano e incongruente con toda forma de veracidad.

El artículo 58: formalización penal del estigma

De las víctimas del antifascismo, una buena parte fueron formalmenteacusadas de tales. Fascista era, bajo el estalinismo, cualquiera que el régimen soviético señalara al azar para cubrir las estadísticas de “detenciones”, es decir, las cifras obligatorias preestablecidas de “enemigos del pueblo” que justificaban la simple existencia de los aparatos de represión y el reclutamiento de la necesaria mano de obra esclava para la construcción del “paraíso”:

Ya sabíamos que “fascistas” era el apodo de los del Artículo 58, puesto en circulación por los perspicaces cófrades y aprobado con gusto por las autoridades: en otro tiempo los llamaban “KR” pero después el nombre perdió fuerza y se necesitaba una etiqueta más precisa (Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, t. II, Barcelona, Tusquets, 2005, p. 180).

La acusación de fascista y el lenguaje antifascista devino poco a poco, a través del régimen comunista soviético aliado de occidente durante la Segunda Guerra Mundial, legitimación de todas las atrocidades de la Modernidad progresista (de derechas o de izquierdas). Hasta el punto que, por supuesto sin consultar a las víctimas, los ideólogos neoliberales decidieron aplicar el calificativo de “fascistas” a los propios asesinos del gulag, es decir, convalidaron su lenguaje convirtiendo a aquéllos en objetos del mismo para mayor escarnio de cualquier noción o posibilidad de crítica racional a las raíces judeocristianas del fenómeno. Consagraron así unas prácticas criminales que occidente no renuncia a continuar empleando contra los presuntos enemigos del “bien absoluto”, léase: del Yahvé capitalista, sionista y neoliberal en fase de consolidación a escala mundial. El ídolo del “progreso” ha cambiado otra vez de residencia, algo ya habitual en él, pero no de carnicera idiosincrasia asesina.  Balance total de víctimas El monto total de víctimas del comunismo oscila entre un mínimo de 100 millones y los 150 millones de personas. El primer balance provisional fue establecido por Stéphane Courtois en su obra El libro negro del comunismo, publicada en francés en 1997:

No obstante, podemos establecer un primer balance numérico que aún sigue siendo una aproximación mínima y que necesitaría largas precisiones pero que, según estimaciones personales, proporciona un aspecto de considerable magnitud y permite señalar de manera directa la gravedad del tema: URSS, 20 millones de muertos. China, 65 millones de muertos. Vietnam, 1 millón de muertos. Corea del Norte, 2 millones de muertos. Camboya, 2 millones de muertos. Europa oriental, 1 millón de muertos. América Latina, 150.000 muertos. África, 1,7 millones de muertos. Afganistán, 1,5 millones de muertos. Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder, una decena de millares de muertos. El total se acerca a la cifra de cien millones de muertos (Courtois, S., El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 18).

Como ya hemos apuntado, a pesar de las evidencias sobre el carácter universalmente genocida del comunismo y de la relación entre la jerigonza antifascista y el dispositivo de terror inventado por los bolcheviques, la “democracia liberal”, es decir, la oligarquía, ha adoptado el “antifascismo” rizando el rizo del cinismo y acusando a Stalin de ser el peor de los “fascistas” (André Glucksmann). Este triunfo final de la “revolución” y del imaginario “progresista” en lo simbólico, que le permite además ostentar a Stalin,  al mismo tiempo, el título de “vencedor de Hitler” sin que la simple lógica tenga que abochornarse, define la miserable cotidianeidad de la nueva dictadura neoliberal sionista de Wall Street, cuyas atrocidades no han hecho más que empezar. Nosotros somos las próximas víctimas.

El caso de la “derecha antifascista” en España
Si usted tenía aspecto de no ser “feliz” en el paraíso de Yosef Stalin,  convertíase inmediatamente en sospechoso ante la policía política soviética. El antifascismo nace a propósito de España como estrategia estalinista de los frentes populares. George Orwell escribió entonces y no en vano su Homenaje a Cataluña: un testimonio de la praxis antifascistadocumentado en el lugar en que ésta mostró su verdadero rostro a los intelectuales de izquierda que no habían renunciado todavía, como ha renunciado hogaño Oriol Malló, a pensar por sí mismos.  En la actualidad, y a pesar de aquello que establece la Constitución Española -la isonomía o igualdad ante la ley- en lo tocante a la libertad ideológica, cualquier ciudadano puede ser objeto de investigación policial porque un simple funcionario, verbi gratia un fiscal, considere que las “ideas” de ese ciudadano son “fascistas”. ¿Herencia de la cheká y elgulag? No, en el caso que nos ocupa, herencia de la Palestina ocupada por Israel, vehículo a través del cual el antifascismo institucionalízase en occidente sobre un terreno ya abonado por la izquierda marxista.
El antifascismo estigmatizador opera como lenguaje de la cultura, la política y las prácticas de represión capitalista-sionista. Los desahuciados españoles fueron acusados de “neonazis” por la corrupta dirigente del Partido Popular María Dolores de Cospedal. La propia derecha católica que, en España, durante la Guerra Civil (1936-1939), salvó vidas y haciendas de las garras estalinistas gracias al heroísmo de los camisas azules falangistas (=”fascistas”), tiene hoy la sinvergonzonería de llenarse la boca con la jerga de Stalin.  !Habría que ser ya un grandísimo hijo de Bárcenas para burlarse así de los torturados, pero la cosa roza lo inconcebible en la abyección cuando observamos que esas víctimas pisoteadas por partida doble resultan ser ascendientes familiares de los propios dirigentes del Partido Popular (=Alianza Popular=partido neofranquista español)! Mentirosos y corruptos, tales “líderes” son, además, en justa consecuencia, seres carentes de dignidad política, pillos encorbatados que emplean, contra sus críticos, contra ciudadanos indignados por las políticas antisociales del neoliberalismo, los mismos discursos criminógenos que los verdugos de Paracuellos esgrimieron contra sus abuelos;discursos de los cuales les rescataron, precisamente, los militantes “fascistas” de Falange Española de las JONS.  Fenómeno análogo se observa entre los referentes ideológicos y morales de colectivos de víctimas de ETA, según  acreditamos en una entrada anterior.
¿Carecía, en fin, la causa anticomunista de los fascistas de todo argumento válido? No puede sostenerse tal impostura ante la evidencia de aquéllo que el comunismo fue.¿Cómo formular entonces el significado de una virtual “fundamentación del fascismo”? Hete aquí la gran pregunta planteada por Ernst Nolte y cuya pertinencia Jacques Derrida, a regañadientes, reconociera a la postre a propósito de Heidegger y Nietzsche, aunque nunca osara responderla. Les he formulado la cuestión intelectual y política, por antonomasia, del siglo XXI. La actualidad del fascismo sigue ahí a través de la obsesiva y persistente “negación” antifascista. La Marca Hispànica3 de agosto de 2013  DOCUMENTACIÓN ANEXA  “El Holocausto marca un corte en la cultura”

Contra la visión dominante sobre el Holocausto judío, que tiende más a verlo como expresión de un mal absoluto que a encontrar sus raíces históricas, el historiador Enzo Traverso intenta insertarlo en la evolución de las sociedades europeas que dieron a luz al racismo y al colonialismo.
–Enzo, podríamos comenzar por preguntarnos ¿por qué razón la memoria del Holocausto se transforma en lo que has llamado “una religión civil” y adquiere una dimensión tan importante recién en las últimas décadas del siglo XX, siendo que se trata de un proceso ocurrido en los años ’40? –Esa transformación de la memoria del Holocausto en religión civil del mundo occidental está vinculada al fin del siglo XX que se puede datar con la caída del Muro de Berlín en 1989, el derrumbe de la URSS, el fin de la Guerra Fría. El siglo XX toma entonces un perfil de época de violencia, guerras, totalitarismos y genocidios. El concepto mismo de genocidio es forjado en el siglo XX, y entonces la memoria del Holocausto deviene un paradigma de la violencia, casi una metáfora del siglo en su conjunto.
–Eso representa una ruptura muy fuerte respecto de las lecturas dominantes en las décadas anteriores sobre la historia del siglo XX. Era común hablar entonces del siglo de las revoluciones, el siglo de la izquierda, de las grandes confrontaciones ideológicas y, de pronto, este nuevo proceso memorialístico lo considera un siglo de totalitarismos y de violencias que resultan difíciles de explicar.
–El humanitarismo se convierte en una categoría analítica que interpreta toda la historia del siglo y el pasado aparece como una confrontación binaria entre verdugos y víctimas. La violencia casi no se explica, se estigmatiza para, con una mirada bastante apologética, legitimar el orden político y económico: la sociedad de mercado y la democracia liberal como antítesis del totalitarismo. El siglo XXI empieza con la caída del comunismo y la toma de conciencia de que las revoluciones del siglo XX fracasaron. El siglo XXI comienza sin utopías y fue caracterizado como post ideológico. Todo el contexto favorece una focalización obsesiva sobre la violencia y las víctimas, olvidando las revoluciones fracasadas que son asimiladas a los totalitarismos.
–1989, año de la caída del Muro de Berlín, es también el del bicentenario de la Revolución Francesa, oportunidad para que buena parte de la intelectualidad y el mundo oficial europeo declarara, en palabras de François Furet, el fin de la Revolución Francesa y de la misma idea de revolución. Ese año, en Argentina, en ese contexto internacional de negación de la historia y las confrontaciones ideológicas, el presidente Carlos Menem trajo al país los restos de Juan Manuel de Rosas, personaje cuestionado por toda la oposición liberal, cuyos restos seguían en Inglaterra desde su muerte, en las últimas décadas del siglo XIX. Esa reparación histórica fue presentada como constatación de que habían desaparecido las contradicciones profundas entre los argentinos. Menem, que visitó ese año a Felipe González, Gorbachov y otros líderes, volvió diciendo: “En todas partes ya no se habla más del socialismo ni de la revolución, el capitalismo ha triunfado”. En ese momento se dictan los indultos a los comandantes condenados en el Juicio a las Juntas en 1985. El retroceso de las políticas de memoria en la Argentina se inscribe también en la visión de un mundo reconciliado, donde ya las ideologías han desaparecido y entonces tampoco tendría sentido que la historia argentina siguiera siendo un terreno de disputa. Para afirmar esto, con un gesto muy fuerte, Menem visita a uno de los jefes del golpe militar que derrocó a Perón en 1955, el almirante Rojas, e incorpora a su gobierno a otro de los dirigentes de ese golpe, el ingeniero Alsogaray, un economista ultrarreaccionario. Esto generó gran confusión política e ideológica, no sólo en el peronismo; a los argentinos nos costó reencontrar el rumbo y tener propuestas de futuro, y me parece que esto algo tiene que ver con el proceso que sufrió la tradición antifascista en Europa.
–Después de 1989 se tiene la ilusión del fin de la historia y se puede proceder a una reconciliación con el pasado. El menemismo participa, creo, de esa ilusión del siglo XXI, como siglo post totalitario que marcha hacia la prosperidad neoliberal y la democracia liberal como sistema. En España, viejos republicanos y miembros de la División Azul que Franco envió a Rusia con el ejército alemán desfilaron juntos, fraternizando los conflictos del pasado. En Italia, también se quiso acabar con el conflicto entre fascismo y antifascismo, diciendo que todos eran patriotas. Pero fue un momento, una etapa, porque el pasado aparece otra vez como matriz de memorias conflictivas. No ocurre lo mismo con el Holocausto, porque es la memoria de un genocidio universalmente reconocido y el nazismo está condenado por la historia, no es un pasado de guerras civiles que todavía producen conflictos en el presente. El éxito de la memoria del Holocausto está vinculado con su dimensión relativamente a-problemática, no conflictiva, consensual.
–En el caso argentino, el Holocausto fue una referencia importante, conocimos esta nueva orientación memorialística, pero otras influencias actuaron en sentido contrario, incluso dentro de la cultura judía. Por ejemplo, los trabajos de Yerushalmi sobre la tradición judía contribuyeron a conformar un deber de memoria. El pueblo judío, cuando era el pueblo del libro, que no tenía un territorio, un Estado, reafirmaba su identidad a través de esta memoria de los libros sagrados. Esto en un país donde la influencia de la cultura judía es importante y donde tuvimos en ese década de 1990 dos atentados muy serios contra la embajada y contra la mutual judía. Entonces si la influencia de la memoria del Holocausto en Europa podía tener a veces un sentido deshistorizador o despolitizador, la cultura judía jugaba a favor de la afirmación, de la necesidad, de la memoria. Y también fue muy importante la influencia de Walter Benjamin, con esa curiosa mezcla de marxismo herético y mesianismo judío, para que pudiéramos pensar que, lejos de considerar cerrado el pasado, es posible recuperar la historia de los vencidos.
–El éxito del libro muy conocido de Yerushalmi está vinculado sobre todo con su título: Zachor (recuerda, no olvides). Aparece como una especie de amonestación a la memoria, el deber de memoria. Y, como decías, es también la época en que Benjamin aparece como referencia para pensar una articulación nueva entre historia y memoria. En este cambio de siglo, cuando el XX aparece como un siglo que se acabó y al mismo tiempo sigue tan presente en la memoria de los individuos y de las sociedades, separar historia y memoria se hace problemático, artificial. Por décadas el Holocausto apareció como una dimensión marginal de la historia de la Segunda Guerra Mundial. Y pasó tiempo para que esa experiencia, ese acontecimiento, se grabe en la conciencia histórica europea. Y entonces esa focalización obsesiva sobre el Holocausto es también un intento de recuperar el retraso, una Europa que quiere expiar su pasado. La conciencia de ese pasado y la voluntad de expiarlo produce esa transformación del Holocausto en objeto de culto, con una memoria que toma rasgos de religión civil sacralizada, ritualizada con sus propios símbolos y liturgias.
–La afirmación del Holocausto como religión civil pone como figura central a las víctimas. Y esto permite hacer un paralelo con el caso argentino en los primeros años del restablecimiento de la democracia. Entonces se afirmó la llamada Teoría de los Dos Demonios, que sostenía que frente a los militares golpistas otro sector desarrollaba también la violencia y, aunque se señalaba que la criminalidad de los dictadores era mayor, ambas violencias eran condenadas y, frente a esa condena de los extremos, aparecía una sociedad inocente, sin ninguna culpa, que tampoco parecía haberse enterado o haber entendido demasiado lo ocurrido. Esto hizo que se estudiara poco el período anterior a la dictadura, que era lo que hubiera permitido explicar la irrupción militar y llevó a homenajear a las víctimas como tales, ignorando que la gran mayoría de ellas eran militantes de un proyecto que la dictadura había venido a enfrentar. Esto es muy parecido a lo que pasa en España, cuando Rodríguez Zapatero dice: “Me interesan las víctimas no importa de qué sector sean”, como si hubiera sido lo mismo pelear por Franco que por la República. Pero esa explicación de la dictadura con la Teoría de los Dos Demonios resultó insuficiente frente a la demanda de una sociedad que quería justicia, la que se estaba negando a través de los indultos y las leyes de impunidad, y reclamaba una explicación más seria. Era necesario saber por qué había venido el golpe, qué habían tenido que ver otros sectores civiles, empresariales, eclesiásticos, incluso se interrogaba –y nos seguimos interrogando– también sobre el comportamiento político de los sectores que fueron víctimas de la represión. Me interesó mucho un trabajo tuyo sobre la dificultad que existe en Europa para asociar las víctimas y los luchadores, que es lo que se supone que fueron la mayoría de aquéllas. Creo que en esto hemos avanzado mucho en Argentina desde el 2003 con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. El fin de la impunidad significó también un avance en el conocimiento y la comprensión de la historia reciente.
–Yo no tengo mucha familiaridad con esos debates argentinos alrededor de la Teoría de los Dos Demonios, pero siempre me pareció una especie de transferencia, en el contexto argentino, de la teoría del totalitarismo que identifica comunismo y fascismo como dos caras de la misma moneda. La violencia del estalinismo y la violencia del nazismo son cualitativamente distintas, reunirlas en una misma categoría me parece desde un punto de vista historiográfico muy discutible. Pero en el caso de la Argentina, aun más, porque la teoría de los dos demonios establece una identidad entre la violencia de las organizaciones que practicaban la lucha armada y la violencia del terrorismo de Estado, dos fenómenos cuya unión en una categoría me parece epistemológicamente absurda. No soy un apologista de la lucha armada o un nostálgico, pero hay que historizar, comprender un contexto argentino y latinoamericano. Organizaciones políticas que trabajaban en una revolución popular, para movilizar la sociedad. El terror del Estado tenía una amplitud y un objetivo totalmente diferentes: aterrorizar a la sociedad para establecer un régimen autoritario y una dictadura. Entonces es una teoría que me parece que oculta más que esclarece el pasado. La violencia del Estado en el caso de la dictadura argentina quería disciplinar a la sociedad en su conjunto, imponer un régimen autoritario, pero golpeaba prioritariamente a luchadores. Recordarlos exclusivamente como víctimas de un régimen que aplastaba los derechos humanos me parece una operación cuestionable. Un niño que murió en una cámara de gas es una víctima y no se puede definir de ninguna otra manera, pero no es el caso de un militante de una organización judía de izquierda que participó en la insurrección del gueto de Varsovia. Recordarlos exclusivamente como víctimas constituye una pobre interpretación del pasado, reducido a una confrontación entre los verdugos y las víctimas, y éstas no siempre son pasivas, pueden ser sujetos políticos. Se dibuja otra tipología más compleja introduciendo la categoría de los vencidos: perseguidos por lo que hacían y no solamente por lo que eran. La memoria del Holocausto se impuso como una memoria que ignora los diferentes sujetos de la historia y habría que reintroducirlos. Mi impresión es que en la Argentina se hace un trabajo muy interesante de historización de la década de los ’60 y ’70, de superación de la etapa de la mera o exclusiva conmemoración, hay una necesidad ético-política de una piedad para los muertos, pero se va más allá. Hay una necesidad de comprender lo ocurrido. Me parece que en la Argentina se hace ese trabajo mucho más que en Europa con respecto al Holocausto, a la Segunda Guerra Mundial, a la resistencia.
–Sí, en el caso argentino, la Teoría de los Dos Demonios y la figura de la víctima sin más connotaciones históricas ni políticas empieza a perder vigencia a mediados de los años ’90. En ese momento surgen estudios y, también obras de teatro, ficciones, películas que empiezan a problematizar la memoria de la dictadura y de las luchas populares anteriores y algunos trabajos muestran que el objetivo de la dictadura no era solamente enfrentar a la guerrilla sino desarrollar lo que podríamos llamar un proyecto de reestructuración regresiva y disciplinamiento de la sociedad. Aparecen trabajos de investigación periodística pero después también de los historiadores sobre el período de los años ’70 y la dictadura y ahí nos introducimos en la discusión acerca de la relación entre historia y memoria y se plantea la pregunta acerca de si es posible hacer historia reciente. Y en el caso argentino era historia muy reciente. La obra de Pierre Nora, muy influyente entonces, planteaba una separación muy drástica entre historia y memoria: sólo se podría hacer historia de un objeto que ya se ve como absolutamente distante, congelado. Y en la Argentina estaba absolutamente presente y caliente. Sin embargo se empezó a hacer historia sobre ese periodo y los historiadores que empezaron a trabajar sobre los años ’70 tuvieron que imponerse una tarea de reflexión crítica muy fuerte en torno de un material que era, fundamentalmente, testimonial. Y también algunos plantearon que el testimonio era subjetivo, que el testimonio no podía servir como base para el trabajo de la historia, lo cual hubiera sido muy complicado en la Argentina, porque dado que la dictadura había ocultado las constancias de archivos –en la mayoría de los casos, hasta el día de hoy, no se han podido recuperar– la materia prima con la que se trabajaba, el insumo, eran los testimonios.
–En el caso de América latina, en la época más reciente, el estudio de las décadas de los ’70 y los ’80 estableció una reflexión nueva y muy fructífera sobre la relación de historia y memoria, problematizando esa dicotomía. Los investigadores empezaron a advertir que para comprender esa violencia había que utilizar a los testigos como fuentes. Raúl Hilberg, gran historiador del Holocausto, tomó la decisión de ignorar los testigos, trabajando exclusivamente archivos. Hizo un trabajo extraordinario, pero al mismo tiempo muy frío: reconstruye el Holocausto en su anatomía, en sus estructuras, pero no como proceso en el cual los protagonistas tienen su voz, su subjetividad, una manera de actuar de reaccionar, de participar. Y para hacer eso hay que introducir la memoria. E introducir la memoria no es fácil porque el testigo habla como representante de las víctimas que no tienen voz para hablar. Entonces hay como una sacralización del testigo, y entonces es difícil discutir esa versión. Pero un investigador tiene que trabajar sobre los testimonios como fuentes. Y debe verificarlas, contextualizarlas, porque tienen contradicciones: las fuentes y la memoria oral son, por su propia naturaleza, subjetivas. Como dice Primo Levy, el testigo percibe una parte muy pequeña de un proceso mucho más amplio. Pero al mismo tiempo creo que es imposible trabajar sobre esos acontecimientos sin tomar en cuenta los testigos.
–Quizás, Enzo, sería importante para contextualizar lo que venimos charlando recordar algunos aspectos de tu formación y tus primeras inquietudes. Empezaste trabajando sobre los marxistas y la cuestión judía y los dos temas resultan hoy importantes para discutir: cómo se ve la doctrina de Marx después de la llamada crisis del marxismo y la relación intelectual muy fecunda y muy particular que has establecido con el pensamiento judío de Europa central. Autores como Walter Benjamin, Adorno, Hannah Arendt, con quienes hay un diálogo importante en tus trabajos. Fuiste conocido en la Argentina por un reportaje que te hizo la revista Políticas de la Memoria, en 2005, donde afirmabas que después de lo ocurrido sólo puede pensarse en un marxismo melancólico y utópico. Esto da cuenta de que ha habido una derrota y que hay muchas cosas que cuestionar y repensar. Y por otro lado, en el descubrimiento de Benjamin en la Argentina tus libros han sido una ayuda significativa. Tu rescate del pensamiento judeoalemán no excluye una visión crítica de estos autores. Estoy pensando en Hannah Arendt, de quien destacás aportes importantes y, al mismo tiempo, criticás también su concepción sobre el totalitarismo.
–Marxismo melancólico es una definición que tomo prestada de un amigo que falleció hace poco tiempo, Daniel Bensaid. Esa definición es muy benjaminiana porque hay en la obra de Benjamin una reflexión sobre la melancolía que es también una postura epistemológica. Es la toma de conciencia del fracaso de las revoluciones. En Europa, Asia y Latinoamérica hubo revoluciones con sus particularidades políticas y culturales, estrategias muy diferentes, pero todas tenían una filosofía de la historia como presupuesto. Una visión de la historia como marcha hacia la emancipación de la humanidad en su conjunto. Una visión teleológica, la historia con su orientación, su dirección. Y también había un modelo de revolución, un paradigma militar, la revolución es el pueblo que toma las armas para luchar y liberarse. Y esa visión global de las revoluciones y ese modelo también fracasaron. Y entonces pensar un cambio, una trasformación del mundo es una necesidad. Pensar la posibilidad de una nueva utopía de cambio requiere un balance crítico de las experiencias revolucionarias del siglo XX. Ese balance se carga de una melancolía muy grande, es la memoria de los vencidos, de esos combates tan grandes, tan generosos, que movilizaron millones de seres humanos. Y hay que tratar de que esa melancolía por la derrota no se transforme en una contemplación pasiva de las catástrofes del pasado. Hay que mantener una perspectiva de transformación, de innovación, de invención, de imaginación utópica. Una tradición de pensamiento crítico, marginal al siglo XX, ahora toma una importancia muy grande. La Escuela de Frankfurt participa de esa aventura del marxismo en el siglo XX, pero en una perspectiva marginal, herética, dialéctica, que no acepta esa visión teleológica de la historia. Benjamin tiene una sensibilidad muy grande con respecto a los vencidos de la historia, mucho más preocupado por guardar las memorias de los vencidos que por celebrar los éxitos de los vencedores.
–La concepción hoy dominante sobre el Holocausto no ofrece explicaciones históricas muy claras de cómo pudo producirse. Esas explicaciones seguramente deben buscarse en las crisis del Viejo Mundo pero también en los ejercicios de poder y de violencia que las naciones europeas hicieron en sus colonias. Los campos de extermino aparecen antes en el mundo colonial que en Europa. Es interesante que hayas integrado el colonialismo entre los antecedentes de la violencia nazi. Algo que no ha sido común entre los pensadores europeos.
–Latinoamérica puede jugar un papel de transmisión muy importante, porque creo que el peso de la derrota es mucho más fuerte en Europa que aquí. En ningún lado se resiste al neoliberalismo como en América latina. Hay que reconocer el fin del eurocentrismo, Europa hace mucho comprendió que no es más el centro del mundo y, desde un punto de vista geopolítico y económico, la provincialización de Europa ocurrió hace décadas. Pero todavía siguió pensándose culturalmente, intelectualmente, como el centro del mundo. En cuanto a la inteligencia judía de Europa central, fue una cuña del pensamiento crítico, de vanguardia, porque esa inteligencia estaba profundamente integrada en las sociedades, en las culturas europeas y al mismo tiempo tenía una posición marginal, por causa del antisemitismo, de la estigmatización. El encuentro entre los judíos y el marxismo se hizo en ese contexto. Después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo declinó y ésa es una muy buena cosa. Europa se liberó de ese demonio que la había impregnado por siglos. Pero la inteligencia judía, todavía poderosa, no es más empujada hacia la revolución, la crítica, el anticonformismo. El siglo que fue en su primera mitad de Trotsky, la figura simbólica de la revolución, se vuelve en la segunda mitad el siglo de Kissinger, el estratega de la contrarrevolución. Existe, por supuesto, una tradición de pensamiento crítico judío, en la Argentina, es una tradición que se perpetúa, a pesar de que las condiciones históricas que la generaron no existen más.
–Enzo, estamos en el Centro Cultural de la Memoria, y aquí se hacen trabajos de reflexión, de investigación, de estudio, pero también abordajes creativos, artísticos, literarios, en relación con los temas de la memoria, del horror. Y esto, necesariamente, nos ubica en un gran debate que se dio en Europa. Esta idea del Holocausto como algo inefable, de lo que no se puede o no se debe hablar, que no se puede representar, que no justifica o legitima abordajes artísticos, o literarios. Y que entonces tampoco se puede explicar. Aquí en la Argentina también hubo algunas resistencia a la idea de que se podía hacer por ejemplo ficciones sobre la dictadura y también se discutió en torno de la creación de nuestro Centro Cultural. De alguna manera, estas discusiones son tributarias de la discusión europea que llegó a afirmaciones tremendas, como aquella frase de Adorno “no se puede hacer poesía después de Auschwitz” –que él mismo relativizó después– o la de Claude Lanzmann, que hace una película monumental sobre la Shoá y después dice que no hay nada que explicar, no hay ningún para qué que tenga sentido plantearse. Esta es una discusión que no está del todo agotada en la medida en que subsiste esta idea del Holocausto como fenómeno único que no podría compararse, y si no puede comparase no se puede estudiar, no se puede pensar.
–Esos son planteamientos que yo critico porque me parece una forma de oscurantismo. Y desde un punto de vista pedagógico son aberraciones, ¿cómo explicar a los niños que hay que recordar un acontecimiento que no se puede explicar? El Holocausto como acontecimiento impensable, irrepresentable, inexplicable, normativamente incomprensible. Curiosamente, muy pocos acontecimientos han sido objeto de tantas representaciones de todo tipo, literario, fotográfico, cinematográfico, plástico. Hay también que contextualizar el aforismo de Adorno, lo que quería decir no era que no se puede escribir una poesía después de Auschwitz, sino que no se puede más escribir poemas como se hacía antes. El Holocausto marca un corte en la cultura. Y la cultura no puede seguir, no puede producir obras de arte sin expresar esa herida que el Holocausto produjo en el cuerpo, en este caso de Europa. La mirada de Adorno era más universal, el Holocausto como metáfora de las violencias del siglo en su conjunto.
–Un episodio por grave o importante que fuera y por tremenda que haya sido su influencia en la historia y la cultura universal, como es el caso del Holocausto, no puede dejar de ser comparable con otros.
–La memoria del Holocausto no puede simplemente ser el paradigma con respecto al cual las otras memorias de violencias o de traumas puedan definirse. Hay que dialogar con otras experiencias que pueden tener el mismo papel en otros contextos. Ese discurso sobre el carácter irrepresentable coexiste hoy con la apropiación del Holocausto por Hollywood, es una paradoja. Entonces hay que salir de ese discurso, que es estéril. Para comprender el Holocausto hay que compararlo y abandonar una visión teológica, religiosa, de la memoria. Por supuesto es necesario comparar las violencias del nazismo y del stalinismo. Esas violencias no se pueden explicar separadas una de otra, pero al mismo tiempo las diferencias son muy grandes, desde las ideologías que las inspiran, las víctimas y los enemigos que eligen, las estructuras, los sistemas de poder. La comparación para ser fructífera tiene que destacar las afinidades y las diferencias. Y la categoría del totalitarismo aplasta todas las diferencias. Por supuesto se puede comparar la violencia de la dictadura militar en Argentina con la violencia del nazismo, y eso explicaría también las diferencias profundas que existen entre esos dos tipo de violencias.
Publicado por ENSPO en 4:25 p.m.

14 comentarios:

Anónimo dijo…

Las posiciones de este historiador italiano pueden resultaros interesantes para discutir… Saca el holocausto del lugar sagrado e intocable y admite las discusiones, comparaciones, etc. Por ese lado empieza a caer el mito.
http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-226055-2013-08-05.html
Saludos.
11:14 p.m.

Frel dijo…

Como ya se ha comentado en otras ocasiones la hegemonía del llamado antifascismo radica en la falsificación y en la ocultación histórica, es la base de su funcionamiento. Obviamente si la historia se contase de forma objetiva, tal como se expone en el texto de la entrada(aunque sea una síntesis sobre el tema) el poder de la oligarquía en gran parte se desmoronaría como un castillo de naipes.  Por eso tienen un gigantesco aparato burocrático a su servicio y bien subvencionado, para evitar que la realidad salga a la luz.
Un saludo al blog.
3:52 a.m.

ENSPO dijo…

Gracias por las aportaciones realizadas con buena fe y voluntad constructiva.
El último post es sintético, ciertamente, en el sentido de que resume mucho de lo trabajado a lo largo de años, y tiene que ser así para que el blog esté abierto a quienes llegan ahora (nuevos usuarios) y desconocen todo lo anterior.
Pero esta entrada hace también hincapié en un hecho, planeado ya en el sitio y que desarrollaremos, a saber, que el fascismo es una respuesta a la “barbarie bolchevique”. Se trata de la famosa tesis de Nolte, causa de la “polémica de los historiadores” en Alemania.
Si estamos hablando de una legitimación del fascismo, hay que entender que éste se basa en una comprensión del gulag desde una determinada perspectiva ideológica. El fascismo entiende el gulag como la consecuencia de una herencia (la judeocristiana) y como alternativa a esa herencia.
La fundamentación del fascismo, su legitimación, resulta inseparable de tal exégesis histórica. El fascismo propone, en lo abstracto, un concepto de HISTORICIDAD FINITA en que la utopía profética YA NO SEA POSIBLE. Y lo hace en función de una verdad ontológica trágico-heroica.
Lo filosófico y lo historiográfico, la teoría y NUESTRO COMPROMISO contra la OLIGARQUÍA ANTIFASCISTA, son inseparables, pero, no se confundan: cada aportación del sitio conlleva elementos novedosos que vamos introduciendo poco a poco para no colapsar el limitado formato de internet.
Saludos.
7:53 a.m.

ENSPO dijo…

Hemos agregado al corpus textual de la entrada la entrevista a Enzo Traverso.
Gracias una vez más por la aportación, en este caso de un usuario anónimo.
9:14 a.m.

Anónimo dijo…

“Este triunfo final de la “revolución” y del imaginario “progresista” en lo simbólico, que le permite además ostentar a Stalin, al mismo tiempo, el título de “vencedor de Hitler” sin que la simple lógica tenga que abochornarse, define la miserable cotidianeidad de la nueva dictadura neoliberal sionista de Wall Street.”  Así fue y así es, esa dictadura sionista oligárquica-financiera fue la que proporcionó armamento en abundancia a los soviétios para vencer a Alemania, por tanto no es de extrañar que esta misma oligarquía ensalze tal “triunfo” frente a los alemanes, eso sí ellos mismos demuestran la falsedad de lo que fue la revolución bolchevique y quienes la financiaron y apoyaron.
Saludos.
3:54 a.m.

Javier dijo…

No discutiré si el nazismo era capaz de exterminar a los prisioneros mediante envenenamiento por gas Zyklon B y hacer desaparecer sus restos. Es posible que fuera capaz.
Lo que sostengo es que no hay prueba alguna de que hiciera eso. Es más, existen pruebas contundentes de que no lo hizo.
Saludos.
4:58 a.m.

Anónimo dijo…

No existen pruebas contundentes que demuestren tal exterminio, es cierto, como es cierto tambien que el mencionado gas se utilizaba para desinfectar los barracones.
8:38 a.m.

ENSPO dijo…

El propio Goldhagen ha reconocido que toda la historia de las cámaras de gas es un artículo de fe aceptada por razones ajenas a la ciencia. Si lo dice este judío neoyorkino sionista, autor de “Los verdugos voluntarios de Hitler”, por algo será. Tienen la cita transcrita en la columna derecha del blog. Saludos cordiales.
9:46 a.m.

Anónimo dijo…

Goldhagen dixit: “suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (…) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (…) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período” (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 2003, pp. 29-39).
9:49 a.m.

Anónimo dijo…

Es un tema complejo por su censura y por el carácter dogmático que hay contra toda negación sobre el tema, de hecho está el ejemplo de los autores revisionistas que medinate sus libros afirman que no existieron dichas cámaras y los gaseamientos masivos, estos autores son censurados, son perseguidos, se han dado casos de agresiones e incluso de encarcelamientos, esto es verdaderamente lo que empuja a cuestionar la creencia de dichas cámaras de gases y de todo lo que cuenta la historia oficial, si es verdad y se puede demostrar¿Por qué esa censura hacia el tema?¿Por qué las prohibiciones de negarlo? ¿Por qué esas persecuciones? ¿Qué temen algunos?. Además hay que tener en cuenta que las armas químicas(generalmente gases) se están utilizando desde la primera guerra mundial(incluso el mismo Hitler padeció una ceguera temporal debido a las armas químicas utilizadas durante dicha contienda), en muchas guerras se han utilizado y se siguen utilizando e incluso en los EE.UU., en algunos de los estados donde existe la pena de muerte utilizan la cámara de gas para las ejecuciones.
12:06 p.m.

Anónimo dijo…

He conservado el anonimato por razones personales de reserva ante el aparato de inteligencia del sistema. Soy un seguidor argentino de Jaume Farrerons y sus esfuerzos. No nos rendiremos ante la oligarquía sionista, ¡jamás!.
12:35 p.m.

ENSPO dijo…

Gracias por tu apoyo.
!Saludos a la Argentina desde España!
3:37 p.m.

Anónimo dijo…

Amigos españoles, creo que esta cita de la correspondencia Heidegger-Jaspers puede resultaros interesante. Introduje algunas notas mías al píe:
“En 1933 y antes los judíos y los políticos de izquierda vieron en tanto que directamente amenazados más claramente y más inteligentemente y más lejos (1). Ahora nos toca a nosotros. No me miento a mi mismo. Se por mi hijo llegado de Rusia que mi nombre está otra vez a la orden del día y que la amenaza se puede hacer realidad en cualquier momento. Stalin no necesita declarar ya ninguna guerra. Todos los días gana una batalla. (2) Pero no “se” ve eso. Para nosotros no hay ninguna escapatoria. Y toda palabra y todo escrito es en si mismo un contraataque, aunque esto no se juegue en la esfera de lo “político”, que hace mucho tiempo ha sido superado por otras relaciones del ser, llevando una existencia aparente”.
Carta de M. Heidegger a Karl Jaspers. 8 de Abril de 1950.
1 – Pienso por ejemplo en la Escuela de Frankfurt. 2 – Me han comentado que el hijo de Heidegger estuvo detenido en un campo de concentración soviético. Por otro lado, Stalin fue quien inventó el lenguaje antifascista como recurso ideológico para justificar el exterminio y como manto de cobertura para cualquier crimen cometido por los “buenos” como en este blog se viene haciendo cada vez más claro. Creo que Heidegger se está refiriendo justamente a esto, pues no otra puede ser la “victoria” de Stalin: el lograr la implantación del lenguaje antifascista como imperativo impersonal del mundo de la pos-guerra.
8:27 p.m.

ENSPO dijo…

Conocía esta carta de Heidegger, pero la verdad no la había relacionado con la cuestión en el sentido en que usted sugiere. Me parece una contribución muy valiosa al debate. Estudiaré el asunto. Sé que esta carta ha sido utilizada para “demostrar” que Heidegger nunca dejó de ser fascista.
2:13 p.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/08/la-fundamentacion-del-fascismo-3.html
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

sábado, agosto 10, 2013

La fundamentación del fascismo (4). Herbert Marcuse y la ideología de la muerte (I)

 Herbert Marcuse.

La destrucción de la ideología de la muerte supondría una transvaloración explosiva de los conceptos sociales: la buena consciencia de ser un cobarde, la desglorificación y la desublimación; supondría un nuevo “principio de realidad” que liberaría el “principio del placer” en vez de reprimirlo.  (…)  La mera formulación de estos objetivos indica por qué han sido convertidos tan rígidamente en tabúes. Su realización equivaldría al derrumbamiento de la civilización establecida. Freud ha mostrado las consecuencias de una desintegración (hipotética) o incluso de una relajación esencial del “principio de realidad” predominante: la relación dinámica entre Eros y el instinto de muerte es tal que una reducción del segundo por debajo del nivel en que funciona de un modo socialmente útil liberaría al primero más allá del nivel “tolerable”. Ello supondría un grado de desublimación que arruinaría las conquistas más valiosas de la civilización.

(Herbert Marcuse)
Herbert Marcuse, filósofo judío, colaborador de la CIA a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y después, ha hablado.
Defiende Marcuse la ruina de la civilización. Sorprendente. Siempre se nos ha hecho creer que la incultura pertenece al fascismo. ¿En cuántos libros políticamente correctos no habremos podido leer la palabra “barbarie nazi”? Pero un examen más cauteloso de los documentos y su simple cotejo con la realidad de los hechos, es decir, con todo lo que ha sucedido tras la victoria antifascista, obliga a reconocer que los objetivos de la “cruzada humanitaria” eran muy otros que los proclamados.
Financiado por la Fundación Rockefeller para la publicación de libros presuntamente “antisistema” que promovieron y legitimaron las pseudo “rebeliones” de mayo del 68 (léase: aquéllas tumultuosas escenificaciones en que “jóvenes” universitarios de la burguesía acomodada parisina y californiana reclamaron con éxito la transgresión de todas las normas éticas y jurídicas relativas al consumo de drogas y la sexualidad), Herbert Marcuse colocó el tema de la muerte y el heroísmo en el centro de su discurso “crítico”.
El héroe trágico era a la sazón el enemigo a batir. La directriz oligárquica se reveló declaradamente anti-heroica. Convendría que nos preguntáramos el porqué.
La cuestión de la muerte aparece en este contexto.
Daniel Cohn-Bendit, dirigente mayista.

Las drogodependencias, la pornografía, la pederastia, la corrupción de la casta política actual(nutrida por personajes oriundos de esa época) tienen mucho que ver con los hechos de Mayo de 1968, es decir, con la filosofía de Marcuse, y representan algo así como la inversión del heroísmo en una “rebelión” cuya esencia es la negación de la muerte. La relación entre el uso de estupefacientes y la ruptura con el “principio de realidad” no parece muy difícil de comprender. Pero el sexo desempeñaba la misma función escapista. Los adolescentes captados por dicho discurso transgresor no perecieron así en un frente bélico: avergonzábanse de todo patriotismo; simplemente devinieron en yonquis, pálidos fantasmas del ídolo moderno de la “felicidad”, o en sidosos… Jamás murieron, pues, y de alguna manera el elixir mágico cumplió su promesa: sólo cesaron de vivir (ableben).

Es importante leer con detenimiento el texto adjunto, “La ideología de la muerte”, de Herbert Marcuse, y subrayar las consideraciones del mismo entorno a la muerte, el heroísmo y el “principio de realidad”. Por no hablar de su abierta reivindicación de la “cobardía”.

Pero quizá aquello que más sorprenda al lector nacional-revolucionario sea la abrumadora coincidencia entre los valores que proclama Marcuse y la postura de huída ante la muerte adoptada por escritores y filósofos presuntamente patrióticos como Julius Evola, Laureano Luna, Alberto Buela… Huelga decir que también entre la Iglesia católica y Marcuse las diferencias axiológicas en lo tocante al tema de la muerte son sólo de matiz. Véase:
A lo expuesto en el post citado cabría añadir las siguientes consideraciones:
  • El acto fundacional del heroísmo es una resolución radicalmente espiritual de sometimiento a la verdad, aquéllo que lo constituye en su esencia, a saber, la muerte, en virtud de la cual puede darse algo así como un sacrificio y, por ende, la posibilidad misma del proceder heroico.
  • Si dios existe, ha de ser comparativamente “más ético” que el hombre (en el mismo sentido en que decimos que un voluntario de la Cruz Roja como tal ostenta una superioridad moral respecto de un usurero, un pornógrafo, el administrador de un gulag, un pederasta… ). Para realizar un acto ético es menester sacrificar o perder o dar algo, aunque sea nuestro tiempo, circunstancia que implica un ente finito, pues sólo éste sería capaz de sacrificio, pérdida o dación voluntaria. Dios se presenta empero en el imaginario como un ente infinito y omnipotente, por lo tanto no puede menoscabarse en nada. Pero si dios no puede menguar, entonces es incapaz de realizar acto ético alguno. Ahora bien, aceptado que dios no puede realizar acto ético alguno, tampoco puede ser relativamente “más ético” que el hombre en tanto que mortal o “ser para la muerte”. La finitud, que en hombre significa: la muerte, constituye el fundamento de la eticidad.
  • El supremo acto ético es el sacrificio heroico; la muerte, su condición necesaria. De ahí que la finitud radical, la Verdad, deba ser afirmada como requisito de “lo más grande”, y único dios de las comunidades nacionales.
Imaginario hollywoodiense y el fascismo
El sistema oligárquico ha producido sus propias imágenes míticas sobre el fascismoEs el caso de la serie cinematográfica “La Guerra de las Galaxias”. Tras la simplicidad de los personajes, rayana en lo pueril, escóndense las claves simbólicas, todo lo distorsionadas que uno quiera pero insoslayables, del “mal absoluto”. Así las cosas, si ustedes intentan aclarar el significado de la muerte en la película, se toparán con una hilarante sorpresa.

La Ideología de la muerte (*)

Por HERBERT MARCUSETraducción: Juan-Ramón Capella

En la historia del pensamiento occidental, la interpretación de la muerte ha recorrido toda la escala, desde la idea de un mero hecho natural, relativo al hombre como materia orgánica: hasta la idea de muerte como telos de la vida, como característica distintiva de la existencia humana. De estos dos polos opuestos pueden inferirse dos morales en contraste: por una parte, la actitud hacia la muerte es la aceptación escéptica o estoica de lo inevitable, o incluso la represión de la idea de muerte durante la vida; por otra, la glorificación idealista de la muerte es lo que da “significado” a la vida, o la condición previa de la “verdadera” vida del hombre. Si la muerte se considera como un acontecimiento esencialmente externo aunque biológicamente interno de la existencia humana, la afirmación de la vida tiende a ser una afirmación final y, por decirlo así, incondicional: la vida sólo es y puede ser redimida por la vida. Pero si la muerte aparece como un hecho tanto esencial como biológico, tanto ontológico como empírico, la vida queda trascendida incluso aunque la trascendencia no asuma una forma religiosa. La existencia empírica del hombre, su vida material y contingente, se define entonces en términos de -y es redimida por- algo diferente de ella misma: se dice que vive en dos dimensiones fundamentales diferentes e incluso en conflicto, y su “verdadera” existencia implica una serie de sacrificios en su existencia empírica que culmina con el sacrificio supremo: la muerte. A esta idea de la muerte se refieren las siguientes notas.
Resulta notable la medida en que la idea de la muerte como una necesidad no solamente biológica sino ontológica ha impregnado la filosofía occidental; notable porque la superación y el dominio de la mera necesidad natural ha sido considerada en otros terrenos como el distintivo de la existencia y del esfuerzo humanos. Semejante elevación de un hecho biológico a la dignidad de esencia ontológica parece ir en sentido contrario a una filosofía que considera que una de sus principales tareas es la distinción y la discriminación entre los hechos naturales y los hechos esenciales, y enseñar al hombre a trascender los primeros. No hay duda de que la muerte que se presenta como una categoría ontológica no es simplemente el final natural de la vida orgánica; lo que se ha convertido en parte integrante de la existencia misma del hombre es más bien el fin comprendido, “apropiado”. Sin embargo, este proceso de comprensión y de apropiación ni cambia ni trasciende el hecho natural” de la muerte, sino que sigue siendo, en sentido bruto, desesperanzada sumisión a él.
Ahora bien: toda reflexión filosófica presupone la aceptación de los hechos, pero, a continuación, el esfuerzo intelectual consiste en disolver su facticidad inmediata, situándolos en el contexto de unas relaciones en que se vuelven comprensibles. Aparecen así como el producto de unos factores, como algo que ha llegado a ser lo que es o que se ha convertido en lo que es, como elementos en un proceso. El tiempo es un constituyente de los hechos. En este sentido, todos los hechos son históricos. Una vez comprendidos en su dinámica histórica, se vuelven transparentes como puntos nodales de cambios posibles; de cambios definidos y determinados por el lugar y la función de cada hecho en la respectiva totalidad en cuyo interior ha cristalizado. No existe la necesidad: hay solamente grados de necesidad. La necesidad revela una falta de poder: la incapacidad de cambiar lo que es; el término sólo es significativo como correlato de libertad: es el límite de la libertad. La libertad implica conocimiento, cognición. La penetración de la necesidad es el primer paso para su disolución, pero la necesidad comprendida no es todavía la libertad. Esta última exige el paso de la teoría a la práctica: el dominio real de aquellas necesidades que impiden o dificultan la satisfacción de necesidades. En este paso; la libertad tiende a ser universal, pues la servidumbre de los que son no libres reduce la de quienes dependen de su servidumbre (como el amo depende del trabajo de su esclavo). Semejante libertad universal puede ser no deseada o no deseable, o impracticable, pero en este caso la libertad no es todavía real: queda aún un reino de necesidad incomprensible e inconquistable. ¿Cuáles son los criterios para determinar si los limites de la libertad humana son empíricos (es decir, en último término históricos) u ontológicos (esto es, esenciales e insuperables)? La tentativa de dar respuesta a esta cuestión ha constituido uno de los mayores esfuerzos de la filosofía. Sin embargo, se ha caracterizado a menudo por una tendencia a presentar la necesidad empírica c0mo necesidad ontológica. Esta “inversión ontológica” actúa también en la interpretación filosófica de la muerte. Se manifiesta en la tendencia a aceptar la muerte no solamente como un hecho, sino como una necesidad, y como una necesidad que debe ser conquistada no destruyéndola, sino aceptándola. En otras palabras, la filosofía ha dado por supuesto que la muerte, pertenecía a la esencia de la vida humana, a su realización existencial. Además, la aceptación comprendida de la muerte ha sido considerada como una prerrogativa del hombre, como la razón misma de su libertad. La muerte, y solamente la muerte, da su ser propio a la existencia humana. Su negación final se ha considerado como la afirmación de las facultades y de los fines del hombre. En cierto sentido remoto la proposición puede ser cierta: el hombre solamente es libre si ha conquistado su muerte, si es capaz de determinar su perecimiento como el fin elegido por sí mismo de su vida; si su muerte se enlaza interior y exteriormente con su vida en el medio de la libertad. En la medida en que no es así, la muerte sigue siendo mera naturaleza, un límite inconquistado para toda vida que sea algo más que mera vida orgánica, que mera vida animal. El poeta puede implorar: O Herr, gib jedem seinen eignen Tod. La plegaria carece de sentido en la medida en que el hombre no es dueño de su vida, sino que ésta es una cadena de actuaciones preestablecidas y socialmente exigidas en el trabajo y en el descanso. En estas circunstancias, la exhortación a hacer “propia” la muerte es poco más que una reconciliación prematura con unas fuerzas naturales no dominadas. Un mero hecho biológico, impregnado de dolor, horror y desesperación, se transforma en un privilegio existencial. Desde el principio al fin, la filosofía ha mostrado ese extraño masoquismo -y también sadismo, pues la exaltación de la propia muerte ha implicado la exaltación de la muerte de los demás-.
El Sócrates platónico saluda la muerte como el comienzo de la verdadera vida, al menos para el filósofo. Pues la virtud que es el saber hace al filósofo, que se somete heroicamente a la muerte, semejante al soldado en el campo de batalla, al buen ciudadano que obedece a la ley y al orden, a todo hombre merecedor de este nombre; a diferentes niveles, todos ellos comparten la actitud idealista hacia la muerte. Y si la autoridad que sentencia a muerte al filósofo, lejos de aniquilarlo, le abre las puertas de la verdadera vida, entonces los ejecutores quedan absueltos de toda culpa por el crimen capital. La destrucción del cuerpo no mata el “espíritu”, la esencia de la vida. O acaso nos encontramos aquí ante una terrible ambigüedad: ¿hasta dónde llega la ironía de Sócrates? Al aceptar su muerte, Sócrates hace que sus jueces sean injustos, pero su filosofía de la muerte les reconoce su derecho, el derecho de la polis sobre el individuo. ¿Acaso, al aceptar el veredicto, e incluso provocándolo y negándose a escapar, refuta su propia filosofía? ¿Acaso sugiere, de una manera horriblemente sutil y sofisticada, que su filosofía sirve para apoyar a las mismas fuerzas a las que ha combatido durante toda su vida? ¿Trata acaso de mostrar un profundo secreto, la vinculación insoluble de muerte y falta de libertad, de muerte y dominación? En todo caso, Platón entierra ese secreto: la verdadera vida exige la liberación de la vida no verdadera de nuestra existencia común. La transvaloración es total; nuestro mundo es un mundo de sombras. Somos prisioneros en la cautividad del cuerpo, encadenados por nuestros apetitos, engañados por nuestros sentidos. “La verdad” está más allá. Cierto que este más allá no es todavía el cielo. Todavía no existe la certeza de si la verdadera vida presupone la muerte física, pero ya no puede haber dudas sobre la dirección en que se orienta el esfuerzo intelectual (¡y no sólo éste!). Con la desvalorización del cuerpo, la vida del cuerpo deja de ser la vida real, y la negación de esta vida es el comienzo más que el final. Además, el espíritu se opone esencialmente al cuerpo. La vida del primero consiste en dominación, ya que no en negación, del segundo. El progreso de la verdad es la lucha contra la sensualidad, el deseo y el placer. Esta lucha se dirige no solamente a liberar al hombre de la tiranía de las bestiales necesidades naturales, sino que es también la separación de la vida del cuerpo de la vida del espíritu, la alienación de la libertad del placer. La felicidad se redefine a priori (esto es, sin fundamento empírico sobre razones factuales) en términos de autonegación y de renuncia. La glorificada aceptación de la muerte, que lleva consigo la aceptación del orden político, señala también el nacimiento de la moralidad filosófica.
A través de todos los refinamientos y atenuaciones, la afirmación ontológica de la muerte continúa desempeñando su prominente papel en la corriente principal de la filosofía. Se centra sobre la idea de la muerte que Hegel describió como perteneciente al concepto romántico de Weltanschauung. Según Hegel: (1) la muerte tiene el significado de la “negación de lo negativo”, esto es, de una afirmación, como “resurrección del espíritu de la mera cáscara de la naturaleza y de la limitación de que ha salido”. El dolor y la muerte se desnaturalizan así en el retorno del sujeto sobre sí mismo, en satisfacción (Befriedigung), en gloria, y en esa existencia afirmativa y reconciliada que el espíritu sólo puede alcanzar mediante la mortificación de su existencia negativa, en la que está separado de su verdadera realidad y de su verdadera vida (Lebefllligkeit).
Esta tradición toca a su fin en la interpretación de Heidegger de la existencia humana como anticipación de la muerte, la última y más apropiada exhortación ideológica a la muerte, lanzada en el momento mismo en que se preparaba la base política para la mortífera realidad correspondiente: las cámaras de gas y los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Bergen-Belsen.
En contraste con ello, se puede construir alguna clase de actitud “normal” hacia la muerte, normal en términos de los simples hechos observables, aunque reprimida corrientemente bajo el impacto de la ideología dominante y de las instituciones apoyadas por ella. Esta actitud normal hipotética podría ser delimitada como sigue: la muerte parece ser inevitable, pero en la gran mayoría de los casos es un acontecimiento doloroso, horrible, violento y no bien recibido. Cuando es bien recibido, la vida ha de haber sido más penosa aún que la muerte. Sin embargo, el desafío a la muerte es tristemente ineficaz. Los esfuerzos científicos y técnicos de la civilización madura, que prolongan la vida y mitigan sus dolores, parecen verse frustrados, o incluso neutralizados, por parte de la sociedad y por parte de los individuos. La “lucha por la existencia”, en el interior de la nación y entre las naciones, sigue siendo todavía una lucha a vida o muerte, que exige el acortamiento periódico de la vida. Además, la efectividad del combate por la prolongación de la vida depende de la respuesta que encuentre en la mente y en la estructura instintiva de los individuos. Una respuesta positiva presupone que su vida sea realmente “una vida feliz”, que tengan la posibilidad de desarrollar y satisfacer las necesidades y las facultades humanas, que su vida sea un fin en sí misma y no un medio para mantenerse. Si se consiguieran las condiciones en las cuales esta posibilidad podría convertirse en realidad, la cantidad podría convertirse en cualidad: una duración gradualmente creciente de la vida podría modificar la sustancia y el carácter no solamente de la vida, sino también de la muerte. Esta última perdería sus sanciones ontológicas y morales; los hombres experimentarían la muerte primariamente como un límite técnico de la libertad humana, cuya superación se convertiría en el objetivo reconocido del esfuerzo individual y social. La muerte, en creciente medida, participaría de la libertad, y los individuos tendrían el poder de decidir sus propias muertes. Se dispondría de los medios para una muerte exenta de dolor, como en el caso de pacientes incurables. ¿Puede oponerse otra cosa que argumentos irracionales a este razonamiento? Solamente una: una vida con esta actitud hacia la muerte sería incompatible con las instituciones y los valores de civilización establecidos. Conducirla o bien a un suicidio en masa (puesto que para una gran parte de la humanidad la vida es todavía una carga tal que probablemente el terror de la muerte es un factor importante en su mantenimiento), o bien a la disolución de toda ley y de todo orden (puesto que la temerosa aceptación de la muerte se ha convertido en un elemento intrínseco de la moralidad pública y privada). El razonamiento puede ser inconmovible, pero entonces la idea tradicional de la muerte es un concepto sociopolítico que convierte unos sórdidos hechos empíricos en una ideología.
La relación entre la ideología de la muerte y las condiciones históricas bajo las cuales se ha desarrollado queda indicada en la interpretación de Platón de la muerte de Sócrates: la obediencia a la ley del Estado sin la cual no puede haber ninguna sociedad humana ordenada; la insuficiencia de una existencia que es encarcelamiento en vez de libertad, falsedad en vez de verdad; el conocimiento de la posibilidad de una vida libre y verdadera, junto con el convencimiento de que esta posibilidad no puede ser realizada sin negar el orden de vida establecido. La muerte es la entrada necesaria en la vida real porque la vida factual del hombre es esencialmente irreal, es decir, incapaz de existir de verdad. Pero este razonamiento está expuesto a la pregunta: ¿acaso no puede ser modificado el orden de existencia establecido de modo que se convierta en una “verdadera” polis? Platón, en suRepública, responde en sentido afirmativo. El Estado ideal priva a la muerte de su función trascendental, al menos para los filósofos gobernantes; puesto que viven en la verdad, no tienen que ser liberados por la muerte. En lo que respecta a los demás ciudadanos, los que son no libres no tienen que ser “reconciliados” con la muerte. Puede presentarse y hacerse presentar como un acontecimiento natural. La ideología de la muerte no es todavía un instrumento de dominación indispensable. Llegó a asumir esta función cuando la doctrina cristiana de la libertad y la igualdad del hombre en tanto que hombre se hubo combinado con las instituciones perpetuadas de injusticia y falta de libertad. La contradicción entre el evangelio humanístico y la realidad inhumana exigía una solución efectiva. La muerte y resurrección del dios-héroe, en otro tiempo símbolo de la renovación periódica de la vida natural y de un sacrificio racional, orienta entonces todas las esperanzas hacia la vida transnatural en el futuro. Debe soportarse la penalidad suprema de modo que el hombre pueda hallar su realización suprema cuando haya finalizado su vida natural. ¿Cómo se puede protestar contra la muerte, luchar por su aplazamiento y por dominarla, cuando Cristo murió voluntariamente en la cruz para que la humanidad pudiera ser redimida del pecado? La muerte del hijo de Dios confiere la sanción final a la muerte del hijo del hombre.
Los hombres poco razonables, sin embargo, continúan insistiendo en la razón. Continúan temiendo a la muerte como el horror supremo y el fin último, el derrumbamiento del “ser” en la “nada”. Aparece la “angustia” como categoría existencial, pero dado que la muerte es no solamente inevitable sino también incalculable, omnipresente y el límite prohibido de la libertad humana, toda angustia es temor; temor de un peligro real, omnipresente; la actitud y el sentimiento más racional. La fuerza racional de la angustia ha sido tal vez uno de los factores de progreso más poderosos en la lucha con la naturaleza, en la protección y el enriquecimiento de la vida humana. En sentido contrario, la cura prematura de la angustia sin eliminar su fuente y su resorte últimos puede ser lo contrario: un factor de regresión y de represión. Vivir sin angustia es en realidad la única definición sin compromisos de la libertad porque comprende todo el contenido de la esperanza: la felicidad tanto material como espiritual. Pero no puede haber (o más bien no debería haber) vida sin angustia mientras no se haya dominado la muerte, y no en el sentido de una expectación y una aceptación conscientes de la muerte de cualquier modo que viniere, sino en el sentido de quitarle su horror y su incalculable poder, así como su santidad trascendental. Esto significa que la lucha sistemática y concertada contra la muerte en todas sus formas debería ser llevada más allá de los límites declarados socialmente tabú. La lucha contra la enfermedad no es lo mismo que la lucha contra la muerte. Parece existir un punto en el que la primera deja de prolongarse en la segunda. Parece que una barrera mental profundamente arraigada detiene la voluntad antes de llegar a la barrera técnica. El hombre parece inclinarse ante lo inevitable sin estar realmente convencido de que lo es. La barrera está defendida por todos los valores perpetuados socialmente, vinculados a las características redentoras e incluso creadoras de la muerte: su necesidad natural y esencial (“la vida no sería vida sin la muerte”). La breve e incalculable duración de la vida impone una renuncia y una servidumbre constantes, un esfuerzo heroico y un sacrificio por el futuro. La ideología de la muerte actúa en todas las formas de “ascetismo intramundano”. La destrucción de la ideología de la muerte supondría una transvaloración explosiva de los conceptos sociales: la buena consciencia de ser un cobarde, la desglorificación y la desublimación; supondría un nuevo “principio de realidad” que liberaría el “principio del placer” en vez de reprimirlo.
La mera formulación de estos objetivos indica por qué han sido convertidos tan rígidamente en tabúes. Su realización equivaldría al derrumbamiento de la civilización establecida. Freud ha mostrado las consecuencias de una desintegración (hipotética) o incluso de una relajación esencial del “principio de realidad” predominante: la relación dinámica entre Eros y el instinto de muerte es tal que una reducción del segundo por debajo del nivel en que funciona de un modo socialmente útil liberaría al primero más allá del nivel “tolerable”. Ello supondría un grado de desublimación que arruinaría las conquistas más valiosas de la civilización. La visión de Freud fue lo bastante penetrante para invocar en contra de su propia concepción el tabú que violaba. El psicoanálisis casi se ha liberado a sí mismo de estas especulaciones “acientíficas”. No es éste el lugar apropiado para discutir si la afirmación de la muerte expresa un “deseo de morir” profundamente arraigado, o un “instinto de muerte” primario en toda vida orgánica, o si este “instinto” no se ha convertido en una “segunda naturaleza” bajo el impacto histórico de la civilización(2). El manejo de la muerte por la sociedad y su actitud hacia ella parecen reforzar la hipótesis relativa al carácter histórico del instinto de muerte.
Tanto el temor a la muerte cuanto su represión en la aceptación de la muerte como una necesidad sancionada entran como factores de cohesión en la organización de la sociedad. El hecho natural de la muerte se convierte en una institución social. Ninguna dominación es completa sin la amenaza de muerte y sin el derecho reconocido a dispensar la muerte -muerte por sentencia legal, en la guerra, por hambre-.Y ninguna dominación es completa si la muerte, institucionalizada de este modo, no se reconoce como algo más que una necesidad natural y un hecho bruto: como algo justificado y como una justificación. Esta justificación parece ser en último término, y dejando de lado los detalles, el sentimiento de culpa individual derivado de la culpa universal que es la vida misma, la vida del cuerpo. La idea cristiana primitiva, según la cual todo gobierno secular es un castigo por el pecado, ha sobrevivido pese a haber sido desechada oficialmente. Si la vida misma es pecaminosa, entonces todos los patrones racionales de justicia terrena, de felicidad y de libertad, son simplemente condicionales, secundarios, y se ven justamente reemplazados por patrones irracionales (en términos de la vida terrestre) pero superiores. Lo decisivo no es si esto “se cree realmente” todavía sino si la actitud motivada en otro tiempo por esta creencia es perpetuada y reforzada por las condiciones e instituciones de la sociedad.
Cuando la idea de la muerte como justificación ha arraigado firmemente en la existencia del individuo la lucha por la victoria sobre la muerte queda detenida en los individuos y por obra de ellos mismos. Experimentan la muerte no solamente como el límite biológico de la vida orgánica como el límite científico-técnico del conocimiento, sino también como un límite metafísico. Luchar, protestar contra el límite metafísico de la existencia humana no solamente es una locura: es esencialmente imposible. Lo que consigue la religión mediante la idea de pecado lo afirma la filosofía mediante la idea de la finitud metafísica de la existencia humana. La finitud, en sí misma, es un mero hecho biológico: que la vida orgánica de los individuos no perdura siempre, que envejece y se deshace. Pero esta condición biológica del hombre no tiene que ser la inagotable fuente de la angustia. Puede muy bien ser (y lo ha sido para muchas escuelas filosóficas) lo contrario, esto es, un estímulo para realizar incesantes esfuerzos por extender los límites de la vida, para luchar por una existencia no culpable, y para determinar su final, para someterlo a la autonomía humana, ya que no en términos de tiempo, sí al menos en términos cualitativos, eliminando la caducidad y el sufrimiento. La finitud como estructura metafísica aparece de manera muy distinta. En ella, la relación entre la vida y el fin de la vida está, por decirlo así, invertida. Con la muerte como categoría existencial, la vida se convierte en un ganarse la vida más que en un vivir, en un medio que es un fin en sí mismo. La libertad y la dignidad del hombre se ven en la afirmación de su inadecuación desesperada, en su limitación eterna. La metafísica de la finitud se alinea así con el tabú de la esperanza no mitigada.
La muerte cobra la fuerza de una institución que, debido a su utilidad vital, no debe ser modificada aunque acaso pudiera serlo. La especie se perpetúa por medio de la muerte de los individuos; eso es un hecho natural. La sociedad se perpetúa por medio de la muerte de los individuos, pero esto no es ya un hecho natural sino un hecho histórico. Los dos hechos no son equivalentes. En la primera proposición, la muerte es un hecho biológico; en la segunda, la muerte es una institución y un valor: la cohesión del orden social depende en considerable medida de la efectividad con que los individuos condesciendan con la muerte como algo más que con una necesidad natural; de su disposición a sacrificarse a sí mismos y a no luchar “demasiado” con la muerte. No hay que valorar demasiado la vida; al menos, no hay que valorarla como el bien supremo. El orden social exige conformarse a la servidumbre ya la resignación; exige heroísmo y el castigo del pecado. La civilización establecida no funciona sin un grado considerable de falta de libertad, y la muerte, la causa última de toda angustia, sostiene la falta de libertad. El hombre no es libre en la medida en que la muerte no se ha vuelto realmente en algo “suyo”, esto es, en la medida en que no ha sido sometida a su autonomía. La realización de semejante autonomía solamente es concebible si la muerte deja de aparecer como la “negación de la negación”, como una redención de la vida.
Hay otro aspecto siniestro en la exaltada aceptación de la muerte como algo más que un hecho natural; un aspecto que se pone de manifiesto en los antiguos relatos de madres que se complacieron por el sacrificio de sus hijos en los campos de batalla, en las cartas más recientes de madres que otorgaban su perdón a los ejecutores de sus hijos, en la indiferencia estoica con que muchos viven cerca de campos de pruebas atómicas y consideran la guerra algo normal. No hay duda de que encontraremos fácilmente explicaciones: la defensa de la nación es el requisito previo necesario para la existencia de todos sus ciudadanos; el juicio final del homicida corresponde a Dios y no al hombre, etcétera. Sin embargo, por razones más materiales, el individuo ha dejado de tener poder “para hacer algo” desde hace mucho, y esta falta de poder se racionaliza en la forma de obligación moral, de virtud o de honor. Todas estas explicaciones, con todo, parecen venirse abajo ante una cuestión central: su carácter no disfrazado, casi exhibicionista, de afirmación, de consentimiento instintivo. En realidad parece difícil rechazar la hipótesis de Freud de un deseo de muerte insuficientemente reprimido. Pero diré, una vez más, que el impulso biológico que actúa en el deseo de muerte puede no ser tan biológico. La necesidad de sacrificar la vida del individuo de modo que pueda continuar la vida del “conjunto” puede haber sido “alimentada” por fuerzas históricas. Aquí el “conjunto” no es la especie natural, la humanidad: se trata más bien de la totalidad de instituciones y relaciones que han creado los hombres a lo largo de su historia. Esta totalidad, sin la afirmación instintiva de su indiscutible prioridad, puede estar en peligro de desintegración. Cuando Hegel decía que la historia es el altar de la matanza en el que la felicidad de los individuos se sacrifica al progreso de la Razón, no se refería a un proceso natural. Señalaba un hecho histórico. La muerte en el altar del sacrificio de la historia, la muerte que la sociedad impone a los individuos no es mera naturaleza: es también Razón (con R mayúscula). A través de la muerte en el campo del honor, en las minas y en los caminos reales, por la enfermedad y la miseria no dominadas, por obra del Estado y de sus órganos, la civilización progresa. ¿Puede concebirse el progreso en estas condiciones a lo largo de siglos sin el consentimiento efectivo de los individuos, sin un acuerdo instintivo -ya que no consciente- que complemente y sostenga la sumisión impuesta por obediencia voluntaria? Y si prevalece semejante consentimiento “voluntario”, ¿cuáles son sus raíces y sus razones?
Las preguntas nos hacen volver al comienzo. La sumisión a la muerte es sumisión al señor de la muerte: a la polis, al Estado, a la naturaleza o al dios. El juez no es el individuo, sino un poder superior; el poder sobre la muerte es también poder sobre la vida. Pero ésta es sólo la mitad de la historia. La otra es la disposición, el deseo de abandonar una vida de falsedad, una vida que traiciona no solamente los sueños de la juventud sino también las esperanzas y promesas maduras del hombre. Se refieren al más allá, al más allá del cielo, o del espíritu, o de la nada. Lo decisivo es el elemento de protesta: protesta por parte de quienes carecen de poder. Y puesto que carecen de poder, no solamente se someten, sino que perdonan a quienes distribuyen la muerte. Semejante perdón puede congraciar al poder supremo y asegurar su amor, pero también consagra la debilidad. La idea de Nietzsche de la genealogía de la moral se aplica también a la actitud moral hacia la muerte. Los esclavos se rebelan -y triunfan- no liberándose a sí mismos, sino proclamando que su debilidad es la corona de la humanidad. Y la impotencia de la protesta perpetúa el poder temido y odiado.
(1) HEGEL, G. W. F., The Philosophy of Fine Art, G. Bell & Sons, Londres, 1920, vol. II.
(2) He tratado de discutir el problema en mi libro Eros and Civilization, The Beacon Press, Boston, 1955 (hay trad. cast., Barcelona, Seix-Barral, 1968).
(*) Texto perteneciente al libro, ENSAYOS SOBRE POLÍTICA Y CULTURA, Editorial Planeta-De Agostini, S.A. Traducción cedida por Editorial Ariel, S.A.
Publicado por ENSPO en 9:35 a.m.

7 comentarios:

Vailos Laros dijo…

Si no he interpretado mal el texto de Marcuse, hay que ser muy corto para comparar (o por lo menos insinuar una comparación), como hace él, la verdad de la muerte con la “mortífera realidad correspondiente: las cámaras de gas y los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Bergen-Belsen”.
Con lo que defiende, no me extraña que Marcuse fuera uno de los “intelectuales” de referencia del “mayo del 68”, que, junto con el movimiento hipy y la contracultura fue parte del movimiento de contestación que acabó siendo absorbido.
¿Y por qué acabó siendo absorbido? Porque el fondo axiológico era el mismo: negación de la finitud y esperanza en el “premio”, en el “paraíso”, aunque sea laico.
Y si el fondo axiológico era el mismo, ¿por qué aquellos contestatarios se rebelaron contra la sociedad burguesa de entonces que imponía tabúes, prohibiciones y modelos de conducta? La respuesta que se me ocurre es que fue sólo un enfrentamiento entre “maneras” de entender ese “premio” o “paraíso”, en definitiva, la negación de la muerte. La sociedad burguesa de entonces estaba contra la homosexualidad, el sexo libre, las drogas, la pornografía, etc., etc., sí, vale, y eso era lo que reivindicaban los contestatarios; pero , en cambio, predicaba los “valores cristianos” y su trasunto terrenal, la sociedad de consumo capitalista (el American way of life) al tiempo que se mantenía la práctica religiosa cristiana (no es raro ver una estampa de los años 50-70 en USA donde las “familias bien” compran y compran, son felices, lo tienen todo, viven en casas unifamiliares con jardín y hasta piscina, y los domingos van a la iglesia a escuchar el sermón y a cantar salmos…).
En el fondo no hay diferencia entre escapar de la finitud mediante “viajes alucinantes” (drogas) que, por ejemplo, someterse a la dinámica de la sociedad de consumo y juzgar a los demás por lo que tienen (consumen) y no por lo que son o valen, o entrar en una iglesia y ponerse de rodillas implorando a Yahvé el perdón de sus pecados y la vida eterna. Y por eso no es raro ver que muchos hipys de aquella época son hoy directivos y altos cargos de empresas, multinacionales y hasta de lobbies financieros.
Bueno, esta es mi opinión. ¿Alguien podría dar alguna otra explicación a la aparente contradicción en el hecho de que entre los 60 y los 70 unos contestatarios de tres al cuarto se rebelaran contra la sociedad de consumo capitalista?
Saludos.
7:51 a.m.

ENSPO dijo…

A mi entender Vailos Laros ha interpretado muy bien el texto y políticamente hablado poco hay que añadir a su lectura.
Desde el punto de vista filosófico, la distinción entre aquello que pertenece al plano ontológico y aquello que pertenece al plano óntico en Marcuse sí merece un comentario.
La cuestión que se debate es si la muerte es un simple dato que se pueda “modificar” mediante el “progreso” (nivel óntico) o algo inherente a la “realidad” como tal (nivel ontológico).
Para Marcuse la muerte sería un hecho empírico que la tecnología podría “superar”.
Evola propone superarlo mediante la magia.
Los católicos mediante la salvación promovida por un ente omnipotente al que hay que someterse primero como un insecto.
Para Heidegger la muerte no es más que un aspecto de la finitud y, por lo tanto, tiene un significado y un rango ONTOLÓGICOS.
Aceptada la tesis de Heidegger, TODOS LOS PUTOS PARAÍSOS DE LA IZQUIERDA Y DE LA DERECHA SE VAN AL BASURERO DE LA HISTORIA (resumen del proyecto fascista: acabar con esta plaga de una vez).
O en otros términos: OS VAMOS A METER LA ESPERANZA POR EL CULO.
De ahí el interés de Marcuse en mentir y engañar como sea en este terreno. Esto forma parte de la tradición judía: el fraude, la venta de la impostura, la FALSIFICACIÓN (con el fin de obtener poder).
De ahí, también, la vocación difamadora de Marcuse, confundiendo como un mentiroso patológico LA MUERTE con EL ASESINATO. Como si los asesinos quisieran morir y no, precisamente, vivir a costa de la muerte de otros.
La pregunta filosófica sería: ¿quién tiene razón? ¿Marcuse o Heidegger? La respuesta en “Ser y tiempo” de Heidegger, pues mientras Marcuse se ha limitado a hacer afirmaciones demagógicas, Heidegger FUNDAMENTA lo que dice y, en consecuencia, tiene que apoyar el fascismo (=SOCIALISMO SIN PARAÍSO).
Sólo una breve consideración expresada en el lenguaje más simplista y comprensible: aunque la medicina pudiera detener el envejecimiento como proceso biológico, no por ello erradicaría la posibilidad de morir, que es permanente e inherente a la realidad. No hay forma de reconstruir un cuerpo que ha sido TOTALMENTE DESTROZADO, pongamos por caso, mediante un ácido corrosivo. Y en un tiempo infinito de vida, los accidentes se irían multiplicando para todos los habitantes del paraíso. Tarde o temprano, la finitud llegaría, no por muerte natural o enfermedad, sino por simple azar o accidente.
Esto, conviene subrayarlo, en el supuesto hipotético y harto dudoso de que la ciencia pudiera acabar con los procesos naturales de decadencia biológica.
La finitud no es un dato biológico, empírico, óntico: la finitud forma parte del ser de todo ente. Todo ente es finito. Surge y perece antes o después. Esta es la realidad.
Adiós, por tanto, al paraíso.
El “fascismo” ha vencido ya espiritualmente hablando, porque es LA VERDAD.
Pero el fascismo no sólo acepta la muerte: LA QUIERE. La quiere como condición de posibilidad del más alto ente, del héroe trágico. Éste sólo es posible en la muerte y para la muerte. Con ello llegamos al corazón del fascismo y a las raíces del odio antifascista. También de sus crímenes contra “los fascistas”. Contra NOSOTROS. El antifascista ve al fascista como “responsable” de la muerte. Nada puede despertar tanto odio en un cobarde como esta percepción.
Saludos, camaradas.
10:09 a.m.

Anónimo dijo…

Aunque no sufrieran ningún accidente (siempre existiría la posibilidad, cierto), aunque nadie quisiera asesinarlos, los habitantes del paraíso se toparían también con la frontera por el lado de la naturaleza: la entropía cósmica. El universo avanza hacia su destrucción. No hay tecnología que pueda evitar eso, porque los recursos tecnológicos proceden de la naturaleza misma. Dado que la naturaleza es finita, también ha de serlo la tecnología y por ende la vida humana que depende de ella.
11:46 a.m.

Vailos Laros dijo…

Ciertamente mi opinión era desde el punto de vista político-social. Aunque parece que se ha entendido bien, quería decir que si el escapismo de los contestatarios era a través de la droga y la música psicodélica principalmente, el de la sociedad burguesa era (y sigue siendo) la felicidad a través del consumo, y que por eso no hay diferencia en el fondo.
Por lo demás, desde el punto de vista filosófico, que es el que da ENSPO, es todavía mucho más interesante, sobre todo me ha aportado algo nuevo que es la distinción entre el nivel óntico (el ente) y el ontológico (el ser del ente), es decir que un mismo ser (o parte del ser, como la finitud) es común a todos los entes. En otra entrada ya se dejó claro que “ente” es participio de “ser”. Creo que voy acercándome algo más a la comprensión de la difícil filosofía de Heidegger…
¿Fue Heidegger el primero en hacer esta distinción? ¿O hubo algún precursor?
12:58 p.m.

ENSPO dijo…

La terminología de la distinción entre óntico y ontológico es heideggeriana.
Pero el concepto se remonta a los orígenes de la filosofía griega, cuando se plantea la cuestión del ente en cuanto ente, es decir, de los contenidos semánticos que son inherentes al hecho de que un ente simplemente sea y no a que sea esto o aquéllo otro.
Por ejemplo, de un árbol no interesan aquí los contenidos que son objeto de la botánica.
Tampoco aquéllos otros que, como la madera, puedan tener un valor económico.
Ni siquiera aquellos que puedan ser relevantes para un artista.
Lo único que interesa del árbol es que es ente, como lo es una estrella, una piedra, un mar…
“Todo lo que es”= ente.
Pero los griegos dan un paso más.
No se refieren únicamente al ser de los entes en cuanto tales, sino al ente “en su conjunto”. Hacen abstracción de la pluralidad de entes y preguntan por EL ente.
No se trata de un ente supremo o todopoderoso, sino del ente entendido como totalidad en un sentido inmanente.
Esta pregunta ha pasado a la historia de la filosofía como PREGUNTA POR EL ENTE EN CUANTO TAL Y EN TOTAL.
La cuestión planteada por Marcuse/Heidegger se podría resumir así: ¿la muerte es un rasgo óntico del ser vivo o pertenece a la finitud como ser del ente en cuanto tal y en total (o sea, es ONTOLÓGICO)?
Ontológico=aquello que pertenece al ente, aquello que es necesario y al margen de lo cual el ente no puede ser ni siquiera pensado.
Lo que no cambiará nunca por muchas transformaciones sociales que haya. Lo que forma parte de la existencia misma, del DESTINO (Moira, en griego).
Por eso Ramiro Ledesma escribió: la filosofía, disciplina imperial.
Ahora entendemos el porqué.
3:02 p.m.

Vailos Laros dijo…

Gracias por la explicación, ENSPO.
Digamos que Marcuse, para quien la muerte es un rasgo óntico (mientras que para Heidegger es ontológico), pretende que la muerte se puede “superar” (eliminar) como quien se propone eliminar, por ejemplo, todos los árboles de una determinada zona o del mundo entero, usando una tecnología que los mate e impida que vuelvan a reproducirse.
Y parece que la ciencia está investigando en ello, experimentando con células-madre para encontrar los límites de la decadencia biológica. Pero, como dice ENSPO, unido al concepto de entropía cósmica que ha expuesto el Anómimo, la finitud sobreviene de alguna forma, tarde o temprano.
Interesante también la relación con Ramiro Ledesma. Me gustaría que en una entrada posterior se expusiera la relación entre Heidegger y Ortega y Gasset, ese otro gran “conocido desconocido”.
5:23 a.m.

ENSPO dijo…

Ortega y Gasset planteó algunas cuestiones comunes con Heidegger. Recomiendo los siguientes libros:
“El laberinto de la razón. Ortega y Heidegger”, de Antonio Regalado García.
“Los profetas y el mesías. Lukács y Ortega como precursores de Heidegger en el Zeitgeist de la Modernidad (1900-1929), de Francisco Gil Villegas.
10:28 a.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/08/la-fundamentacion-del-fascismo-4.html
++++++++++++++++

viernes, agosto 02, 2013

La fundamentación del fascismo (2) . J. Derrida: “no creo que podamos todavía pensar lo que es el nazismo” (I)

Jacques Derrida o “la cosa inmunda”: intelectual francés, muy valorado en Estados Unidos, que saqueó la obra de Heidegger para ponerla al servicio del sistema oligárquico. 
La tarea, el deber y en verdad la única cosa nueva e interesante, no es acaso el tratar de reconocer las analogías y las posibilidades de ruptura entre lo que se llama el nazismo, ese continente enorme, plural, diferenciado, aún oscuro en sus raíces, y de otra parte un pensamiento heideggeriano también múltiple y que permanecerá por mucho tiempo provocativo, enigmático, todavía por leer. No porque posea en reserva siempre oculta, una buena y tranquilizadora política, un “heideggerianismo de izquierda”, sino porque él no opuso al nazismo de hecho, a la fracción dominante, más que un nazismo más “revolucionario” y más puro.
Non parce qu’elle tiendrait en réserve, toujours cryptée, une bonne et rassurante politique, un «heideggérianisme de gauche», mais parce qu’elle n’a opposé au nazisme de fait, à sa fraction dominante, qu’un nazisme plus «révolutionnaire» et plus pur !
(Jacques Derrida)
Hemos enlazado la entrevista a Jacques Derrida “Heidegger, el infierno de los filósofos”, realizada por las mismas fechas en que Victor Farías publicaraHeidegger y el nazismo (1987) y desatara el verdadero “escándalo” del Rectorado de 1934, consistente no tanto en el rectorado mismo, cuanto en el hecho de que la cima del pensamiento secular hubiera militado en el partido nacionalsocialista antes y después de su dimisión como rector.Heidegger era, por tanto, un nazi. Hay que comérselo con patatas, señores heideggerianos. !Basta ya de paños calientes! El rectorado no puede seguir tachándose de error ocasional: políticamente, Heidegger se identificó con el Dritte Reich. Heidegger fue, hasta el día de su muerte, un nacionalista ysocialista alemán. Su “socialismo nacional” quizá no coincidía con el nacionalsocialismo en todos los aspectos, mucho menos por lo que se refiere al “programa” del partido de Hitler (antisemitismo, racismo), pero sí compartió el enfoque y ciertos conceptos fundamentales de aquello que debe ser considerado, en consecuencia y sólo por esa razón, una opción política digna de rigurosa consideración intelectual. Ya no es suficiente vociferar que losnazis eran unos simples bárbaros analfabetos, fanáticos, iletrados… !Habrá que afinar un poco más el arsenal crítico, muchachos de la cheká! Otro tanto cabe sugerirles a los trepas friedmanitas de “La Ilustración Liberal”.
Sin embargo, la pregunta más importante, siempre soslayada por temor a las represalias, es decir, al desprestigio, a la ruina de la “carrera” profesional (!en presuntos filósofos!), etcétera, no era aquélla por el vínculo personal de Heidegger, del ciudadano Heidegger, con el “mal absoluto” (=el fascismo),sino esta otra por la existencia, o no, de filosofemas “fascistas”. Fascismo y filosofía. O, para decirlo con prístina claridad: la fundamentación del fascismo. Por supuesto, dicha formulación, así, tal como la expresamos en esteblog, es completamente novedosa. ¿Quién se atrevería a plantear siquiera la cuestión desde la cátedra de una universidad? Digamos que la cuestión está implícita en la entrevista enlazada. Es el interrogante (Frage) que se desprende de las asombrosas afirmaciones de Derrida. Que alguien como Jacques Derrida, renombrado “intelectual” del  establishment institucional filosionista,  haya “admitido” todo aquello que puede leerse en dicha entrevista y en algunos de sus escritos sobre el affaire Heidegger ya es mucho en los tiempos que corren, pero Derrida nunca osó llegar hasta el final porqueno era un auténtico filósofo, sino, en el fondo, un propagandista, uno más, del dispositivo oligárquico de dominación planetaria.  El nivel filosófico de Derrida se encuentra muy por encima del pedestrismo periodístico de un “comisario instructor” de Sión y chequista policial caza-nazis de la “cultura” como Victor Farías, pero la preocupación, el eje central del “pensamiento” derridiano es también, como el de Farías, político y antifascista. Estamos ante un saqueo de la obra de Heidegger con vistas a depurarla y ponerla al servicio de la oligarquía. No obstante, en esta “tarea”, que Derrida denomina déconstruction (“deconstrucción”) y poco tiene que ver con la heideggeriana Destruktion de la metafísica, han de insinuarse inevitablemente ciertas temáticas impensadas que, por sí solas, abren unagujero negro intelectual, político y moral todavía más inmenso y profundo que el provocado por la simple militancia o el ideario político privado, claramente nazi, del profesor Martin Heidegger.
Les rogamos que antes de proseguir le echen, pues, una ojeada a la entrevista. En la siguiente entrada comentaremos las afirmaciones derridianas y algunos de sus textos citados ya aquí.  La Marca Hispànica 2 de agosto de 2013
(Continuará en la siguiente entrada).
DOCUMENTACIÓN ANEXA
El siguiente texto procede de la página de Horacio Potel DERRIDA EN CASTELLANO.
HEIDEGGER, EL INFIERNO DE LOS FILÓSOFOS Jacques Derrida Entrevista con Didier Éribon aparecida en Le Nouvel ObservateurParis, 6-12 noviembre 1987. Recogida en Points de Suspension, Galilée, 1992. Traducción parcial de Carlos Torres en Caronte Filosofía, Año 2, N.º 3, Buenos Aires, Septiembre de 1993.
– Sus dos libros aparecieron algunos días después del de Víctor Farías que recuerda con vigor cuáles han sido las posiciones y las actividades políticas de Heidegger. ¿Qué piensa de sus conclusiones?
– Con respecto a lo esencial de los “hechos”, no encontré en esa investigación nada que no fuera conocido desde hace tiempo por aquellos que se interesan seriamente en Heidegger. En cuanto al examen de un cierto archivo, es bueno que los resultados estén disponibles en Francia. Los más sólidos de ellos ya eran accesibles en Alemania, luego del trabajo de Bernd Martin y de Hugo Ott, y que el autor pone ahora ampliamente a disposición. Más allá de ciertos aspectos documentales y de cuestiones factuales, que llaman a la prudencia, discutiría sobre todo -importa que la cuestión quede abierta- la interpretación que relaciona esos “hechos” al “texto”, al “pensamiento” de Heidegger. La lectura propuesta, si es que hay una, es insuficiente o contestable, a veces tan grosera que uno se pregunta si el investigador leyó a Heidegger más de una hora. Se dice que fue su alumno. Son cosas que pasan.Cuando él declara tranquilamente que Heidegger, cito: “traduce un cierto fondo propiamente nacional-socialista” en “formas y en un estilo que ciertamente le pertenecen” señala con el dedo un abismo, más que un abismo, un “debajo” de cada palabra. Pero él no se acerca ni por un momento a lo que deja entrever y no parece incluso sospechar su alcance.
¿Tiene, ese libro, material para causar tal revuelo? No, salvo en los lugares donde se interesan muy poco en trabajos más rigurosos y más difíciles. Pienso en aquellos que, sobre todo en Francia, conocen lo esencial de estos “hechos” y “textos” y condenan sin equívocos el nazismo y el silencio de Heidegger después de la guerra, pero también tratan de pensar más allá de los esquemas confortables o convenientes, y justamente en comprender. ¿Qué? Y bien, lo que sujeta o no un pasaje inmediato según tal o cual modo de la susodicha “traducción” entre el compromiso nazi, bajo tal o cual forma, y lo más esencial y agudo, a veces lo más difícil de una obra que continua y continuará dando que pensar. Pensar inclusive en la política. Recuerdo en primer lugar los trabajos de Lacoue-Labarthe, pero también en ciertos textos, muy diferentes entre sí, de Lévinas, Blanchot, Nancy.
¿Por qué el archivo parece insoportable y fascinante? Precisamente porque nadie ha podido reducir toda la obra pensada de Heidegger a la de una determinada ideología nazi. Ese “dossier” no habría despertado semejante interés de otra manera. Luego de más de medio siglo, ningún filósofo riguroso ha podido hacer la economía de una “explicación” con Heidegger. ¿Cómo negarlo? ¿Por qué negar que tantas obras “revolucionarías”, audaces e inquietantes del siglo XX, en la filosofía y en la literatura, se han arriesgado, incluso comprometido con regiones encantadas que se manifestaban como lo diabólico para una filosofía parapetada en su humanismo liberal, y de izquierda? En lugar de barrer o tratar de olvidar dichas regiones, ¿no sería preciso tratar de dar cuenta de estas experiencias, es decir de nuestro tiempo, sin creer que esto es claro de suyo para nosotros? La tarea, el deber y en verdad la única cosa nueva e interesante, no es acaso el tratar de reconocer las analogías y las posibilidades de ruptura entre lo que se llama el nazismo, ese continente enorme, plural, diferenciado, aún oscuro en sus raíces, y de otra parte un pensamiento heideggeriano también múltiple y que permanecerá por mucho tiempo provocativo, enigmático, todavía por leer. No porque posea en reserva siempre oculto, una buena y tranquilizadora política, un “heideggerianismo de izquierda”, sino porque él no opuso al nazismo de hecho, a la fracción dominante, más que un nazismo más “revolucionario” y más puro.
-Su último libro Del Espíritu habla también del nazismo de Heidegger. Inscribe la problemática política en el corazón mismo del pensamiento.
Del Espíritufue en primer lugar una conferencia pronunciada en la clausura de un coloquio organizado por el Colegio internacional de Filosofía bajo el título “Heidegger, preguntas abiertas”. Las actas aparecerán pronto. La cuestión “política” fue abordada de modo analítico a lo largo de numerosas exposiciones, sin complacencia: ni para Heidegger ni para los arrebatos sentenciosos que, del lado de la “defensa” como de la “acusación”, han logrado tan frecuentemente prohibir leer o pensar que se trata de Heidegger, de su nazismo, o del nazismo en general. Al comienzo del libro y en ciertos textos de Psyché, me expliqué sobre la trayectoria que me condujo a intentar esa lectura después de tantos años. Aunque de un modo primario, busca anudar en torno al nazismo una multiplicidad de motivos en relación a los cuales siempre disentí con Heidegger: las preguntas por lo propio, lo próximo y la patria (Heimat), del punto de partida de Ser y Tiempo, de la técnica y de la ciencia, de la animalidad y de la diferencia sexual, de la voz, de la mano, de la lengua, de la “época” y sobre todo, es el subtítulo de mi libro, la pregunta por la pregunta, casi constantemente privilegiada por Heidegger como la “piedad del pensamiento”. Sobre estos temas mi lectura ha sido siempre, digamos, activamente perpleja. En todasmis referencias a Heidegger, por más lejos que se remonten en el tiempo, señalé mis reservas. Cada uno de los motivos de inquietud, es evidente tienen un rasgo que se puede llamar rápidamente “político”. Pero desde el momento en que uno se explica con Heidegger de modo crítico o deconstructivo, ¿no se debe también reconocer una cierta necesidad de su pensamiento, su carácter inaugural en tantos aspectos y sobre todo lo que tiene de porvenir para nosotros en su desciframiento? Esto es una tarea para el pensamiento, una tarea histórica y una tarea política. Un discurso del nazismo que se exime a sí mismo de pensar permanece dentro de la opinión conformista de una “buena conciencia”.
Desde hace tiempo trato de desarmar la vieja alternativa entre una historia o una sociología “externa”, en general impotente para evaluar los filosofemas que pretende explicar, y, de otra parte, la “competencia” de una lectura “interna” ciega esta vez a la inscripción histórico-política y principalmente a la pragmática del discurso. En el caso de Heidegger la dificultad de articular las dos “perspectivas” es particularmente grave. El problema se presenta en su misma articulación: el nazismo, de anteayer a mañana. Pero también en la medida que el “pensamiento” de Heidegger desestabiliza los fundamentos de la filosofía y de las ciencias del hombre. Busco esclarecer alguna de estas articulaciones faltantes entre una aproximación externa y una interna. Pero esto sólo es pertinente, eficaz, si se tiene en cuenta la desestabilización de la que hablaba recién. Seguí de este modo el tratamiento práctico, “pragmático” del concepto y del léxico del espíritu, tanto en los textos “mayores” como, por ejemplo, en el Discurso del rectorado. Estudié con el mismo detenimiento otros motivos conexos en “La mano de Heidegger” y en otros ensayos agrupados en Psyché.
-Seguramente no dejarán de hacerle la siguiente pregunta: ¿a partir del momento en que se sitúa el nazismo en el corazón mismo del pensamiento de Heidegger, cómo es posible continuar leyendo esta obra?
-La condenación del nazismo, cualquiera fuese el consenso sobre este tema, no es aún un pensamiento del nazismo. No sabemos aún lo que es o lo que ha hecho posible esta cosa inmunda pero sobredeterminada, trabajada por conflictos internos (de ahí las fracciones y las facciones entre las cuales Heidegger se sitúa – y su estrategia retorcida en el uso de la palabra “espíritu” toma un cierto sentido cuando se piensa en la estrategia general del. idioma nazi y en las tendencias biologizantes, estilo Rosenberg, que terminaron por triunfar). En fin el nazismo no ha crecido en Alemania o en Europa como un champiñón…
-¿Del Espíritu es entonces tanto un libro sobre el nazismo como sobre Heidegger?
– Para pensar el nazismo no es necesario solamente interesarse en Heidegger, pero es preciso interesarse también en él. Creer que el discurso europeo puede tener a distancia al nazismo como a un objeto es, en el mejor de los casos, una ingenuidad, en el peor, un oscurantismo y un error político. Es hacer como si el nazismo no hubiera tenido ningún contacto con el resto de Europa, con los otros filósofos, con otros lenguajes políticos o religiosos…
-Lo que sorprende en su libro es la relación que establece entre los textos de Heidegger y los de otros pensadores, como Husserl, Valéry…
-En el momento en que su discurso se pasa de un modo espectacular del lado del nazismo (¿y qué lector exigente creyó que el episodio del rectorado era un hecho aislado y fácilmente delimitable?), Heidegger retorna la palabra “espíritu” que él mismo había recomendado evitar, saca las comillas de donde las había colocado. Limita el movimiento deconstructivo que había comenzado anteriormente. Sostiene un discurso voluntarista y metafísico de los cuales sospechaba. Desde este punto al menos, al celebrar la libertad del espíritu, su elevación se asemeja a los otros discursos europeos (espiritualistas, religiosos, humanistas) que en general se oponen al. nazismo. Madeja compleja e inestable que intente desenredar reconociendo los hilos comunes al nazismo y al antinazismo, la ley de la semejanza, la fatalidad de la perversión. Los efectos de espejo son a veces vertiginosos. Esta especulación la trato al final del libro…
No se trata de mezclarlo todo. Sí de analizar los trazos que prohíben el corte simple entre el discurso heideggeriano y otros discursos europeos, ya sean antiguos o contemporáneos. Entre 1919 y 1940 (¿pero no sucede también hoy?) todo el mundo se preguntaba: “¿en qué se va transformar Europa?” y esto se tradujo siempre del siguiente modo: “¿cómo salvar al espíritu?”. Se proponen frecuentemente diagnósticos análogos sobre la crisis, sobre la decadencia o la “destitución” del espíritu. No nos limitemos a esos discursos y a su horizonte común. El nazismo sólo se ha podido desarrollar con la complicidad diferenciada pero decisiva de otros países, de Estados “democráticos”, instituciones universitarias y religiosas. A través de esa red europea creció y se elevó siempre este himno a la libertad del espíritu que concuerda al menos con el de Heidegger, precisamente en el momento del Discurso del rectorado y en otros textos similares. Intenté recobrar la ley común, terriblemente contaminada, de estos cambios, divisiones, traducciones recíprocas.
– Decir que Heidegger lanza su profesión de fe nazi en nombre de la “libertad del espíritu” es una manera bastante mordaz de responder a todos aquellos que recientemente le han atacado en nombre de la “conciencia”, de los “derechos humanos” y que le reprochan su trabajo de deconstrucción del “humanismo” y lo clasifican como…
– Nihilista, anti-humanista… Conozco todos los slogans. Intento, al contrario, definir la deconstrucción como un pensamiento de la afirmación. Porque creo en la necesidad de mostrar, en lo posible sin limitaciones, las adherencias del texto heideggeriano (escritos y actos) a la posibilidad y a la realidad de todos los nazismos, porque creo que no es preciso encasillar la monstruosidad abisal en esquemas pobres y repetidos, encuentro algunas de estas maniobras ridículas y alarmantes a la vez. Son antiguas, pero se las ve reaparecer. Alguna de ellas toman como pretexto el “reciente descubrimiento” para exclamar: 1) “Leer a Heidegger es una vergüenza” 2) “Saquemos la siguiente conclusión – y la escala: todo lo que, especialmente en Francia, se refiere a Heidegger de una manera o de otra, véase la denominada “deconstrucción” es heideggeriano”. La segunda conclusión es estúpida y deshonesta. En la primera se lee la renuncia al pensamiento y la irresponsabilidad política. Por el contrario, es después de una cierta deconstrucción, en todo caso la que a mí me interesa, que podemos hacerle, creo, nuevas preguntas a Heidegger, descifrar su discurso y situar los riesgos políticos, y reconocer en algunas ocasiones los límites de su propia deconstrucción. Un ejemplo, si le parece, de la confusión reinante en este asunto y contra la cual quiero poner en guardia. Se trata del prefacio a la investigación de Farías. Al final de una arenga para uso doméstico (¡es todavía Francia quien habla!) se lee esto: “su pensamiento [el de Heidegger] tiene para numerosos investigadores un efecto de evidencia que ningún filósofo ha podido jamás igualar en Francia, exceptuando al marxismo. La ontología finaliza en una deconstrucción metódica de la metafísica como tal”. ¡Diablos! Si existe un efecto de evidencia sólo se presenta al autor de estos revoltijos. No hay un efecto de evidencia en el texto Heidegger, ni para mí ni para aquellos que he citado continuamente. Y la deconstrucción que intento llevar a cabo no es, si se ha leído un poco al respecto, una “ontología heideggeriana”, ni tampoco una “filosofía de Heidegger”. Y la “deconstrucción” – que no es un “final”- no es de ningún modo un “método”. Ella desarrolla inclusive un discurso bastante complicado sobre el concepto de método. Estando presente la gravedad trágica de estos problemas, ¿esta explotación franco-francesa para no llamarla provincial no parece cómica y siniestra al mismo tiempo?
-Esta confusión se basa posiblemente en la dificultad de la lectura de sus libros. Se dice frecuentemente que para leer a Derrida es necesario haber leído a todo Derrida. Lo que significaría haber tenido que leer a Heidegger, Husserl, Nietzsche…
– ¡Pero esto es cierto también para muchos otros! Es una cuestión de economía. Esto sería pertinente para todos los investigadores científicos. ¿Por qué reprochárselo sólo a los filósofos?
– Esto es particularmente cierto para su obra.
– Para desarrollar lo implícito de tantos discursos sería preciso cada vez, una introducción pedagógica que no es razonable pedir a cada libro. La responsabilidad debe aquí desmultiplicarse, mediatizarse, la lectura hacer su propia obra y la obra su lector.
– Del Espiritu está tomado de una conferencia y su estilo es demostrativo. Pero sus obras precedentes como Parages o Ulysse gramophone se acercan quizás a tentativas literarias sobre textos literarios.
– Me esfuerzo siempre por ser lo más demostrativo posible. Pero es verdad que las demostraciones están prisioneras de formas de escritura que tienen sus propias reglas, a veces nuevas, otras producidas y deducidas. No pueden responder por las normas tradicionales que justamente esos textos interrogan o desplazan.
– Su libro sobre Joyce es incluso un poco desconcertante.
– Se trataba de Joyce. Sería triste en consecuencia escribir en formas que no se dejen afectar por las lenguas de Joyce, por sus invenciones, su ironía, la turbulencia que introduce en el espacio del pensamiento o de la literatura. Si se quiere tener en cuenta el acontecimiento llamado “Joyce” es preciso escribir, contar, demostrar de otro modo, arriesgarse a una aventura formal.
– ¿Adapta su estilo al objeto que analiza?
-Sin mimetismo, pero incorporando en alguna medida la firma del otro. Si hay suerte, un texto diferente hace su aparición, un acontecimiento diferente, irreductible al autor o a la obra, de la cual sin embargo es preciso hablar lo más fielmente posible.
– Entonces sería preciso inventar con cada libro un “tono” nuevo, como diría Robert Pinget?
Sí, lo más difícil es la invención del tono y con el tono que uno puede hacer, que se deja hacer, la pose que uno toma y la que nos toma.
– ¿Se considera un escritor?
– La atención sobre la lengua o sobre la escritura no implica necesariamente “literatura”. Al interrogar sobre los limites de estos espacios, la “literatura” o la-”filosofía”, pregunto si aún es posible ser simplemente un “escritor” o un “filósofo”. Sin duda no soy ni lo uno ni lo otro…
[…]
– En Psyché se encuentra un texto sobre Mandela y el apartheid. Es uno de sus raros textos políticos…
– ¿Y si alguien sostuviera que esos dos libros sobre el alma y el espíritu son también los libros de un militante? ¿Que los ensayos sobre Heidegger y el nazismo, sobre Mandela y el apartheid, sobre el problema nuclear, la institución psicoanalítica y la tortura, la arquitectura y el urbanismo, etc., son “escritos políticos”? Pero tiene razón, no he sido nunca un “militante o un filósofo comprometido en el sentido de la figura sartriana o incluso foucaultiana del intelectual”. ¿Por qué? Pero ya es demasiado tarde, ¿no?
Texto original en francés.
Publicado por ENSPO en 11:01 a.m.
++++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

sábado, agosto 03, 2013

La fundamentación del fascismo (3). Víctimas del antifascismo o personas exterminadas bajo la acusación de “fascistas”

Stéphane Courtois: “esta participación de los comunistas en la guerra y en la victoria sobre el nazismo hizo triunfar de manera definitiva la noción de antifascismo como criterio de verdad para la izquierda” (El libro negro del comunismo, p. 36).  Nos hemos planteado la pregunta por la “validez filosófica” del fascismo, cualquiera que pueda ser el significado de esta “escandalosa” afirmación. Conviene ahora dar un nuevo y breve rodeo a fin de retomar con más seguridad las cuestiones sólo insinuadas por Jacques Derrida. Tal circunloquio o digresión conduce a la consideración del anticomunismo como rasgo esencial del fascismo y, por ende, a la duda sobre la verdadera naturaleza delantifascismo. Éste consiste en una práctica asesina de masas inherente al régimen marxista-leninista. Desde el momento, coincidente con la Guerra Civil Española (1936-1939), en que el fascismo aparece como proyecto histórico anticomunista, “justifícanse”, mediante la retórica antifascista, exterminios sistemáticos de segmentos enteros de la sociedad emprendidos antesde que el fascismo existiera y continuados después de su desaparición. El “antifascismo” occidental, tras el descrédito y hasta la extinción del propio comunismo, muestra a su vez en tiempo real una inquietante perspectiva que nos afecta a todos en la medida en que la “máquina de matar” oriunda de Moscú sigue viva y en pleno ejercicio de sus facultades, pero invisible a los ojos de los “intelectuales críticos” del sistema oligárquico, quienes, por el contrario, la alimentan con todas las energías de su discurso.

No se trata de mezclarlo todo. Sí de analizar los trazos que prohíben el corte simple entre el discurso heideggeriano y otros discursos europeos, ya sean antiguos o contemporáneos. Entre 1919 y 1940 (¿pero no sucede también hoy?) todo el mundo se preguntaba: “¿en qué se va transformar Europa?” y esto se tradujo siempre del siguiente modo: “¿cómo salvar al espíritu?”. Se proponen frecuentemente diagnósticos análogos sobre la crisis, sobre la decadencia o la “destitución” del espíritu. No nos limitemos a esos discursos y a su horizonte común.
(Jacques Derrida)

Naturaleza y actualidad del antifascismo Una jerga criminógena, el antifascismo, sigue utilizándose desde 1945, pero de forma creciente y con mayor irracionalidad, si cabe, que a la sazón, en todos los ámbitos de las “sociedades de mercado”. El absoluto desprecio hacia las víctimas, que fueron asesinadas en nombre de imputaciones literalmente delirantes, aumenta también de manera exponencial a medida que nos alejamos en el tiempo del final de las Guerras Alemanas. Es así una “posguerra” eterna que prolonga la “propaganda bélica” en el corazón mismo de “la paz” y convierte el panfletarismo mental de los militares en “cultura” civil. Las cifras de personas exterminadas (ancianos, mujeres y niños incluidos) bajo la acusación de “fascistas” o de etiquetas y estigmas (“negros”, en la China de Mao, reaccionarios, nazis, derechistas, etcétera) semántica y funcionalmente equivalentes, es decir, de sinónimos a efectos de liquidación física pura y simple, rondan los 100 millones en total y son el resultado de prácticas políticas como las siguientes:

En términos de número de víctimas, la lista de los crímenes comunistas más graves se establece como sigue: 1/ ejecuciones individuales y colectivas de personas consideradas como opositores políticos, sin juicio o después de un juicio sumario, represiones sangrientas de manifestaciones y de huelgas, ejecución de rehenes y prisioneros de guerra en Rusia del 1918 al 1922. Por falta de acceso a los archivos (y también a causa de la ausencia de rastros documentales de numerosas ejecuciones) es imposible dar cifras precisas, pero las víctimas se cuentan en decenas de millares; 2/ muerte por hambre de cerca de 5 millones de personas a causa de los requisas, principalmente en Ucrania en 1921-1923. El hambre ha sido utilizada como arma política por varios regímenes comunistas y no únicamente por la Unión Soviética; 3/exterminio de 300 000 o 500 000 cosacos entre 1919 y 1920; 4/ defunción decentenares de millares de personas en los campos de concentración. En esto, la imposibilidad de acceder a los archivos también bloquea la búsqueda; 5/ unas 690 000 personas arbitrariamente han sido condenadas a muerte y ejecutadas en el momento de la ola de “purgas” del partido comunista de 1937-38. Millares de otros han sido deportados o enviados a campos. En resumen entre el 1 de octubre de 1936 y 1 de noviembre de 1938 cerca de 1.565.000 personas fueron detenidas y 668.305 de ellas han sido ejecutadas. Según numerosos investigadores estas cifras son infravaloradas y deberán ser verificadas cuando todos los archivos hayan sido hechos accesibles; 6/ asesinatos masivos de aproximadamente 30.000 kulaks (campesinos ‘ricos’) en el momento de la colectivización forzada de 1929-33. Por otro lado, dos millones fueron deportados entre 1930 y 1932; 7/ millares de ciudadanos ordinarios, acusados de mantener relaciones con el “enemigo” han sido ejecutados en el período que precede a la segunda guerra mundial. En 1937, por ejemplo, unas 144 000 personas, acusadas de tener contactos con polacos que vivían en la Unión Soviética, fueron ejecutadas. En 1937 también, 42 000 personas fueron ejecutadas con motivo de mantener relaciones con trabajadores alemanes en la URSS; 7/ unos 6 millones de ucranianos murieron de hambre bajo el efecto de una política deliberada en los años 1932-33; 8/ asesinatos y deportaciones de centenares de millares de polacos, ucranianos, lituanos, letones, estonios, moldavos y habitantes de la Besarabia en 1939-41 y en 1944-45; 9/ deportaciones de los alemanes del Volga en 1941, tártaros de Crimea en 1944, los chechenos e ingushes en 1944; 10/ deportaciones y exterminios de un cuarto de la población de Camboya entre 1975 y 1978; 11/ millones de víctimas de las políticas criminales de Mao Zedong en China y Kim Il Sung en Corea del Norte. En este caso también la ausencia de documentos no permite dar cifras precisas; 12/ numerosas víctimas en otros continentes, África, Asia y América latina, en países que se dicen comunistas y explícitamente se refieren a la ideología comunista. Esta lista no es absolutamente exhaustiva. Literalmente no hay un país (o una región) bajo régimen comunista que no pueda elaborar su propia lista de sufrimientos. Los campos de concentración establecidos por el primer régimen comunista desde septiembre de 1918 se transformaron en uno de los símbolos más vergonzosos de los regímenes comunistas. En 1921 eran ya 107 y más de 50 000 personas fueron detenidas allí. El índice de mortalidad extremadamente elevado que los caracterizaba puede ser ilustrado por el ejemplo del campo de Kronstadt: sobre 6 500 detenidos internados en marzo de 1921, sólo 1 500 vivía un año más tarde. En 1940, el número de presos alcanzaba 2 350 000 repartidos en 53 campos de concentración, 425 colonias especiales, 50 colonias para menores y 90 casas para niños. Durante los años 40, la media de los detenidos era permanentemente de 2,5 millones. Fijándonos en la fuerte mortalidad, esta cifra significa que el número de las personas que han sido internadas fue mucho más elevado. En resumen, de 15 a 20 millones de personas pasaron por los campos entre 1930 y 1953. El sistema de los campos también ha sido adoptado por otros regímenes comunistas, en particular por China, Corea del Norte, Camboya y Vietnam. La invasión de varios países por el ejército soviético durante la segunda guerra mundial fue seguida sistemáticamente por un terrorismo masivo: detenciones, deportaciones, asesinatos a gran escala. Entre los países más afectados hay que citar Polonia (según las estimaciones 440 000 víctimas en 1939, entre las que están los oficiales polacos prisioneros de guerra, en Katyn en 1940), Estonia (175 000 víctimas, entre las que están 800 oficiales, lo que representa un 17,5 de la población total), Lituania, Letonia (119 000 víctimas), Besarabia y Bucovina del norte. La deportación de poblaciones enteras era una medida política corriente, en particular durante la segunda guerra mundial. En 1940-41, cerca de 330 000 naturales polacos que habitan las zonas ocupadas por el ejército soviético fueron trasladados por fuerza al este de la Unión Soviética, principalmente en Kazajstán. 900 000 alemanes de la región del Volga fueron deportados en otoño de 1941; 93 000 calmucos en diciembre de 1943; 521 000 chechenos e ingushes en febrero de 1944; 180 000 Tártaros de Crimea en 1944. Para que la lista sea completa, también hay que mencionar a los letones, los lituanos, los estonios, griegos, los búlgaros, los armenios de Crimea, los turcos mesjetas, y los kurdos del Cáucaso. La deportación también afectó a los opositores políticos. A partir de 1920, los opositores políticos de Rusia fueron enviados a las islas Solovki. En 1927, el campo construido en estas islas albergaba a 13.000 detenidos, de 48 nacionalidades diferentes. Los crímenes más violentos de los regímenes comunistas, tales como el homicidio de masa y el genocidio, la tortura, el trabajo forzoso y otras formas de terrorismo físico colectivo, continuaron en Unión Soviética y, a un grado menor, en otros países europeos, hasta la muerte de Stalin. A partir de mediados de los años 50, el terrorismo disminuyó considerablemente en los países comunistas pero la persecución selectiva de diversos grupos e individuos prosiguió. Consistía en vigilancia policíaca, en detenciones, encarcelamientos, multas, tratamientos psiquiátricos forzados, diversas restricciones de la libertad de movimiento, discriminaciones en el empleo que a menudo llevaban a la pobreza y a la exclusión profesional, a la humillación y a la difamación públicas. Los regímenes comunistas europeos post estalinistas explotaron el temor de las persecuciones potenciales, muy extendidas y muy presentes en la memoria colectiva. A largo plazo, no obstante, la memoria de los horrores pasados gradualmente se atenuó, perdiendo de su influencia sobre las jóvenes generaciones. Sin embargo, hasta durante estos períodos relativamente tranquilos, los regímenes comunistas se mostraron capaces de recurrir a una violencia masiva si lo consideraban necesario, como lo mostraron los acontecimientos de Hungría en 1956, de Checoslovaquia en 1968 o de Polonia en 1956, 1968, 1970 y 1981. La caída de los gobiernos comunistas en la Unión Soviética y en otros países europeos facilitó el acceso a ciertos archivos que atestiguaban los crímenes comunistas. Antes de 1990, estos archivos eran totalmente inaccesibles. Los documentos que se encuentran constituyen allí una fuente de información importante sobre los mecanismos de gobierno y de toma de decisiones, y completan los conocimientos históricos relativos al funcionamiento de los sistemas comunistas.

Y aquí tenemos a Derrida:

La condenación del nazismo, cualquiera fuese el consenso sobre este tema, no es aún un pensamiento del nazismo. No sabemos aún lo que es o lo que ha hecho posible esta cosa inmunda pero sobredeterminada, trabajada por conflictos internos (de ahí las fracciones y las facciones entre las cuales Heidegger se sitúa – y su estrategia retorcida en el uso de la palabra “espíritu” toma un cierto sentido cuando se piensa en la estrategia general del idioma nazi y en las tendencias biologizantes, estilo Rosenberg, que terminaron por triunfar). En fin el nazismo no ha crecido en Alemania o en Europa como un champiñón…
Pero, ¿quiso enterarse alguna vez Derrida de dónde sentó realmente sus posaderas “la cosa inmunda” años antes de que el fascismo, a trompicones, hiciera acto de presencia en la escena europea? Preguntémonos en serio hasta cuándo los presuntos “intelectuales críticos”, sufridos huérfanos de Stalin, van a seguir actuando como simples turiferarios del poder oligárquico.
¿Puede, en efecto, considerarse el “mal absoluto” (=la cosa inmunda) un proyecto político, a saber, el fascismo, fundado expresamente para detener el exterminio de casi todos los grupos sociales (burguesía, aristocracia, campesinado)con que tropezábase Lenin e impedir que los matarifes de Moscú extiendieran sus fechorías por el resto de Europa? Actualmente el grado de distorsión de la realidad histórica es tan enorme que nos vemos en la obligación de recordar cuestiones elementales de sentido común. El fascismo combate en defensa de la civilización europea amenazada por labarbarie bolchevique, pero no puede enfrentarse a los “rojos” arrojándoles a la cara caramelitos de fresa. Voilà el espíritu (Geist), Mr. Derrida. Sin embargo, cuando el fascismo llega al poder en Italia su represión no puede compararse, ni de lejos, a la matanza de los primeros años del leninismo en Rusia. Lenin aniquila en tres meses un número de personas superior a las que el imperio zarista había castigado a lo largo de todo un siglo. La dictadura fascista en Italia no traerá consigo más que 25 ajusticiados en 21 años: compárese sólo este dato con el historial delictivo de la banda terrorista ETA. Al inicio de la Operación Barbarroja (invasión nazi de la URSS), en 1941, el régimen comunista ya ha exterminado a 13 millones de ciudadanos rusos.

Se dirá que la verdad del fascismo es elnazismo. Ahora bien, ni siquiera el nazismo, y ello en el contexto de una guerra mundial, alcanza las cotas de victimización del comunismo. Por cada víctima judía del nazismo, detéctanse como pocas 10 del antifascismo. Y esto únicamente en la versióncomunista u oriental del antifascismo, pues existiría, como ya he subrayado, un antifascismo occidental de naturaleza  liberal-capitalista y sionista al que le corresponden “sus propios genocidios”. Dichos crímenes de masas no han sido juzgados, es decir, permanecen impunes. Son los genocidios olvidados. El “antifascismo global” hace posible esta situación totalmente incompatible -en buena lógica- con la machacona cháchara propagandística sobre “la democracia y los derechos humanos”.  La jerigonza que legitimó tales atrocidades se ha extendido a los políticos de la derecha liberal, obedientes, con la complicidad de los Estados Unidos deAmérica, al sionismo racista, supremacista y genocida del Estado de Israel.

En la política, la prensa, la cultura, la educación y hasta la propia red, elantifascismo funciona  a pleno rendimiento como código simbólico estigmatizador de los ciudadanos disidentes; tal vez a la espera del día, ya próximo al parecer, en que tenga que recurrirse a la coartada antifascista del “mal absoluto” con los fines asesinos que la caracterizan y la han caracterizado desde su aparición en la historia. Recordemos una frase del informe Lindblad citado arriba:

Literalmente no hay un país (o una región) bajo régimen comunista que no pueda elaborar su propia lista de sufrimientos.

El  comunismo fue esencialmente criminal, cuando no genocida. Pero lo fue en tanto que antifascista. Y el antifascismo ha sobrevivido al comunismo porque constituye un fenómeno consustancial al “progresismo” moderno. No es, en efecto, únicamente comunista, ahora podemos verlo con claridad, sino también “capitalista”. Es un monstruo parido por Yahvé, léase: por el monoteísmo judeocristiano (aquello que Heidegger denominara la “ontoteología”)… El fascismo se propuso la extirpación de “la máquina de matar” como una de sus metas fundamentales. Sólo el fascismo se enfrentó, así, a la asesina “utopía profética” en cuanto tal. Las democracias occidentales aliáronse en cambio con el comunismo y posibilitaron la comisión de sus atrocidades. Impensable la victoria soviética contra el Tercer Reich sin el generoso concurso del capital americano. Que el liberalismo sionista haya “heredado” el antifascismo no resulta pues casual. Saquemos, de una vez, las consecuencias de este hecho. Pero el “intelectual de izquierdas” (Oriol Malló, por ejemplo) es un engendro deforme descendiente del sacerdote judeocristiano e incongruente con toda forma de veracidad.

El artículo 58: formalización penal del estigma

De las víctimas del antifascismo, una buena parte fueron formalmente acusadas de tales. Fascista era, bajo el estalinismo, cualquiera que el régimen soviético señalara al azar para cubrir las estadísticas de “detenciones”, es decir, lascifras obligatorias preestablecidas de “enemigos del pueblo” que justificaban la simple existencia de los aparatos de represión y el reclutamiento de la necesaria mano de obra esclava para la construcción del “paraíso”:

Ya sabíamos que “fascistas” era el apodo de los del Artículo 58, puesto en circulación por los perspicaces cófrades y aprobado con gusto por las autoridades: en otro tiempo los llamaban “KR” pero después el nombre perdió fuerza y se necesitaba una etiqueta más precisa (Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, t. II, Barcelona, Tusquets, 2005, p. 180).

La acusación de fascista y el lenguaje antifascista devino poco a poco, a través del régimen comunista soviético aliado de occidente durante la Segunda Guerra Mundial, legitimación de todas las atrocidades de la Modernidad progresista (de derechas o de izquierdas). Hasta el punto que, por supuesto sin consultar a las víctimas, los ideólogos neoliberales decidieron aplicar el calificativo de “fascistas” a los propios asesinos del gulag, es decir, convalidaron su lenguaje convirtiendo a aquéllos en objetos del mismo para mayor escarnio de cualquier noción o posibilidad de crítica racional a lasraíces judeocristianas del fenómeno. Consagraron así unas prácticas criminales que occidente no renuncia a continuar empleando contra los presuntos enemigos del “bien absoluto”, léase: del Yahvé capitalista, sionista y neoliberal en fase de consolidación a escala mundial. El ídolo del “progreso” ha cambiado otra vez de residencia, algo ya habitual en él, pero no de carnicera idiosincrasia asesina.  Balance total de víctimas El monto total de víctimas del comunismo oscila entre un mínimo de 100 millones y los 150 millones de personas. El primer balance provisional fue establecido por Stéphane Courtois en su obra El libro negro del comunismo, publicada en francés en 1997:

No obstante, podemos establecer un primer balance numérico que aún sigue siendo una aproximación mínima y que necesitaría largas precisiones pero que, según estimaciones personales, proporciona un aspecto de considerable magnitud y permite señalar de manera directa la gravedad del tema: URSS, 20 millones de muertos. China, 65 millones de muertos. Vietnam, 1 millón de muertos. Corea del Norte, 2 millones de muertos. Camboya, 2 millones de muertos. Europa oriental, 1 millón de muertos. América Latina, 150.000 muertos. África, 1,7 millones de muertos. Afganistán, 1,5 millones de muertos. Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder, una decena de millares de muertos. El total se acerca a la cifra de cien millones de muertos (Courtois, S., El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 18).

Como ya hemos apuntado, a pesar de las evidencias sobre el carácter universalmente genocida del comunismo y de la relación entre la jerigonza antifascista y el dispositivo de terror inventado por los bolcheviques, la “democracia liberal”, es decir, la oligarquía, ha adoptado el “antifascismo” rizando el rizo del cinismo y acusando a Stalin de ser el peor de los “fascistas” (André Glucksmann). Este triunfo final de la “revolución” y del imaginario “progresista” en lo simbólico, que le permite además ostentar a Stalin,  al mismo tiempo, el título de “vencedor de Hitler” sin que la simple lógica tenga que abochornarse, define la miserable cotidianeidad de la nueva dictadura neoliberal sionista de Wall Street, cuyas atrocidades no han hecho más que empezar. Nosotros somos las próximas víctimas.

El caso de la “derecha antifascista” en España
Si usted tenía aspecto de no ser “feliz” en el paraíso de Yosef Stalin,  convertíase inmediatamente ensospechoso ante la policía política soviética. El antifascismo nace a propósito de España como estrategia estalinista de los frentes populares. George Orwell escribió entonces y no en vano suHomenaje a Cataluña: un testimonio de la praxis antifascista documentado en el lugar en que ésta mostró su verdadero rostro a los intelectuales de izquierda que no habían renunciado todavía, como ha renunciado hogaño Oriol Malló, a pensar por sí mismos. En la actualidad, y a pesar de aquello que establece la Constitución Española -la isonomía o igualdad ante la ley- en lo tocante a la libertad ideológica, cualquier ciudadano puede ser objeto de investigación policial porque un simple funcionario, verbi gratia un fiscal, considere que las “ideas” de ese ciudadano son “fascistas”. ¿Herencia de la cheká y el gulag? No, en el caso que nos ocupa, herencia de la Palestina ocupada por Israel, vehículo a través del cual el antifascismo institucionalízase en occidente sobre un terreno ya abonado por la izquierda marxista.
El antifascismo estigmatizador opera como lenguaje de la cultura, la política y las prácticas de represión capitalista-sionista. Los desahuciados españoles fueron acusados de “neonazis” por la corrupta dirigente del Partido Popular María Dolores de Cospedal. La propia derecha católica que, en España, durante la Guerra Civil (1936-1939), salvó vidas y haciendas de las garras estalinistas gracias al heroísmo de los camisas azules falangistas (=”fascistas”), tiene hoy la sinvergonzonería de llenarse la boca con la jerga de Stalin.  !Habría que ser ya un grandísimo hijo de Bárcenas para burlarse así de los torturados, pero la cosa roza lo inconcebible en la abyección cuando observamos que esas víctimas pisoteadas por partida doble resultan ser ascendientes familiares de los propios dirigentes del Partido Popular (=Alianza Popular=partido neofranquista español)! Mentirosos y corruptos, tales “líderes” son, además, en justa consecuencia, seres carentes de dignidad política, pillos encorbatados que emplean, contra sus críticos, contra ciudadanos indignados por las políticas antisociales del neoliberalismo, los mismos discursos criminógenos que los verdugos de Paracuellos esgrimieron contra sus abuelos; discursos de los cuales les rescataron, precisamente, los militantes “fascistas” de Falange Española de las JONS.  Fenómeno análogo se observa entre los referentes ideológicos y morales de colectivos de víctimas de ETA, según  acreditamos en una entrada anterior.
¿Carecía, en fin, la causa anticomunista de los fascistas de todo argumento válido? No puede sostenerse tal impostura ante la evidencia de aquéllo que el comunismo fue. ¿Cómo formular entonces el significado de una virtual “fundamentación del fascismo”? Hete aquí la gran pregunta planteada por Ernst Nolte y cuya pertinencia Jacques Derrida, a regañadientes, reconociera a la postre a propósito de Heidegger y Nietzsche, aunque nunca osara responderla. Les he formulado la cuestión intelectual y política, por antonomasia, del siglo XXI. La actualidad del fascismo sigue ahí a través de la obsesiva y persistente “negación” antifascista.  La Marca Hispànica3 de agosto de 2013  DOCUMENTACIÓN ANEXA  “El Holocausto marca un corte en la cultura”

Contra la visión dominante sobre el Holocausto judío, que tiende más a verlo como expresión de un mal absoluto que a encontrar sus raíces históricas, el historiador Enzo Traverso intenta insertarlo en la evolución de las sociedades europeas que dieron a luz al racismo y al colonialismo.
–Enzo, podríamos comenzar por preguntarnos ¿por qué razón la memoria del Holocausto se transforma en lo que has llamado “una religión civil” y adquiere una dimensión tan importante recién en las últimas décadas del siglo XX, siendo que se trata de un proceso ocurrido en los años ’40? –Esa transformación de la memoria del Holocausto en religión civil del mundo occidental está vinculada al fin del siglo XX que se puede datar con la caída del Muro de Berlín en 1989, el derrumbe de la URSS, el fin de la Guerra Fría. El siglo XX toma entonces un perfil de época de violencia, guerras, totalitarismos y genocidios. El concepto mismo de genocidio es forjado en el siglo XX, y entonces la memoria del Holocausto deviene un paradigma de la violencia, casi una metáfora del siglo en su conjunto.
–Eso representa una ruptura muy fuerte respecto de las lecturas dominantes en las décadas anteriores sobre la historia del siglo XX. Era común hablar entonces del siglo de las revoluciones, el siglo de la izquierda, de las grandes confrontaciones ideológicas y, de pronto, este nuevo proceso memorialístico lo considera un siglo de totalitarismos y de violencias que resultan difíciles de explicar.
–El humanitarismo se convierte en una categoría analítica que interpreta toda la historia del siglo y el pasado aparece como una confrontación binaria entre verdugos y víctimas. La violencia casi no se explica, se estigmatiza para, con una mirada bastante apologética, legitimar el orden político y económico: la sociedad de mercado y la democracia liberal como antítesis del totalitarismo. El siglo XXI empieza con la caída del comunismo y la toma de conciencia de que las revoluciones del siglo XX fracasaron. El siglo XXI comienza sin utopías y fue caracterizado como post ideológico. Todo el contexto favorece una focalización obsesiva sobre la violencia y las víctimas, olvidando las revoluciones fracasadas que son asimiladas a los totalitarismos.
–1989, año de la caída del Muro de Berlín, es también el del bicentenario de la Revolución Francesa, oportunidad para que buena parte de la intelectualidad y el mundo oficial europeo declarara, en palabras de François Furet, el fin de la Revolución Francesa y de la misma idea de revolución. Ese año, en Argentina, en ese contexto internacional de negación de la historia y las confrontaciones ideológicas, el presidente Carlos Menem trajo al país los restos de Juan Manuel de Rosas, personaje cuestionado por toda la oposición liberal, cuyos restos seguían en Inglaterra desde su muerte, en las últimas décadas del siglo XIX. Esa reparación histórica fue presentada como constatación de que habían desaparecido las contradicciones profundas entre los argentinos. Menem, que visitó ese año a Felipe González, Gorbachov y otros líderes, volvió diciendo: “En todas partes ya no se habla más del socialismo ni de la revolución, el capitalismo ha triunfado”. En ese momento se dictan los indultos a los comandantes condenados en el Juicio a las Juntas en 1985. El retroceso de las políticas de memoria en la Argentina se inscribe también en la visión de un mundo reconciliado, donde ya las ideologías han desaparecido y entonces tampoco tendría sentido que la historia argentina siguiera siendo un terreno de disputa. Para afirmar esto, con un gesto muy fuerte, Menem visita a uno de los jefes del golpe militar que derrocó a Perón en 1955, el almirante Rojas, e incorpora a su gobierno a otro de los dirigentes de ese golpe, el ingeniero Alsogaray, un economista ultrarreaccionario. Esto generó gran confusión política e ideológica, no sólo en el peronismo; a los argentinos nos costó reencontrar el rumbo y tener propuestas de futuro, y me parece que esto algo tiene que ver con el proceso que sufrió la tradición antifascista en Europa.
–Después de 1989 se tiene la ilusión del fin de la historia y se puede proceder a una reconciliación con el pasado. El menemismo participa, creo, de esa ilusión del siglo XXI, como siglo post totalitario que marcha hacia la prosperidad neoliberal y la democracia liberal como sistema. En España, viejos republicanos y miembros de la División Azul que Franco envió a Rusia con el ejército alemán desfilaron juntos, fraternizando los conflictos del pasado. En Italia, también se quiso acabar con el conflicto entre fascismo y antifascismo, diciendo que todos eran patriotas. Pero fue un momento, una etapa, porque el pasado aparece otra vez como matriz de memorias conflictivas. No ocurre lo mismo con el Holocausto, porque es la memoria de un genocidio universalmente reconocido y el nazismo está condenado por la historia, no es un pasado de guerras civiles que todavía producen conflictos en el presente. El éxito de la memoria del Holocausto está vinculado con su dimensión relativamente a-problemática, no conflictiva, consensual.
–En el caso argentino, el Holocausto fue una referencia importante, conocimos esta nueva orientación memorialística, pero otras influencias actuaron en sentido contrario, incluso dentro de la cultura judía. Por ejemplo, los trabajos de Yerushalmi sobre la tradición judía contribuyeron a conformar un deber de memoria. El pueblo judío, cuando era el pueblo del libro, que no tenía un territorio, un Estado, reafirmaba su identidad a través de esta memoria de los libros sagrados. Esto en un país donde la influencia de la cultura judía es importante y donde tuvimos en ese década de 1990 dos atentados muy serios contra la embajada y contra la mutual judía. Entonces si la influencia de la memoria del Holocausto en Europa podía tener a veces un sentido deshistorizador o despolitizador, la cultura judía jugaba a favor de la afirmación, de la necesidad, de la memoria. Y también fue muy importante la influencia de Walter Benjamin, con esa curiosa mezcla de marxismo herético y mesianismo judío, para que pudiéramos pensar que, lejos de considerar cerrado el pasado, es posible recuperar la historia de los vencidos.
–El éxito del libro muy conocido de Yerushalmi está vinculado sobre todo con su título: Zachor (recuerda, no olvides). Aparece como una especie de amonestación a la memoria, el deber de memoria. Y, como decías, es también la época en que Benjamin aparece como referencia para pensar una articulación nueva entre historia y memoria. En este cambio de siglo, cuando el XX aparece como un siglo que se acabó y al mismo tiempo sigue tan presente en la memoria de los individuos y de las sociedades, separar historia y memoria se hace problemático, artificial. Por décadas el Holocausto apareció como una dimensión marginal de la historia de la Segunda Guerra Mundial. Y pasó tiempo para que esa experiencia, ese acontecimiento, se grabe en la conciencia histórica europea. Y entonces esa focalización obsesiva sobre el Holocausto es también un intento de recuperar el retraso, una Europa que quiere expiar su pasado. La conciencia de ese pasado y la voluntad de expiarlo produce esa transformación del Holocausto en objeto de culto, con una memoria que toma rasgos de religión civil sacralizada, ritualizada con sus propios símbolos y liturgias.
–La afirmación del Holocausto como religión civil pone como figura central a las víctimas. Y esto permite hacer un paralelo con el caso argentino en los primeros años del restablecimiento de la democracia. Entonces se afirmó la llamada Teoría de los Dos Demonios, que sostenía que frente a los militares golpistas otro sector desarrollaba también la violencia y, aunque se señalaba que la criminalidad de los dictadores era mayor, ambas violencias eran condenadas y, frente a esa condena de los extremos, aparecía una sociedad inocente, sin ninguna culpa, que tampoco parecía haberse enterado o haber entendido demasiado lo ocurrido. Esto hizo que se estudiara poco el período anterior a la dictadura, que era lo que hubiera permitido explicar la irrupción militar y llevó a homenajear a las víctimas como tales, ignorando que la gran mayoría de ellas eran militantes de un proyecto que la dictadura había venido a enfrentar. Esto es muy parecido a lo que pasa en España, cuando Rodríguez Zapatero dice: “Me interesan las víctimas no importa de qué sector sean”, como si hubiera sido lo mismo pelear por Franco que por la República. Pero esa explicación de la dictadura con la Teoría de los Dos Demonios resultó insuficiente frente a la demanda de una sociedad que quería justicia, la que se estaba negando a través de los indultos y las leyes de impunidad, y reclamaba una explicación más seria. Era necesario saber por qué había venido el golpe, qué habían tenido que ver otros sectores civiles, empresariales, eclesiásticos, incluso se interrogaba –y nos seguimos interrogando– también sobre el comportamiento político de los sectores que fueron víctimas de la represión. Me interesó mucho un trabajo tuyo sobre la dificultad que existe en Europa para asociar las víctimas y los luchadores, que es lo que se supone que fueron la mayoría de aquéllas. Creo que en esto hemos avanzado mucho en Argentina desde el 2003 con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. El fin de la impunidad significó también un avance en el conocimiento y la comprensión de la historia reciente.
–Yo no tengo mucha familiaridad con esos debates argentinos alrededor de la Teoría de los Dos Demonios, pero siempre me pareció una especie de transferencia, en el contexto argentino, de la teoría del totalitarismo que identifica comunismo y fascismo como dos caras de la misma moneda. La violencia del estalinismo y la violencia del nazismo son cualitativamente distintas, reunirlas en una misma categoría me parece desde un punto de vista historiográfico muy discutible. Pero en el caso de la Argentina, aun más, porque la teoría de los dos demonios establece una identidad entre la violencia de las organizaciones que practicaban la lucha armada y la violencia del terrorismo de Estado, dos fenómenos cuya unión en una categoría me parece epistemológicamente absurda. No soy un apologista de la lucha armada o un nostálgico, pero hay que historizar, comprender un contexto argentino y latinoamericano. Organizaciones políticas que trabajaban en una revolución popular, para movilizar la sociedad. El terror del Estado tenía una amplitud y un objetivo totalmente diferentes: aterrorizar a la sociedad para establecer un régimen autoritario y una dictadura. Entonces es una teoría que me parece que oculta más que esclarece el pasado. La violencia del Estado en el caso de la dictadura argentina quería disciplinar a la sociedad en su conjunto, imponer un régimen autoritario, pero golpeaba prioritariamente a luchadores. Recordarlos exclusivamente como víctimas de un régimen que aplastaba los derechos humanos me parece una operación cuestionable. Un niño que murió en una cámara de gas es una víctima y no se puede definir de ninguna otra manera, pero no es el caso de un militante de una organización judía de izquierda que participó en la insurrección del gueto de Varsovia. Recordarlos exclusivamente como víctimas constituye una pobre interpretación del pasado, reducido a una confrontación entre los verdugos y las víctimas, y éstas no siempre son pasivas, pueden ser sujetos políticos. Se dibuja otra tipología más compleja introduciendo la categoría de los vencidos: perseguidos por lo que hacían y no solamente por lo que eran. La memoria del Holocausto se impuso como una memoria que ignora los diferentes sujetos de la historia y habría que reintroducirlos. Mi impresión es que en la Argentina se hace un trabajo muy interesante de historización de la década de los ’60 y ’70, de superación de la etapa de la mera o exclusiva conmemoración, hay una necesidad ético-política de una piedad para los muertos, pero se va más allá. Hay una necesidad de comprender lo ocurrido. Me parece que en la Argentina se hace ese trabajo mucho más que en Europa con respecto al Holocausto, a la Segunda Guerra Mundial, a la resistencia.
–Sí, en el caso argentino, la Teoría de los Dos Demonios y la figura de la víctima sin más connotaciones históricas ni políticas empieza a perder vigencia a mediados de los años ’90. En ese momento surgen estudios y, también obras de teatro, ficciones, películas que empiezan a problematizar la memoria de la dictadura y de las luchas populares anteriores y algunos trabajos muestran que el objetivo de la dictadura no era solamente enfrentar a la guerrilla sino desarrollar lo que podríamos llamar un proyecto de reestructuración regresiva y disciplinamiento de la sociedad. Aparecen trabajos de investigación periodística pero después también de los historiadores sobre el período de los años ’70 y la dictadura y ahí nos introducimos en la discusión acerca de la relación entre historia y memoria y se plantea la pregunta acerca de si es posible hacer historia reciente. Y en el caso argentino era historia muy reciente. La obra de Pierre Nora, muy influyente entonces, planteaba una separación muy drástica entre historia y memoria: sólo se podría hacer historia de un objeto que ya se ve como absolutamente distante, congelado. Y en la Argentina estaba absolutamente presente y caliente. Sin embargo se empezó a hacer historia sobre ese periodo y los historiadores que empezaron a trabajar sobre los años ’70 tuvieron que imponerse una tarea de reflexión crítica muy fuerte en torno de un material que era, fundamentalmente, testimonial. Y también algunos plantearon que el testimonio era subjetivo, que el testimonio no podía servir como base para el trabajo de la historia, lo cual hubiera sido muy complicado en la Argentina, porque dado que la dictadura había ocultado las constancias de archivos –en la mayoría de los casos, hasta el día de hoy, no se han podido recuperar– la materia prima con la que se trabajaba, el insumo, eran los testimonios.
–En el caso de América latina, en la época más reciente, el estudio de las décadas de los ’70 y los ’80 estableció una reflexión nueva y muy fructífera sobre la relación de historia y memoria, problematizando esa dicotomía. Los investigadores empezaron a advertir que para comprender esa violencia había que utilizar a los testigos como fuentes. Raúl Hilberg, gran historiador del Holocausto, tomó la decisión de ignorar los testigos, trabajando exclusivamente archivos. Hizo un trabajo extraordinario, pero al mismo tiempo muy frío: reconstruye el Holocausto en su anatomía, en sus estructuras, pero no como proceso en el cual los protagonistas tienen su voz, su subjetividad, una manera de actuar de reaccionar, de participar. Y para hacer eso hay que introducir la memoria. E introducir la memoria no es fácil porque el testigo habla como representante de las víctimas que no tienen voz para hablar. Entonces hay como una sacralización del testigo, y entonces es difícil discutir esa versión. Pero un investigador tiene que trabajar sobre los testimonios como fuentes. Y debe verificarlas, contextualizarlas, porque tienen contradicciones: las fuentes y la memoria oral son, por su propia naturaleza, subjetivas. Como dice Primo Levy, el testigo percibe una parte muy pequeña de un proceso mucho más amplio. Pero al mismo tiempo creo que es imposible trabajar sobre esos acontecimientos sin tomar en cuenta los testigos.
–Quizás, Enzo, sería importante para contextualizar lo que venimos charlando recordar algunos aspectos de tu formación y tus primeras inquietudes. Empezaste trabajando sobre los marxistas y la cuestión judía y los dos temas resultan hoy importantes para discutir: cómo se ve la doctrina de Marx después de la llamada crisis del marxismo y la relación intelectual muy fecunda y muy particular que has establecido con el pensamiento judío de Europa central. Autores como Walter Benjamin, Adorno, Hannah Arendt, con quienes hay un diálogo importante en tus trabajos. Fuiste conocido en la Argentina por un reportaje que te hizo la revista Políticas de la Memoria, en 2005, donde afirmabas que después de lo ocurrido sólo puede pensarse en un marxismo melancólico y utópico. Esto da cuenta de que ha habido una derrota y que hay muchas cosas que cuestionar y repensar. Y por otro lado, en el descubrimiento de Benjamin en la Argentina tus libros han sido una ayuda significativa. Tu rescate del pensamiento judeoalemán no excluye una visión crítica de estos autores. Estoy pensando en Hannah Arendt, de quien destacás aportes importantes y, al mismo tiempo, criticás también su concepción sobre el totalitarismo.
–Marxismo melancólico es una definición que tomo prestada de un amigo que falleció hace poco tiempo, Daniel Bensaid. Esa definición es muy benjaminiana porque hay en la obra de Benjamin una reflexión sobre la melancolía que es también una postura epistemológica. Es la toma de conciencia del fracaso de las revoluciones. En Europa, Asia y Latinoamérica hubo revoluciones con sus particularidades políticas y culturales, estrategias muy diferentes, pero todas tenían una filosofía de la historia como presupuesto. Una visión de la historia como marcha hacia la emancipación de la humanidad en su conjunto. Una visión teleológica, la historia con su orientación, su dirección. Y también había un modelo de revolución, un paradigma militar, la revolución es el pueblo que toma las armas para luchar y liberarse. Y esa visión global de las revoluciones y ese modelo también fracasaron. Y entonces pensar un cambio, una trasformación del mundo es una necesidad. Pensar la posibilidad de una nueva utopía de cambio requiere un balance crítico de las experiencias revolucionarias del siglo XX. Ese balance se carga de una melancolía muy grande, es la memoria de los vencidos, de esos combates tan grandes, tan generosos, que movilizaron millones de seres humanos. Y hay que tratar de que esa melancolía por la derrota no se transforme en una contemplación pasiva de las catástrofes del pasado. Hay que mantener una perspectiva de transformación, de innovación, de invención, de imaginación utópica. Una tradición de pensamiento crítico, marginal al siglo XX, ahora toma una importancia muy grande. La Escuela de Frankfurt participa de esa aventura del marxismo en el siglo XX, pero en una perspectiva marginal, herética, dialéctica, que no acepta esa visión teleológica de la historia. Benjamin tiene una sensibilidad muy grande con respecto a los vencidos de la historia, mucho más preocupado por guardar las memorias de los vencidos que por celebrar los éxitos de los vencedores.
–La concepción hoy dominante sobre el Holocausto no ofrece explicaciones históricas muy claras de cómo pudo producirse. Esas explicaciones seguramente deben buscarse en las crisis del Viejo Mundo pero también en los ejercicios de poder y de violencia que las naciones europeas hicieron en sus colonias. Los campos de extermino aparecen antes en el mundo colonial que en Europa. Es interesante que hayas integrado el colonialismo entre los antecedentes de la violencia nazi. Algo que no ha sido común entre los pensadores europeos.
–Latinoamérica puede jugar un papel de transmisión muy importante, porque creo que el peso de la derrota es mucho más fuerte en Europa que aquí. En ningún lado se resiste al neoliberalismo como en América latina. Hay que reconocer el fin del eurocentrismo, Europa hace mucho comprendió que no es más el centro del mundo y, desde un punto de vista geopolítico y económico, la provincialización de Europa ocurrió hace décadas. Pero todavía siguió pensándose culturalmente, intelectualmente, como el centro del mundo. En cuanto a la inteligencia judía de Europa central, fue una cuña del pensamiento crítico, de vanguardia, porque esa inteligencia estaba profundamente integrada en las sociedades, en las culturas europeas y al mismo tiempo tenía una posición marginal, por causa del antisemitismo, de la estigmatización. El encuentro entre los judíos y el marxismo se hizo en ese contexto. Después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo declinó y ésa es una muy buena cosa. Europa se liberó de ese demonio que la había impregnado por siglos. Pero la inteligencia judía, todavía poderosa, no es más empujada hacia la revolución, la crítica, el anticonformismo. El siglo que fue en su primera mitad de Trotsky, la figura simbólica de la revolución, se vuelve en la segunda mitad el siglo de Kissinger, el estratega de la contrarrevolución. Existe, por supuesto, una tradición de pensamiento crítico judío, en la Argentina, es una tradición que se perpetúa, a pesar de que las condiciones históricas que la generaron no existen más.
–Enzo, estamos en el Centro Cultural de la Memoria, y aquí se hacen trabajos de reflexión, de investigación, de estudio, pero también abordajes creativos, artísticos, literarios, en relación con los temas de la memoria, del horror. Y esto, necesariamente, nos ubica en un gran debate que se dio en Europa. Esta idea del Holocausto como algo inefable, de lo que no se puede o no se debe hablar, que no se puede representar, que no justifica o legitima abordajes artísticos, o literarios. Y que entonces tampoco se puede explicar. Aquí en la Argentina también hubo algunas resistencia a la idea de que se podía hacer por ejemplo ficciones sobre la dictadura y también se discutió en torno de la creación de nuestro Centro Cultural. De alguna manera, estas discusiones son tributarias de la discusión europea que llegó a afirmaciones tremendas, como aquella frase de Adorno “no se puede hacer poesía después de Auschwitz” –que él mismo relativizó después– o la de Claude Lanzmann, que hace una película monumental sobre la Shoá y después dice que no hay nada que explicar, no hay ningún para qué que tenga sentido plantearse. Esta es una discusión que no está del todo agotada en la medida en que subsiste esta idea del Holocausto como fenómeno único que no podría compararse, y si no puede comparase no se puede estudiar, no se puede pensar.
–Esos son planteamientos que yo critico porque me parece una forma de oscurantismo. Y desde un punto de vista pedagógico son aberraciones, ¿cómo explicar a los niños que hay que recordar un acontecimiento que no se puede explicar? El Holocausto como acontecimiento impensable, irrepresentable, inexplicable, normativamente incomprensible. Curiosamente, muy pocos acontecimientos han sido objeto de tantas representaciones de todo tipo, literario, fotográfico, cinematográfico, plástico. Hay también que contextualizar el aforismo de Adorno, lo que quería decir no era que no se puede escribir una poesía después de Auschwitz, sino que no se puede más escribir poemas como se hacía antes. El Holocausto marca un corte en la cultura. Y la cultura no puede seguir, no puede producir obras de arte sin expresar esa herida que el Holocausto produjo en el cuerpo, en este caso de Europa. La mirada de Adorno era más universal, el Holocausto como metáfora de las violencias del siglo en su conjunto.
–Un episodio por grave o importante que fuera y por tremenda que haya sido su influencia en la historia y la cultura universal, como es el caso del Holocausto, no puede dejar de ser comparable con otros.
–La memoria del Holocausto no puede simplemente ser el paradigma con respecto al cual las otras memorias de violencias o de traumas puedan definirse. Hay que dialogar con otras experiencias que pueden tener el mismo papel en otros contextos. Ese discurso sobre el carácter irrepresentable coexiste hoy con la apropiación del Holocausto por Hollywood, es una paradoja. Entonces hay que salir de ese discurso, que es estéril. Para comprender el Holocausto hay que compararlo y abandonar una visión teológica, religiosa, de la memoria. Por supuesto es necesario comparar las violencias del nazismo y del stalinismo. Esas violencias no se pueden explicar separadas una de otra, pero al mismo tiempo las diferencias son muy grandes, desde las ideologías que las inspiran, las víctimas y los enemigos que eligen, las estructuras, los sistemas de poder. La comparación para ser fructífera tiene que destacar las afinidades y las diferencias. Y la categoría del totalitarismo aplasta todas las diferencias. Por supuesto se puede comparar la violencia de la dictadura militar en Argentina con la violencia del nazismo, y eso explicaría también las diferencias profundas que existen entre esos dos tipo de violencias.
Publicado por ENSPO en 4:25 p.m.

14 comentarios:

Anónimo dijo…

Las posiciones de este historiador italiano pueden resultaros interesantes para discutir… Saca el holocausto del lugar sagrado e intocable y admite las discusiones, comparaciones, etc. Por ese lado empieza a caer el mito.
http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-226055-2013-08-05.html
Saludos.
11:14 p.m.

Frel dijo…

Como ya se ha comentado en otras ocasiones la hegemonía del llamado antifascismo radica en la falsificación y en la ocultación histórica, es la base de su funcionamiento. Obviamente si la historia se contase de forma objetiva, tal como se expone en el texto de la entrada(aunque sea una síntesis sobre el tema) el poder de la oligarquía en gran parte se desmoronaría como un castillo de naipes.  Por eso tienen un gigantesco aparato burocrático a su servicio y bien subvencionado, para evitar que la realidad salga a la luz.
Un saludo al blog.
3:52 a.m.

ENSPO dijo…

Gracias por las aportaciones realizadas con buena fe y voluntad constructiva.
El último post es sintético, ciertamente, en el sentido de que resume mucho de lo trabajado a lo largo de años, y tiene que ser así para que el blog esté abierto a quienes llegan ahora (nuevos usuarios) y desconocen todo lo anterior.
Pero esta entrada hace también hincapié en un hecho, planeado ya en el sitio y que desarrollaremos, a saber, que el fascismo es una respuesta a la “barbarie bolchevique”. Se trata de la famosa tesis de Nolte, causa de la “polémica de los historiadores” en Alemania.
Si estamos hablando de una legitimación del fascismo, hay que entender que éste se basa en una comprensión del gulag desde una determinada perspectiva ideológica. El fascismo entiende el gulag como la consecuencia de una herencia (la judeocristiana) y como alternativa a esa herencia.
La fundamentación del fascismo, su legitimación, resulta inseparable de tal exégesis histórica. El fascismo propone, en lo abstracto, un concepto de HISTORICIDAD FINITA en que la utopía profética YA NO SEA POSIBLE. Y lo hace en función de una verdad ontológica trágico-heroica.
Lo filosófico y lo historiográfico, la teoría y NUESTRO COMPROMISO contra la OLIGARQUÍA ANTIFASCISTA, son inseparables, pero, no se confundan: cada aportación del sitio conlleva elementos novedosos que vamos introduciendo poco a poco para no colapsar el limitado formato de internet.
Saludos.
7:53 a.m.

ENSPO dijo…

Hemos agregado al corpus textual de la entrada la entrevista a Enzo Traverso.
Gracias una vez más por la aportación, en este caso de un usuario anónimo.
9:14 a.m.

Anónimo dijo…

“Este triunfo final de la “revolución” y del imaginario “progresista” en lo simbólico, que le permite además ostentar a Stalin, al mismo tiempo, el título de “vencedor de Hitler” sin que la simple lógica tenga que abochornarse, define la miserable cotidianeidad de la nueva dictadura neoliberal sionista de Wall Street.”  Así fue y así es, esa dictadura sionista oligárquica-financiera fue la que proporcionó armamento en abundancia a los soviétios para vencer a Alemania, por tanto no es de extrañar que esta misma oligarquía ensalze tal “triunfo” frente a los alemanes, eso sí ellos mismos demuestran la falsedad de lo que fue la revolución bolchevique y quienes la financiaron y apoyaron.
Saludos.
3:54 a.m.

Javier dijo…

No discutiré si el nazismo era capaz de exterminar a los prisioneros mediante envenenamiento por gas Zyklon B y hacer desaparecer sus restos. Es posible que fuera capaz.
Lo que sostengo es que no hay prueba alguna de que hiciera eso. Es más, existen pruebas contundentes de que no lo hizo.
Saludos.
4:58 a.m.

Anónimo dijo…

No existen pruebas contundentes que demuestren tal exterminio, es cierto, como es cierto tambien que el mencionado gas se utilizaba para desinfectar los barracones.
8:38 a.m.

ENSPO dijo…

El propio Goldhagen ha reconocido que toda la historia de las cámaras de gas es un artículo de fe aceptada por razones ajenas a la ciencia. Si lo dice este judío neoyorkino sionista, autor de “Los verdugos voluntarios de Hitler”, por algo será. Tienen la cita transcrita en la columna derecha del blog. Saludos cordiales.
9:46 a.m.

Anónimo dijo…

Goldhagen dixit: “suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (…) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (…) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período” (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 2003, pp. 29-39).
9:49 a.m.

Anónimo dijo…

Es un tema complejo por su censura y por el carácter dogmático que hay contra toda negación sobre el tema, de hecho está el ejemplo de los autores revisionistas que medinate sus libros afirman que no existieron dichas cámaras y los gaseamientos masivos, estos autores son censurados, son perseguidos, se han dado casos de agresiones e incluso de encarcelamientos, esto es verdaderamente lo que empuja a cuestionar la creencia de dichas cámaras de gases y de todo lo que cuenta la historia oficial, si es verdad y se puede demostrar¿Por qué esa censura hacia el tema?¿Por qué las prohibiciones de negarlo? ¿Por qué esas persecuciones? ¿Qué temen algunos?. Además hay que tener en cuenta que las armas químicas(generalmente gases) se están utilizando desde la primera guerra mundial(incluso el mismo Hitler padeció una ceguera temporal debido a las armas químicas utilizadas durante dicha contienda), en muchas guerras se han utilizado y se siguen utilizando e incluso en los EE.UU., en algunos de los estados donde existe la pena de muerte utilizan la cámara de gas para las ejecuciones.
12:06 p.m.

Anónimo dijo…

He conservado el anonimato por razones personales de reserva ante el aparato de inteligencia del sistema. Soy un seguidor argentino de Jaume Farrerons y sus esfuerzos. No nos rendiremos ante la oligarquía sionista, ¡jamás!.
12:35 p.m.

ENSPO dijo…

Gracias por tu apoyo.
!Saludos a la Argentina desde España!
3:37 p.m.

Anónimo dijo…

Amigos españoles, creo que esta cita de la correspondencia Heidegger-Jaspers puede resultaros interesante. Introduje algunas notas mías al píe:
“En 1933 y antes los judíos y los políticos de izquierda vieron en tanto que directamente amenazados más claramente y más inteligentemente y más lejos (1). Ahora nos toca a nosotros. No me miento a mi mismo. Se por mi hijo llegado de Rusia que mi nombre está otra vez a la orden del día y que la amenaza se puede hacer realidad en cualquier momento. Stalin no necesita declarar ya ninguna guerra. Todos los días gana una batalla. (2) Pero no “se” ve eso. Para nosotros no hay ninguna escapatoria. Y toda palabra y todo escrito es en si mismo un contraataque, aunque esto no se juegue en la esfera de lo “político”, que hace mucho tiempo ha sido superado por otras relaciones del ser, llevando una existencia aparente”.
Carta de M. Heidegger a Karl Jaspers. 8 de Abril de 1950.
1 – Pienso por ejemplo en la Escuela de Frankfurt. 2 – Me han comentado que el hijo de Heidegger estuvo detenido en un campo de concentración soviético. Por otro lado, Stalin fue quien inventó el lenguaje antifascista como recurso ideológico para justificar el exterminio y como manto de cobertura para cualquier crimen cometido por los “buenos” como en este blog se viene haciendo cada vez más claro. Creo que Heidegger se está refiriendo justamente a esto, pues no otra puede ser la “victoria” de Stalin: el lograr la implantación del lenguaje antifascista como imperativo impersonal del mundo de la pos-guerra.
8:27 p.m.

ENSPO dijo…

Conocía esta carta de Heidegger, pero la verdad no la había relacionado con la cuestión en el sentido en que usted sugiere. Me parece una contribución muy valiosa al debate. Estudiaré el asunto. Sé que esta carta ha sido utilizada para “demostrar” que Heidegger nunca dejó de ser fascista.
2:13 p.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/08/la-fundamentacion-del-fascismo-3.html
+++++++++++++++++++++++++++++++++++

sábado, agosto 10, 2013

La fundamentación del fascismo (4). Herbert Marcuse y la ideología de la muerte (I)

 Herbert Marcuse.

La destrucción de la ideología de la muerte supondría una transvaloración explosiva de los conceptos sociales: la buena consciencia de ser un cobarde, la desglorificación y la desublimación; supondría un nuevo “principio de realidad” que liberaría el “principio del placer” en vez de reprimirlo.  (…)  La mera formulación de estos objetivos indica por qué han sido convertidos tan rígidamente en tabúes. Su realización equivaldría al derrumbamiento de la civilización establecida. Freud ha mostrado las consecuencias de una desintegración (hipotética) o incluso de una relajación esencial del “principio de realidad” predominante: la relación dinámica entre Eros y el instinto de muerte es tal que una reducción del segundo por debajo del nivel en que funciona de un modo socialmente útil liberaría al primero más allá del nivel “tolerable”. Ello supondría un grado de desublimación que arruinaría las conquistas más valiosas de la civilización.

(Herbert Marcuse)
Herbert Marcuse, filósofo judío, colaborador de la CIA a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y después, ha hablado.
Defiende Marcuse la ruina de la civilización. Sorprendente. Siempre se nos ha hecho creer que la incultura pertenece al fascismo. ¿En cuántos libros políticamente correctos no habremos podido leer la palabra “barbarie nazi”? Pero un examen más cauteloso de los documentos y su simple cotejo con la realidad de los hechos, es decir, con todo lo que ha sucedido tras la victoria antifascista, obliga a reconocer que los objetivos de la “cruzada humanitaria” eran muy otros que los proclamados.
Financiado por la Fundación Rockefeller para la publicación de libros presuntamente “antisistema” que promovieron y legitimaron las pseudo “rebeliones” de mayo del 68 (léase: aquéllas tumultuosas escenificaciones en que “jóvenes” universitarios de la burguesía acomodada parisina y californiana reclamaron con éxito la transgresión de todas las normas éticas y jurídicas relativas al consumo de drogas y la sexualidad), Herbert Marcuse colocó el tema de la muerte y el heroísmo en el centro de su discurso “crítico”.
El héroe trágico era a la sazón el enemigo a batir. La directriz oligárquica se reveló declaradamente anti-heroica. Convendría que nos preguntáramos el porqué.
La cuestión de la muerte aparece en este contexto.
Daniel Cohn-Bendit, dirigente mayista.

Las drogodependencias, la pornografía, la pederastia, la corrupción de la casta política actual(nutrida por personajes oriundos de esa época) tienen mucho que ver con los hechos de Mayo de 1968, es decir, con la filosofía de Marcuse, y representan algo así como la inversión del heroísmo en una “rebelión” cuya esencia es lanegación de la muerte. La relación entre el uso de estupefacientes y la ruptura con el “principio de realidad” no parece muy difícil de comprender. Pero el sexo desempeñaba la misma función escapista. Los adolescentes captados por dicho discurso transgresor no perecieron así en un frente bélico: avergonzábanse de todo patriotismo; simplemente devinieron en yonquis, pálidos fantasmas del ídolo moderno de la “felicidad”, o en sidosos… Jamás murieron, pues, y de alguna manera el elixir mágico cumplió su promesa: sólo cesaron de vivir (ableben).

Es importante leer con detenimiento el texto adjunto, “La ideología de la muerte”, de Herbert Marcuse, y subrayar las consideraciones del mismo entorno a la muerte, el heroísmo y el “principio de realidad”. Por no hablar de su abierta reivindicación de la “cobardía”.

Pero quizá aquello que más sorprenda al lector nacional-revolucionario sea la abrumadora coincidencia entre los valores que proclama Marcuse y la postura de huída ante la muerte adoptada por escritores y filósofos presuntamente patrióticos como Julius Evola, Laureano Luna, Alberto Buela… Huelga decir que también entre la Iglesia católica y Marcuse las diferencias axiológicas en lo tocante al tema de la muerte son sólo de matiz. Véase:
A lo expuesto en el post citado cabría añadir las siguientes consideraciones:
  • El acto fundacional del heroísmo es una resolución radicalmente espiritual de sometimiento a la verdad, aquéllo que lo constituye en su esencia, a saber, la muerte, en virtud de la cual puede darse algo así como un sacrificio y, por ende, la posibilidad misma del proceder heroico.
  • Si dios existe, ha de ser comparativamente “más ético” que el hombre (en el mismo sentido en que decimos que un voluntario de la Cruz Roja como tal ostenta una superioridad moral respecto de un usurero, un pornógrafo, el administrador de un gulag, un pederasta… ). Para realizar un acto ético es menester sacrificar o perder o dar algo, aunque sea nuestro tiempo, circunstancia que implica un ente finito, pues sólo éste sería capaz de sacrificio, pérdida o dación voluntaria. Dios se presenta empero en el imaginario como un ente infinito y omnipotente, por lo tanto no puede menoscabarse en nada. Pero si dios no puede menguar, entonces es incapaz de realizar acto ético alguno. Ahora bien, aceptado que dios no puede realizar acto ético alguno, tampoco puede ser relativamente “más ético” que el hombre en tanto que mortal o “ser para la muerte”. La finitud, que en hombre significa: la muerte, constituye el fundamento de la eticidad.
  • El supremo acto ético es el sacrificio heroico; la muerte, su condición necesaria. De ahí que la finitud radical, la Verdad, deba ser afirmada como requisito de “lo más grande”, y único dios de las comunidades nacionales.
Imaginario hollywoodiense y el fascismo
El sistema oligárquico ha producido sus propias imágenes míticas sobre elfascismoEs el caso de la serie cinematográfica “La Guerra de las Galaxias”. Tras la simplicidad de los personajes, rayana en lo pueril, escóndense las claves simbólicas, todo lo distorsionadas que uno quiera pero insoslayables, del “mal absoluto”. Así las cosas, si ustedes intentan aclarar el significado de la muerte en la película, se toparán con una hilarante sorpresa.

La Ideología de la muerte (*)

Por HERBERT MARCUSETraducción: Juan-Ramón Capella

En la historia del pensamiento occidental, la interpretación de la muerte ha recorrido toda la escala, desde la idea de un mero hecho natural, relativo al hombre como materia orgánica: hasta la idea de muerte como telos de la vida, como característica distintiva de la existencia humana. De estos dos polos opuestos pueden inferirse dos morales en contraste: por una parte, la actitud hacia la muerte es la aceptación escéptica o estoica de lo inevitable, o incluso la represión de la idea de muerte durante la vida; por otra, la glorificación idealista de la muerte es lo que da “significado” a la vida, o la condición previa de la “verdadera” vida del hombre. Si la muerte se considera como un acontecimientoesencialmente externo aunque biológicamente interno de la existencia humana, la afirmación de la vida tiende a ser una afirmación final y, por decirlo así, incondicional: la vida sólo es y puede ser redimida por la vida. Pero si la muerte aparece como un hecho tanto esencial como biológico, tanto ontológico como empírico, la vida queda trascendida incluso aunque la trascendencia no asuma una forma religiosa. La existencia empírica del hombre, su vida material y contingente, se define entonces en términos de -y es redimida por- algo diferente de ella misma: se dice que vive en dos dimensiones fundamentales diferentes e incluso en conflicto, y su “verdadera” existencia implica una serie de sacrificios en su existencia empírica que culmina con el sacrificio supremo: la muerte. A esta idea de la muerte se refieren las siguientes notas.
Resulta notable la medida en que la idea de la muerte como una necesidad no solamente biológica sino ontológica ha impregnado la filosofía occidental; notable porque la superación y el dominio de la mera necesidad natural ha sido considerada en otros terrenos como el distintivo de la existencia y del esfuerzo humanos. Semejante elevación de un hecho biológico a la dignidad de esencia ontológica parece ir en sentido contrario a una filosofía que considera que una de sus principales tareas es la distinción y la discriminación entre los hechos naturales y los hechos esenciales, y enseñar al hombre a trascender los primeros. No hay duda de que la muerte que se presenta como una categoría ontológica no es simplemente el final natural de la vida orgánica; lo que se ha convertido en parte integrante de la existencia misma del hombre es más bien el fin comprendido, “apropiado”. Sin embargo, este proceso de comprensión y de apropiación ni cambia ni trasciende el hecho natural” de la muerte, sino que sigue siendo, en sentido bruto, desesperanzada sumisión a él.
Ahora bien: toda reflexión filosófica presupone la aceptación de los hechos, pero, a continuación, el esfuerzo intelectual consiste en disolver su facticidad inmediata, situándolos en el contexto de unas relaciones en que se vuelven comprensibles. Aparecen así como el producto de unos factores, como algo que ha llegado a ser lo que es o que se ha convertido en lo que es, como elementos en un proceso. El tiempo es un constituyente de los hechos. En este sentido, todos los hechos son históricos. Una vez comprendidos en su dinámica histórica, se vuelven transparentes como puntos nodales de cambios posibles; de cambios definidos y determinados por el lugar y la función de cada hecho en la respectiva totalidad en cuyo interior ha cristalizado. No existe la necesidad: hay solamente grados de necesidad. La necesidad revela una falta de poder: la incapacidad de cambiar lo que es; el término sólo es significativo como correlato de libertad: es el límite de la libertad. La libertad implica conocimiento, cognición. La penetración de la necesidad es el primer paso para su disolución, pero la necesidad comprendida no es todavía la libertad. Esta última exige el paso de la teoría a la práctica: el dominio real de aquellas necesidades que impiden o dificultan la satisfacción de necesidades. En este paso; la libertad tiende a ser universal, pues la servidumbre de los que son no libres reduce la de quienes dependen de su servidumbre (como el amo depende del trabajo de su esclavo). Semejante libertad universal puede ser no deseada o no deseable, o impracticable, pero en este caso la libertad no es todavía real: queda aún un reino de necesidad incomprensible e inconquistable. ¿Cuáles son los criterios para determinar si los limites de la libertad humana son empíricos (es decir, en último término históricos) u ontológicos (esto es, esenciales e insuperables)? La tentativa de dar respuesta a esta cuestión ha constituido uno de los mayores esfuerzos de la filosofía. Sin embargo, se ha caracterizado a menudo por una tendencia a presentar la necesidad empírica c0mo necesidad ontológica. Esta “inversión ontológica” actúa también en la interpretación filosófica de la muerte. Se manifiesta en la tendencia a aceptar la muerte no solamente como un hecho, sino como una necesidad, y como una necesidad que debe ser conquistada no destruyéndola, sino aceptándola. En otras palabras, la filosofía ha dado por supuesto que la muerte, pertenecía a la esencia de la vida humana, a su realización existencial. Además, la aceptación comprendida de la muerte ha sido considerada como una prerrogativa del hombre, como la razón misma de su libertad. La muerte, y solamente la muerte, da su ser propio a la existencia humana. Su negación final se ha considerado como la afirmación de las facultades y de los fines del hombre. En cierto sentido remoto la proposición puede ser cierta: el hombre solamente es libre si ha conquistado su muerte, si es capaz de determinar su perecimiento como el fin elegido por sí mismo de su vida; si su muerte se enlaza interior y exteriormente con su vida en el medio de la libertad. En la medida en que no es así, la muerte sigue siendo mera naturaleza, un límite inconquistado para toda vida que sea algo más que mera vida orgánica, que mera vida animal. El poeta puede implorar: O Herr, gib jedem seinen eignen Tod. La plegaria carece de sentido en la medida en que el hombre no es dueño de su vida, sino que ésta es una cadena de actuaciones preestablecidas y socialmente exigidas en el trabajo y en el descanso. En estas circunstancias, la exhortación a hacer “propia” la muerte es poco más que una reconciliación prematura con unas fuerzas naturales no dominadas. Un mero hecho biológico, impregnado de dolor, horror y desesperación, se transforma en un privilegio existencial. Desde el principio al fin, la filosofía ha mostrado ese extraño masoquismo -y también sadismo, pues la exaltación de la propia muerte ha implicado la exaltación de la muerte de los demás-.
El Sócrates platónico saluda la muerte como el comienzo de la verdadera vida, al menos para el filósofo. Pues la virtud que es el saber hace al filósofo, que se somete heroicamente a la muerte, semejante al soldado en el campo de batalla, al buen ciudadano que obedece a la ley y al orden, a todo hombre merecedor de este nombre; a diferentes niveles, todos ellos comparten la actitud idealista hacia la muerte. Y si la autoridad que sentencia a muerte al filósofo, lejos de aniquilarlo, le abre las puertas de la verdadera vida, entonces los ejecutores quedan absueltos de toda culpa por el crimen capital. La destrucción del cuerpo no mata el “espíritu”, la esencia de la vida. O acaso nos encontramos aquí ante una terrible ambigüedad: ¿hasta dónde llega la ironía de Sócrates? Al aceptar su muerte, Sócrates hace que sus jueces sean injustos, pero su filosofía de la muerte les reconoce su derecho, el derecho de la polis sobre el individuo. ¿Acaso, al aceptar el veredicto, e incluso provocándolo y negándose a escapar, refuta su propia filosofía? ¿Acaso sugiere, de una manera horriblemente sutil y sofisticada, que su filosofía sirve para apoyar a las mismas fuerzas a las que ha combatido durante toda su vida? ¿Trata acaso de mostrar un profundo secreto, la vinculación insoluble de muerte y falta de libertad, de muerte y dominación? En todo caso, Platón entierra ese secreto: la verdadera vida exige la liberación de la vida no verdadera de nuestra existencia común. La transvaloración es total; nuestro mundo es un mundo de sombras. Somos prisioneros en la cautividad del cuerpo, encadenados por nuestros apetitos, engañados por nuestros sentidos. “La verdad” está más allá. Cierto que este más allá no es todavía el cielo. Todavía no existe la certeza de si la verdadera vida presupone la muerte física, pero ya no puede haber dudas sobre la dirección en que se orienta el esfuerzo intelectual (¡y no sólo éste!). Con la desvalorización del cuerpo, la vida del cuerpo deja de ser la vida real, y la negación de esta vida es el comienzo más que el final. Además, el espíritu se opone esencialmente al cuerpo. La vida del primero consiste en dominación, ya que no en negación, del segundo. El progreso de la verdad es la lucha contra la sensualidad, el deseo y el placer. Esta lucha se dirige no solamente a liberar al hombre de la tiranía de las bestiales necesidades naturales, sino que es también la separación de la vida del cuerpo de la vida del espíritu, la alienación de la libertad del placer. La felicidad se redefine a priori (esto es, sin fundamento empírico sobre razones factuales) en términos de autonegación y de renuncia. La glorificada aceptación de la muerte, que lleva consigo la aceptación del orden político, señala también el nacimiento de la moralidad filosófica.
A través de todos los refinamientos y atenuaciones, la afirmación ontológica de la muerte continúa desempeñando su prominente papel en la corriente principal de la filosofía. Se centra sobre la idea de la muerte que Hegel describió como perteneciente al concepto romántico de Weltanschauung. Según Hegel: (1) la muerte tiene el significado de la “negación de lo negativo”, esto es, de una afirmación, como “resurrección del espíritu de la mera cáscara de la naturaleza y de la limitación de que ha salido”. El dolor y la muerte se desnaturalizan así en el retorno del sujeto sobre sí mismo, en satisfacción (Befriedigung), en gloria, y en esa existencia afirmativa y reconciliada que el espíritu sólo puede alcanzar mediante la mortificación de su existencia negativa, en la que está separado de su verdadera realidad y de su verdadera vida (Lebefllligkeit).
Esta tradición toca a su fin en la interpretación de Heidegger de la existencia humana como anticipación de la muerte, la última y más apropiada exhortación ideológica a la muerte, lanzada en el momento mismo en que se preparaba la base política para la mortífera realidad correspondiente: las cámaras de gas y los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Bergen-Belsen.
En contraste con ello, se puede construir alguna clase de actitud “normal” hacia la muerte, normal en términos de los simples hechos observables, aunque reprimida corrientemente bajo el impacto de la ideología dominante y de las instituciones apoyadas por ella. Esta actitud normal hipotética podría ser delimitada como sigue: la muerte parece ser inevitable, pero en la gran mayoría de los casos es un acontecimiento doloroso, horrible, violento y no bien recibido. Cuando es bien recibido, la vida ha de haber sido más penosa aún que la muerte. Sin embargo, el desafío a la muerte es tristemente ineficaz. Los esfuerzos científicos y técnicos de la civilización madura, que prolongan la vida y mitigan sus dolores, parecen verse frustrados, o incluso neutralizados, por parte de la sociedad y por parte de los individuos. La “lucha por la existencia”, en el interior de la nación y entre las naciones, sigue siendo todavía una lucha a vida o muerte, que exige el acortamiento periódico de la vida. Además, la efectividad del combate por la prolongación de la vida depende de la respuesta que encuentre en la mente y en la estructura instintiva de los individuos. Una respuesta positiva presupone que su vida sea realmente “una vida feliz”, que tengan la posibilidad de desarrollar y satisfacer las necesidades y las facultades humanas, que su vida sea un fin en sí misma y no un medio para mantenerse. Si se consiguieran las condiciones en las cuales esta posibilidad podría convertirse en realidad, la cantidad podría convertirse en cualidad: una duración gradualmente creciente de la vida podría modificar la sustancia y el carácter no solamente de la vida, sino también de la muerte. Esta última perdería sus sanciones ontológicas y morales; los hombres experimentarían la muerte primariamente como un límite técnico de la libertad humana, cuya superación se convertiría en el objetivo reconocido del esfuerzo individual y social. La muerte, en creciente medida, participaría de la libertad, y los individuos tendrían el poder de decidir sus propias muertes. Se dispondría de los medios para una muerte exenta de dolor, como en el caso de pacientes incurables. ¿Puede oponerse otra cosa que argumentos irracionales a este razonamiento? Solamente una: una vida con esta actitud hacia la muerte sería incompatible con las instituciones y los valores de civilización establecidos. Conducirla o bien a un suicidio en masa (puesto que para una gran parte de la humanidad la vida es todavía una carga tal que probablemente el terror de la muerte es un factor importante en su mantenimiento), o bien a la disolución de toda ley y de todo orden (puesto que la temerosa aceptación de la muerte se ha convertido en un elemento intrínseco de la moralidad pública y privada). El razonamiento puede ser inconmovible, pero entonces la idea tradicional de la muerte es un concepto sociopolítico que convierte unos sórdidos hechos empíricos en una ideología.
La relación entre la ideología de la muerte y las condiciones históricas bajo las cuales se ha desarrollado queda indicada en la interpretación de Platón de la muerte de Sócrates: la obediencia a la ley del Estado sin la cual no puede haber ninguna sociedad humana ordenada; la insuficiencia de una existencia que es encarcelamiento en vez de libertad, falsedad en vez de verdad; el conocimiento de la posibilidad de una vida libre y verdadera, junto con el convencimiento de que esta posibilidad no puede ser realizada sin negar el orden de vida establecido. La muerte es la entrada necesaria en la vida real porque la vida factual del hombre es esencialmente irreal, es decir, incapaz de existir de verdad. Pero este razonamiento está expuesto a la pregunta: ¿acaso no puede ser modificado el orden de existencia establecido de modo que se convierta en una “verdadera” polis? Platón, en su República, responde en sentido afirmativo. El Estado ideal priva a la muerte de su función trascendental, al menos para los filósofos gobernantes; puesto que viven en la verdad, no tienen que ser liberados por la muerte. En lo que respecta a los demás ciudadanos, los que son no libres no tienen que ser “reconciliados” con la muerte. Puede presentarse y hacerse presentar como un acontecimiento natural. La ideología de la muerte no es todavía un instrumento de dominación indispensable. Llegó a asumir esta función cuando la doctrina cristiana de la libertad y la igualdad del hombre en tanto que hombre se hubo combinado con las instituciones perpetuadas de injusticia y falta de libertad. La contradicción entre el evangelio humanístico y la realidad inhumana exigía una solución efectiva. La muerte y resurrección del dios-héroe, en otro tiempo símbolo de la renovación periódica de la vida natural y de un sacrificio racional, orienta entonces todas las esperanzas hacia la vida transnatural en el futuro. Debe soportarse la penalidad suprema de modo que el hombre pueda hallar su realización suprema cuando haya finalizado su vida natural. ¿Cómo se puede protestar contra la muerte, luchar por su aplazamiento y por dominarla, cuando Cristo murió voluntariamente en la cruz para que la humanidad pudiera ser redimida del pecado? La muerte del hijo de Dios confiere la sanción final a la muerte del hijo del hombre.
Los hombres poco razonables, sin embargo, continúan insistiendo en la razón. Continúan temiendo a la muerte como el horror supremo y el fin último, el derrumbamiento del “ser” en la “nada”. Aparece la “angustia” como categoría existencial, pero dado que la muerte es no solamente inevitable sino también incalculable, omnipresente y el límite prohibido de la libertad humana, toda angustia es temor; temor de un peligro real, omnipresente; la actitud y el sentimiento más racional. La fuerza racional de la angustia ha sido tal vez uno de los factores de progreso más poderosos en la lucha con la naturaleza, en la protección y el enriquecimiento de la vida humana. En sentido contrario, la cura prematura de la angustia sin eliminar su fuente y su resorte últimos puede ser lo contrario: un factor de regresión y de represión. Vivir sin angustia es en realidad la única definición sin compromisos de la libertad porque comprende todo el contenido de la esperanza: la felicidad tanto material como espiritual. Pero no puede haber (o más bien no debería haber) vida sin angustia mientras no se haya dominado la muerte, y no en el sentido de una expectación y una aceptación conscientes de la muerte de cualquier modo que viniere, sino en el sentido de quitarle su horror y su incalculable poder, así como su santidad trascendental. Esto significa que la lucha sistemática y concertada contra la muerte en todas sus formas debería ser llevada más allá de los límites declarados socialmente tabú. La lucha contra la enfermedad no es lo mismo que la lucha contra la muerte. Parece existir un punto en el que la primera deja de prolongarse en la segunda. Parece que una barrera mental profundamente arraigada detiene la voluntad antes de llegar a la barrera técnica. El hombre parece inclinarse ante lo inevitable sin estar realmente convencido de que lo es. La barrera está defendida por todos los valores perpetuados socialmente, vinculados a las características redentoras e incluso creadoras de la muerte: su necesidad natural y esencial (“la vida no sería vida sin la muerte”). La breve e incalculable duración de la vida impone una renuncia y una servidumbre constantes, un esfuerzo heroico y un sacrificio por el futuro. La ideología de la muerte actúa en todas las formas de “ascetismo intramundano”. La destrucción de la ideología de la muerte supondría una transvaloración explosiva de los conceptos sociales: la buena consciencia de ser un cobarde, la desglorificación y la desublimación; supondría un nuevo “principio de realidad” que liberaría el “principio del placer” en vez de reprimirlo.
La mera formulación de estos objetivos indica por qué han sido convertidos tan rígidamente en tabúes. Su realización equivaldría al derrumbamiento de la civilización establecida. Freud ha mostrado las consecuencias de una desintegración (hipotética) o incluso de una relajación esencial del “principio de realidad” predominante: la relación dinámica entre Eros y el instinto de muerte es tal que una reducción del segundo por debajo del nivel en que funciona de un modo socialmente útil liberaría al primero más allá del nivel “tolerable”. Ello supondría un grado de desublimación que arruinaría las conquistas más valiosas de la civilización. La visión de Freud fue lo bastante penetrante para invocar en contra de su propia concepción el tabú que violaba. El psicoanálisis casi se ha liberado a sí mismo de estas especulaciones “acientíficas”. No es éste el lugar apropiado para discutir si la afirmación de la muerte expresa un “deseo de morir” profundamente arraigado, o un “instinto de muerte” primario en toda vida orgánica, o si este “instinto” no se ha convertido en una “segunda naturaleza” bajo el impacto histórico de la civilización(2). El manejo de la muerte por la sociedad y su actitud hacia ella parecen reforzar la hipótesis relativa al carácter histórico del instinto de muerte.
Tanto el temor a la muerte cuanto su represión en la aceptación de la muerte como una necesidad sancionada entran como factores de cohesión en la organización de la sociedad. El hecho natural de la muerte se convierte en una institución social. Ninguna dominación es completa sin la amenaza de muerte y sin el derecho reconocido a dispensar la muerte -muerte por sentencia legal, en la guerra, por hambre-.Y ninguna dominación es completa si la muerte, institucionalizada de este modo, no se reconoce como algo más que una necesidad natural y un hecho bruto: como algo justificado y como una justificación. Esta justificación parece ser en último término, y dejando de lado los detalles, el sentimiento de culpa individual derivado de la culpa universal que es la vida misma, la vida del cuerpo. La idea cristiana primitiva, según la cual todo gobierno secular es un castigo por el pecado, ha sobrevivido pese a haber sido desechada oficialmente. Si la vida misma es pecaminosa, entonces todos los patrones racionales de justicia terrena, de felicidad y de libertad, son simplemente condicionales, secundarios, y se ven justamente reemplazados por patrones irracionales (en términos de la vida terrestre) pero superiores. Lo decisivo no es si esto “se cree realmente” todavía sino si la actitud motivada en otro tiempo por esta creencia es perpetuada y reforzada por las condiciones e instituciones de la sociedad.
Cuando la idea de la muerte como justificación ha arraigado firmemente en la existencia del individuo la lucha por la victoria sobre la muerte queda detenida en los individuos y por obra de ellos mismos. Experimentan la muerte no solamente como el límite biológico de la vida orgánica como el límite científico-técnico del conocimiento, sino también como un límite metafísico. Luchar, protestar contra el límite metafísico de la existencia humana no solamente es una locura: es esencialmente imposible. Lo que consigue la religión mediante la idea de pecado lo afirma la filosofía mediante la idea de la finitud metafísica de la existencia humana. La finitud, en sí misma, es un mero hecho biológico: que la vida orgánica de los individuos no perdura siempre, que envejece y se deshace. Pero esta condición biológica del hombre no tiene que ser la inagotable fuente de la angustia. Puede muy bien ser (y lo ha sido para muchas escuelas filosóficas) lo contrario, esto es, un estímulo para realizar incesantes esfuerzos por extender los límites de la vida, para luchar por una existencia no culpable, y para determinar su final, para someterlo a la autonomía humana, ya que no en términos de tiempo, sí al menos en términos cualitativos, eliminando la caducidad y el sufrimiento. La finitud como estructura metafísica aparece de manera muy distinta. En ella, la relación entre la vida y el fin de la vida está, por decirlo así, invertida. Con la muerte como categoría existencial, la vida se convierte en un ganarse la vida más que en un vivir, en un medio que es un fin en sí mismo. La libertad y la dignidad del hombre se ven en la afirmación de su inadecuación desesperada, en su limitación eterna. La metafísica de la finitud se alinea así con el tabú de la esperanza no mitigada.
La muerte cobra la fuerza de una institución que, debido a su utilidad vital, no debe ser modificada aunque acaso pudiera serlo. La especie se perpetúa por medio de la muerte de los individuos; eso es un hecho natural. La sociedad se perpetúa por medio de la muerte de los individuos, pero esto no es ya un hecho natural sino un hecho histórico. Los dos hechos no son equivalentes. En la primera proposición, la muerte es un hecho biológico; en la segunda, la muerte es una institución y un valor: la cohesión del orden social depende en considerable medida de la efectividad con que los individuos condesciendan con la muerte como algo más que con una necesidad natural; de su disposición a sacrificarse a sí mismos y a no luchar “demasiado” con la muerte. No hay que valorar demasiado la vida; al menos, no hay que valorarla como el bien supremo. El orden social exige conformarse a la servidumbre ya la resignación; exige heroísmo y el castigo del pecado. La civilización establecida no funciona sin un grado considerable de falta de libertad, y la muerte, la causa última de toda angustia, sostiene la falta de libertad. El hombre no es libre en la medida en que la muerte no se ha vuelto realmente en algo “suyo”, esto es, en la medida en que no ha sido sometida a su autonomía. La realización de semejante autonomía solamente es concebible si la muerte deja de aparecer como la “negación de la negación”, como una redención de la vida.
Hay otro aspecto siniestro en la exaltada aceptación de la muerte como algo más que un hecho natural; un aspecto que se pone de manifiesto en los antiguos relatos de madres que se complacieron por el sacrificio de sus hijos en los campos de batalla, en las cartas más recientes de madres que otorgaban su perdón a los ejecutores de sus hijos, en la indiferencia estoica con que muchos viven cerca de campos de pruebas atómicas y consideran la guerra algo normal. No hay duda de que encontraremos fácilmente explicaciones: la defensa de la nación es el requisito previo necesario para la existencia de todos sus ciudadanos; el juicio final del homicida corresponde a Dios y no al hombre, etcétera. Sin embargo, por razones más materiales, el individuo ha dejado de tener poder “para hacer algo” desde hace mucho, y esta falta de poder se racionaliza en la forma de obligación moral, de virtud o de honor. Todas estas explicaciones, con todo, parecen venirse abajo ante una cuestión central: su carácter no disfrazado, casi exhibicionista, de afirmación, de consentimiento instintivo. En realidad parece difícil rechazar la hipótesis de Freud de un deseo de muerte insuficientemente reprimido. Pero diré, una vez más, que el impulso biológico que actúa en el deseo de muerte puede no ser tan biológico. La necesidad de sacrificar la vida del individuo de modo que pueda continuar la vida del “conjunto” puede haber sido “alimentada” por fuerzas históricas. Aquí el “conjunto” no es la especie natural, la humanidad: se trata más bien de la totalidad de instituciones y relaciones que han creado los hombres a lo largo de su historia. Esta totalidad, sin la afirmación instintiva de su indiscutible prioridad, puede estar en peligro de desintegración. Cuando Hegel decía que la historia es el altar de la matanza en el que la felicidad de los individuos se sacrifica al progreso de la Razón, no se refería a un proceso natural. Señalaba un hecho histórico. La muerte en el altar del sacrificio de la historia, la muerte que la sociedad impone a los individuos no es mera naturaleza: es también Razón (con R mayúscula). A través de la muerte en el campo del honor, en las minas y en los caminos reales, por la enfermedad y la miseria no dominadas, por obra del Estado y de sus órganos, la civilización progresa. ¿Puede concebirse el progreso en estas condiciones a lo largo de siglos sin el consentimiento efectivo de los individuos, sin un acuerdo instintivo -ya que no consciente- que complemente y sostenga la sumisión impuesta por obediencia voluntaria? Y si prevalece semejante consentimiento “voluntario”, ¿cuáles son sus raíces y sus razones?
Las preguntas nos hacen volver al comienzo. La sumisión a la muerte es sumisión al señor de la muerte: a la polis, al Estado, a la naturaleza o al dios. El juez no es el individuo, sino un poder superior; el poder sobre la muerte es también poder sobre la vida. Pero ésta es sólo la mitad de la historia. La otra es la disposición, el deseo de abandonar una vida de falsedad, una vida que traiciona no solamente los sueños de la juventud sino también las esperanzas y promesas maduras del hombre. Se refieren al más allá, al más allá del cielo, o del espíritu, o de la nada. Lo decisivo es el elemento de protesta: protesta por parte de quienes carecen de poder. Y puesto que carecen de poder, no solamente se someten, sino que perdonan a quienes distribuyen la muerte. Semejante perdón puede congraciar al poder supremo y asegurar su amor, pero también consagra la debilidad. La idea de Nietzsche de la genealogía de la moral se aplica también a la actitud moral hacia la muerte. Los esclavos se rebelan -y triunfan- no liberándose a sí mismos, sino proclamando que su debilidad es la corona de la humanidad. Y la impotencia de la protesta perpetúa el poder temido y odiado.
(1) HEGEL, G. W. F., The Philosophy of Fine Art, G. Bell & Sons, Londres, 1920, vol. II.
(2) He tratado de discutir el problema en mi libro Eros and Civilization, The Beacon Press, Boston, 1955 (hay trad. cast., Barcelona, Seix-Barral, 1968).
(*) Texto perteneciente al libro, ENSAYOS SOBRE POLÍTICA Y CULTURA, Editorial Planeta-De Agostini, S.A. Traducción cedida por Editorial Ariel, S.A.
Publicado por ENSPO en 9:35 a.m.

7 comentarios:

Vailos Laros dijo…

Si no he interpretado mal el texto de Marcuse, hay que ser muy corto para comparar (o por lo menos insinuar una comparación), como hace él, la verdad de la muerte con la “mortífera realidad correspondiente: las cámaras de gas y los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Bergen-Belsen”.
Con lo que defiende, no me extraña que Marcuse fuera uno de los “intelectuales” de referencia del “mayo del 68”, que, junto con el movimiento hipy y la contracultura fue parte del movimiento de contestación que acabó siendo absorbido.
¿Y por qué acabó siendo absorbido? Porque el fondo axiológico era el mismo: negación de la finitud y esperanza en el “premio”, en el “paraíso”, aunque sea laico.
Y si el fondo axiológico era el mismo, ¿por qué aquellos contestatarios se rebelaron contra la sociedad burguesa de entonces que imponía tabúes, prohibiciones y modelos de conducta? La respuesta que se me ocurre es que fue sólo un enfrentamiento entre “maneras” de entender ese “premio” o “paraíso”, en definitiva, la negación de la muerte. La sociedad burguesa de entonces estaba contra la homosexualidad, el sexo libre, las drogas, la pornografía, etc., etc., sí, vale, y eso era lo que reivindicaban los contestatarios; pero , en cambio, predicaba los “valores cristianos” y su trasunto terrenal, la sociedad de consumo capitalista (el American way of life) al tiempo que se mantenía la práctica religiosa cristiana (no es raro ver una estampa de los años 50-70 en USA donde las “familias bien” compran y compran, son felices, lo tienen todo, viven en casas unifamiliares con jardín y hasta piscina, y los domingos van a la iglesia a escuchar el sermón y a cantar salmos…).
En el fondo no hay diferencia entre escapar de la finitud mediante “viajes alucinantes” (drogas) que, por ejemplo, someterse a la dinámica de la sociedad de consumo y juzgar a los demás por lo que tienen (consumen) y no por lo que son o valen, o entrar en una iglesia y ponerse de rodillas implorando a Yahvé el perdón de sus pecados y la vida eterna. Y por eso no es raro ver que muchos hipys de aquella época son hoy directivos y altos cargos de empresas, multinacionales y hasta de lobbies financieros.
Bueno, esta es mi opinión. ¿Alguien podría dar alguna otra explicación a la aparente contradicción en el hecho de que entre los 60 y los 70 unos contestatarios de tres al cuarto se rebelaran contra la sociedad de consumo capitalista?
Saludos.
7:51 a.m.

ENSPO dijo…

A mi entender Vailos Laros ha interpretado muy bien el texto y políticamente hablado poco hay que añadir a su lectura.
Desde el punto de vista filosófico, la distinción entre aquello que pertenece al plano ontológico y aquello que pertenece al plano óntico en Marcuse sí merece un comentario.
La cuestión que se debate es si la muerte es un simple dato que se pueda “modificar” mediante el “progreso” (nivel óntico) o algo inherente a la “realidad” como tal (nivel ontológico).
Para Marcuse la muerte sería un hecho empírico que la tecnología podría “superar”.
Evola propone superarlo mediante la magia.
Los católicos mediante la salvación promovida por un ente omnipotente al que hay que someterse primero como un insecto.
Para Heidegger la muerte no es más que un aspecto de la finitud y, por lo tanto, tiene un significado y un rango ONTOLÓGICOS.
Aceptada la tesis de Heidegger, TODOS LOS PUTOS PARAÍSOS DE LA IZQUIERDA Y DE LA DERECHA SE VAN AL BASURERO DE LA HISTORIA (resumen del proyecto fascista: acabar con esta plaga de una vez).
O en otros términos: OS VAMOS A METER LA ESPERANZA POR EL CULO.
De ahí el interés de Marcuse en mentir y engañar como sea en este terreno. Esto forma parte de la tradición judía: el fraude, la venta de la impostura, la FALSIFICACIÓN (con el fin de obtener poder).
De ahí, también, la vocación difamadora de Marcuse, confundiendo como un mentiroso patológico LA MUERTE con EL ASESINATO. Como si los asesinos quisieran morir y no, precisamente, vivir a costa de la muerte de otros.
La pregunta filosófica sería: ¿quién tiene razón? ¿Marcuse o Heidegger? La respuesta en “Ser y tiempo” de Heidegger, pues mientras Marcuse se ha limitado a hacer afirmaciones demagógicas, Heidegger FUNDAMENTA lo que dice y, en consecuencia, tiene que apoyar el fascismo (=SOCIALISMO SIN PARAÍSO).
Sólo una breve consideración expresada en el lenguaje más simplista y comprensible: aunque la medicina pudiera detener el envejecimiento como proceso biológico, no por ello erradicaría la posibilidad de morir, que es permanente e inherente a la realidad. No hay forma de reconstruir un cuerpo que ha sido TOTALMENTE DESTROZADO, pongamos por caso, mediante un ácido corrosivo. Y en un tiempo infinito de vida, los accidentes se irían multiplicando para todos los habitantes del paraíso. Tarde o temprano, la finitud llegaría, no por muerte natural o enfermedad, sino por simple azar o accidente.
Esto, conviene subrayarlo, en el supuesto hipotético y harto dudoso de que la ciencia pudiera acabar con los procesos naturales de decadencia biológica.
La finitud no es un dato biológico, empírico, óntico: la finitud forma parte del ser de todo ente. Todo ente es finito. Surge y perece antes o después. Esta es la realidad.
Adiós, por tanto, al paraíso.
El “fascismo” ha vencido ya espiritualmente hablando, porque es LA VERDAD.
Pero el fascismo no sólo acepta la muerte: LA QUIERE. La quiere como condición de posibilidad del más alto ente, del héroe trágico. Éste sólo es posible en la muerte y para la muerte. Con ello llegamos al corazón del fascismo y a las raíces del odio antifascista. También de sus crímenes contra “los fascistas”. Contra NOSOTROS. El antifascista ve al fascista como “responsable” de la muerte. Nada puede despertar tanto odio en un cobarde como esta percepción.
Saludos, camaradas.
10:09 a.m.

Anónimo dijo…

Aunque no sufrieran ningún accidente (siempre existiría la posibilidad, cierto), aunque nadie quisiera asesinarlos, los habitantes del paraíso se toparían también con la frontera por el lado de la naturaleza: la entropía cósmica. El universo avanza hacia su destrucción. No hay tecnología que pueda evitar eso, porque los recursos tecnológicos proceden de la naturaleza misma. Dado que la naturaleza es finita, también ha de serlo la tecnología y por ende la vida humana que depende de ella.
11:46 a.m.

Vailos Laros dijo…

Ciertamente mi opinión era desde el punto de vista político-social. Aunque parece que se ha entendido bien, quería decir que si el escapismo de los contestatarios era a través de la droga y la música psicodélica principalmente, el de la sociedad burguesa era (y sigue siendo) la felicidad a través del consumo, y que por eso no hay diferencia en el fondo.
Por lo demás, desde el punto de vista filosófico, que es el que da ENSPO, es todavía mucho más interesante, sobre todo me ha aportado algo nuevo que es la distinción entre el nivel óntico (el ente) y el ontológico (el ser del ente), es decir que un mismo ser (o parte del ser, como la finitud) es común a todos los entes. En otra entrada ya se dejó claro que “ente” es participio de “ser”. Creo que voy acercándome algo más a la comprensión de la difícil filosofía de Heidegger…
¿Fue Heidegger el primero en hacer esta distinción? ¿O hubo algún precursor?
12:58 p.m.

ENSPO dijo…

La terminología de la distinción entre óntico y ontológico es heideggeriana.
Pero el concepto se remonta a los orígenes de la filosofía griega, cuando se plantea la cuestión del ente en cuanto ente, es decir, de los contenidos semánticos que son inherentes al hecho de que un ente simplemente sea y no a que sea esto o aquéllo otro.
Por ejemplo, de un árbol no interesan aquí los contenidos que son objeto de la botánica.
Tampoco aquéllos otros que, como la madera, puedan tener un valor económico.
Ni siquiera aquellos que puedan ser relevantes para un artista.
Lo único que interesa del árbol es que es ente, como lo es una estrella, una piedra, un mar…
“Todo lo que es”= ente.
Pero los griegos dan un paso más.
No se refieren únicamente al ser de los entes en cuanto tales, sino al ente “en su conjunto”. Hacen abstracción de la pluralidad de entes y preguntan por EL ente.
No se trata de un ente supremo o todopoderoso, sino del ente entendido como totalidad en un sentido inmanente.
Esta pregunta ha pasado a la historia de la filosofía como PREGUNTA POR EL ENTE EN CUANTO TAL Y EN TOTAL.
La cuestión planteada por Marcuse/Heidegger se podría resumir así: ¿la muerte es un rasgo óntico del ser vivo o pertenece a la finitud como ser del ente en cuanto tal y en total (o sea, es ONTOLÓGICO)?
Ontológico=aquello que pertenece al ente, aquello que es necesario y al margen de lo cual el ente no puede ser ni siquiera pensado.
Lo que no cambiará nunca por muchas transformaciones sociales que haya. Lo que forma parte de la existencia misma, del DESTINO (Moira, en griego).
Por eso Ramiro Ledesma escribió: la filosofía, disciplina imperial.
Ahora entendemos el porqué.
3:02 p.m.

Vailos Laros dijo…

Gracias por la explicación, ENSPO.
Digamos que Marcuse, para quien la muerte es un rasgo óntico (mientras que para Heidegger es ontológico), pretende que la muerte se puede “superar” (eliminar) como quien se propone eliminar, por ejemplo, todos los árboles de una determinada zona o del mundo entero, usando una tecnología que los mate e impida que vuelvan a reproducirse.
Y parece que la ciencia está investigando en ello, experimentando con células-madre para encontrar los límites de la decadencia biológica. Pero, como dice ENSPO, unido al concepto de entropía cósmica que ha expuesto el Anómimo, la finitud sobreviene de alguna forma, tarde o temprano.
Interesante también la relación con Ramiro Ledesma. Me gustaría que en una entrada posterior se expusiera la relación entre Heidegger y Ortega y Gasset, ese otro gran “conocido desconocido”.
5:23 a.m.

ENSPO dijo…

Ortega y Gasset planteó algunas cuestiones comunes con Heidegger. Recomiendo los siguientes libros:
“El laberinto de la razón. Ortega y Heidegger”, de Antonio Regalado García.
“Los profetas y el mesías. Lukács y Ortega como precursores de Heidegger en el Zeitgeist de la Modernidad (1900-1929), de Francisco Gil Villegas.
10:28 a.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/08/la-fundamentacion-del-fascismo-4.html
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s