4 junio 2012, Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (5,6 y 7)

sábado, junio 02, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (5)

Mientras examinamos toda la documentación pertinente de y sobre Evola, nos hemos detenido y tomado un respiro para echar un vistazo a los “evolianos” más próximos al “caso MSR” que aquí nos ocupa. El año 2010 (la fecha no es casual, como veremos), Ediciones Nueva República, la casa regentada por el presidente del MSR, Juan Antonio Llopart, publicó oportunamente y en la época de la famosa “foto de la vergüenza”, la  Introducción al tradicionalismo de Julius Evola, de Ángel Fernández. Se supone que en las 95 páginas de texto (el resto son anexos antológicos) encontraremos un resumen de la doctrina evoliana que constituirá, también, una muestra del nivel teórico y sesgo político de los propios evolianos. No entraremos aquí en la cuestión de si la interpretación que los evolianos hacen de Evola es “correcta” o no. Se observa, bien es cierto, por ejemplo en la Biblioteca Evoliana, una sutil censura del períodofilosófico (1925-1930) de Evola, cuando éste publica libros que no ha habido interés en traducir al español, como la Teoría del individuo absoluto (1927) o la Fenomenología del individuo absoluto (1930). Sí ha sido traducido, en cambio, el Ensayo sobre el idealismo mágico (1925), cuyo título ya sabe a turrón. Estas obras, donde Evola no pretende hablar como “iniciado”, sino en calidad de filósofo, ponen en evidencia, con toda su enorme vulnerabilidad, el núcleo de la ideología evoliana y su dependencia de determinados pensadores clásicos, a los que retuerce y exprime para llegar allí donde más le interesa llegar al señor barón, a saber: la negación de la muerte (su propia muerte, conviene añadir), aunque sea utilizando, a la postre, “métodos” (?) mágicos.Pero de esta cuestión nos ocuparemos en otra entrada.
Evola contra Salò o el cautiverio esotérico del MSR
Antes de profundizar en una materia filosófica harto compleja que requiere el análisis previo de los mencionados escritos, entre otros, hemos intentado, en efecto, detectar en el libro introductorio de Ángel Fernández Fernández el reconocimiento de ese punto de ruptura con la inteligencia y la racionalidad que hace del evolianismo un absurdo político. Así, en los pasajes dedicados a la sociedad de castas que abiertamente defiende Fernández como alternativa a la modernidad, encontramos la siguiente caracterización de los shudras u obreros:
En último lugar, debemos hablar de los shudras que se podrían equiparar al obrero, ya que son aquellos que no dependen de sí mismos. Carecen de la capacidad intelectiva que les permita acceder a la trascendencia e ideales espirituales (Fernández Fernández, Á., op. cit., pp. 48-49).
Recordemos que en su libro ¿Qué es ser nacional-revolucionario?, publicado no en vano el mismo año y en la misma editorial por Juan Antonio Llopart Senent, se caracterizaba el “ser” nacional-revolucionario en términos claramente evolianos. Afirmóse allí, en efecto, que la esencia de lo NR son los valores, pero usurpando, amputando y tergiversando tanto el programa político original (1997) de Alternativa Europea, cuanto la conferencia “Nacional-revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?” (2008) de Jaume Farrerons. Esta caracterización axiológica adquiría ahora un sentido irracionalista, reaccionario y derechista. Llopart habla, recordémoslo, sin dar otra explicación que la típica del héroe interpretado como guerrero, de una “espiritualidad de los valores” cuyo trasfondo social y político no es otro que aquélla de la sociedad de castas.
Ahora bien, si admitimos semejante discurso ideológico como “fundamento” del programa político del MSR, las paradojas que se desencadenan no dejan de resultar risibles e inagotables, por decirlo suavemente. En primer lugar, en el esquema de castas, la casta de los comerciantes es superior a la de los obreros. Según Ángel Fernández Fernández por debajo de los khsatriya(guerreros) encontramos, en efecto, a los vaisiya (mercaderes):
Seguidamente tenemos a los khsatriya que eran la casta de los guerreros y que buscan la realización espiritual a través de la acción pura, no materializada. En esta categoría entraría el propio Evola como hemos visto con anterioridad. El mejor ejemplo de ese concepto de acción viene dado por las órdenes de caballería medievales. / Después tenemos a los vaisiya que son los que Evola denomina casta de mercaderes. Se encuentran al nivel de lo puramente material que ven como un objeto de ganancias. Aquí tenemos la esencia del espíritu burgués y su voluntad por convertirlo todo en negocio y lucro (op. cit., p. 48).
!Defendamos lo que es nuestro!
Fernández no explica por qué motivo se encontraría el burgués por encima del obrero (o campesino) y cómo se puede tener la desvergüenza de pretender, en tanto que de nacional-revolucionario, que los trabajadores, por una cuestión de “raza espiritual”, es decir, no nos engañemos, de nacimiento, somos unos seres que “carecen de capacidad intelectiva que les permita acceder a la trascendencia e ideales espirituales”.
Por otro lado, que Juan Antonio Llopart, en su propio libro, se está refiriendo al kshatriya como paradigma  del militante social-republicano, es algo obvio por la misma caracterización del héroe en cuanto guerrero y de los valores por su “espiritualidad”, a cuya carencia alude Fernández por lo que se refiere a losshudras u obreros. Véase Llopart:
Por otro lado, está otra concepción espiritual, aquella que rechaza la concepción materialista, tanto del materialismo dialéctico marxista, como de la concepción materialista liberal, pero al mismo tiempo rechaza, en base a los Valores que asume y defiende, la espiritualidad proveniente de la fe religiosa: la ESPIRITUALIDAD DE LOS VALORES. En efecto, el NR cree en el héroe antes que en el santo, en quien vence en buena lid antes que en el mártir sumiso, antepone la fidelidad y el honor antes que la caridad y la resignación, considera la cobardía y el conformismo como un mal peor que el pecado; el NR no lucha por un Paraíso celestial pleno de igualdades y de felicidad, lucha por una concepción heroica del hombre, por una espiritualidad de combate contra la moral del esclavo (Llopart, J. A., op. cit., 2010, p. 52).
Sin embargo, la sociedad de castas es precisamente una sociedad de esclavos, y la teoría evoliana del guerrero no hay manera de hacerla encajar, a menos que se trate de un engaño para bobos, en la concepción de las dos “clases”, léase: la “clase del sistema” y la “clase revolucionaria”, proclamada por Llopart, pues según éste:
Kshatriya contento. Felicidades por la faena. Eres un as.
Cuando hablo de Clase Revolucionaria, hablo de todas aquellas personas cuyo afán no es otro que el de subvertir el actual orden capitalista globalizador apoyados en una escala de VALORES superiores, tales como la Verdad, la Solidaridad, la Fidelidad, el Honor… Una clase Revolucionaria que tiene el deber moral de unificar todos sus frentes e integrar en ella a todos los auténticos revolucionarios, expulsando todas las expresiones propias de la Clase del Sistema, en especial toda manifestación de materialismo (Llopart, J. A., op. cit., p. 13):
Y ahora nos preguntamos, ¿se les ha explicado a los miembros de la “clase” revolucionaria de procedencia obrera –shudras– que están luchando para subvertir el orden capitalista pero sólo a efectos de restablecer el orden premoderno del Antiguo Régimen en su versión más dura, a saber, la sociedad de castas hindú? ¿Se les ha confesado o advertido a dichos camaradas que en ese nuevo sistema “tradicional”, ellos serán considerados seres inferiores a los burgueses (vaisiyas) y, en fin, unos idiotas carentes de “capacidad intelectiva” y de toda dignidad espiritual?
En tercer lugar, la distribución de méritos resulta un tanto arbitraria. Así, Evola se sitúa a sí mismo entre la casta de los guerreros, cuando a lo largo de toda su vida no fue más que un rentista dedicado al yoga, el consumo de drogas y la ociosa redacción de libros, alguien que, adormeciendo su mala conciencia de intelectual corroído por el auto odio, se paseaba bajo las bombas a fin de demostrar que no era lo que efectivamente era, sino un kshatriya védico del siglo XV antes de Cristo. Ahora bien, ¿quién decide aquello que le corresponde a cada cuál por lo que respecta al rango de la escala “tradicional”? ¿El propio Evola? ¿Con qué autoridad? ¿Por qué el patético Julius había de ser a priori “mejor”, en cualquier sentido de la palabra,  que los profesores universitarios alemanes caídos por su país en el frente ruso, a quienes nunca se les hubiera ocurrido considerarse superiores a los trabajadores que, codo con codo, combatían a su lado luciendo el mismo uniforme?
En cuarto lugar, desde el esquema de “análisis” evoliano (por llamar de alguna manera a la “castiza” narración histórica de la decadencia progresiva), el enfrentamiento actual entre burgueses y trabajadores, que correspóndese aproximadamente con la oposición entre la “clase” sistémica y la “clase” revolucionaria de Llopart (es obvio que la mayoría de los oligarcas son burgueses y la mayoría de las víctimas de los oligarcas somos trabajadores), opondría una casta superior, los vaisiya(burgueses), a una casta inferior, los shudra(trabajadores). En definitiva, no quedando ya más guerrero que Evola (¿y Milá?), y esto por designación propia, los nacional-revolucionarios evolianos deberían así apoyar a los burgueses como mal menor frente a la degradación “espiritual” que comportaría la toma del poder político por parte de los trabajadores. Esto es exactamente lo que creía hacer Evola al dar cobertura ideológica a la red Gladio, conspirando conscientemente para el atlantismo conservador frente al totalitarismo comunista. A evitar que los nacional-revolucionarios de la RSI (Salò) incurrieran en tentaciones obreristas dedicó toda su vida el canallesco y prepotente barón siciliano. Milá le siguió en España. Más sorprendente es que el MSR se haya prestado a repetir la operación en 2008-2010 cuando parecía, con el programa de AE del año 1997 en la mano, que la cuestión de los valores expuesta por Jaume Farrerons vacunaba a los NR, ya de una vez por todas, contra esa enfermedad política incurable denominada “extrema derecha”. Pero Llopart no había entendido nada de los “valores” y, en cualquier caso, perseguido por la fiscalía, su catadura moral le impedía hacer los sacrificios personales inexcusables para consumar el retorno a las fuentes izquierdistas y revolucionarias del fascismo originario. No quería, Juan Antonio, quedarse solo y ver hundido su negocio editorial, que le da de comer.
El MSR (Movimiento Social Republicano) nació como plasmación de ese proyecto de refundación inspirada en el giro izquierdista de Mussolini durante la República Social Italiana (RSI). Esta es la verdad. Evola, que ya en el Ventennio consideraba al fascismo una cosa demasiado izquierdista, contempló el tardío intento mussoliniano de recuperar las esencias del fascismo de 1919 como una amenaza para su concepción reaccionaria del mundo. El odio de Evola a la RSI es el mismo tipo de tic clasista vomitivo que experimentaría ante el MSR si éste hubiera permanecido fiel a sus directrices (re)fundacionales. Para que no quepa duda de lo que diría Evola de los social-republicanos nos remitimos una vez más al libro de Ángel Fernández Fernández:
De hecho de Saló (sic), Evola no es capaz de extraer nada positivo en clave tradicional (op. cit., p. 61).
Lo único que admiraba Evola del fascismo era… !su pestilente contubernio con la monarquía! Al rey le asignaba Evola (suponemos que en estado de delirio) la función de autoridad que veía erosionada en el mundo moderno. Pero precisamente, Salò significa la ruptura republicana en que el Duce ya no encarnará una mera figura secundaria subordinada al monarca:
Esta función es la que Evola asignaba a Mussolini y que quedó rota a partir de la república de Saló(sic), en la cual además se acentuaban los elementos socializantes (op. cit., p. 62).
MSR: ¿construyendo la sociedad de castas? El propio Fernández detecta la contradicción en la que se enfanga el evolianismo cuando intenta pasar de las fantasías esotéricas a los hechos sociales y políticos concretos:
Evola hablaba de la necesidad de infundir unos nuevos valores y un código ético de honor y fidelidad entre los trabajadores y los empresarios. Paradójicamente, la república de Saló (sic), a la que tanto despreciaba Evola, fue la que planteó una lucha más decidida contra el capitalismo ya que todo trabajador era, junto al empresario, quienes tomaban decisiones excluyendo del proceso productivo a los simples especuladores, extraños a estos procesos de producción (op. cit., p. 63).
Así que, desde el punto de vista doctrinal, incluso José Antonio Primo de Rivera, un católico que inició el proceso de derechización del proyecto fascista español fundado por elheideggeriano Ramiro Ledesma Ramos, se encuentra más próximo a los fundamentos ideológicos nacional-revolucionarios que cualquier evoliano, es decir, más a la izquierda. Existen centenares de ejemplos que podrían acreditar e ilustrar esta afirmación, nos limitaremos a uno:
El régimen social imperante, que es, por de pronto, lo que se ha salvado de la Revolución, nos parece esencialmente injusto. Hemos estado contra la Revolución por lo que tenía de marxista y antiespañola, pero no vamos a ocultar que en la desesperación de las masas socialistas, sindicalistas y anarquistas hay una profunda razón en la que participamos del todo. Nadie superanuestra ira ni nuestro asco contra el orden social conservador del hambre de masas enormes y tolerante con la dorada ociosidad de unos pocos (José Antonio, Obras Completas, p. 310, manifiesto de 13 de octubre de 1934).
Dorada ociosidad del terrateniente Julius Evola. Entre un evoliano y un falangista católico, incluso un franquista (que ya ni siquiera es falangista, como sabemos), hay que quedarse con el católico. Por muy reaccionario que éste sea, siempre sentirá mayor respeto y empatía  por la Stimmung“fascista” (=izquierdista nacional) que un aristócrata repulsivo con monóculo, empeñado en trasplantar el régimen de castas de la India a Europa. Pues no nos engañemos sobre la “agenda social de Evola”; trátase, efectivamente, de restablecer la esclavitud en el solar histórico donde surgiera el socialismo como imperativo de dignidad humana del pueblo de la naciónSuperar el franquismo para caer en el evolianismo es, por tanto, como curarse de una gripe letal sólo para pillar la tuberculosis crónica degenerativa. Mas no otro ha sido el camino emprendido en 2008 por el MSR gracias a Juan Antonio Llopart Senent.
Valga lo dicho hasta aquí sólo como aperitivo político de la caracterización que los propios evolianos hacen de la obra de Evola, porque sólo por sus efectos políticos sobre el campo NR nos ocupamos del escritor italiano. Si dichos efectos, que por cierto son perversos, no se detectaran con pesar, tampoco perderíamos el tiempo en semejante bodrio, Julius Evola, cuyo valor filosófico es nulo y, a diferencia del filósofo y militante nacionalsocialista Martin Heidegger, carece de toda relevancia en el panorama mundial del pensamiento. Volvamos pues a Ángel Fernández Fernández y su ensayo introductorio. Nuestra intención es ir derechos al corazón mismo del evolianismo interpretado por los propios evolianos. Ya veremos en otras entradas hasta qué punto, si fuera el caso, se equivocan los evolianos incluso en la exégesis de su risible magister
Ángel Fernández Fernández en un acto del MSR. La esencia del evolianismo según Ángel Fernández Fernández
En la página 38 del libro del Sr. Fernández Fernández nos topamos, pasmados, con la siguiente afirmación del autor:
En los remotos comienzos de la humanidad se vivía en una sede ártica primordial donde los hombres, de naturaleza celeste, disfrutaban de los mismos privilegios de (sic) los dioses.
No vamos a mofarnos cruelmente, aunque podríamos hacerlo, de este “enunciado”. Nos limitaremos a emplearlo como hilo conductor para distinguir aquellas ideologías que pueden fundamentar un programa político en tanto que ostentan una legítima pretensión de validez, de aquellas otras que pertenecen al mundo de las sectas, la religión, la literatura, las opiniones personales u otros ámbitos de lenguaje. Por este camino alcanzaremos el meollo del evolianismo eludiendo el fárrago selvático de su prolífica literatura. El presente enfoque puede asimismo concebirse como una guía de lectura crítica del aristócrata italiano. Sin olvidar que Evola fue, en primer lugar, un antifascista (y de la peor especie), de manera que entra de lleno en los intereses de nuestra bitácora independientemente de los ligámenes que haya podido establecer, desde el punto de vista ideológico, con el Movimiento Social Republicano.
Entendemos, para empezar, que el Sr. Fernández, si la doctrina evoliana ha de ser vinculante en orden a una acción política, está haciendo con la frase citada una afirmación de hechos. Para que nos entendamos, una afirmación de hechos es algo tan simple como decir: “en esta silla está sentado Ernesto Milá”. Si pretendemos que esto es verdad, la forma de acreditar la validez del enunciado consiste en constatar que, efectivamente, Ernesto Milá está sentado en la silla. Dicha operación puede resultar mucho más complicada de lo que parece a primera vista y en el ámbito de la criminología se utiliza incluso la dactiloscopia para identificar a las personas, pues quien está ahí sentado podría ser alguien muy parecido a Milá, pero no el mago iniciado Ernesto Milá Rodríguez. En el caso de hechos históricos, la verificación realízase mediante métodos de documentación, química, arqueología… La física puede requerir instrumentos complejísimos de alta tecnología, etcétera. En cualquier caso, una afirmación de hechos ha de poder verificarse, sobre todo si contradice todo lo que sabemos en relación con algún tema. Cuando afirmamos que París es la capital de Francia, resultará fácil aceptar esa pretensión; y nadie “comprueba” todo lo que “sabe”. No así si la frase del ejemplo se modifica de la siguiente manera: “en esta silla está sentado elkshatriya Ernesto Milá”. Habría que acreditar otro hecho previamente, a saber, que Ernesto Milá es un kshatriya. Desde luego, si la condición de kshatriya se establece de la siguiente manera: “es unkshatriya todo aquel que sostenga serlo“, como ocurre con los seguidores del Barça o los amantes de la cerveza, entonces no habrá problema teórico. Pero si el carácter de kshatriya otorga algún derecho, un efecto real en el mundo social, la cosa cambia. En una oposición a una plaza de funcionario público, la condición de licenciado universitario puede ser requisito necesario de participación y entonces habrá que acreditar la existencia del título que garantiza la posesión de determinados conocimientos. Evola se consideraba a sí mismo un “guerrero”, miembro de una casta superior y, en consecuencia, “mejor” que otras personas, pero esta pretensión carece de todo fundamento, su validez es la misma que la condición de “pueblo elegido” de los judíos, léase:ninguna validez, por mucho que los interesados se otorguen inmediatamente a sí mismos ciertas presuntas prerrogativas cuyo disfrute explica la obscena impostura.
En el evolianismo, nos encontramos con el siguiente criterio de validación de los enunciados doctrinales: son válidos aquellos enunciados que hayan sido emitidos por un iniciado. Lacondición de iniciado, empero, no es verificable como algo relevante, sino un rasgo descriptivo del mismo tipo que la de seguidor del Barça o amante de la cerveza. No obstante lo cual, dicha condición otorgaría supuestos derechos, pues, según los evolianos, sólo los enunciados con pretensiones de validez proferidos por un iniciado son válidos, o sea verdaderos, y así lo mantienen los propios interesados por motivos obvios que no se le escapan a nadie.  Tales “verdades” ostentan el mismo valor teórico que, en un supuesto, la siguiente:”Ernesto Milá afirma que sólo los enunciados con pretensiones de validez proferidos por el propio Ernesto Milá son válidos y todo el resto, sin excepción, falsos”. Hay “doctrinas” que no pertenecen al ámbito del pensamiento, sino de la picaresca. Y, en el fondo, ésta es la “teoría” evoliana delIndividuo Absoluto. Pero la evidencia de que semejante “teoría” no se sostiene es que existenmuchos individuos, de manera que ninguno de ellos puede ser absoluto, sino relativo a “los otros”, a menos de hallarse el sujeto bajo los efectos del autismo o de un delirio, brote esquizofrénico, acceso de mitomanía aguda, drogas, etcétera. El mismísimo Evola, a pesar de sus mágicos intentos de auto-divinización, está muerto y hoy es sólo un residuo material cuya existencia insoslayable refuta de facto cualquier cosa que haya escrito en sus lamentables libros. Las consecuencias lógicas del criterio evoliano de validez resultan, pues, fulminantes y radicalmente destructivas. De ahí que pueda haber, si aceptamos la locura del Individuo Absoluto (=iniciado, mago, chamán)  tantos enunciados válidos como sujetos profirientes, y no hay forma de verificar si el enunciado válido es A o su contrario, no-A. Cada individuo preténdese absoluto y con ello se precipita en el “individualismo” y el “relativismo” que afirmaba querer combatir. La esencia de la crisis axiológica del mundo liberal no es otra que ésta. Pero los evolianos aspiran a superarla destruyendo de raíz toda racionalidad, toda fundamentación objetiva que pueda generar un discurso susceptible de ser asumido por su validez y no “porque lo dice X que dice que sólo lo que él dice es la verdad”. La afirmación de hechos emitida por Ángel Fernández Fernández, además de ridícula, pertenece al tipo de enunciados y situaciones teóricas de colapso o crisis en el ámbito de las ideas morales, políticas y sociales característico de la modernidad nihilista. Para ser más exactos, resume la consumación  del nihilismo en la autodestrucción de la razón y el retorno a estadios pre civilizatorios de sociedad (chamanismo). Los evolianos liquidarían Europa en muy poco tiempo si dispusieran de los medios para aplicar su “programa” o un simple plan que fuera “coherente” con las majaderías del barón siciliano.
Kshatriyas a gogó: Milá, el maestro iniciado. En efecto, lo expuesto por Fernández tiene el mismo valor doctrinal que si alguien propusiera lo siguiente: “en el centro de la galaxia flota un cucurucho congelado que le hacía de gorro de dormir al creador del universo”. No se trata de una afirmación de hecho que no se haya confirmado pero quizá algún día pueda confirmarse, sino de un enunciado fáctico que, por principio, es inverificable -o sea, que lo será siempre. Ejemplo paradigmático de este género de enunciados: “hay vida después de la muerte o en el más allá el paraíso de las huríes”. Otro: “dios creó el mundo de la nada, hízose hombre, fue crucificado para expiar nuestros pecados y nos ama apasionadamente a pesar de nuestras culpas”… Podemos inventarnos de éstos tantos cuantos queramos, podemos creérnoslos por un acto de fe o porque es nuestra “respetable” opinión de “irrepetibles” y sacrosantos individuos (cada persona es un mundo, bla, bla, bla), pero no son enunciados vinculantes porque carecen de cualquier  criterio de convalidación racional.
Tampoco forman parte, este tipo de “enunciados”, de las producciones lingüísticas de la literatura, que no apelan a referentes reales, sino a un valor meramente estético y, por así decirlo, autorreferencial del signo. En ese concepto “poético” se podría alojar la conocida obra de Miguel Serrano.
Sólo existe un tipo de afirmaciones de hecho en que la frase publicada por el Sr. Fernández pueda, en cambio, ubicarse, a saber, el de la religión y, más en concreto, el del sectarismo. Pues las religiones se basan en afirmaciones de hecho, como la resurrección de Cristo o la creación divinaex nihilo del mundo, que en la mayor parte de los ocasiones, si no en todas, no pueden ser objeto de desempeño, es decir, de fiscalización en cuanto a su validez frente a la ocurrencia contraria o, en general, frente a cualquier mensaje enunciativo que le apetezca producir a un hablante. En el caso de las sectas, estamos ante afirmaciones de hecho cuya validez depende, como ya hemos apuntado, de su proferencia por parte del jefe -un iniciado– pero que nadie podrá nunca legitimar. Sin que, pese a ello, el seguidor sectario se haya molestado en reflexionar ni  cinco segundos sobre cómo se acredita la condición de iniciado, cosa nada baladí, pues ésta comporta poco menos que una suerte de “exclusiva epistemológica” en la emisión de enunciados verdaderos.  Las afirmaciones mágicas -que de eso se trata- son aceptadas normalmente por los adeptos porque les confieren alguna ventaja, aunque sea puramente ilusoria, subjetiva, o por motivos estéticos, o ambas cosas a la vez: los correligionarios del “iniciado” se consideran kshatriyas, seres superiores a los demás vecinos del barrio marginal, miembros de una raza divina o elegidos para la salvación… Todo lo cual entraña, como parece, una serie de beneficios psicológicos, pero del mismo orden que el consumo de drogas, el sexo “materialista” o el abuso del alcohol… Ninguno de los miembros de la secta ha verificado nunca la validez de aquello que pretende el iniciado, simplemente “les gusta” y “les conviene” adherirse al dogma de turno. Y ahí termina la cosa. La idea que no ha entrado en la mente por la vía de la razón, los hechos comprobados o cualquier otro canal regular de control institucionalizado (ciencia positiva, lógica, matemática, fenomenología, etc), tampoco saldrá de ella como resultado de una crítica o argumentación, por muy aguda que ésta sea. Nadie ha podido, en suma, “acreditar” que en sus orígenes la humanidad estuviera formada por seres divinos acomodados en una sede ártica y cabe preguntarse cómo habría obtenido Evola semejante “información” si dios mismo no se la hubiera comunicado utilizando canales místicos. Ahora bien, ¿qué evoliano le pidió cuentas a Evola (o a Milá)? Forma parte del funcionamiento de la organización sectaria que el mérito del seguidor consista en aceptar ciegamente aquello que le inculquen los cabecillas, jamás en su capacidad intelectual o conocimientos reales. El iniciado, el capitoste, sabe que no tiene que demostrar nada; y sabe también que la sumisión de sus “discípulos” se debe a las compensaciones ficticias, puramente hedonistas, con las que este vendedor de aire jugará usando de una astuta habilidad sacerdotal manipuladora tan vieja como la humanidad.
Cartel de la conferencia de Ángel Fernández Fernández.

Las contradicciones internas del discurso evoliano
Hasta aquí, dirán los lectores, nada nuevo. Pero lo cierto es que sí existen vías para “argumentar” contra determinadas construcciones doctrinales sectarias, irracionalistas, como las de Evola, cuando se parte del supuesto de que estamos actuando en una organización política. Siendo así que las ideologías de las organizaciones políticas tienen como finalidad convencer a los ciudadanos de la racionalidad, eficiencia o fundamentación de un programa político. En consecuencia, una ideología sectaria no podráfundamentar nunca un programa político, porque apela a la fe y sólo convence a quienes ya estaban convencidos, es decir, no respeta las normas básicas de la prueba y el razonamiento. Si mañana se presenta un conferenciante del MSR en una universidad para explicar cuáles son los fundamentos de su programa político, no podrá apelar honestamente a Evola. Resultaría indecente explicarle a la gente que son shudras idiotas, que se los va a someter a una sociedad de castas, que el principio de racionalidad y fundamentación es concausa de la decadencia del mundo, y añadir a renglón seguido los motivos (¿racionales?) de esta pretensión evitando incurrir en flagrante contradicción e insulto a la inteligencia del auditorio. Los irracionalismos son así: degradantes. Tampoco podrá sostener el ponente, ante personas digamos normales, que la ideología del MSR es válida porque la elaboró un “iniciado”, ni mucho menos que en los orígenes de la humanidad existían unos seres divinos (de los que desciende Evola) o mamarrachada similar,sin desencadenar la hilaridad general e incluso la indignación del público asistente. Sólo existe una situación concebible en que los estudiantes y profesores de una universidad admitirían el discurso evoliano como una cadena de enunciados válidos, a saber, que el respetable esté ya formado por evolianos académicos, o sea, un círculo cuadrado. Pero nadie apoyará al MSR por las “argumentaciones” (¿cuáles?) que un evoliano pueda “exponer”, de suerte que, en todo caso, el evolianismo es políticamente inútil, cuando no totalmente perjudicial para la credibilidad de una organización política seria.
Unidad, no oposición, de masculino y femenino  en la mitología hindú. Una segunda vía para refutar el evolianismo es reclamar algún tipo de evidencia, por ínfima que sea, de los poderes mágicos o paranormales en que supuestamente se acreditaría la realidad de la iniciación de quien considérase superior al resto de los mortales. Pero que yo sepa, ninguno de estos chamanes ha demostrado jamás mediante hechos la mayor eficacia de lamagia frente a la tecnología de procedencia racional. Todas las sociedades tradicionales han sido derrotadas por las sociedades modernas. La razón vence a la tradición una y otra vez, dondequiera que ambas entidades se encuentren. La trascendencia es tan… trascendente (=más allá, en la acepción evoliana), que simplemente no se la capta por ningún lado, no “es”. La India, con centenares de millones de habitantes, fue conquistada por un par de regimientos británicos y ningún kshatriya se mostró capaz de impedir la conversión del entero subcontinente en una colonia de la comparativamente pequeñísima Inglaterra. Los magos no han podido evitar tampoco, usando de sus “poderes sobrenaturales”, el triunfo de los políticos materialistas. Evola podía haber acreditado su iniciación mágica derribando los bombarderos angloamericanos que arrasaban Alemania en 1945, pero las ruinas atestiguan su tántrica impericia. Ni un millón de magos practicando aquellos patéticos ritos y “técnicas” cretinescas hubiera impedido la masacre de Dresden: para ello hacían falta cosas tan triviales, tan “materiales” e inmanentes, como combustible, cazas y pilotos adiestrados con suficiente margen de tiempo, cañones antiaéreos, códigos matemáticos de comunicación indescifrables, radares… Por nuestra parte, todavía seguimos esperando a que el mago Milá nos incinere con su rayo verde. Se lo hemos rogado encarecidamente, pues al perecer de esta manera volveríamos a creer en dios y nuestro fallecimiento coincidiría con la salvación de nuestra desafecta alma… La simpleconstatación omisiva de hechos exigibles e inherentes a la definición misma de lo tradicional pone en evidencia que las doctrinas evolianas, basadas en el yoga tántrico, la cábala, el esoterismo, la alquimia, etcétera, son un fraude desde todos los puntos de vista a los que quepa apelar: la contrastación objetiva fáctica, la función organizativa y los efectos políticos. La impotencia e inutilidad de las supuestas ciencias herméticas plasmada en una realidad histórica que todos nosotros, si no somos imbéciles, podemos constatar cada día, debería ser determinante a la hora de decidir si debemos, o no, convertirnos en “evolianos”.
Pero existe un tercer y último criterio para confutar, sin tener que apelar a los hechos (efectos políticos o históricos e ineficiencia real de las disciplinas mágicas), la pseudo doctrina evoliana: lascontradicciones lógicas internas, apabullantes, del discurso producido por los evolianos (ya haremos traslado del método al propio Evola, de momento nos limitaremos al ensayo de Ángel Fernández Fernández). Quede claro que no aceptamos ninguna de las “afirmaciones de hecho” que vamos a barajar aquí, pero ahora ya no nos referiremos a su falta de fundamentación, a su carácter fraudulento, sino a la incongruencia lógica que opone unas afirmaciones de hecho (evolianas) contra otras invenciones de la misma calaña (o sea, también evolianas). La crítica inmanente, interna, del evolianismo, es el método que utiliza la filosofía a efectos de “deconstruir” los mitos.Las afirmaciones de hecho en cuanto tales se las dejamos a la historiografía y la antropología, aunque no renunciaremos, más adelante, a hacer algunas observaciones críticas sobre determinados aspectos del relato histórico evoliano, repleto de abusos, engaños y manipulaciones que sólo a un niño, a un analfabeto o a un sectario le podrían pasar desapercibidas.
La esencia filosófica del evolianismo la resume el Sr. Fernández Fernández en una frase platónica que no deja lugar a dudas sobre cuál es el referente último de esta “doctrina”:
Dentro del mundo de la Tradición hay un principio esencial que marca una frontera muy clara con los tiempos actuales. Se trata de la idea de lo que permanece frente a lo que deviene, de lo real frente a lo que es pura ilusión. Con esto queremos decir que los valores que forman parte del ámbito tradicional son eternos e invariables. Pues aquello que permanece en el tiempo y en el espacio adquiere el verdadero significado de lo real. (…) La Tradición no depende de las contingencias que los hechos humanos puedan provocar, y ahí reside su poder intemporal y superior (Fernández Fernández, Á., op. cit., p. 37).
La “alternativa” política de Ernesto Milá. Platón otra vez. Y en estado químicamente puro. De manera que Evola responde a la crítica nietzscheana del platonismo rehabilitando, aunque sin explicar cómo, al filósofo ateniense, que es como darle la razón a Galileo para concluir en que, pese a todo, Ptolomeo estaba en lo cierto. Curiosamente, constatamos que todas las sociedades tradicionales, excepto la judía, han desaparecido de Europa, y que en el resto del mundo puede hablarse de supervivencia de la tradición hindú, pero desde luego no de “poder intemporal y superior” de esta cultura tradicional. En cualquier caso, los valores del evolianismo son la estabilidad, aquello que no cambia, aquello que no deviene, perece y muere. La Tradición (!siempre según Evola!) sería precisamente el tipo de sociedad que cree en dicha inmutabilidad y eternidad, pero, insistamos en ello, de sociedad tradicional… !ya no queda ninguna!
Pues aquello que permanece en el tiempo y en el espacio adquiere el verdadero significado de lo real.
Pero estamos hablando precisamente de aquello que, por lo que respecta al tiempo y el espacio, no “permanece”: estas sociedades y tradiciones y principios finiquitados por la historia. ¿O nos toma el pelo el Sr. Fernández? Eran eternas, las Tradiciones, dice, pero, hay que recordárselo, murieron, como falleció el propio Evola cuando le llegó su hora. Luego no eran eternas. El poder “intemporal”se dobló ante el poder del tiempo, las sempiternas e inmortales instituciones perecieron: el poder de la muerte triunfó sobre las fantasías de inmovilidad egipcia (que no aria). Desde el punto de vista existencial, la Tradición (evoliana: nada que ver con la realidad) se expresaría como el conjunto de creencias individuales de quienes se consideran tradicionalistas en este sentido: la finitud y la muerte, rasgos característicos del mundo natural tal como lo conocemos por la experiencia, inquietan al evoliano como inquietaron siglos atrás al filósofo platónico. Frente a este cosmos natural finito, erígese el “mundo de las ideas”, presuntamente imperecedero al que el alma del hombre emigrará (véanse las sectas órficas y pitagóricas griegas de procedencia egipcia) después de la desaparición del “cuerpo físico”.
El discurso evoliano se mueve, de manera peligrosamente inestable y contradictoria, en este doble nivel: las sociedades tradicionales (supuestamente eternas, pero actualmente extintas) y la fe subjetiva, individual, existencial, en los valores de dichas sociedades desaparecidas. La Tradición (para Evola) encarnó en su tiempo, como sociedad, los valores que en la actualidad el hombre evoliano, superviviente en un mundo tradicional ruinoso, porta ya sólo en el interior de su almaHubo así un tiempo en que esos valores no eran sólo creencias subjetivas de los evolianos, sino realidades históricas. !La Atlántida! (O sea: nunca). Con ello volvemos a la frase inicial de Ángel Fernández Fernández citada más arriba sobre la humanidad originaria, la sede ártica, la naturaleza celeste de los hombres-dioses, etcétera. La característica fundamental de tal sociedad imaginaria sería la ausencia de contradicciones, la “perfección” absoluta:
Uno de los principios básicos de todo orden Tradicional es que no existe la contradicción. Toda la estructura Tradicional está dotada de un principio de equilibrio orgánico que hace funcionar a las distintas partes sin oposiciones. La Tradición es la ausencia total de conflictos, es el estado ideal de la humanidad (op. cit., p. 41).
No obstante, el reducto ártico y, al fin, el entero mundo tradicional, han terminado desmoronándose, diluyéndose en el devenir, y uno se pregunta cómo pudo ser posible. ¿De qué manera se pasó, en efecto, de la “ausencia total de conflictos” al panorama que contemplamos en la actualidad? Fernández Fernández nos lo explica:
En los remotos comienzos de la humanidad se vivía en una sede ártica primordial donde los hombres, de naturaleza celeste, disfrutaban de los mismos privilegios de (sic) los dioses. Con el paso del tiempo y una serie de catástrofes naturales y cambios climáticos se produjeron movimientos de población (op. cit., p. 38, subrayado mío).
Milá después de abandonar la sede ártica. Ahora bien, si los hombres primordiales eran de “naturaleza celeste” y disfrutaban de los mismos privilegios que los dioses, ¿cómo podían verse afectados “por el paso del tiempo” y por trivialidades tales como la meteorología? ¿No implica esta afirmación de hechos la introducción del devenir en la sociedad de los valores estáticos, permanentes, eternos? ¿No comportan las catástrofes naturales la existencia de unconflicto entre dicha “sociedad perfecta” y, como poco, su entorno natural? Y los “movimientos de población”, ¿cómo casan con la pétrea inmutabilidad del origen? En suma, la “teoría” evoliana no puede explicar el paso del Ser al Devenir, la caída desde lo excelso del paraíso al tormentoso mundo de la finitud, la decadencia y la muerte. Apelar a cambios climáticos suena a cuento pueril y, desde luego, no resuelve el problema metafísico planteado. Para salir del apuro, tendrá que apelar Evola a la lucha entre dos polos, dos principios, el solar, ario-viril, y el lunar, semítico-femenino:
Es la historia de un descenso, de un equilibrio que se va oscureciendo, frente al avance del principio opuesto: la vía polar, el polo femenino y activo (sic) de la existencia (op. cit., 39).
Con ello hemos pasado, por arte de birlibirloque, de una concepción metafísica monista, unitaria, estática y pacífica a otra muy distinta, dualista, móvil, temporaria y conflictiva. Mas hay que elegir entre la una y la otra. La evidencia de los fenómenos ha forzado a Evola a conceder la lucha y el conflicto (un dato procedente de la denostada realidad natural) en su fantasía faraónica de la estabilidad eterna. Evola ha tenido que asomar la cabeza de la pirámide para luchar contra los hicsos que invaden el imperio. ¿Podía ser de otra manera? Pero si es así, entonces la trascendencia, definida en los términos metafísicos platónicos arriba citados, debe ser rechazada. La existencia de dos polos en conflicto no es un dato casual, sino la única forma de explicar “lo que ha sucedido”, aquello que aparece o se muestra en su patencia ante todos nosotros: la realidad del dolor, la VERDAD DE LA FINITUD. Los polos y el conflicto mismo elévanse así a rango metafísico. Ahora bien, una vez introducido el movimiento en el plano paralelo y eterno de la estabilidad, o sea: de la famosa “trascendencia”, ésta deviene superflua. Su función era evitar el cambio, legitimar la inmortalidad, pero sólo puede explicar el devenir aceptando un principio metafísico de destrucción, aunque dicho principio sea acusado de todos los males y tildado de semita, femenino, lunar, etc… La nada ha sido, en definitiva, elevada también velis nolis a rango trascendente.
Pero Ángel Fernández Fernández no parece percibir intelectualmente estas contradicciones. Una asombrosa carencia de sentido crítico atraviesa su texto sobre Evola, hasta extremos que no dudo en calificar de penosos. Así, admite:
Como hemos visto en la introducción que nos ha precedido la idea de unidad que primaba en el mundo primordial ha sido rota. A partir de este momento, y a medida que nos alejamos del punto de referencia inicial, el mundo se debate entre dos polos opuestos: el viril o nórdico-solar frente al femenino o meridional y lunar (op. cit., p. 41).
Fernández sigue sin explicar cómo la omnipotencia de la unidad primordial ha podido ser “rota”.Dicha ruptura comporta la humillación total del principio mismo, siendo así que se ha caracterizado el mundo tradicional como sociedad sin conflictos y una vez aceptada la realidad de la fisura, de la escisión entre dos polos opuestos y en lucha, la historia que viene a continuación afecta a sociedades que ya no son tradicionales, a sociedades conflictivas, a sociedades sujetas a movimiento y crisis donde los aristócratas serán colgados o guillotinados como se merecen. Pero además, el principio femenino, meridional o lunar no deja de mostrarse más fuerte que su contrario. Pudo, este perverso agente, introducir la división de la unidad cuando la sociedad solar se encontraba en pleno apogeo e indemne. ¿Cómo no va a vencerla cuando ha roto su cohesión originaria, cuando esa sociedad ya ha perdido su rasgo característico y definidor, fuente de su alabada potencia (que quedó en poca cosa), a saber, la ausencia de conflicto, de devenir, de cambio, decadencia, muerte…? Fernández Fernández nada dice al respecto. Su mente no responde a los lógicos estímulos inmanentes de la crítica, o lo hace en muy pocas ocasiones. Estos son los evolianos que podemos esperar encontrarnos como representantes intelectuales de la Tradición. Cualquier periodista de tres al cuarto se los come vivos.
Pero las contradicciones del discurso evoliano no terminan aquí. Al parecer, cuando la sede ártica desapareció y los pueblos arios se dispersaron, el modelo original más fiel al recuerdo de la celestial ciudad caída fue la sociedad de castas hindú:
La casta nos aparece como el vértice de la idea social en el pensamiento de Evola. (…)  La casta tenía su modelo paradigmático en la sociedad de castas hindú aunque existen otros ejemplos en la estructura trifuncional del medievo. No obstante el ejemplo más ortodoxo  de esta forma de organización social lo encontramos en la India (op. cit., pp. 47-48).
Ya conocemos en este mismo post el sistema de castas hindú, que debería funcionar como paradigma ideológico del programa político del MSR si su ideólogo fuera, como parece serlo oficiosamente, Julius Evola. Sabemos que la sociedad de castas hindú coloca en la cima a losbrahmanes. Hemos de suponer, por tanto, que éstos encarnan, en la actualidad, los valores de la originaria sociedad tradicional atlante con mayor fidelidad que cualquier otra tradición superviviente (el racismo y antisemitismo de Evola excluyen de la “trascendencia” las tradiciones judía, china, japonesa, así como todas aquellas que procedan de la raza negra). Fernández Fernández caracteriza la figura del brahman:
Milá cerca ya del nirvana. La pirámide social partía de los Brahmanes como ejemplo de poder metafísico en estado puro. Es el polo contemplativo de la existencia. Está más desvinculado que ninguna otra casta. Se podría decir que vive con cierta desconfianza los hechos del mundo contingente. Su valor más positivo es el conocimiento objetivo que la vincula a la vía esotérica e iniciática. Ello conlleva una visión más nítida y veraz de la realidad frente al caos(op. cit., p. 48).
Sin embargo, contradictoriamente, en página 52 de su ensayo, Fernández explica que Evola se identificaba con los kshatriyas, la segunda casta, subordinada a la superior de los brahamanes.  ¿Por qué no comulgó con el “poder metafísico en estado puro”? Pues la siguiente, sin pestañear, es la respuesta de Fernández:
Dentro del régimen de castas hemos visto que Evola se encuentra plenamente identificado con el espíritu del guerrero, del Kshatriya. En este sentido el guerrero tiene una forma distinta de experimentar el hecho de lo espiritual respecto al Brahman. De hecho Evola encuentra en el espíritu sacerdotal el polo femenino y lunar de la existencia (op. cit., p. 52).
El señor Fernández acaba de poner en evidencia la total inconsistencia lógica interna de un relato o fábula que ya se mostró carente de fundamento objetivo (real) alguno. Simplemente, las afirmaciones de hecho, absurdas, inventadas, arbitrarias e inverificables todas ellas, se desmienten además las unas a las otras cuando intentamos encajarlasEn efecto, más arriba había sostenido Fernández que el polo femenino y lunar era el causante de la decadencia del mundo primordial. Pero ahora resulta que la institución cuya estructura refleja con mayor fidelidad la sede ártica de los dioses, a saber, la sociedad de castas hindú, erigió como casta superior a unos sacerdotes que encarnaban, precisamente, el polo conflictivo (femenino, lunar) que habría roto la unidad compacta del orden de la Tradición. Llegados a este punto, dejamos al lector que saque sus propias conclusiones sobre la “capacidad intelectiva” de unos evolianos que acusan a los shudras, es decir, a los trabajadores, de carecer de ella. Constátese no obstante que un pobre trabajador, un miserable paria incluso, el autor de estas líneas, ha vuelto a allanar el divino intelecto de los superiores atlantes, cuya pericia filosófica deja mucho que desear. No será la primera vez, pero tampoco la última, que bombardeemos lo poco que queda de la “sede ártica” en esta bitácora. Por el bien del nacionalismo revolucionario y de la supervivencia de Europa, !expulsemos a estos egipcios disfrazados de nuestras filas!
Jaume Farrerons 2 de junio de 2012

Publicado por ENSPO en 3:46 p.m. 
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27 comentarios:

Anónimo dijo…

Concuerdo con sus opiniones, en especial de un Evola que decia que la socialización de la RSI máxima de todo fascismo le parecía un comunismo oculto. Esa deificación de la sociedad de castas hinduistas van en contra de un ideal fascista que surje justamente para crear un Estado Etico basado en principios aristocraticos y ante todo del trabajo y los trabajadores.
Sin embargo, me surgen dudas sobre sus posiciones. El fascismo es un ideal espiritualista voluntarista (no idealista) y por tanto se debe oponer a toda filosofia del materialismo evolucionista (nazismo, comunismo y capitalismo), sobre este respecto me gustaria saber su opinion.
Por otro lado la vez pasada, habia observado una foto criticando al autor argentino Arberto Buela, claramente el señor no es fascista recuerdo un libro de Hegel que hizo sobre el tema, pero quisiera saber el porque de la critica.
Gracias.
11:11 a.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Nosotros no defedemos posiciones materialistas, pero la crítica del materialismo se puede ejercer sin recaer en Platón y, en general, en la tradición metafísico-teológica demolida por Nietzsche.
Apelamos a Martin Heidegger, un filósofo serio. El fundamento filosófico de la crítica al materialismo es la fenomenología existencial.
Tampoco apoyamos el fascismo del Ventennio, vergonzosamente derechizado (aunque situado, con todo, más a la izquierda que el evolianismo), sino el fascismo de 1919, de izquierdas.
Por lo que respecta a Buela, que yo sepa en este blog no se le ha criticado, aunque como filósofo católico se le puede aplicar todo lo que aquí se ha venido diciendo sobre el cristianismo, mas no a título personal, sino genérico.
No sé si he aclarado sus dudas. Quedo a su disposición. Gracias. un saludo.
3:35 p.m.

Anónimo dijo…

Reiteraria que es claro que Evola no fue fascista, como lo diría el mejor estudioso de la actualidad del fascismo, James Gregor. Mussolini siempre rechazo a Evola al cual por cierto se le nego la entrada al PNF, oposición compartida por todos por ejemplo con intelectuales como Spirito. Al respecto recomendaria este escrito: http://ku-eichstaett.academia.edu/AndreasUmland/Papers/87021/Dugin_Not_a_Fascist_A_Debate_with_A._James_Gregor_6_texts_
9:49 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Gracias por su aportación sobre Gregor, que nos ha permitido localizar el texto “El misterio del fascismo”. La idea de que el fascismo es una heregía marxista tiene un valor pedagógico muy importante, pues nos vacuna contra el evolianismo y la derecha en general. En realidad, el genuino fascismo, y esto ya se ve en Sorel, es 50% Marx y 50% Nietzsche. Si se pierde el componente marxiano, el desvío reaccionario acostumbra a ser LETAL para los intereses NR. Tenemos que RELEER A MARX con calma, sobre todo su opúsculo “La cuestión judía”.
7:12 a.m.

Anónimo dijo…

El texto es buenisimo porque incluye seis intervenciones de Gregor esenciales. La tesis de Gregor es que el fascismo es en parte una heterodoxia revolucionaria del marxismo, pero eso lo lleva a rechazar dicha doctrina que Mussolini constataria ineficas. Sin embargo creo profundamente que la influencia de Platon en Mussolini es importante, como lo sostiene y demuestra reiteradamente un filosofo NR colombiano, incanzable combatienete por cierto. Saludos
2:02 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Sobre Platón en Mussolini, hay que aclarar qué Mussolini hablamos, el primero, el del Ventennio (derechista) o el de Salò, y qué entendemos por influencia, porque Platón está muy presente en Nietzsche, pero sólo para darle la vuelta. El platonismo es,metafísicamente hablando, la creencia en un trasmundo eterno donde no existe la decadencia, el dolor y la muerte. Y claro fuguismo existencial incompatible con el heroísmo. El cristianismo, dijo Nietzsche, es un platonismo para el pueblo. Toda la obra de Nietzsche, factor fundamental y diferencial del “marxismo fascista”, es un ataque a Platón. En este sentido, la omnipresencia de Platón resulta innegable, pero en un sentido negativo: como enemigo espiritual a combatir. El fascismo es HERACLITIANO.
3:24 p.m.

Anónimo dijo…

El Mussolini de Salo, no murio con una copia de Asi vivio Zarathustra, sino con una de La República de Platon bajo su hombro (hecho constatado por diversos observadores de los últimos días que vieron recurrentemente a Mussolini consultando el libro). No se puede negar el obstracismo del Ventennio (a pesar de que las reformas de este periodo llegaron a que algunos analistas consideraran que el Estado italiano tenia la mejor seguridad social del mundo), o que en dicha epoca entraron pensadores que podriamos decir que tenian pensamientos negativos como Gentile. La etapa final de la RSI era una correción de los errores del pasado. Aun así gracias por responder y ojala el pequeño aporte del texto de Gregor, sea suficiente para dar la estocada final al monarquista-pagano con influencias contradictorias llamado Evola, que Mussolini siempre consideró un farsante hasta en la epoca del Ventennio.
5:42 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

No se puede entender a Nietzsche sin leer a Platón. Que Mussolini leyera a Platón no le convierte en un platónico. Nietzsche estuvo toda su vida leyendo a Platón, precisamente porque en Platón se construye el paralelo MUNDO DE LAS IDEAS que ha sido utilizado por los sacerdotes judeo-cristianos para difamar y menospreciar el mundo real, el mundo de la vida FINITA Y PERECEDERA tal como lo concibió Heráclito (el mundo del devenir) o Sófocles (el mundo de la tragedia). Si Mussolini despreciaba a Evola, tenía que hacerlo en términos nietzscheanos, pues fue Nietzsche quien le abrió los ojos respecto del marxismo. NO se puede despreciar a Evola y “apreciar” a Platón, porque Evola no es más que un platónico extemporáneo.
2:40 a.m.

Miguel dijo…

Esto si que es “filosofar con el martillo” y derribar ídolos que no son más que simple barro.
He de reconocer que no he leído el ensayo de Ángel Fernández que analiza el artículo. Pero recomiendo al señor Farrerons que se interese por la obra del argentino Marcos Ghio; aunque no tenga relación alguna (que yo sepa) con el MSR, es el principal promotor de las tesis de Evola en el mundo hispanohablante.
Por cierto, quisiera preguntarle al anónimo quién es ese filósofo NR colombiano del que habla.
1:05 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Nos ocuparemos de Ghio, gracias por la aclaración, que tendremos muy en cuenta.
5:35 p.m.

Pablo Rodent dijo…

Creo que al filosofo colombiano al que se refieren puede ser Gonzalo Arango, aunque no es exactamente NR o Nicolas Gómez, un critico de la modernidad a muerte. De todos modos recomiendo la lectura de estos dos personajes colombianos.
5:53 p.m.

Miguel dijo…

Además de estudiar a Evola directamente, es necesario pararse a observar a uno de sus discípulos: el ruso Aleksander Dugin, actualmente una de las figuras más populares y escuchadas en el área NR.
¿Es el Nacional-Bolchevismo -hoy tan de moda- la nueva forma que está adoptando la doctrina evoliana?.
http://www.elministerio.org.mx/blog/2013/04/cuarta-teoria-politica-otra-europa-speranskaya/
1:39 a.m.

ENSPO dijo…

Evola es un autor que niega expresamente la muerte en nombre de la autoafirmación del yo practicada en nombre de la magia: con esto resume todos los vicios del mundo moderno:
a/ hedonismo (miedo a la muerte)
b/ individualismo (auto-adoración del yo hipostasiado)
c/ rechazo de la verdad (el valor supremo es el poder, no la verdad)
d/ irracionalismo (frente a la racionalidad, la magia como instrumento para alcanzar el poder)
A pesar de la parafernalia estética “tradicionalista” de Evola, este colaborador de la red Gladio (=CIA) que reivindicó expresamente DERECHIZAR el fascismo más allá de la derecha burguesa y conducirlo hasta un REACCIONARISMO precristiano, es, como la sectas típicas de la sociedad de consumo, un fenómeno puramente moderno, pero moderno en todo lo que atañe a la descomposición, el fraude y la indignidad moral.
Evola es conocido en este blog como “el cerdo con monóculo”.
9:57 a.m.

Vailos Laros dijo…

Vaya por delante que yo no creo en el esoterismo/ocultismo, en magias ni chamanes, ni soy evoliano,pero me preguntaba si cuando los evolianos hablan de que “los valores que forman parte del ámbito tradicional son eternos e invariables”, no se estarían refiriendo en realidad a valores como: honor, fidelidad, heroísmo, honestidad ética, familia, sexo por amor, etc., etc. ¿No es esto lo que defendemos nosotros los NR de hoy, siglo XXI, y que también defendieron los antiguos griegos? ¿Acaso los siglos que han transcurridos entre ellos y nosotros no es una demostración de que esos valores han permanecido invariables?
Por supuesto no defendemos la vuelta a la Edad Media ni a la sociedad en castas, ni menos negamos la verdad de la muerte. La verdad y otros valores, está claro, no está en función de la “raza espiritual” ni de la clase social. Un sudra (obrero/campesino) puede ser un héroe mientras que un intelectual y erudito un auténtico cobarde. Y esto es lo que me desconcierta de Evola y sus seguidores, porque por un lado he leído libros y artículos suyos que parecen interesantes como “Doctrina arya de lucha y victoria”, donde da una interpretación particular de los mitos hiperbóreos y nórdico-germanos, o como “EScritos sobre judaísmo” o “Paganismo en la Edad Media católica”, pero por otro lado su postura ambigua y poco clara respecto del fascismo (tanto del Ventennio como del de la RSI), más bien tendente hacia el antifascismo, lo hace poco o nada recomendable (a este respecto hay un artículo igualmente interesante de Vincenzo Vinciguerra titulado explícitamente “El antifascista Evola”, que los asiduos lectores de este blog ya conocemos).
Un saludo.
6:56 a.m.

ENSPO dijo…

Aquéllo que permanece invariable es la verdad de la muerte. Es decir, la temporalidad misma. El tiempo no pasa, somos nosotros los que pasamos…
Pero cuando Evola habla de algo eterno, se refiere justamente a la negación de la muerte, o sea, en última instancia, al bienestar.
No puede haber HONOR cuando la supuesta valentía se erige en un fraude existencial, en la MENTIRA.
Más allá de la finitud, no hay héroes, sino “homini religiosi”, semíticos o arios.
No es honor aquello que amparan las sociedades tradicionales, sino un refugio ante la espantosa verdad, actitud que responde a intereses eudemonistas y, en el fondo, hedonistas.
Porque “la felicidad” del alma comprada a costa de la verdad equivale siempre a estados psíquicos agradables o, como poco, a la evitación de estados psíquicos dolorosos que el verdadero héroe tiene que SOPORTAR porque son inherentes a la esencia trágica de la existencia.
La divisoria entre el fascismo revolucionario y la extrema derecha tradicionalista puede parecer sutil, pero en realidad señala hacia el abismo más insondable.
Nuestra diosa se llama Moira (destino) o Aletheia (verdad). Como usted prefiera. Ellas son “Erika”, las novias del héroe trágico que se sostiene en medio de la nada, sin muletas.
Saludos, camaradas.
8:20 a.m.

Vailos Laros dijo…

Gracias por la respuesta, ni que decir tiene que estoy de acuerdo.
Ya me parecía a mí que Evola era difícil de clasificar, ideológicamente hablando.
10:28 a.m.

Anónimo dijo…

Fascismo en estado puro, sin ápice de derecha. !Grandioso! Es la primera vez que esto aparece en el mundo abiertamente expresado.
12:21 p.m.

Anónimo dijo…

Si queremos recuperar a las juventudes NR del influjo nefasto de los evolianos (es decir, de la religión) debemos leer a Evola y discutirlo desde la tradición filosófica occidental y desde el pensamiento NR. Los esfuerzos que aquí se hacen son valiosísimos. Habiendo sido presa del influjo evoliano en mi juventud desprevenida, y conciendo bastante su obra… hoy puedo recomendar la lectura de Imperialismo Pagano, su mejor obra, donde denuncia al fascismo su aburgesamiento y cristianización. Evola es un buen escritor, prolífico y a la vez sintético, y con mucha carga de sentido volcada en sus escritos. Pero su idea de la “Tradición” es platónico, basta leer la primera página del primer capítulo de “Revuelta contra el mundo moderno”, su obra troncal, para darse cuenta de ello. Lo que debieramos hacer es insertar el valor de sus investigaciones sobre el pasado indoeuropeo en un esquema interpretativo del pasado fenomenológico-heideggeriano, o nietzscheano. Hay que discutir con Evola, para ganar a los evolianos… no podemos regalarle más terreno a los corruptores religiosos que toman a Evola para justificar la claudicación religiosa. Desde el mismo Evola eso es objetable. Políticamente Evola es nefasto y reaccionario, él mismo se reclamaba de “derecha” y “reaccionario”. Allí claro, no caben medias tintas. A pesar de sus libros antifascistas (el fascismo visto desde la derecha y notas sobre el III reich), es el principal referente intelectual NR (!!!) … es un tema serio …
En fin, espero poder aportar algo a este respecto… Saludos desde Argentina.
1:37 p.m.

ENSPO dijo…

Esperamos sus aportaciones.
Desde luego, lo primero que hay que hacer con un autor antes de criticarlo es leerlo con atención. Sin este trabajo previo, NO HAY FILOSOFÍA CRÍTICA QUE VALGA.
Nosotros estamos en la tarea de analizar la obra de Evola para sacar del pozo a los propios evolianos.
No tenemos nada contra los evolianos a título personal. Esto es una crítica filosófica y política.
Saludos cordiales a todos, evolianos y heideggerianos, y a todos los nacionalistas revolucionarios.
3:01 p.m.

Libre y Revolucionario dijo…

Ser evoliano y NR es algo muy contradictorio… es algo que me chocaba… en mi convivencia con ellos.
4:30 p.m.

ENSPO dijo…

El MSR ha respondido, pero por supuesto no con argumentos como los de la entrada de este blog que aquí comentamos, sino con un ataque personal del señor Jordi de la Fuente, a quien nosotros no hemos nombrado jamás !en toda nuestra vida!
Y desde luego, nunca hemos dicho ninguna mentira sobre Jordi de la Fuente, ni le hemos insultado, como sugiere.
Pero el Sr. De la Fuente trabaja al servicio de un amo.
¿Es que Llopart no puede dar la cara él solito? ¿Tiene que utilizar a otros para que le defiendan?
Dice el Sr. De la Fuente que nosotros mentimos e insultamos. Pero no argumenta nada, no demuestra nada. O sea que se le puede aplicar aquello que él mismo denuncia.
Por único argumento, simplemente cuelga un cartel de la Lliga d’Estudiants Occidentalistes de los años ochenta. El cartel tiene 20 años. Nosotros le invitamos a razonar, si es capaz de hacerlo, qué significa ese cartel.
!Venga señor de la Fuente! Demuestre que usted sí es capaz de algo más que de mentir e insultar!
Nosotros, con este blog, hemos demostrado nuestra total incapacidad de razonamiento (según usted). Pero el Sr. Jordi de la Fuente es distinto. Ea, refútenos. Haga algo más que agitar una fotocopia de veinte años atrás.
11:55 a.m.

Anónimo dijo…

http://farreronslamarcahispanica.blogspot.com.es/2009/09/mi-trayectoria-de-derechista-y.html
12:14 p.m.

Jaume Farrerons dijo…

Respuesta a Jordi de la Fuente en su presunta “pàgina personal” de Facebook:
“Per començar, dius que aquesta és una página personal, però que m’ataques perquè s’ha atacat un membre del MSR. I, afegeixes, tu t’hi “trenques la cara”, quina llàstima que la cosa l’engegis ja amb amenaces, perquè qui amenaça poques raons pot aportar a un debat racional. En qualsevol cas, ho miris com ho miris, tot plegat no és coherent, Jordi. Si aquesta és una pàgina personal, i les critiques que s’han fet al MSR no són personals, sinó crítiques a la línea ideològica, el lloc de resposta no pot ser una pàgina personal. O és que si el senyor Llopart es baralla a una discoteca tu sortiràs com a càrrec del MSR en la seva defensa? Aquesta confusió entre qüestions privades i públiques defineix la mare de tots els problemes de la política. El Sr. Llopart no sap distinguir entre una cosa i una altra. Tu, sembla ser, tampoc. Repeteixo: si aquesta és la teva pàgina personal, jo no hi tinc res a dir. I una de dos, o el MSR contesta com a MSR a unes crítiques POLÍTIQUES I IDEOLÒGIQUES, o contesta Llopart a unes crítiques PERSONALS. Però és absurd que un càrrec del MSR respongui en una pàgina personal a unes crítiques polítiques o que una pàgina personal respongui a unes crítiques personals a UNA ALTRA PERSONA argumentant un vincle polític d’obediència deguda (jeràrquica). Que en Llopart es defensi sol! Entenc que la cosa pot resultar massa complicada per a vosaltres, que funcioneu com un grupet d’amiguets, però la política implica distincions bàsiques i qui no les sap establir és normal que no surti mai del forat on el MSR porta dècades ficat.”
12:08 p.m.

Miguel dijo…

Bueno, no sé si me estoy metiendo en un avispero, dado que acaban de salir temas personales que concitan no pocos resquemores.
En fin, antes quisiera dejar claro que no pretendo defender al MSR ni a Llopart. Y que sólo hablo de cuestiones ideológicas no de temas personales.
Más aun, he compartido buena parte de la crítica hecha al MSR desde este blog. Pero precisamente por eso hay cosas que me chirrían.
Se ha mencionado la foto de la vergüenza con Ernesto Milá. Si bien ese señor es miembro de España 2000, siempre ha sido uno de los más claros defensores de Plataforma per Catalunya (creo que huelga poner los enlaces pertinentes a infokrisis). E incluso llegó a publicar una revista llamada Identidad en la que se publicitaba más el partido de Anglada que a la formación de la que Milá es miembro.
Si se da crédito a lo dicho en este blog sobre Ernesto Milá, creo que hay razones para sospechar si ese señor es uno de los más denodados defensores de PxC.
Se ha mencionado a Enrique Ravello, uno de los pesos pesados dentro de la PxC. Esto es lo que cuentan sus ex-colegas de la Asociación Tierra y Pueblo
http://tierraypueblo.blogspot.com.es/2011/02/quousque-tamdem-abutere-ravello.html
Se ha acusado al MSR de ser un cajón de sastre en el que “todo cabe” (y no sin razón). Pero recuérdese que en la PxC hay evolianos, separatistas, neoliberales, etc. El propio señor Ravello, si no me equivoco, tiene al barón del monóculo como uno de sus referentes ideológicos y ha habido contactos con destacados neoliberales, como Enrique de Diego.
Se ha criticado a Llopart -e insisto en que hablo de política, no de temas personales- de pactar con derechistas por miedo a quedarse solo, porque un líder NR debe cargar con la defensa de sus ideas y aceptar lo que venga. Entonces se hablaba de purismo y lealtad total a las ideas, pero ahora se acepta el posibilismo como una opción.
Quizá Llopart sea como usted lo describe, no lo sé, pues no lo conozco personalmente. Pero si se acepta a ciertos compañeros de viaje, ya no se le podrá criticar por sus viejas alianzas, calificadas aquí mismo como “imperdonables”.
Saludos cordiales.
1:22 p.m.

Miguel dijo…

Bueno, aquí debo reconocer mi error en dos aspectos:
1/ No tengo pruebas para afirmar fehacientemente que Enrique Ravello sea evoliano. Si bien estuvo de conferenciante en el homenaje que se dio a Evola en el año 2004 según esta fuente, no puedo afirmar que mantenga aún esas posturas
http://es.metapedia.org/wiki/Enrique_Ravello
2/ He confundido a ENSPO con la figura de Jaume Farrerons, pese a que se ha señalado aquí en varias ocasiones que eso es un error.
En ambos casos retiro lo dicho y pido disculpas.
Saludos cordiales.
P.D: ignoraba que Farerrerons hubiese abandonado INTRA.
2:27 p.m.

ENSPO dijo…

El Sr. Ernesto Milá puede apoyar a PxC y esto no significa que PxC tenga que responder por ese acto de Ernesto Milá.
Si Jack el Destripador apareciera en público defendiendo al MSR, no creo que el MSR debiera justificarse por ello. Sería un asunto del interesado, no del MSR.
El Sr. Llopart se hizo una foto con Milá y planteó llegar a acuerdos políticos con él.
ESTO ES PÚBLICO Y NOTORIO.
También pactó el MSR con Figuerola UNA CANDIDATURA después de que Figuerola y su partido (con excepción de Farrerons, que dimitió expresamente por ello) apoyara y justificara la masacre de Gaza.
ESTO ES PÚBLICO Y NOTORIO.
Enlace usted el pacto público entre PxC y Milá o el partido donde Milá milita. Aporte alguna prueba o razonamiento de la equiparabilidad entre aquéllos hechos y la supuesta decisión de Farrerons de apoyar a la PxC.
Habla usted de fidelidad a las ideas. Esta es la postura de nuestra página. El problema es que usted confunde FILOSOFÍA CRÍTICA con Farrerons. Lo que diga esta página y lo que haga Farrerons son cosas distintas, porque Farrerons tiene su propio perfil personal y hace lo que puede hacer en cada momento en función de las circunstancias y de lo que él considere oportuno.
Si ha abandonado la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) quizá haya sido para no lastrar a esta organización con la carga de una larga trayectoria que tiene su signo más señalado, precisamente, en la secretaría general de PxC del año 2003. Se le ha reprochado su posición en la INTRA por su pasado en PxC y ahora que dimita y vuelva a PxC.
Haga lo que haga se le va a criticar, ¿no es cierto? Pero, ¿tiene esto algo que ver con las tesis de FILOSOFÍA CRÍTICA?
No veo que usted esté haciendo nada por promover esas tesis, ¿con qué autoridad moral cuestiona entonces la coherencia de la decisión de Farrerons? ¿Puede usted mostrar las evidencias de su lucha por la identidad ideológica NR propugnada aquí?
(sigue)
2:29 p.m.

ENSPO dijo…

(viene del comentario anterior)
Las críticas de esta página al MSR siguen siendo las que son y no quedan relativizadas o anuladas porque Jaume Farrerons decida hacer aquello que considere mejor para la causa que defiende o, dicho brevemente, para aquello que resuelva con total libertad en función de mil factores que nosotros desconocemos o que, en cualquier caso, usted desconoce.
Haber apoyado públicamente a un escritorzuelo como Julius Evola, alguien que defiende la sociedad de castas, es también un HECHO PÚBLICO Y NOTORIO que se añade a los anteriores, un bochorno para el MSR y algo que no va a cambiar porque Jaume Farrerons se convierta mañana en militante de la PxC.
¿O es que PxC ha reivindicado la existencia de chandalas y otros seres inferiores por nacimiento? ¿Puede citar o enlazar el documento correspondiente? Yo sí le puedo enlazar la conferencia de presentación de la “Introducción a Julius Evola” con símbolos del MSR. La peor y más reaccionaria IDEOLOGÍA de extrema derecha, peor aún que el neoliberalismo de la derecha liberal capitalista, fue apoyada en consecuencia por el MSR. ¿Y éstos eran los nacional-bolcheviques y ramiristas? ¿Cómo casa semejante pretensión con la figura del chamán o del señor feudal? Más “progresista” es incluso un político del Partido Popular que un propietario de esclavos, no le parece? Tener claras estas “pequeñas” diferencias es lo que distingue a un NR de un impostor como Evola.
El MSR debería PODER JUSTIFICAR SUS ACTOS en vez de andar hurgando las zurraspas en los calzoncillos del vecino, que es lo único que sabe hacer y está acostumbrado a hacer para salir airoso de sus cómicos resbalones.
Después viene usted con el argumento de que Enrique Ravello es evoliano. Una vez más es usted incapaz de distinguir entre lo público y lo privado. El señor S puede leer literatura erótica, si quiere, pero eso no convierte al partido P donde milita en responsable de tales lecturas. ¿Con qué fundamento “clasifica” usted a Ravello como evoliano? ¿Hay alguna declaración pública suya, o sea, de Ravello, realizada en calidad de cargo de PxC, que apoye o vincule a su partido PxC con la obra de Evola?
¿Pueden compararse las “lecturas privadas” de Ravello con el compromiso público EVOLIANO, esclavista en suma, del MSR o con su pacto, también público, con Milá/España2000 y con el sionista Figuerola?
Comparar una cosa con las otras es pura demagogia y, en cualquier caso, no nos corresponde a nosotros dar explicaciones. Pregúntele a Jaume Farrerons por su vida. Nosotros ya le hemos avisado a Jaume Farrerons que no se moleste si suprimimos su foto de FILOSOFÍA CRÍTICA.
2:29 p.m.
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http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/06/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion_02.html
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domingo, junio 03, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (6)

Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado.
Yo amo a quienes, para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas, sino que se sacrifican a la tierra para que ésta llegue alguna vez a ser del superhombre.
(Friedrich Nietzche)

El destino del fascismo español. Primer giro a la derecha: José Antonio; segundo giro a la derecha:Franco; tercer giro a la derecha: Evola. Hoy ya no sabemos en qué consiste eso de “ser” nacional-revolucionario. !Por supuesto que no, pero semejante bochorno tampoco debería extrañarnos tanto! Borrádose han las huellas de losorígenes izquierdistas del fascismo, y algunos de los que protestan por el misterio NR (tan profundo como la pregunta que interroga por el Ser en Heidegger) han provocado malévolamente la confusión que denuncian trabajando a sueldo del enemigo. Ni siquiera los “líderes” de los partidos presuntamente “nacional-revolucionarios” conocen en realidad su propia su ideología, aunque quieran aparentar lo contrario a base de fraudes, usurpaciones, plagios y frasecitas ambigüas que, a la postre, les delatan como los “fachas” empetrecidos que siempre fueron.Tiene razón Evola cuando sostiene que la doctrina nacional-revolucionaria entraña unos supuestos axiológicos(valores) y metafísicos. Pero, ¿cuáles? El proyecto NR no es, en efecto, sólo un programa político, ni siquiera una ideología relativa al Estado, la economía y la sociedad, al menos no únicamente. El “fascismo” implica, en primerísimo lugar, unas opciones existenciales básicas, sin las cuales “no se entiende” la cosa. Todas las doctrinas y programas políticos nacional-revolucionarios fueron concebidos como meros instrumentos contingentes para conquistar el predominio histórico-social de los valores que sustentaban dichas decisiones antropológicas radicales.
De ahí que el nacionalismo revolucionario “fascista” entrañe una “concepción del hombre” conducente a un “nuevo hombre”, a un “ultra-hombre” (Übermensch): “especie” física y espiritualmente más desarrollada y civilizada que la humana (por ende: que cualesquiera de las razas o etnias conocidas); apelando el “fascismo”, con este fin, al proceso evolutivo, genético, biológico, descubierto por Darwin, en calidad de antecedente empírico objetivamente verificable de los conceptos de “obsolescencia vital” (=extinción) y de “superación vital” (=potencial adaptativo). En otros términos: la evolución biológica deviene autoconsciente. Y es esa concretísima “conciencia cultural” -acontencida en el seno de la izquierda- aquello que, de puro terror “humanista”, se estigmatizará como “fascismo”.
El “hombre superior”, en Nietzsche, no puede ser nunca un católico (parece mentira tener que aclarar tamaña obviedad a estas alturas), mucho menos un payaso-chamán tradicionalista, sino aquel que “acepta su propio ocaso” y avanza hacia su destrucción (“ser-para-la-muerte”) a fin de que el Übermensch advenga a la tierra:
Sólo un nuevo hombre,  creará una nueva tierra. El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, —una cuerda sobre el abismo. (…) La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso (Nietzsche, F., Así hablaba Zaratustra, Prólogo de Zaratustra, 4).
El verdadero problema no es técnico: la ingeniería genética y la eugenesia permitirían alcanzar en poco tiempo metas que harían empalidecer la “sede ártica” de los evolianos y la totalidad de sus pretensiones delirantes entorno a la magia, pero falta concebir el tipo de sociedad que posibilitase institucionalmente semejante salto histórico-evolutivo sobrehumanista. No a otra cuestión quiere responder el “fascismo”: la pregunta por la correspondencia entre la técnica y el hombre moderno (Heidegger) representa su hilo conductor. O también: el lugar institucional de los valores, aquellaentidad potenciadora que nadie comprendió y que, ahora resulta evidente, estaba más allá de todo lo “pensable” por un triste meapilas ultraderechista. Dicha entidad,  “hiper-moderna” a los ojos de los “tradicionalistas”, pero que tiene su equivalente evoliano invertido –la Orden-, debería dar libertad a la ciencia de manera que ésta no viera interferidos sus procesos de investigación y aplicación tecnológica del conocimiento en función de intereses económicos o políticos considerados “más importantes” que la verdad racional (=fundamentada). De ahí que la esencia misma del Estado (=poder político) habría de autolimitarse frente a aquella autoridad espiritual e indentificarse íntimamente con una verdad que no es sólo científica, sino, ante todo, un principio ético existencial, tanto individual como colectivo. Únicamente una sociedad socialista nacional-europea fundada en valores heroicos veristas -un Edipo Rey comunitario- podría responder así al impulso de la flecha que va del animal al hombre y de éste al ultrahombre.

¿Magia o tecnología? Cohete nazi.

Esa realidad “material” -la Naturaleza– desde la cual nuestra especie irrumpiera violentamente en la Historia cuando, gracias al lenguaje simbólico, la organización social y al trabajo productivo, escindióse a sangre y fuego de lo animal, y no paraíso metafísico o “trascendente” alguno, constituye nuestra herencia “sapiencial” irrenunciable. La filosofía elévala a categoría intelectual en la antigua Grecia, que forja la complejísima noción de phýsis, negada por Platón. Verdadera tradición occidental, la razón, la tragedia y la democracia griegas -y a los hechos me remito- apuntan trunfantes hacia el futuro, no hacia el pasado como pretenden los evolianos. Ciertamente, el paso del orden natural al orden cultural civilizadocomporta criterios y normas de valoración propios, complementarios añadidos a (que no excluyentes de) los meramente biológicos, de ahí que -so pena de recaer en la animalidad-deban rechazarse determinadas formas dematerialismo biologista, sin que ello nos fuerce a aceptar, según quiere Evola, esa mercancía pseudo filosófica averiada, fruto de una mentereaccionaria hasta la mezquindad, que es el “idealismo mágico“.

En efecto, tanto los valores cuanto la metafísica propuestas por Evola (una simple repetición barata y extemporánea de Platón) hállanse en las antípodas del nacionalismo revolucionario. Evolaopone el Ser al Devenir, lo estático y eterno a lo finito y temporal; el nacionalismo revolucionario identifica, en cambio, el Devenir con el Ser. Sostiene Heráclitonuestro primer metafísico, que no hay otro Ser que el Devenir mismo, sólo el “cambio” como tal “permanece”, sólo el tiempo (“el pasar” mismo) no “pasa”, de suerte que el mundo finito “es” la realidadla única realidad acreditable y sagrada: aquello que denominamos, en términos no filosóficos, la Vida. En esto los nazis vieron claro y las rabiosas críticas de Evola -método infalible para detectar lo esencial del fascismo- no hacen sino confirmar el acierto de aquéllos.
Vida que no es, empero, en primera instancia fenomenológica, y aquí los nazis sí se equivocaron, un “hecho” biológico, sino fenómeno biográfico, experiencia de lo inmediato. Así describe el heideggeriano Ramiro Ledesma Ramos, fundador del fascismo español, en uno de sus primeros escritos literarios, el fenómeno de la “vida”:
Día claro, día de primavera hermoso y nítido aparece uno de Mayo alegrando la vida de los terrenales; en la ciudad, todo movimiento, todo actividad y desgaste, cumpliendo ambiciones o buscando coto a sufrimientos hórridos. !Qué vida ésta! !Qué vida! / Salimos a la calle anchurosa y viviente; la bella flor de la mañana nos acaricia el rostro con suaves brisas que contrastan con el saturamiento de nuestro cuerpo, todavía conservando un mal oliente efluvio del lecho, abandonado ha poco; suenan en balumba incoherente los diversos sonidos de los “autos”, los tranvías y los vendedores de periódicos cual orquesta en la que reina el desconcierto; los cuadros típicos resultan de un sorprendente realismo: oficinistas anémicos y recosidos a sus mesas cubiertas de papeles; dependientes de las tiendas, ávidos de engañar clientes; obreros manuales dirigiéndose a su taller; algún que otro viajero buscando un coche que lo transporte a la estación rugidora; modistillas vivarachas; fámulas turgentes y encarnadas; golfillos fugaces; un bohemio con melenas, que va al campo buscando tema a su alma artista; a todos los sumerge una corriente intensa de indiferencia, ante mí pasan en extraña procesión apocalíptica, sus miradas son cortantes y frías; los más y los menos caminan en pos de un deseo incumplido, de un ideal hiriente o de una necesidad sentida; mientras más trabajan aparece el final más deslumbrador, pero más lejano; la solución de lo ígnoto más atrayente, pero más erizada y difícil; el anhelo más vibrante, pero chocando con la muralla del sentimentalismo (Ledesma Ramos, R., Obras Completas, I, Escritos de Juventud, Molins de Rei, Barcelona, Ediciones Nueva República, 2004, p. 61).
Esta vida, la “realidad radical” que decía Ortega, el Dasein de Heidegger, es ontológicamente anterior a la vida que analiza la biología y por ende cualquier ciencia positiva. Pero una y otra “vida” son “inmanentes”, no “trascendentes”. La verdad de la biología, es decir, de la ciencia institucionalizada, tiene que descubrir su camino hacia la verdad existencial y lo hace a través del científico, el cual, antes que científico, es ciudadano de un Estado y, antes todavía, existente que despierta cada mañana y encuentra, como Ramiro Ledesma Ramos, la realidad ante sí. Sin rencor, libre de ese odio contra lo inmediato que caracteriza al enfermo reaccionario Julius Evola, Ramiro Ledesma “ama la vida”. En el fragmento transcrito descubrimos el amanecer juvenil del fascismo español, y no hay en él más que un rotundo anhelo de modernidad, de futurición: no en vano, la vida que pinta Ledesma con poéticos trazos es la de una ciudad, la vida moderna por excelencia. Pero la novela en cuestión se titula, y esto no puede ser casualidad en un heideggeriano como Ledesma, El sello de la muerte (1924). Pregúntense los nacional-revolucionarios el porqué.
Quien no aprecie la Vida tal como “es”, quien haya menester de consumir drogas o bebidas espirituosas o sexo compulsivo o creencias sectarias o amor psicodependiente o violencia estética en un rincón oscuro del barrio marginal, para consolarse y soportar los horrores del mundo…, éste no pretenda, hurtado como rata a la luz cegadora del sol finito, nuestro dios cruel, ostentarse encima a sí mismo como héroe (un “guerrero”) o descargar su odio a la “materia” (=naturaleza) aporreando, borracho, inmigrantes en plena vía pública entre eructos alcohólicos, mientras adormece su psique, como un cobarde, respecto de la cuestión espiritual crucial, la única que importa realmente: la verdad de la existencia. El “fascismo” proclama la autoafirmación de la vida finita en su inmanencia (irrebasable) y la asunción de las consecuencias políticas y sociales inherentes a la deslegitimación científico-racional de la moral cristiana. Elheroísmo legítimo no consiste en otra cosa que en afirmar esta inmanencia incluso en la muerte; sobre todo, subrayémoslo para mayor escándalo, en la lealtad a la muerte como verdad absoluta de la vida y, en consecuencia, como fidelidad a la vida misma. La muerte, fundamento ontológico-existencial de la experiencia de la finitud, erígese así en condición de posibilidad del heroísmo radical, el cual, en primer lugar, habrá de acreditar un carácter espiritual.El héroe no lo es por su condición de guerrero (diferencia entre la orden y la entidad), sino que el guerrero puede devenir héroe en la medida en que haya sido capaz de afrontar laespantosa verdad trágica y se sostenga sobre sus piernas sin muletas transmundanas en sordo combate contra la termitera, nido de los hombres-masa consumistas (el “último hombre” de Nietzsche). Frente a los productos manufacturados de un sistema demoliberal capitalista y hedonista que, a conciencia, fabrica repulsivos subhombres, postreros descendientes delcreyente cristiano tradicional, yérguese orgullosamente ese “héroe” potencialista,  sin mentiras, ni narcóticos religiosos o delirantes compensaciones ultraterrenas; en todo caso, capaz de soportar la soledad reservada a los creadores. La espiritualidad suprema es así la verdad racional, unevanescente sentido directriz que no se puede tocar, ver, ni oler, un ente que “no es material”, sin duda alguna, pero sí una entidad potenciadora de “lo superior INMANENTE“. “Metafísico” o “espiritual” si se quiere, mas no por ello deudor o adscrito a “trascendencia” alguna entendida como “más allá” indoloro y “feliz” opuesto a la desgarradora vida fenoménica.
El “fascismo” se define, en definitiva, como confluencia entre el desarrollo científico-tecnológico de la modernidad y la ética existencial radical de la verdad (Heidegger) que erige la finitud como fundamento de un proyecto trágico-heroico colectivo.  Futurismo fáustico, prometeico, jamás nostalgia de tradiciones caducas, hete aquí el nacionalismo revolucionario en tanto que alternativa de izquierdas a los poderes capitalistas de las sociedades liberales de mercado. El “heroísmo guerrero” per se, despojado de la dimensión trágica y de la vinculación existencial con la verdad originaria (por ejemplo, el caballero cristiano medieval), no es fascismo. Un sobrehumanismo cientificista, materialista y hedonista ayuno de heroísmo trágico, como el que encontramos en Trotsky (Cfr. Trotsky, L., Literatura y revolución. Otros escritos sobre literatura y arte, Ruedio Ibérico, Francia, 1969, pp. 174-175) tampoco es fascismo.
Skin-heads, evolianos reaccionarios,
ultracatólicos: todos dan asco, ninguno es “fascista”.
Acierta Evola cuando hace suya la tremenda, abismática exégesis del nihilismo (muerte de Dios, descomposición hedionda de los valores tradicionales) desarrollada por nuestro Friedrich Nietzsche, pero traiciona esa misma lectura al lloriquear como una ramera heroinómana por la debacle del platónico-cristiano “mundo de las ideas”, el pálido y exangüe doble fantasmal edificado para escapar a la verdad despiadada del“mundo de la vida”. Evola saca a la postre la nefasta conclusión de que hay quereconstruir tal metafísica ficción trans-mundana, actualmente hundida -!y con razón!-en las ruinas del descrédito. Confiesa Evola sus fines de forma expresa, como si el muy canalla drogadicto nos tomara por idiotas: !!!la meta del evolianismo consistiría en reemprender el largo camino hacia un supuesto paraíso original perdido, un lugar (la “sede ártica”) estático, perenne, inmarcesible e impávido como una pirámide egipcia y, sobre todo -aviso para “guerreros”- rancio mausoleo de momias guenonianas  exentas de conflicto!!! El inicio de ese “magico” sendero a “ninguna parte” implica apoyar todo lo que huela a “derecha”, empezando por lo burgués frente a lo proletario, lo católico frente a lo ateo, lo irracional frente a lo científico… etc., para a la postre alcazar la “suprema cima” -!!!apestosa!!!- de la monarquía, el señorío feudal y la servidumbre de la gleba. Ya conocemos cuál fue, en cambio, la antitética postura de Nietzsche: aceptar el nihilismo hasta sus últimas consecuencias, asumir la verdad racional de la finitud como revulsivo para un nihilismo activo, destructor y creador. Según Nietzsche,todo lo que hay de rechazable en el mundo moderno son las putrefactas reminiscencias, máscaras,  residuos y secularizaciones del orden premoderno, cristiano-platónico. Al contrario que en Evola, para el cual las lacras actuales resultarían ser consecuencias de haberse rebelado contra sus amos las castas inferiores de la “sede ártica” (de suerte que cada realidad moderna mostraría procesualmente el sello de lo nuevo-degenerado, ergo de lo malo, lo peor y lo paupérrimo), Nietzsche quiere abundar en la muerte de Dios liquidando las formas disfrazadas donde el mundo tradicional intenta perpetuarse, como un gusano corruptor, en el interior de la modernidad revolucionaria. El fascismo, futurista, reivindica una modernidad alternativa, no una tradición “pagana” fabricada en la biblioteca particular de un barón siciliano. Los intelectuales de izquierdas, orondos sacerdotes del sistema capitalista aterrados ante la opción “fascista”, ante la mera posibilidad espiritual de una modernidad antiprogresista, no han hecho más que elevar a la categoría de dogma una interpretación evoliana de la historia en la cual fascismo y extrema derecha se identificarían.

Sin embargo, para el nacionalismo revolucionario “fascista” -desde Sorel- lasociedad de consumo, como antaño lo fuera el “paraíso comunista” o la comuna anarquista (digan lo que digan Evola y los periodistas antifascistas a sueldo del sistema), no es más que la versión política del reino de Dios cristiano-burgués. !Nada tenemos que ver nosotros con la extrema derecha porque al dios cristiano que sella los intereses de la reacción, los auténticos fascistas le pateamos la cara, le escupimos, le insultamos y vejamos cada díapara desayunar! Porque Jesús de Nazaret representó a la sazón la versión religiosa de masas (“platonismo para el pueblo”: Nietzsche dixit) de aquel mundo paralelo inmóvil, asegurado y pacifista -la huída ante el Ser- del que Evola se declara nostálgico restaurador. El programa “fascista” supone así lo siguiente: erradicar los desechos del mundo tradicional en el mundo moderno, es decir,la moral cristiana secularizada en las fórmulas político-ideológicas liberales, socialistas marxistas, anarquistas y comunistas, todo ello con el fin de desencadenar una “tercera revolución” cuyo significado, para un derechista, no puede ser otro que la subversión metafísica absoluta, el Anticristo. El programa reaccionario (Evola), convierte empero, !ay!, nuestra revolución en contrarrevolución, y propone desvergonzadamente, señalando en dirección diametralmente opuesta al “fascismo”, resucitar las condiciones simbólicas, sociales, culturales y políticas -el Ancien Régime– que precedieron a la Revolución Francesa (1789) y a la Revolución Bolchevique (1917). Evola no es sólo un tergiversador de la ideología NR, sino su adversario más  alevoso. Es el enemigo a exterminar dondequiera que topemos con él: la abyecta, despreciable extrema derecha, que mil veces nos ha apuñalado por la espalda amparándose en  la excusa de la “lucha contra la subversión”, cuando en realidad el derechista no dejaba nunca de temer más que por su abultada cuenta corriente y la “salvación del alma”, de su alma (=amado ego), jamás por la nación. Con la derecha (evoliana, católica, liberal, judía o gentil) no se habla; se la combate sin piedad. Porque somos FASCISTAS. Nada más.
!Es muy difícil ser fascista! Quizá lo más difícil hoy, pues, ¿quién pronunciaría las palabras “soy fascista” sabiendo de qué habla y asumiendo las co-implicaciones -por no hablar de las consecuencias- de semejante afirmación?
Por qué los nacional-revolucionarios hispánicos debemos combatir a la extrema derecha

Antes de continuar, quizá convenga refrescar algunas afirmaciones que ya hiciera Jaume Farrerons en esta bitácora:
El caso extremo del acto ético es el del héroe, que entrega su vida entera a cambio de nada. De nada. (…) Lo más alto, el sistema de valores heroico, reclama la muerte. La muerte debe existir para que exista, con ella, la posibilidad más alta, el valor supremo. ÉSE ES SU SENTIDO. El sentido de la muerteEl motivo por el cual la muerte debeexistir. El “fascismo”.
(Jaume Farrerons, 2010)
Rememoremos por un instante el destino del fascismo español y sus nefastas relaciones con la extrema derecha. La historia se resume así: de Ramiro Ledesma (filósofo heideggeriano y fascista genuino) al manicomio chamánico de Julius Evola.
Hitler ante la estatua de Nietzsche, autor de El Anticristo. El fascismo español será fundado por Ramiro Ledesma Ramos, filósofo de talla, primer traductor de Heidegger en España ydirigente de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS). Ledesma es un trabajador, funcionario de Correos. Nada tiene que ver, desde el punto de vista sociológico, con la derecha. Dos años después de la fundación de las JONS, y tras varios intentos derechistas fallidos para promover en España un partido que funcione como sucursal del ya derechizado fascismo italiano del Ventennio, es decir, como “partida de la porra” del capital, aparece Falange Española (FE). Su máximo dirigente, José Antonio Primo de Rivera, es un católico practicante, hijo del  dictador del mismo nombre, abogado y profundamente enraizado en la oligarquía española que sufre en aquel momento, ante todo, por los avances del marxismo y del anarquismo en territorio nacional.

Primer giro a la derecha: José Antonio.Esa derecha que le había hecho “el vacío” al “proletario” Ledesma, confiará en cambio en uno de los “suyos”, José Antonio: ¿para qué? Pues para utilizarlo, poniéndolo al servicio de los intereses oligárquicos como jefe del batallón de choque callejero contra la subversión roja. Por este motivo, la confluencia de las JONS y FE será ya un giro a la derecha, justificado por la amenaza guerracivilista y el pavor al contagio español de la criminal brutalidad bolchevique. Ya sabemos cómo terminó la relación de Ledesma con Falange: abandonó el partido e intentó recuperar las raíces izquierdistas de las JONS, en vano. Así, a pesar de ser el verdadero ideólogo del nacional-sindicalismo, la derechización joseantoniana empujará a Ramiro Ledesma fuera de la organización, la cual, como represalia, le calumniará gravemente (nos ocuparemos de este tema en una entrada posterior donde se analizará con más detalle el proceso que ahora estamos sólo esbozando). Conviene añadir, para ser justos, que tras la marcha de Ledesma intentará José Antonio, al parecer sinceramente, acentuar los elementos nacional-revolucionarios (!!!izquierdistas!!!) de la Falange, respondiendo así a los reproches del ideólogo escindido. Falange podrá considerarse, por tanto, un partido fascista en el mismo sentido en que lo fuera el fascismo italiano posterior a 1922 y hasta la República de Salò.
Franco rodeado de sacerdotes católicos. Segundo giro a la derecha: Franco.El siguiente giro a la derecha del proyecto nacional-revolucionario español se produce con el franquismo y el “segundo” decreto de unificación. Ahí puede decirse que el “fascismo” jonsista extínguese definitivamente en España, la Falange es ya una institución de derecha católica plena y el Movimiento Nacional un bloque con esos “evolianos” rudimentarios denominados “carlistas”Los intentos “hedillistas” de recuperar las fuentes nacional-revolucionarias de izquierdas topan con la realidad de un régimen cuyo anhelo más ardiente después de Stalingrado es integrarse sin complejos en el atlantismo conservador. Finalizado el franquismo, se legaliza la Falange Española de las JONS (Auténtica), pero la principal preocupación de este partido joseantoniano(que no jonsista) será borrar toda vinculación simbólica con el fascismo histórico. El proyecto nace así viciado de raíz y el desconocimiento filosófico de las fuentes ideológicas ramirianas aborta una opción que no apela ya a los valores, sino precisamente a los símbolos, programas políticos y documentos caducos del nacional-sindicalismo de los años 30. No puede hablarse de giro de izquierdas, aunque éste se intente formalmente, porque tal presunto giro es puro mimetismo táctico antifascista y no retorno a las raíces axiológicas (nivel A del discurso) del proyecto nacional-revolucionario. Jaume Farrerons, militante de FE de las JONS (A) en su juventud, pudo conocer el proceso por experiencia directa (1976-1977), aunque no fue hasta mucho más tarde (1984-1988) que comprendió las causas de este fracaso “neohedillista” acontecido en la transición española.

Chamán: el final de un
proceso de idiotización.

Tercer giro a la derecha: Evola.-Se ha pasado así de las JONS a un derechismo católico conservador que marca para siempre el destino del primer fascismo español. Pero todavía faltaba una última vuelta de tuerca. Afectó a todos aquellos grupos presuntamente nacional-revolucionarios que, durante los años setenta y ochenta, podrían haber buscado en España una refundación del proyecto fascista a partir de los valores, renunciando a la quincalla emblemática o ideológica, ya definitivamente periclitada, del falangismo joseantoniano. Evola en Italia y Ernesto Milá como evoliano español no sólo impedirán que el nacionalismo revolucionario se libere del catolicismo falangista que había sido su Talón de Aquiles frente a la derecha conservadora, sino que convertirán el “momento anticristiano” inevitable de esa posibilidad abierta (por un segundo) en un retroceso, todavía más abismático, de la derecha cristiana a la derecha chamánica. Promovida por la red Gladio para impedir en Italia que los fascistas revolucionarios de Salò pudieran inquietar al ocupante americano, esta operación hunde al fascismo español en el descrédito intelectual y político más absoluto (terrorismo, delincuencia, violencia, consumo de drogas, chivatismo policial, esoterismo, irracionalismo…). La versión española del ultraderechismo “NR” sólo será contestada por las Bases Autónomas de Juan Antonio Aguilar, en Madrid, y por la asociación cultural ENSPO, de Jaume Farrerons, en Barcelona. El resto de la historia, que culmina con el programa político de Alternativa Europea (1997), redactado por Farrerons, ya la conocen quienes hayan seguido hasta aquí las entradas de la serie “Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria”, así como los posts “El programa político del MSR (1997)” y “Llopart plagia a Farrerons”.
Creo que la pregunta “¿por qué debemos los nacional-revolucionarios combatir a la extrema derecha?” va encontrando, poco a poco, el marco en el que sea posible dar una respuesta que justifique clamorosamente los ataques de Filosofía Crítica al evolianismo subterráneo del MSR actual.

Publicado por ENSPO en 5:05 a.m. 
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23 comentarios:

Miguel dijo…

Sobre el tema de la salida de Ledesma de la Falange, el historiador Ferran Gallego afirma en su obra “Ramiro Ledesma y el Fascismo Español” que no se debió tanto a diferencias ideológicas -que las había- como a lo que el zamorano consideraba graves errores tácticos de José Antonio en la dirección del partido.
http://www.casadellibro.com/libro-ramiro-ledesma-ramos-y-el-fascismo-espanol/9788497563130/1031863
En opinión de Gallego, la idea de que la ruptura se debió a motivos ideológicos fue creada posteriormente por el Franquismo para cimentar la imagen de un José Antonio no fascista, e incluso antifascista, que tendría su contraste en un Ledesma claramente radical y fascista.
Lamento no dar más detalles, pero leí el libro en cuestión hace cinco o seis años, por lo que no recuerdo todos los pormenores de la argumentación. De todas formas, fue una tesis que me resultó sorprendente.

6:08 a.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Conocemos el libro que citas, Miguel. Lamentablemente, es una obra escrita por un autor del sistema, que se dedica a lanzar cargas de profundidad a lo largo de las 431 páginas del texto.
Las consideraciones tácticas no estuvieron excluidas del motivo de la ruptura, pero no eran las únicas. De hecho, iban desde la composición sociológica de la Falange, nutrida por hombres de derecha e incluso por marqueses, hasta aspectos ideológicos, como el escaso radicalismo de las consignas falangistas (coherente con la procedencia de sus cuadros). A ello hay que añadir consideraciones personales innegables, como que Ramiro se viera desplazado del liderazgo por José Antonio, una persona más carismática, sin duda, pero también una persona mucho menos “NR”.
Cuando Matías Montero expuso sus razones para NO unirse a Falange, Ledesma no le hizo caso, y se trataba de consideraciones ideológicas. Ledesma le da la razón a Montero después de su escisión y se arrepiente de no haber hecho suya su prudente desconfianza. Que Ledesma es honesto (todo lo que se lo puede ser en política) queda probado cuando, después de la mencionada escisión, y espoleado por ella, José Antonio dará un giro “más” radical a su discurso. Es el José Antonio de 1935, que sigue siendo un derechista respecto de las JONS. La pregunta de si José Antonio fue alguna vez fascista hay que replantearla: ¿qué tipo de fascismo? Si se habla del fascismo originario genuino, el de 1919, no lo fue nunca. Pero sí lo fue quizá, en 1935, del fascismo del Ventennio mussoliniano, del que Ledesma en cambio se desmarca en su famoso ensayo “¿Fascismo en España?”.
Saludos.

7:07 a.m.

Frel dijo…

Bueno este autor y su libro en cuestión no se hasta que punto puede ser fiable y creíble, yo me acuerdo en su día que leí la contraportada del libro y dicho autor identificaba el fascismo de Ledesma Ramos con la extrema derecha, lo llamaba de las dos formas. Por eso no tuve intención de comprar el libro, ví claramente cuales eran las intenciones del autor,un libro más del sistema.

2:47 p.m.

Frel dijo…

Además hay que darse cuenta de la ideología creada por Ledesma Ramos, el nacional-sindicalismo, una ideología que sirvió de soporte ideológico tanto a José Antonio(al cual la manipulación e ignorancia histórica le atribuye el redactado de los 26 puntos jonsistas) y al mismo Franco, que utilizó dicha doctrina para dar cuerpo ideológico a su régimen, dos personajes que en vida despreciaron e ignoraron a Ledesma Ramos.

2:54 p.m.

Frel dijo…

Seamos realistas, al margen del texto de la entrada y de las opiniones que podamos expresar sobre el tema hay algo que es indiscutible y es que José Antonio en vida fue temido, odiado y ridicularizado por su misma clase social(la aristocracia) y fue marginado por la derecha, a pesar de las contradicciones de José Antonio en su actuación política la Falange recibió el plomo de las izquierdas en los combates callejeros pero la derecha le hizo la guerra sucia.

3:05 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

En los años 30 podía estar justificado un pacto táctico con la derecha en la medida en que el bolchevismo era una amenaza para la civilización, pero en la actualidad la amenaza contra los pueblos y naciones no procede de la izquierda,sino de la derecha capitalista internacional y del sionismo, que es extrema derecha.
También el islamismo es “derecha”, en el sentido de reaccionarismo puro, aunque proceda de una civiliación distinta a la nuestra. Es obvio que en Europa el islam inmigrado, por los valores que defiende, es “extrema derecha”.
Y las extremas derechas europeas terminan teniendo que elegir entre el sionismo y el islamismo.
Ya no hay excusa para no ocupar el espacio de izquierdas, o sea, de izquierda nacional. El enemigo, más que nunca, es la derecha. Derecha liberal, sionista o islámica, tanto da. Estamos ante una regresión que afecta a la identidad cultural, axiológica e institucional de Europa y una “extrema derecha europea” no puede funcionar como línea de defensa, porque en el fondo está más próxima al enemigo que a lo que Europa representa como civilización.
La derecha es el enemigo ABSOLUTO. Ya lo fue antaño y, cabría añadir, desde el principio, como la historia demuestra hasta la saciedad.
José Antonio se quedó solo porque en 1935, impulsado por las críticas de Ledesma, adoptó posiciones que le granjearon la enemistad de la derecha sin conseguir con ello la credibilidad ante los trabajadores y, mucho menos,ante las organizaciones marxistas y anarquistas.
Cualquier dirigente de izquierda nacional tiene que estar dispuesto a afrontar valientemente una travesía del desierto hasta que consiga unir a los trabajadores y a los patriotas de la nación bajo una misma bandera.

4:02 p.m.

Frel dijo…

Ese fue el problema que tuvo la Falange durante su existencia, que se oponía tanto a la derecha como a la izquierda, el nacional-sindicalismo desmontaba hábilmente la falacia dogmática de ambos términos, de hecho hubo un pacto tácito entre la derecha y la izquierda para combatir a la Falange. Hay numerosos hechos que así lo demuestran, pero el más notorio fue el fusilamiento de José Antonio, nadie movió un dedo por evitarlo, tanto de un lado como de otro, les estorbaba y por eso lo eliminaron.

3:47 a.m.

Frel dijo…

Relacionar el capitalismo sólo con la derecha pienso que no tiene sentido, capitalismo hay gobierne la derecha o la izquierda, de hecho ambos conceptos ideológicos son un producto del capitalismo, insistir en relacionar la derecha con todos los males es ilógico, ya que la izquierda es tan perjudicial como la derecha, de eso aquí en España(y en toda Europa) tenemos sobrados ejemplos. Referente al islam que están imponiendo en Europa, son precisamente las corrientes fundamentalistas aliadas del sionismo, de países como los EE.UU. e Israel las que se están extendiendo por Europa(según algunos el islam tradicional es algo muy diferente, supongo que se referirán al islam moderado), claramente es una maniobra del sionismo para ir reduciendo cada vez más la identidad de los pueblos de Europa, de la civilización occidental. Creo que cuando algunos emplean el término de “Izquierda nacional” se refieren a algo diferente a lo que conocemos por la izquierda política que todos conocemos, con raíces ideológicas de diferente procedencia como es obvio, aunque yo personalmente no logro asumirlo.

4:02 a.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

La izquierda de la que hablas, Frel, es precisamente una izquierda que se ha derechizado y que sólo conserva de la izquierda el nombre para mejor someter a los trabajadores a LA EXTREMA DERECHA QUE GOBIERNA OCCIDENTE, el sionismo.
!Este es el hecho, no sólo estamos bajo la bota de la derecha capitalista, sino de la cúspide de esa oligarquía, que es ULTRADERECHISTA JUDÍA! Los partidos social-patriotas todavía no han sido capaces de sacar las consecuencias de esta evidencia.
La “izquierda” de la que hablas es una “izquierda” que abandonó sus postuladores revolucionarios (revisionismos) para llegar a los mismos objetivos pero por vía reformista (socialdemocracia) y que, después de la caída del comunismo, dio un paso más y renunció también el reformismo (luego a los objetivos mismos, anticapitalistas) para cultivar una denominada “tercera vía” que ya no se sabía realmente lo que era (quizá un fuego fatuo).
En la actualidad, ni siquiera se habla ya de la tercera vía, un fraude derechista de Blair que murió con la foto de las Azores.
El problema, Frei, es que no hay izquiera, ni nacional ni tampoco de la otra, internacionalista (o mejor, de ésta quedan sólo residuos, muy útiles para mantener bloqueado ese espacio político).
Todo el enemigo está a la derecha e incluso a la extrema derecha. No se puede sostener que los partidos que actualmente se presentan como “izquierda” son otra cosa que derecha disfrazada para mejor engañar a los obreros y trabajadores. Diré más, el pilar del sistema es esa falsa izquierda y sus sindicatos, que permiten amarrar las masas a la argolla del sistema capitalista utilizando la vieja quincalla emblemática antifascista.
Por ese motivo hay que quitarles el espacio electoral a las izquierdas y eso sólo se puede conseguir dando un giro semántico al contenido de la palabra y actuando en consecuencia.

5:46 a.m.

Jackobs dijo…

Entiendo q efectivamente la extrema derecha es en última instancia un camino equivocado, así como el lumpen reaccionario, curas, monárquicos y demás… Aunque me cuesta mucho no mirar en esa dirección con cierta condescendencia; tampoco nos engañemos, estos colectivos son hasta cierto punto compañeros de viaje q pueden compartir con nosotros algunas etapas del trayecto. Ante el terror rojo yo siempre me inclinaré por el terror blanco. Muchos de los libros ns q adornan mi biblioteca fueron editados durante la dictadura de Videla en Argentina, el mismo Degrelle o Skorzeny fueron protegidos por el nacional-catolicismo franquista. Por otro lado tengo serias dudas también sobre la idea absoluta de finitud presentada a través de la muerte de todo proyecto… la pregunta q interroga el ser!!! Por mi formación de jurista/economista me cuesta mucho compartir esa visión tan humanista, tan limitada a la percepción humana de la realidad. El ser humano se encuentra inserido dentro de una comunidad popular q en esencia tiene voluntad de eternidad, así como las leyes científicas q regulan su existencia y a las q él necesariamente se somete también. Q me dices de las teorías científicas q defienden la infinidad del universo? Del mismo concepto matemático del número infinito? Está errada aquí esa ciencia q tu tanto defiendes? Q me dices de nuestra economía capitalista q, te guste o no, nos ha aportado hasta la fecha los más grandes hitos de riqueza y bienestar en base al crecimiento perpétuo del PIB anual?

9:57 a.m.

Frel dijo…

La izquierda nunca ha defendido a los trabajadores, los conceptos derecha e izquierda son un producto de la revolución burguesa de 1789, la derecha solía estar representada por la aristocracia y la izquierda por la burguesía, es decir, los dueños de las fábricas donde se sobreexplotaban a los trbajadores de todas las edades(niños incluidos). El socialismo es una ideología totalmente ajena a la izquierda, de hecho el sistema lo que hizo en su día fue que la izquierda asumiera “falsamente” los postulados del socialismo hasta llevarnos a la situación en la cual nos encontramos, en la cual el llamarse socialista es compatible con el capitalismo más neoliberal, hasta los sindicatos politizados que ya conocemos son unos de los principales pilares del sistema, tal como afirmas RAO. Jamás un partido llamado comunista ha llevado a cabo un proceso transformador y revolucionario allá donde han gobernado, ha sido un instrumento más del sionismo y lo único que ha hecho es implantar otra forma de capitalismo(Ya sabemos quien financió la revolución bolchevique), el de estado(peor incluso que el liberal), por eso la caída “del comunismo” se llevó a cabo de la noche a la mañana y tan amigos. La izquierda nunca ha defendido sinceramente postulados revolucionarios, solamente lo ha hecho para engañar a las masas, especialmente a las proletarias.

1:43 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Confundes finitud y muerte. La muerte es sólo la experiencia de la finitud del extistente, que le revela la finitud en cuanto tal. Los entes todos, las comunidades históricas, la naturaleza entera es finita. La finitud entra en la de-finición, de-terminación misma del ente en cuanto tal, esto ya está explicado y es Heidegger. Nada humano, ontología. De la negativa, rechazo u hostilidad a aceptar esto vienen todas las construcciones transmundanas, los ídolos a los que adora el hombre-masa, empezando por la religión y terminando por las utopías.

1:44 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Sí, pero eso significa que la izquierda ha traicionado su proyecto. Hay que preguntarse por qué. Y su usted admite que la izquierda tenía unos postulados revolucionarios y que no los ha cumplido, admite también que hay unos postulados revolucionarios DE IZQUIERDAS. Nosotros hemos entendido por qué la izquierda no cumplió sus propios postulados DE IZQUIERDA. Nuestra intención es cumplirlos, precisamente, o sea, ser IZQUIERDA. Hasta el final, es decir, hasta la MUERTE DE DIOS.

2:10 p.m.

LA IZQUIERDA DEL TERCER MILENIO dijo…

En todo caso, seguimos confundiendo la izquierda, que es un concepto tático-estratégico (en política)y sociológico con un concepto ídeológico. En realidad no hay ideologías “de izquierdas”, sino ideologías (comunismo,anarquismo, socialdemocracia,liberalismo en su momento) que ocupan EL ESPACIO DE LA IZQUIERDA. Se trata de ocupar ese espacio o retirarse de la política. Nada más.

2:32 p.m.

Frel dijo…

La izquierda no ha cumplido dichos postulados revolucionarios porque todo ha sido pura teoría y porque dicha opción política siempre ha servido a una serie de intereses con la intención de manipular y engañar a los mismos de siempre.  Sigo pensando que la dicotomía izquierda-derecha tiene el mismo origen y sólo fomenta división y enfrentamiento ante cualquier proyecto colectivo.

4:49 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Decir que la izquierda no ha cumplido los postulados revolucionarios porque todo ha sido pura teoría es decir que no los ha cumplido porque no los ha cumplido, o sea, porque no han pasado nunca de la teoría a la práctica. Por otro lado, me parece mucho simplificar las cosas sostener que la izquierda sólo introduce “división”. En el fondo se está apelando a la “unidad de clases” que ha sido siempre la excusa de la derecha.
Creo que este blog ha demostrado hasta la saciedad que no existe una ideología de izquierdas, las ideologías son comunista, anarquista, socialdemócrata, etc. Existe un CAMPO SOCIAL Y POLÍTICO DE IZQUIERDAS, que varía en función de las circunstancias sociales e históricas, y que en la actualidad se corresponde con los trabajadores, la mayoría del pueblo y el fundamento sociológico de la nación, pues el resto de los estratos sociales se han mundializado, no tienen patria, especialmente la burguesía (excepto la judía).
Confundir “izquierda” con un contenido ideológico concreto comporta un grave error de análisis. Nos remitimos a “Nacional-Revolucionarios, ¿una opción de izquierdas?”, de Jaume Farrerons, publicado y ampliamente comentado en esta bitácora. Habría que refutar esos argumentos en lugar de seguir partiendo de postulados que ya se han demostrado erróneos para resolver el tema mediante frases sumarias como que la izquierda sólo introduce “división”.

9:30 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

¿Por qué los postulados de izquierda son “pura teoría”? ¿De qué postulados se está hablando? No, desde luego, de los postulados NR de izquierdas, quizá del utopismo anarquista, pero en el fascismo de 1919 dichos postulados no son utópicos, sino justamente anti-utópicos. Meterlos en el mismo saco todo lo que huela a “izquierda” huele a derecha, ya sea cristiana, liberal o reaccionaria (evoliana). El problema es que la “destra” sí se considera a sí misma una ideología, por ejemplo en Italia, o en Francia, cuando se hablaba de “nueva derecha”. El fracaso de estos planteamientos es obvio: nuca se ha conseguido salir del corralito ultra y llegar a los trabajadores. El pilar central del sistema sigue siendo que las masas trabajadoras vean las ideas social-patrióticas como cosa de la derecha, no de la izquierda,y siga apoyando a partidos que se presentan como “de izquierdas” pero en realidad defienden el capitalismo. El rechazo de en bloque del signo “izquierda” desde una destra, droite, derecha, recht no confesada pero IDEOLOGIZADA perpetúa esta situación.

9:39 p.m.

Frel dijo…

Por ahora meter en el saco todo lo que signifique izquierda no es una invención y tampoco huela a derecha(no entiendo en que se basa usted para llegar a ese razonamiento), es la realidad. Es cierto lo que usted afirma sobre los planteamientos social-patriotas, el hecho de que sean vistos por las masas proletarias como algo reaccionario relacionado con la derecha más radical es producto obviamente de la propaganda del sistema, tanto de la izquierda, como de la derecha más liberal, hacen todo lo posible para que no haya una tercera vía que les arrebate el poder(la poltrona), para esto claramente se ponen de acuerdo. El anarquismo no tiene nada que ver con la política, decir que es una forma de expresión de la izquierda no tiene sentido, puesto que la izquierda al igual que la derecha han perseguido y reprimido cualquier intento de autogobierno y de autogestión por parte de los trabajadores frente al estado y la burguesía. El anarquismo(en todas sus variantes) es una ideología, al igual que otras y no tiene nada que ver con ninguna opción política.

2:13 a.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Meter en el mismo saco todo lo que huela a izquierda implica meter en el mismo saco el programa fascista de 1919 y el anarquismo o el comunismo.
Con esto ya queda demostrado, por REDUCTIO AD ABSURDUM, la insostenibilidad del razonamiento.
Pero es que no es un razonamiento, es una afirmación que usted no se molesta en fundamentar. Y una afirmación así vale tanto como su contraria.

10:05 a.m.

Frel dijo…

Una afirmación del tipo que sea si no es razonada tiene poco sentido, es algo dogmático, por mi parte intento molestarme en razonar o fundamentar lo que expongo en los textos.

3:49 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Frase literal suya:
“meter en el saco todo lo que signifique izquierda no es una invención y tampoco huela a derecha(no entiendo en que se basa usted para llegar a ese razonamiento), es la realidad”.
Afirmar que una cosa “es la realidad” sin demostrarlo, simplemente confundiendo afirmación con demostración, es lo que ha hecho usted en este caso.
La izquierda no se puede meter en el mismo saco porque en el paso de la sociedad tradicional a la moderna, la izquierda era la burgúesía y el capitalismo, que luego pasó a ser derecha frente a las fuerzas políticas proletarias.
¿Se puede meter en el mismo saco todo eso?
¿Se puede meter en el mismo saco el programa fascista de 13 de mayo de 1919 y el liberalismo que fue la izquierda contra el Ancien Régime? ¿Se puede meter en el mismo saco la CNT, que según usted políticamente no existió nunca (en España, sí) y la socialdemocracia o el comunismo totalitario o el socialismo proudhoniano?
Las diferencias son tan enormes, que “meter en el mismo saco” todo esto sólo se puede hacer desde el evolianismo, que contempla la modernidad como decadencia y “mete en el mismo saco” cualquier cosa que no sea la servidumbre de la gleba, el feudalismo o la “sede ártica” donde todo era perfecto, inmóvil, congelado como un museo de cera…
Todo lo que se mueve “cae dentro del mismo saco”.
Sólo la sede ártica es diferente, el problema es que NO EXISTE.

4:21 a.m.

Frel dijo…

Esta expresión es suya y no mía, precisamente en contestación a los mensajes que yo he escrito, en clara referencia a mi opinión sobre el tema, lo cual para mí tiene poco sentido como ya he explicado, me parece absurdo:
“Meterlos en el mismo saco todo lo que huela a “izquierda” huele a derecha, ya sea cristiana, liberal o reaccionaria (evoliana)”. Obviamente no se mpuede meter en el mismo saco a la CNT junto a la socialdemocracia, el comunismo totalitario y otras ideologías simplemente porque son muy diferentes, la CNT nunca existió políticamente(no se en que se basa usted para afirmar lo contrario),primeramente porque fue y es un sindicato totalmente apolítico, que aborrece el corrupto sistema de partidos(tanto de derechas como de izquierdas)y rechaza todo tipo de subvenciones procedentes de cualquier gobierno, mientras que las otras opciones que usted expone son ideologías políticas muy alejadas de los objetivos primordiales del anarcosindicalismo, o sea, de la emancipación de los trabajadores. Yo nunca metería en el mismo saco a esas diversas ideologías(algunas de las cuales son derivadas de otras, como la social-democracia) auqnue tengan puntos en común y precisamente porque la izquierda es una opción política, ajena en sus orígenes a las ideologías.
Un saludo al blog.

2:53 p.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Es cierto, le hemos criticado que meta en el mismo saco bajo el rótulo “izquierda” cosas muy distintas, y usted ha afirmado, literalmente:
“meter en el saco todo lo que signifique izquierda no es una invención… es la realidad”.
Sostiene, pues, que no es absurdo hacerlo, sino que ese “meter en el mismo saco” se corresponde con la realidad, que es legítimo, pero no argumenta ni prueba lo que aquí dice.
Precisamente, esa no puede ser nuestra postura, pues para nosotros la izquierda no es una ideología, sino un espacio social y político que ha venido siendo ocupado por distintas ideologías.
Por tanto, nosotros no podemos sostener que se pueda hablar de una ideología de izquierdas, inexistente, metiendo en el mismo saco a cosas como el anarquismo, el comunismo, el liberalismo, la socialdemocracia.
Eso sólo se puede hacer desde una postura de derecha evoliana, que ha hipostasiado la “derecha” y construye su correlato “metiendo en el mismo saco” todo lo que se le opone y caracterizándolo como “decadencia” desde una imaginaria edad de oro original. El evolianismo es escoria intelectual, irracionalismo puro y duro. Nos sorprende, por tanto, que usted mantenga al parecer en este punto una postura que, a nuestro entender,resuma derechismo de la destra profunda, evoliana, reaccionaria hasta la médula. Una derecha que ve en la izquierda el mal absoluto y radicaliza, si cabe, el dicho clerical “el liberalismo es pecado” hasta extremos delirantes, como lo es la defensa de la magia y fenómenos similares.
Para nosotros las ideologías citadas sólo son condenables en la medida en que configuran SECULARIZACIONES DE LA RELIGIÓN CRISTIANA, o sea, en la medida en que no son todo lo revolucionarias que deberían ser. !Demasiado conservadoras! !Incapaces de romper con ciertos esquemas teológicos y morales!
En cuanto al anarquismo, su papel político es claro (insurrecciones, huelgas, terrorismo, chekas, milicias), a menos que confunda usted política con elecciones. Pero incluso en este caso,los anarquistas llegaron a tener ministros, como Federica Montseny, y a administrar las prisiones.
Son simples aclaraciones sin más ánimo que dejar clara nuestra postura.
Saludos, Frel.

3:57 p.m.
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http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/07/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion.html
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lunes, junio 04, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (7)

En su primera publicación importante, la novela El sello de la muerte (1924), Ramiro Ledesma Ramos, fundador del fascismo español, encabeza el libro con una significativa cita de Nietzsche:
Amo a los grandes desdeñosos, porque son los grandes adoradores, las flechas del anhelo del más allá. Llena está la tierra de individuos a quienes hay que predicar que desaparezcan de la vida. La tierra está llena de superfluos y los que están de más perjudican a la vida. !Que con el señuelo de la eterna se los lleven de ésta!(Ledesma Ramos, R., Obras Completas, Molins de Rei, Barcelona, 2004, Volumen I, “El sello de la muerte”, p. 57).
Tampoco tiene desperdicio el subtítulo nietzscheano de la obra:
La voluntad al servicio de las ansias de superación: poderío y grandeza intelectual (op. cit., p. 55).
La promesa de una vida eterna como “señuelo” para que los cobardes, los más despreciables, abandonen la vida y dejen de envenenarla con su simple presencia quejumbrosa, va dirigida, en Nietzsche, a los cristianos. Y Ledesma no podía ignorarlo. Que el título de la novela nada tiene pues de azaroso, lo prueba el opúsculo Notas sobre Heidegger (1930), publicado por “La Gaceta Literaria” en tres entregas los días 1º y 15 de febrero y 1º de abril de 1930. Se trata de un comentario de la famosísima conferencia de Heidegger ¿Qué es metafísica?, de 1929. Conveniente resultaría una lectura completa y exhaustiva del texto, que  abordaremos en un futuro, pero el simple hecho de que el fundador del fascismo español haya iluminado España con semejantes palabras -que demuelen por su base los fundamentos metafísicos del catolicismo patrio- pertenece al orden de lo maravilloso, aunque el destino del nacionalismo revolucionario en nuestro país, lamentablemente no haya por ello dejado de ser el que es:
Y llega ahora el momento culminante de todo nuestro esfuerzo por dar a la Nada un sentido. Resulta, de súbito, que la admisión del Ser a través de un proceso angustioso aparece capturada, hecha posible por la Nada. Esta conduce a la Vida junto al Ser. Sólo en nombre de una primaria revelación de la Nada puede la Vida avanzar y penetrar en los territorios del Ser. Pues la Vida equivale a un adentramiento, a una inmersión –Hineingehaltenheit– en la Nada. Aquí reside lo que podemos denominar la trascendencia sobre el Ser. La Nada logra así el rango de constituir la posibilidad misma de la revelación del Ser, como algo para la Vida humana. Y no es un concepto opuesto al Ser, sino que permanece fiel a la esencia del Ser mismo. En forma análoga al ser del Ser acontece, en realidad, el anonadar de la Nada (Ledesma Ramos, R., La filosofía, disciplina imperial, Madrid, Tecnos, 1983, p. 28).
En una entrada posterior profundizaremos, como digo, en la cuestión filosófica propiamente dicha, que ahora sólo traemos a colación a efectos de explicar la ruptura de Ledesma con José Antonio Primo de Rivera y el primer giro a la derecha (católico) del fascismo español. Esta inicial usurpación (José Antonio plagia a Ramiro), amputación y tergiversación afecta a una posición fascista implícita de una pureza única en Europa, pero cuyas simientes caen en terreno baldío a causa, precisamente, de la “catolicidad” que España arrastra, como un cadáver a cuestas, a lo largo de la modernidad. Contrastaremos, asimismo, más adelante, el significado de Ledesma como vehículo de la versión madura del fascismo filosófico (Heidegger), comparándolo con la fase filosófica de Evola y su teoría del Individuo Absoluto, inversión, punto por punto, de la noción heideggeriana de Dasein, que inspira, en cambio, el concepto ramiriano de muerte del individuo (véase: “El individuo ha muerto”, en “La conquista del Estado”, 5 de octubre de 1933, op. cit.,  Obras Completas, Molins de Rei, Barcelona, Volumen III, pp. 399-402). Esta autoconciencia del fascismo sólo será restablecida en 1984, o sea, cincuenta y cuatro años más tarde de la publicación del opúsculo de Ledesma, en la Entidad Potencialista-ENSPO. El rechazo generalizado de la extrema derecha barcelonesa, con la única excepción de Ramon Bau y un reducido grupo de seguidores de Jaume Farrerons, fue la respuesta del campo “patriótico”, siempre “cristiano” o derechista, al discurso de los valores que, según ha admitido tardíamente Juan Antonio Llopart (sin nombrar a Farrerons y omitiendo astutamente la procedencia de las ideas), fundamenta el campo nacional-revolucionario como proyecto histórico de dimensiones europeas. Hoy se encuentra éste, allí donde pretende todavía existir, hundido en el conservadorismo católico o, peor todavía, en el evolianismo hiperreaccionario más vergonzante. La tarea de Filosofía Crítica no puede ser otra que denunciar esta situación, empuñar el látigo del verbo hasta que los mercachifles abandonen el templo. Preferimos fracasar políticamente como nacional-revolucionarios genuinos que triunfar como populistas de derecha. Pero hay algo todavía peor que el oportunismo de Anglada, a saber: utilizar la coartada testimonialista de un ideario nacional-revolucionario que en el fondo se desconoce, que se ha incluso traicionado por cuestiones de interés personal, para justificar la propia incompetencia política. Llopart agoniza, pero no de romántico idealismo, sino de pura envidia.
De lo dicho no se sigue que debamos aceptar las palabras de Ledesma como una suerte de texto sagrado. Insistamos en que Ledesma fue ante todo un ideólogo y un político, y esto además desde sus precoces tiempos de escritor, pero la fugaz etapa del zamorano como filósofo es el precioso eslabón dorado que permite anclar el fascismo a sus hondas bases metafísicas y existenciales. Para nosotros, que intentamos hacer emerger ese tesoro a la superficie como la única fórmula ya posible para la reconstrucción integral del nacionalismo revolucionario hispánico (y europeo), se trata de acceder a las fuentes primarias del pensamiento, a saber,  la filosofía (de Nietzsche y Heidegger), siguiendo el hilo conductor de su propia e intrínseca dinámica interna, siendo así que por elevado que fuere el grado de “pureza” doctinal del fascismo de Ledesma, seguía siendo éste un ciudadano español contaminado por el catolicismo y, ante todo, un político. ¿Pudo llegar Ledesma a despojarse de la entera herencia metafísica católica, en primer lugar una simple cuestión de tiempo en un esfuerzo que requiere de toda una vida? ¿Fue suficiente la lectura de los primeros textos de Heidegger para consolidar la reflexión sobre la incompatibilidad radical entre el pensamiento fascista y la fe religiosa cristiana? No podemos responder aquí a estas preguntas. Sin embargo, hasta donde llegara Ledesma, allí señaló una imborrable línea de demarcación política frente a los “patriotas de sacristía”. Véase, si no, lo que escribe Ledesma pocos meses antes de morir asesinado por los rojos:
La contienda política y social del momento. Hombres. Ideas. Grupos. Sobre las “fuerzas nacionales”. Un periódico de Madrid –Informaciones– viene insistiendo desde hace varias semanas en la necesidad de que se organicen y unifiquen las fuerzas que él llama y denomina “nacionales”. El tema es de altísimo calibre, y en torno a él se nos ocurren muchas cosas. En esta breve nota, sin embargo, nos limitaremos a unas cuantas sugerencias polémicas, pues de un modo u otro NUESTRA REVOLUCIÓN lo aborda en todas sus páginas y columnas. ¿Tendremos que decir que nuestro concepto de “lo nacional”, tanto en el sentido válido para la política cotidiana como en su apreciación histórica más profunda, es divergente, en absoluto divergente, del que sin duda postula Informaciones? / A la vista está cómo han dejado a la Patria, con qué vigor ideal y con qué pujanza física, las fuerzas que invoca Informaciones como garantía de fortaleza. Entre los grandes equívocos que tradicionalmente vienen circulando en nuestro país, uno de los más nefastos para la idea nacional de España es el de vincular el patriotismo de las capas privilegiadas de la sociedad a los núcleos socialmente regresivos. Han hecho así imposible toda influencia de la consigna “nacional” entre las grandes masas del pueblo laborioso. Si a ello se añade que tal ficticio patriotismo se fundía y confundía también con ideales religiosos en quiebra, ya de suyo, por muchas dimensiones de su propia doctrina poco propicios a alentar y sostener una fe nacional muy intensa, tenemos la explicación patente de por qué en España no hay hoy, ni ha habido desde hace mucho tiempo, banderas “nacionales” al viento (Ledesma Ramos, R., 11 de julio de 1936, vid. op. cit., Obras Completas, Volumen IV, pp. 493-494).
¿Ha cambiado actualmente la situación? No. Este hecho quedó claro el 7 de noviembre de 2008, cuando en Madrid, Jaume Farrerons expuso sus críticas a los “ideales religiosos en quiebra” de que ya hablara Ledesma en nada menos que en 1936: la respuesta de las “fuerzas nacionales” fue la misma que otrora. Incluso los que se autodenominan “patriotas socialistas” (hoy en el MSR haciendo rincón junto a los evolianos) siguen siendo personajes que esconden, tras una fraseología “social” y pseudo revolucionaria inocua, vacía de contenido más allá de la mera consigna ritual, la verdadera causa a la que sirven: la fe, la iglesia, la derecha, el Papa incluso, sin que enrojezcan de vergüenza sus brillantes calvas de skin-heads… Han fracasado una y otra vez en su voluntad de reconstruir España, pero se muestran incapaces de observar el deber de la más elemental autocrítica. No sólo eso, en perspectiva, podemos constatar que con su insistencia en encadenar España al “glorioso pasado imperial”, han sido los principales culpables del descrédito del nacionalismo español (del que los propios españoles se abochornan), y consecuentemente, de la inepcia pseudo patriótica, archidemostrada hasta la náusea, en la tarea de nacionalizar a las masas obreras y laborales hispánicas. Digámoslo claro: !la “extrema derecha” católica, sépanlo o no los interesados, la forman traidores que trabajan para un proyecto ajeno a España, a saber, el proyecto del “pueblo de dios”, con franquicia hebrea en Roma y sede en Jerusalén! Esta es la verdad, pero también nuestra ruina como nación, un proceso que no deja de avanzar hasta abocarnos al precipicio, sin que una sola de las palabras fundacionales de Ledesma haya en nuestros días tenido que rectificarse o actualizarse en este punto concreto. Añade Ledesma (Ledesma Ramos, R., 11 de julio de 1936, vid. op. cit., Obras Completas, Volumen IV, p. 494):
No. En redondo nos oponemos a que si ahora existe coyuntura propicia para enarbolar con eficacia una actitud “nacional”, se apoderen de ella otra vez las fuerzas responsables de todas las hecatombes históricas, hoy que están -!y a qué precio!- derruidas y en declive. / ¿Qué se quiere por Informaciones? El propósito parece claro: volver de nuevo a utilizar lo nacional como escudo y máscara de una mercancía averiadísima, en vías de pudrirse. Ese es el mayor crimen contra la Patria, y si preponderase tal deseo, resultaría de nuevo fallida la gran ocasión que a costa de sangre y esfuerzos está hoy quizá forjándose. Si hay que defender la espiritualidad católica, hágase a cuerpo libre. Y si hay que defender intereses económicos que se creen legítimos, hágase también al descubierto, con razones propias, sin escudarse tras “lo nacional”, cosa muy distinta y desde luego la más importante para nosotros como españoles. / El mejor servicio a España y el mejor modo de vigorizarla como nación es procurar henchirla de ideales jugosos y adscribir a su bandera los núcleos más fuertes, más viriles y desinteresados del país. Y el peor servicio el identificar “lo nacional” con toda la impedimenta fracasada y anémica, con todos los privilegios de legitimidad dudosa y de carácter irritante para la mayoría del pueblo. Hasta en el nacionalismo triunfante en algunos países, como Italia y Alemania, tras los que sin duda se le van los ojos aInformaciones, operan fuerzas y razones muy de acuerdo con lo que venimos expresando en esta nota. Lo primero que se vieron obligados a hacer consistió en romper, junto al cerco marxista, el cerco de los grupos esos que invoca y convoca el diario madrileño. Pues la idea nacional, si bien se mira, es una idea revolucionaria, rumbo adelante, y su primera vinculación en la historia universal aparece en los jacobinos franceses de la gran Revolución (ibidem).
No creo que quepa hablar con más diáfana claridad: importante para nosotros como españoles no es la espiritualidad católica (una tesis que cualquier católico debería condenar como herética, incluso diabólica), sino “lo nacional”. Y para que lo nacional emerja (Valmy, Goethe dixit), debe fundirse con lo social, pues la nación no es más que el pueblo consciente de sí mismo. Las cristianas telarañas del “pueblo de dios”, puestas además al servicio de los intereses oligárquicos a los que siempre han dado cobertura doctrinal, es el “cerco” que los nacionalistas revolucionarios, herederos de la “gran Revolución” jacobina, tenemos el deber de romper.
!Qué lejos de Evola! Pero también de José Antonio, con el que Ledesma habrá de enfrentarse (aunque salga derrotado) si quiere consumar su proyecto. Las excusas tácticas, estratégicas, ideológicas incluso, importan poco: la ruptura apunta a raíces más profundas. Ferran Gallego no ha sabido ver esto, o no ha querido. !Y sostiene que la “escisión” de Ledesma se produce por la derecha! Para empezar, pretende el historiador que el zamorano obedece a un motivo “táctico”:
Desprecio clasista de José Antonio hacia Ramiro. En definitiva, lo que separaba a Ledesma de Primo de Rivera no era un elemento ideológico, sinotáctico (Gallego, F., Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español, Madrid, Síntesis, 2005, p. 294).
Y añade Gallego:
Ledesma se encontró en las difíciles circunstancias de tener que justificar desde la izquierda una ruptura que, en términos tácticos -aunque posiblemente no ideológicos- se había realizado por la derecha o, si quiere decirse de otra forma, por la vía del mayor pragmatismo del zamorano (Gallego, F., op. cit., pp. 343-344).
!Tácticos, aunque posiblemente no ideológicos! El propio Gallego es consciente de la enormidad de su pretensión, conviene atenuarla y de ahí el correspondiente inciso y el “posiblemente”. Con su interpretación, empero, Gallego echa en saco roto la principal enseñanza de Tucídides, padre de los historiadores, a saber, la distinción entre los motivos o la ocasión de un conflicto y sus causas profundas. Ocasiones de la Guerra del Peloponeso serían los contenciosos de Corcyra y Potidea o el decreto de Megara (podían haberse esgrimido cualesquiera otros); pero las causas auténticas son las que convierten dichas “ocasiones” en coartadas para una guerra decidida en el fondo de antemano, a las que se añaden los irrelevantes “motivos” individuales “de cada cual” en el momento concreto de actuar:
La causa más verdadera, aunque la que menos se manifiesta en las declaraciones, pienso que la constituye el hecho de que los atenienses al hacerse poderosos e inspirar miedo a los lacedemonios les obligaron a luchar (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, Libro I, 23, 6).
Ledesma y Primo de Rivera estaban destinados a enfrentarse porque representaban principios devalores antitéticos y el “fascismo” se define en primer lugar por sus valores, es decir, como ser, como actitud radical ante la vida que trasciende todo mero “pensar”. La “causa”, aquello que “menos se manifiesta en las declaraciones” subyacía así en una omnipresencia silenciosa a la cual no hizo referencia explícita ninguna de las partes; la “ocasión” podía darla cualquier oportunidad que se le presentara al fundador e ideólogo para deslegitimar al leader católico. A Ledesma le tocaba, en efecto, tomar la iniciativa bélica, que no se quiso el zamorano mero ideólogo, sino dirigente, mas quien controlaba en esos momentos Falange Española de las JONS era José Antonio.Ledesma tenía empero razones más profundas incluso que las ideológicas para intentar derrocar a su adversario.. A estas razones se añadieron otros motivos de índole personal: la lucha por el liderazgo; perfectamente justificados todos ellos, en conjunto, porque José Antonio representaba, desde el principio, un cuerpo extraño a los fundamentos axiológicos “fascistas” que justifican el surgimiento histórico de las JONS. Y los hechos acreditan que Ledesma no anduvo errado en su desafío a Primo de Rivera, que el catolicismo, joseantoniano o no, fue la brecha por la que introdujéronse en el proyecto original todos los elementos derechistas -repleta estaba a la sazón España de tales especímenes- que iban a nutrir el franquismo como antítesis del jonsismo. O sea que, cualesquiera que fueren los motivos subjetivos de Ledesma, más o menos acertados moral y técnicamente, la “razón”, en el sentido hegeliano del término, estaba de su parte si aquello que pretendíase era levantar una organización política  nacional-revolucionaria genuina, capaz depatriotizar a unas masas españolas históricamente devenidas antinacionales por culpa de la derecha.
Ferran Gallego. El propio historiador Ferran Gallego disponía de los materiales para elaborar una exégesis correcta de la escisión jonsista de 1935. En efecto, en la página 44 de su obra citada, reconoce:
Por ello, el arte de vanguardia, deshumanizado en el sentido de tratar de justificarse por algo distinto a su propia esencia, sin necesidad de ser comprendido y aceptado por los hombres para adquirir validez, tiene las condiciones -aunque Ortega no lo indique de esta forma- delantihumanismo heideggeriano, para el que el hombre es algo que proporciona su habla al Ser unánime y elemental, el fundamento ontológico de la existencia, de la cual el hombre es sólo fenómeno y expresión. Ese factor será el que proporcionará a un Ledesma que escribirá en la “Revista de Occidente” su capacidad para alejarse del individuo y pensar en el valor principal de la comunidad, mientras Ortega permanece asido a la condición de los individuos excepcionales, a la vanguardia intelectual cuyas actividades resultan incomprensibles para las masas, aunque estén realizando lo que realmente importa, incluso para los intereses finales de éstas.
Y en la página 50:
Inmediatamente después de este elogio y esta propuesta tan elocuente sobre el nuevo sentido de los tiempos, publicada en agosto de 1928, el joven zamorano dedicará a Joan Estelrich un artículo que supone una exaltación del espíritu mediterráneo representado por el Renacimiento y la fascinación latina que en Giménez Caballero ya había sustituido la influencia germana, y que en Ledesma nunca habría de volver a mostrarse tan claramente orientada hacia lo clásico mediterráneo como en aquellos momentos, pues más tarde habría de sentirse inclinado a admirar el comunitarismo nacionalsocialista, por una influencia profunda del pensamiento de Heidegger que superaría su admiración más bien técnica por la obra del fascismo estatalista y corporativo mussoliniano.  (…) Planteado de esta forma en enero de 1929, cuando Ledesma estaba siguiendo a Giménez Caballero abiertamente hacia el punto focal del fascismo, aunque fuera por trayectos distintos, su extensa reflexión sobre Heidegger, publicada entre febrero y abril de 1930 en “La Gaceta Literaria” -y no por casualidad se prefería esta publicación a la quizá más apropiada “Revista de Occidente”- señalan la forma en que Ledesma adapta a sus necesidades políticas el “¿Qué es metafísica?” del filósofo alemán. No es necesario aquí entrar en la complejidad del libro que presenta Ledesma, sino en el interés que tiene que el ya fascista Ledesma, en los primeros meses de 1930, vea en Heidegger un puente para encarar los problemas relacionados con nuestro tiempo, para fundamentar, de forma parecida a como lo ha hecho con Koffka, su idea de una imposibilidad del conocimiento racionalista del Ser, de lo ontológico, de aquello que da carácter al mundo, y a la necesidad de vivirlo, de adentrarse en la totalidad como individuo que acepta su “estar ahí”, su sensación de angustia y abandono, su entrega a la comunidad para huír de la Nada.
Desde luego, no comprende Ferran Gallego la filosofía de Heidegger, de manera que tampoco puede detectar las causas de la fatal escisión jonsista. El historiador admite que no es necesario aquí entrar en la complejidad del libro que presenta Ledesma, pero ahorrarse ese trabajo tiene su precio, que se salda con interpretaciones absolutamente inaceptables como esa de la “entrega a la comunidad para huír de la Nada”, o la afirmación de que es el individuo el que se “adentra en la comunidad” al aceptar su “ser ahí (=Dasein). Confunde Gallego el Dasein con el individuo, y el ser-para-la-muerte (Sein-zum-Tode) que hace posible el advenimiento de la comunidad nacional con un acto de cobardía espìritual, cuando se trata, punto por punto, de todo lo contrario.
La negación radical del individuo se encuentra ya en ladefinición misma de la noción heideggeriana de Daseinen tanto que apertura al Ser. “El Dasein no es nada humano en el hombre” (Heidegger). La incompatibilidad entre una doctrina católica cuyo fin supremo declarado es la “salvación del alma”, es decir, la hipóstasis metafísica del “yo”, el fundamento del “individuo” (que Evola absolutizará, como veremos en el tercer y último giro a la derecha del nacionalismo revolucionario español), y el Dasein en tanto que ente anterior a la escisión entre “lo individual” y “lo colectivo” entorno a la cual giran, rebotando de un polo a otro, tanto el liberalismo cuanto el comunismo, constituye la clave que permite interpretar las pautas de comportamiento político de Ramiro Ledesma Ramos. ¿Cómo va a ser “individuo” aquel que, según el propio Ferran Gallego ha admitido en la cita de la página 44, defínese por su relación vinculante con la Verdad, como “fundamento ontológico de la existencia, de la cual el hombre es sólo fenómeno y expresión“?  Consecuencia fulminante de este anti-humanismo es el anti-individualismo y, por ende, el rechazo de que una metafísica católica basada en el “ego”, es decir, en el “espíritu” como doble fantasmal inmaterial del cuerpo (núcleo ontológico del individuo), impere sobre los sagrados destinos de nación. Las conclusiones programático-políticas de Ramiro Ledesma no pueden ser otras que las transcritas a continuación, pero hay que hurgar en algunas expresiones del texto del Discurso a las juventudes de España (1935) para detectar la veta filosófica subyacente:
Antes hemos aludido a la necesidad de abordar el tema del catolicismo, y sus interferencias con la empresa política y revolucionaria de las juventudes nacionales. El tema será todo lo arduo y delicado que se quiera, pero hay que hacerle frente y obtener de él consecuencias estratégicas. / La Iglesia puede decirse que fue testigo del nacimiento mismo de España como ser histórico. Está ligada a las horas culminantes de nuestro pasado nacional, y en muchos aspectos unida de un modo profundo a dimensiones españolas de calidad alta. (…) Parece incuestionable que el catolicismo es la religión del pueblo español y que no tiene otra. Atentar contra ella, contra su estricta significación espiritual y religiosa, equivale a atentar contra una de las cosas que el pueblo tiene, y ese atropello no puede nunca ser defendido por quienes ocupen la vertiente nacional. Todo esto es clarísimo y difícilmente rebatible, aun por los extraños a toda disciplina religiosa y a toda simpatía especial por la Iglesia. / Ahí termina la que podemos llamar declaración de principios de la revolución nacional con respecto a la religión católica. Pensar traspasarla en un sentido o en otro desfigura totalmente la victoria nacional, y hasta la pone en riesgo y peligro de no ser lograda (Ledesma Ramos, R., Obras Completas, op. cit., Volumen IV, p. 62).
Ledesma hace una declaración política puramente pragmática, que no puede eludir a la sazón (en nuestro tiempo las cosas han cambiado mucho, siendo así que “España ha dejado de ser católica”), de la misma manera que Hitler tuvo que aceptar el factum sociológico ineludible de una Alemania cristiana, con las miras puestas en extirpar el tumor religioso en un futuro más o menos lejano. Añade Ledesma:
La empresa de edificar una doctrina nacional, un plan de resurgimiento histórico, una estrategia de lucha, unas instituciones políticas eficaces, etc., es algo que puede ser realizado sin apelar al signo católico de los españoles, y no sólo eso, sino que los católicos deben y pueden colaborar en ella, servirla, en nombre de su dimensión nacional, en nombre de su patriotismo, y no en nombre de otra cosa. / Ello por muchas razones: una, porque se trata de una empresa histórica, temporal, como es la de conseguir la grandeza de España y la dignidad social de los españoles. Otra, que evidentemente pueden colaborar también en tal empresa gentes alejadas de toda disciplina confesional. Y otra, que es una empresa que la Iglesia católica misma ni intenta, ni debe, ni se le permitiría emprender. / Pues no se olvide que la revolución nacional quiere y desea descubrir un manojo de verdades españolas, tanto de índole nacional como de índole social, que puedan y deban ser abrazadas como parte de todo el pueblo, sin posibilidad de crítica ni disidencia. Nosotros sabemos que la vida histórica de España está pendiente de la vigencia de ese manojo de magnas e indiscutibles cosas, garantizadoras de su unidad moral y de su cohesión. Precisamente, la revolución nacional tiene su justificación en la ausencia contemporánea de esas unanimidades en el espíritu de nuestro pueblo (op. cit., pp. 62-63).
Y concluye:
Algún día la unidad moral de España era casi la unidad católica de los españoles. Quien pretenda en serio que hoy puede también aspirarse a tal equivalencia demuestra que le nubla el juicio su propio y personal deseo. Fe y credo nacional, eficacia social para todo el pueblo, pedimos. Pues sabemos que sólo así dispondremos de instrumentos victoriosos, y que sólo así no caeremos en la vil tiranía imponiendo a todos su obligación nacional y su fidelidad a los destinos históricos de España. En nombre de la Patria y de la liberación social de todo el pueblo, no nos temblaría el pulso para cualquier determinación, por grave y sangrienta que fuese. Sí le temblaría hoy, en cambio -y haría bien en temblarle-, a la Iglesia para una decisión coactiva sobre los incrédulos. La revolución nacional es empresa a realizar como españoles, y la vida católica es cosa de cumplir como hombres, para salvar el alma. Nadie saque, pues, las cosas de quicio ni las entrecruce y confunda, porque son en extremo distintas. Sería angustiosamente lamentable que se confundieran las consignas, y esta coyuntura de España que hoy vivimos se resolviera como en el siglo XIX en luchas de categoría estéril. / España, camaradas, necesita patriotas que no le pongan apellidos. Hay muchas sospechas -y más que sospechas- de que el patriotismo al calor de las Iglesias se adultera, debilita y carcome (op. cit., p. 64).
¿Por qué, podemos preguntarnos, la religión judeocristiana mata el patriotismo? Esta expresa afirmación de Ledesma, que nos permite situarle personalmente, más allá de la estrategia política, entre las “gentes alejadas de toda disciplina confesional”, tiene que ser “pensada” en 2012 allí donde en 1935 sólo podía ser “sugerida” por alguien que, además, en ese momento, expresábase como político, no como filósofo. Hoy, que conocemos la traición a la nación perpetrada por la derecha, la puñalada por la espalda cometida en España a manos de una burguesía que dejó tiempo ha de ser patriota (si alguna vez lo fue de verdad), ya no podemos andar de puntillas entorno a este tema ni ser tan parcos, moderados o discretos como Ledesma antaño, quien no en vano escribiera para otro tiempo un discurso programático-político, perecedero. Hemos pasado por la experiencia del emponzoñamiento derechista católico del nacionalismo revolucionario, y sabemos, habiendo desarrollado, por otro lado, gracias a Jaume Farrerons, las ideas filosóficas que Ledesma dejó sólo apuntadas o esbozadas, repecto de la incongruencia esencial, ontológica, entre el catolicismo, o el cristianismo en general, y la nación en tanto que “verdad”, de suerte que actualmente podemos dar un paso ideológico adelante. Conocemos, a la postre, las consecuencias del desarrollo de la fe cristiana como infraestructura doctrinal e instituto de un mundialismo asesino de naciones (de todas excepto una, claro), la conexión, intuida incluso por el propio Karl Marx, entre judaísmo, cristianismo y liberalismo capitalista en cuanto etapas seculares inexorables en el despliegue de la peste individualista, hedonista y consumista que, como una plaga, arrasa la tierra en pos de la ilusoria “felicidad” del “yo”. Somos en fin conscientes de que el patriotismo no sólo se adultera, debilita y carcome al calor de las iglesias, sino que las iglesias inyectan en cuerpo del héroe el virus Evola del egoísmo, la búsqueda de la “salvación” individual, llámese material  (éxito económico), llámese “espiritual” (vida en el más allá); siendo ambos aspectos dos caras de la misma moneda entorno a la prioridad metafísica del “sujeto constituyente”, es decir, del individuo erigido en absoluto que niega la verdad.
Sujeto constituyente cuya expresión teológica es el dios judeocristiano en tanto que divinidad personal creadora del mundo ex nihilo, y no a la inversa como cuentan las fábulas religiosas.
No me cabe la menor duda, por otro lado, de que la mayoría de los “patriotas” católicos derechistas aplaudirán la tesis de un historiador, Ferran Gallego, quien, por lo demás, no deja de mostrar sus propias señas de identidad ideológicas prosistémicas desacreditando a Ramiro Ledesma desde todos los ángulos. Hasta el punto de que, si uno acepta la narración del libro citado, que es también un subrepticio retrato moral, entonces habría que abjurar de Ramiro, incluso detestarlo. Deberían preguntarse estos “patriotas”, fieles servidores de Yahvé (!que judío es su dios!), por el significado de la callada alegría en la coincidencia con Ferran Gallego, pues el hecho mismo y la festiva (aunque quizá íntima) reacción de aprobación les delatan como aquello que jamás dejaron de ser: los mejores aliados del atlantismo, los caballos de Troya -conscientes o inconscientes- del enemigo oligárquico en el interior del hispánico nacionalismo revolucionario. Una doctrina y proyecto político, éste, que en España prácticamente se ha extinguido, que los mismos “patriotas” -una derecha de todos los colores, pero con el “mínimo común denominador” de la inacabable cohorte de egos- han destruido a golpes del sacrosanto “yo”, “yo”, “yo”, siempre más importante que la nación o la verdad (como hemos podido comprobar, por experiencia propia, hasta la náusea, una y otra vez). ¿Fascismo en España? De nuevo, la misma pregunta que hiciérase Ramiro Ledesma pocos meses antes de ser ejecutado como primer héroede la futura nación hispánica. Un ideal para el cual no ha roto el alba, que espera todavía su amanecer.
José Antonio: caballo de Troya  de la derecha católica. El primer giro a la derecha del fascismo español

La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, laverdadera; pero es además, históricamente, la española.Toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico.
Solución religiosa: el recobro de la inarmonía del hombre y su entorno en vista de un fin trascendente. Este fin no es la patria, ni la raza, que no pueden ser fines en sí mismos: tienen que ser un fin de unificación del mundo, a cuyo servicio puede ser la patria un instrumento; es decir, un fin religioso. ¿Católico? Desde luego, de sentido cristiano.
Lo que puede intentarse políticamente es la puesta en formapara la espera de la gracia. 
(José Antonio Primo de Rivera)

La patria, instrumento de dios. !Y además entendido dios como “fin de unificación del mundo”, es decir, vehículo de la universalización planetaria cuyos frutos reales empezamos a conocer ya! Globalización “espiritual” previa, la católica, que prepara en las sociedades occidentales el terreno tanto subjetivo cuanto institucional del “mercado mundial”, del universo y la vida entendidos como negocio, com provecho, recompensa o  beneficio. Beneficio es ya “la salvación”, requsito de la fe que ofende cualquier sentido honorable de lo sagrado. Catolicidad cristiana y, en última instancia, hebrea:  Katholon=universal, la expansión de este esquema egomórfico universal  constituye la conditio sine qua non del “crecimiento económico”, de la constante reinversión del capital, ya sea en términos de “búsqueda de la felicidad” (satisfacer al cliente), ya como “final de la historia”, “paraíso” o “reino de Dios” en la tierra. Hete aquí la raíz existencial, axiológica y ética de la traición católica a la causa nacional-revolucionaria, cuyo signo axiológico es justamente inverso:la nación por encima de dios. Una fórmula que implica, como puede ya intuirse, algo más que un reclamo propagandístico, a saber: el sacrificio incondicional, sin “compensación”. Porque la revolución empieza por lo radical, la concepción de la vida y del hombre, como muy bien sabía José Antonio cuando, como una pálida araña sacerdotal, inoculaba su veneno católico, judeocristiano, bíblico…, a las heroicas falanges nacionales. Protesta con razón Ramiro Ledesma ante tamaña subordinación alevosa de lo nacional a lo religioso. Negado este punto, derrotado Ramiro en la pugna, clausúrase en España el brevísimo ciclo del fascismo auténtico. Erigirán entonces los falangistas, como modelo, el fascismo derechizado del Ventennio, de Letrán, el mismo que rechaza Ledesma en favor de las camisas rojas de Garibaldi. De tal pseudo fascismo podía beber José Antonio, aunque, incluso aquí, con dudas:

Falange Española de las J.O.N.S. no es un movimiento fascista; tiene con el fascismo algunas coincidencias en puntos esenciales de valor universal; pero va perfilándose cada día concaracterísticas peculiares y está segura de encontrar precisamente por ese camino sus posibilidades más fecundas.

Aquello que José Antonio todavía pretende depurar en el fascismo paradigmático de Roma, a efectos de colocar en su lugar las “caracteríticas peculiares” de lo “español”, son, a buen seguro, los genuinos elementos fascistas residuales que aún pudieran sobrevivir tras la fachada del régimen mussoliniano. En el mismo sentido, “puntos esenciales de valor universal” serán, para José Antonio, los religiosos, derechistas, cristianos, consagrados por Giovanni Gentile en la hora de la acomodación fascista a las viejas castas oligárquicas transalpinas. El leaderfalangista identificábase, en suma, ante todo, con la imagen del “puro” católico: creyente, practicante y hasta fervoroso. Abstracción hecha de sus orígenes sociológicos oligárquicos, este simple hecho ya le incapacitaba para “devenir” fascista sin la mediación de una profunda crisis religiosa personal, existencial, que jamás vivió. Ninguna inquietud metafísica hizo, en efecto, tambalear su convicción acrítica de que “la concepción católica de la vida” era “la verdadera”. Ahora bien, si el “fascismo” comporta una cosmovisión, y el catolicismo otra, no sólo distinta, sino opuesta a aquélla, entonces hay que elegir: se es católico (cristiano en general) o fascista (nacional-revolucionario en general), pero no ambas cosas a la vez. O dios o la nación.Desde luego, pueden darse fácticamente -y se dan a granel- católicos fascistas, fascistas cristianos, pero a la hora de actuar lo harán o como católicos o como fascistas. Incluso alternativamente (ora dios, ora la nación), y según para qué, podrán aplicar en el momento de elegir (y elegimos a cada momento) criterios religiosos y doctrinales católicos o criterios éticos fascistas, pero de aquí no saldrá una acción política coherente, la cual, si quiere serlo, tendrá que definirse de una vez por todas como cristiana o como nacional-revolucionaria.

Posibilidades más fecundas.

Esta constatación nos sitúa en el nivel A del discurso, a saber, el de los valores o filosófico, donde se deciden estas cuestiones políticamente postulatorias e innegociables. El drama del fascismo español se resume en que, forjado por un ideólogo nacional-revolucionario auténtico, por un filósofo-político (rara avis) de primera magnitud, cae inmediatamente en manos de un burgués católico carente de otro “fundamento” que el puramente teológico y religioso.
Con lo dicho no pretendemos que Ramiro Ledesma se declarara alguna vez anticatólico, pues desde el punto de vista político no podía hacerlo sin enajenarse las masas patrióticas de España. Un problema muy similar al de Hitler en Alemania. La verdad última sobre el fascismo escasas veces la encontraremos entre los ideólogos o políticos fascistas, los cuales, como tales, hanse comprometido ya en una tarea condicionada por las circunstancias del “arte de lo posible”. La esencia del fascismo hay que “interpretarla” en los textos políticos e ideológicos, acaso en la estética del movimiento, y sólo hállase en estado puro, sin aleación pragmática, entre los agentes del discurso ético fascista. Ramiro Ledesma fue un ideólogo y un político. Sólo durante un período muy breve de su existencia pudo considerársele filósofo. La postura política ramiriana sobre el catolicismo deberá ubicarse así, a nuestro entender, muy próxima a la de Maurras: aceptar el aspecto formal, institucional, litúrgico, del catolicismo, pero vaciado de su contenido propiamente judeocristiano; y, sobre todo, impedir a toda costa -ruptura incluida- que “lo nacional” se reabsorba en lo católico, ergo: tácticamente hablando, que sean católicos creyentes, antes que nacionalistas revolucionarios “puros”, quienes controlen las palancas del proyecto “fascista” español. La imagen de un Ramiro dispuesto a confesarse antes de morir, si no se redujera a pura propaganda franquista, en nada modificaría la cuestión de principio: estaríamos simplemente ante un fascista incapaz de asumir sus propios supuestos y las profundas consecuencias existenciales del concepto de “muerte de Dios” (Nietzsche). Que la nación se fundamenta a sí misma y no depende de “trascendencia” alguna: no otro es, constreñido en una palabra, el significado “hipermoderno” del fascismo.

La Iglesia, caballo de Troya de Sión:  “adora al judío Jesús porque el Papa te lo manda”.
José Antonio nunca dejó de sentirse cristiano, luego jamás pudo experimentar la Stimmung fascista, la cual entraña sin excepción, agazapado tras de sí, el frío aliento del abismo nihilista que ya helara el espíritu de Nietzsche. José Antonio, católico y clerical, padre de familia biempensante, satisfecho y feliz chapoteando en medio de sus convicciones “espirituales” de burgués convencional, acomódase en la vida, farisaicamente seguro de su “salvación”, a años luz del angustioso Abgrund fascista. Comparémoslo ahora, por un momento, con Ramiro Ledesma Ramos a título personal. De orígenes cultos pero humildes, Ledesma se forja a sí mismo hasta codearse, como filósofo, con Ortega y Gasset, cabeza visible del pensamiento regeneracionista español. Ramiro Ledesma es heideggeriano y nietzscheano, no católico. La matriz espiritual ramiriana procede de dos filósofos alemanes, autor, uno de ellos, de El Anticristo, la última obra efectivamente publicada por Nietzsche; y Heidegger, el otro, cumbre de la filosofía occidental en el siglo XX a la par que heraldo de la muerte como  “verdad de la existencia” y militante nacionalsocialista. El rango teórico ideológico de Ramiro Ledesma es harto superior al de José Antonio, pero el abogado supera a Ledesma en otros aspectos que nada tienen que ver con las ideas: carisma personal, oratoria, contactos sociales, recursos económicos… Handicap del fascismo español es que debe desarrollarse en un país, España, cuyo apogeo histórico remite al pasado y se identifica con el catolicismo monárquico prerrevolucionario. En este contexto de modernidad deficitaria, patriotismo español y religión romana se confunden. José Antonio lo tenía mucho más fácil que Ramiro, en un aspecto fundamental, para liderar el partido después de la fusión estratégica (que no táctica) de sus respectivas formaciones (fenómeno similar al de la ANI y los Fascios en Italia). Todos los rasgos “universalistas” que el discurso joseantoniano introducirá desde entonces en la doctrina de la Falange serán intrínsecamente católicos. La insistencia de José Antonio en desvincular la nación española del nacionalismo, en insuflarle un tono intelectual abstracto frente a los elementos por así decir inmanentes, sentimentales, lingüísticos, raciales…, no procede del respeto a un imperativo de racionalidad, sino a la necesidad de amputar y tergiversar el jonsismo para someterlo al ideario católico tal como lo definiera Santo Tomás de Aquino en la Edad Media. Más profunda intelectualmente hablando es la doctrina de Ramiro Ledesma Ramos, que se sustenta en el concepto heideggeriano de “proyecto” (Entwurf), trascendencia horizontal e inmanentista, constituyente de mundo pero “anónima”. Entre la noción futurista ramiriana de Entwurf, esencia del Dasein (=existente) y la “unidad de destino en lo universal” joseantoniana, la distancia es tan enorme, el talante tan dispar, que ambas no pueden convivir juntas. Weltanschauungenincompatibles, la católica y la fascista, su colisión en el seno de Falange Española de las JONS estaba prescrita por una fatalidad destinal que ni la mejor de las voluntades personales hubiera podido aminorar ni un día más.

DOCUMENTOS ANEXOS
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2010/04/que-es-filosofia.html
http://www.es.catholic.net/empresarioscatolicos/464/1622/articulo.php?id=44406

CATOLICISMO Y FUNDAMENTACIÓN POLÍTICA: JOSÉ ANTONIO Y LA INTERPRETACIÓN CATÓLICA DE LA VIDA
Francisco Torres García
El fundador de la Falange se definió como católico, y, además, quiso imprimir ese carácter tanto a su pensamiento político como al movimiento que, poco a poco, pero en un plazo de  poco más de un año, acabó siendo un trasunto de sí mismo.

El diez de abril de 1934, al salir de una vista en el Tribunal de Urgencia de la cárcel Modelo de Madrid, José Antonio Primo de Rivera sufría un atentado. A las pocas horas, el periodista César González Ruano le entrevistaba para el diario ABC. En la conversación, el periodista le preguntó por aquello que más le hubiera preocupado en el caso de haber muerto en el ataque. El fundador de la Falange le contestó: “Por no saber si estaba preparado para morir. La eternidad me preocupa hondamente. Soy enemigo de las improvisaciones, igual en un discurso que en la muerte. La improvisación es una actitud de la escuela romántica y no me gusta”. No cabe duda de que, cuando José Antonio mostraba su preocupación por no saber si estaba convenientemente preparado para morir, lo hacía desde un punto de vista católico.  Transcurrieron algo más de dos años y medio desde que José Antonio realizara esa reflexión y tuviera que prepararse para morir. A ello dedicó sus esfuerzos tras concluir el proceso en Alicante:“trato de disponerme lo mejor posible para el juicio de Dios”, escribió a su tío Antón. De esta realidad nos queda el testimonio de su testamento y aquellas doce estremecedoras cartas que redactara, pocas horas antes de morir, el 19 de noviembre de 1936. En todas ellas se ponía en manos de Dios, aceptando resignadamente su decisión, con resignación y conformidad cristiana, agradeciéndole la “templada calma de la que hasta ahora no ha querido privarme y que le tengo que agradecer infinito”.

Con este breve exordio estimo que delimitamos a la perfección las profundas creencias de un hombre que nunca se dejó seducir por la tendencia, que se extendía tanto entre la juventud intelectual de su tiempo a la que pertenecía, como entre los jóvenes de su mundo social, de asomarse al factor religioso, en su caso al factor católico, tanto desde posiciones de introspección individualista, como de alejamiento o abandono.
Tanto en sus intervenciones públicas, como en los numerosos testimonios particulares que nos han permitido reconstruir la vida de José Antonio, incluyendo un rico anecdotario, el fundador de la Falange se definió como católico (“Yo soy católico convencido” dijo a su amigo Francisco Bravo), y, además, quiso imprimir ese carácter tanto a su pensamiento político como al movimiento que, poco a poco, pero en un plazo de poco más de un año, acabó siendo un trasunto de sí mismo. Su concepción, altísima por otra parte, del Derecho y la Justicia tiene su base en Santo Tomás y en la neoescolástica. Es ese catolicismo el filtro que transforma los conceptos acuñados por Ledesma Ramos. Es el catolicismo el sustento de la concepción del hombre, del individuo y de la sociedad que José Antonio crea y recrea para su movimiento. Las nociones de ética y estilo, quizá la aportación más netamente joseantoniana del falangismo, también provienen del catolicismo.
Hasta el concepto de libertad es en José Antonio profundamente religioso; así Luys Santamarina anotaba como la libertad, en el pensamiento del fundador de la Falange, tiene una “raíz mística de signo cristiano… porque la libertad sólo es posible dentro de un orden”. Es el catolicismo lo que aleja a José Antonio, por ejemplo, de algunos planteamientos de Carl Smith o el filtro que le permite traducir políticamente a Ortega. Incluso su disidencia con el fascismo tiene esos orígenes, tal y como nos recuerda Gonzalo Massot al indicar como “recostándose sobre el pensamiento tradicional católico, el fundador de FE toma distancias con el fascismo o cuando éste, cediendo ante Hegel, subsume a lo absoluto impersonal en el Estado que pasa, en consecuencia, a ser fuente de eticidad”. Es el catolicismo lo que aleja a los conceptos falangistas del hegelismo. En síntesis, como con harta certeza, apunta Sigfredo Hillers de Luque: “José Antonio inserta y acomoda su doctrina política a la Weltanschauung católica, fusionándose con ella, formando un cuerpo con ella. Esta es la esencia de la doctrina joseantoniana”. Por ello “no se puede explicar la energía potencial de la doctrina de José Antonio olvidando su origen: la teología católica” (Derecho, Estado y Sociedad, II, Madrid 1987).
En el terreno individual, los testimonios nos lo presentan como un católico practicante hasta límites de difícil comprensión para el catolicismo cultural actual. Cumplía puntualmente con todos los preceptos; hasta con exageración podríamos añadir. Según un artículo de su prima Nieves Sáenz de Heredia, incluso se negaba a trabajar los festivos. A nivel anecdótico, y estas pequeñas historias suelen ser muy reveladoras del carácter real de los personajes estudiados, bastaría recordar como, amablemente, casi paternalmente, se dirigió a uno de sus seguidores que, en una comida, pidió carne siendo vigilia: “¡Hombre!, que por una rubia estupenda se pierda el cielo está mal, aunque pueda explicarse; pero que lo pierdas por una chuleta”. Pero, al mismo tiempo, tuvo siempre buen cuidado a la hora de no tratar de imponer a sus seguidores su catolicismo practicante; su intención fue siempre atraerlos al mismo con el ejemplo, porque conforme a su esquema de pensamiento lo trascendente era asumir el contenido y lo accidental era la forma.
Cabría preguntarse, en este planteamiento inicial, la correlación existente entre esa posición personal, su mundo conceptual y su opción política. Volvamos para ello, en el discurrir político de José Antonio, a dos situaciones extremas en el tiempo: la primera, en los años en que su padre asume la jefatura del gobierno; la segunda, en la prisión de Alicante.
Según Pablo Vila-San-Juan, en los tiempos de la Dictadura, ya hablaba José Antonio de formar un grupo juvenil de carácter regeneracionista cuya base estaría en la “doctrina de Cristo con alguna parte del programa de Carlos Marx, referentes al capitalismo y a la justicia social”. A lo largo de su construcción conceptual, a mediados de los treinta, resulta evidente que, para José Antonio, la política es un elemento subordinado al proyecto de salvación del hombre dentro del más estricto agustinismo: “lo que puede intentarse políticamente es la puesta en forma para la espera de la gracia”.
En la prisión de Alicante, José Antonio tiene tiempo para reflexionar y tratar de profundizar en el sustento de su doctrina política. Entre los escritos que nos han llegado se conserva el esquema de un libro que pensaba titular Cuaderno de notas de un estudiante europeo, “un índice de notas de los temas que preocupan a toda la juventud”. En esas hojas, José Antonio, aborda sintéticamente la evolución que ha conducido al momento actual, donde “los signos son todos de hundimiento de un mundo”. Sitúa el origen de ese proceso de destrucción, como había hecho en otras ocasiones, en la Reforma protestante y la ruptura de la unidad de pensamiento en Europa, por lo que “la presente situación del mundo es, ni más ni menos, la última consecuencia de la Reforma”. José Antonio, que ya no pertenece a la generación pesimista del 98, sino a la que estima que “algo se puede hacer”, se niega a aceptar el destino con resignación (“¿hemos de avenirnos a ser testigos de la catástrofe predicha por Marx?”). Siguiendo ese esquema dialéctico analiza las posibles soluciones. Desecha la comunista, que para él es la catastrófica. Estima como insuficientes la fascista o la anarquista (“soluciones extremas”).
Se pronuncia a favor de la “solución religiosa” de “sentido cristiano”.
En pocas líneas, como apunta Andreas Böhmler: “La Falange es portadora de un ideal católico, que se nutre del pensamiento orgánico-corporativo de la Iglesia de entonces. Pese a lo que hoy pueda parecer a primera vista… el modelo profundo de Nación que defiende José Antonio es el de la Españolidad -a diferencia del Españolismo- y como tal conserva los ejes centrales del ideal católico de la Reconquista y Conquista (donde) el único modo de unión armónica de la diversidad, que es la unión en la fe católica. Patria y catolicidad son inseparables porque la misión de la patria es el siempre renovado y renovador empeño de incorporar a todos a una empresa universal de salvación” (Apuntes sobre la filosofía política de José Antonio Primo de Rivera).

El catolicismo del individuo

Resulta imposible comprender, en toda su exactitud, la importancia del factor católico en el pensamiento de José Antonio, sin analizar, aun cuando sea someramente, la vida religiosa del mismo. Sobre todo porque en José Antonio no existe disociación entre el comportamiento público y el privado, entre la política y la religión. Ya a mediados de los setenta Cecilio de Miguel Medina, en un libro importante, La personalidad religiosa de José Antonio, siguió la vida religiosa de José Antonio, recopilando anécdotas, testimonios y revisando los escritos y discursos del fundador de la Falange. A este texto nos remitimos para ampliar lo que aquí pudieran parecer ejemplos interesados.
Conviene tener presente, para medir el grado de influencia, que gran parte del ser de un individuo se encuentra condicionado por aquellas nociones, conceptos de vida, que va asumiendo como propios durante su infancia, y que sólo crisis muy profundas de creencias, rupturas traumáticas, logran destruir de una forma radical. En José Antonio, como en la inmensa mayoría de los españoles de esas generaciones, es el ambiente familiar el agente fundamental, y casi único, de transmisión de esos conceptos. Cierto es que los Primo de Rivera distaban de ser una familia anónima, disuelta en el arquetipo del grupo social al que pertenecían; en ella se manifestaba el peso que la historia impone a sus miembros, pues habían estado presentes, a diversos niveles, en la historia de España desde el siglo XVII, en las filas castrenses. Una familia, en palabras de José Antonio, muy poco tranquila. Cuando Pilar Primo de Rivera sintetizó, por vez primera, sus recuerdos sobre su hermano, lo hizo comenzando por el peso de lo castrense y lo religioso, a lo que añadió lo que podríamos denominar como la ambición de las letras (Recuerdos de José Antonio, Barcelona 1973).
José Antonio creció y se formó en un ambiente religioso. Es usual, y resulta difícil sustraerse a ello, recoger, aun cuando sea como nota a pie de página, la descripción de ese ambiente realizada por su hermana Pilar: “Por tradición familiar la vida nuestra se desenvolvía en un ambiente de vida religiosa. Todas las devociones y obligaciones se cumplían fielmente, debido al cuidado de dos tías andaluzas encantadoras, hermanas de mi padre, que vinieron a vivir con nosotros a la muerte de mi madre… Se hacía el mes de María… se rezaba el rosario en familia, se ponía el Nacimiento en Navidad y venían los reyes; se frecuentaban los Sacramentos y cuando se llegaba a la edad de ayunar no se perdía un solo día en aquella época en que durante la Cuaresma había que ayunar tres veces por semana”.
Por la misma Pilar conocemos que el general encargó, intentando respetar la voluntad segura de aquella esposa perdida a la que sólo había prometido por toda dote “una historia de amor”, la educación religiosa de sus hijos a la tía Ma y a la tía Inés. Esa que “todos los días -recuerda Pilar en sus memorias- buscaba el momento para llevarnos a San Pascual para que rezáramos el Santísimo cuando pasábamos por el paseo de Recoletos, no sin cierta resistencia por nuestra parte, que estábamos deseando que algún día se distrajera y pasáramos de largo sin entrar”.  Don Miguel, por su parte, llevaba a aquellos niños al relevo de la Guardia, a saludar la Bandera al pasar delante de ella; la vida material de los pequeños Primo de Rivera estaba “organizada como la de un Regimiento”, hasta con parte diario de actividades colocado en la puerta de cada habitación. Y es que la conjunción antes aludida, tan grata a las figuras retóricas de José Antonio, de lo castrense y lo religioso, de lo militar y lo misional, tiene sus verdaderas raíces en esas vivencias, en esos modos de vida, de la infancia y no en complicadas elucubraciones sobre la traslación posible de formas ideológicas posteriores que son adaptadas al modelo español.
Recordemos aquellos reveladores párrafos que sintetizaban el modo perfecto en que veía José Antonio cómo se debía vivir la vida: “no hay más que dos normas serias de vivir, la manera religiosa y la manera militar, o, sí queréis, una sola, porque no hay religión que no sea milicia, ni milicia que no esté caldeada por un sentimiento religioso”. Por ello, resulta muy difícil sustraerse, al leer a José Antonio, a dejar volar el pensamiento hasta San Ignacio de Loyola y su Compañía de Jesús, a la que el propio fundador de la Falange, puso como ejemplo de lo que debía ser su movimiento en noviembre de 1933: “en este pequeño grupo que hoy inicia la lucha no habrá superiores ni inferiores: somos como en los primeros tiempos de la Compañía de Jesús, un grupo de hombres de buena fe que debemos censurarnos todos a fin de acertar”. Hasta tal punto consiguió transmitir esta intención a su movimiento político que, cuando Wenceslao Fernández-Flores lanzó, utilizando la ironía, una durísima crítica desde ABC a José Antonio, por no emplear la ley del talión ante los asesinatos de falangistas, no dudó a la hora de hablar de franciscanismo: “Y hay que felicitarse de que sea así. Pero no creemos que el espíritu laico de la España actual permita desenvolverse y afirmarse una Orden religiosa más”.  Es también lugar común el afirmar que, como apunta Pilar Primo de Rivera, “José Antonio, durante toda su vida, se mantuvo en esas prácticas, que hicieron de él un verdadero y entero católico”, siendo para él la religión “una íntima necesidad de su conciencia”. Quedan testimonios orales y escritos de lo que le molestaba que se dudara de esa vinculación que él transmitiría a su movimiento. Buena prueba de ello son las mordaces refutaciones a Gil Robles; su nota ante la defección pública del marqués de la Eliseda alegando cuestiones religiosas o la carta, de las pocas particulares que conocemos, quizás por un inexplicable exceso de celo familiar, dirigida a su tía Carmen Primo de Rivera, religiosa en Las Descalzas, “picado por lo dispuesto que siempre está tu ánimo a escuchar chismes absurdos de los que ponen en circulación contra mí las señoras más feas de Córdoba”.
Consecuencia de esta forma de pensar, profundamente católica, será su modo de afrontar la muerte en Alicante, de la que, por fortuna, conservamos el testimonio de su testamento y de las cartas de despedida remitidas a sus familiares y amigos más cercanos. Hasta Alicante, como ángel guardián, como último servicio de cuidar a aquel niño llegó la tía Ma dispuesta a seguir el camino de los que eran sentimental y emocionalmente sus hijos.
Sabiendo de la necesidad existencial que tiene, en tiempo de tribulación, un católico tan profundo como José Antonio, sus familiares y amigos le hacen llegar el consuelo religioso. A la cárcel llega la Biblia que le remite Carmen Werner, “su última compañía”, de la que lee “trozos de los Evangelios en estas, quizás, últimas horas de mi vida”; las medallas que le dio Pilar Millán Astray; el escapulario de caballero mercedario, la orden religiosa de José Antonio; el crucifijo que Carmen Primo de Rivera regala a su hermano las vísperas de su ejecución que recibe con las palabras de “me alegro mucho, pues no tenía” y que exhibió ante el pelotón.
En el tiempo de su prisión, José Antonio debió reafirmarse aún más en su fe. Sabemos que consoló a su tía Ma en Alicante diciéndole que estaba preparándose a diario, oraba y rezaba el rosario. Durante su estancia en la cárcel Modelo consiguió que un sacerdote le visitara y le diera la comunión; y a su tía Carmen le escribió: “también tengo mis horas místicas de unión con Dios, contrito de lo pasado y con planes para su gloria en lo porvenir”.  Consciente de que la sentencia de muerte era inevitable trató de que los anarquistas le consiguieran un sacerdote. Es probable que ignorase la terrible persecución religiosa desatada en la zona roja, porque de encontrarlo significaría casi una condena de muerte segura para el mismo. Don José Planelles, con permiso del Comité Popular que presidía el gobernador civil, no puso trabas a la misma, confesó a José Antonio (“hoy he confesado a uno que va a morir por todos nosotros”). De las últimas cartas se desprende el bien que, como católico, recibió para afrontar una suerte que, en casi todas las misivas, deja “resignadamente” en manos de Dios, esperando que “El acoja mi alma (que ayer preparé con una buena confesión) y me sostenga para que la decorosa resignación con que muera no desdiga junto al sacrificio de tantas muertes frescas y generosas como tú y yo hemos conmemorado juntos”, escribe a Rafael Sánchez Mazas; “estoy lleno de paz” confiesa a su tío Antón. Especial relevancia tiene la dirigida a su tía religiosa, por lo claro y sentido del texto:
“Dos letras para confirmarte la buena noticia, la agradable noticia, de que estoy preparado para morir bien, si Dios quiere que muera, y para vivir mejor que hasta ahora, si Dios dispone que viva. Como cualquiera de los dos resultados se ha de deber mucho a tus oraciones, te mando muchísimas gracias con este mi último y cariñoso abrazo. No te digo que pidas por mí, porque sé que lo harás sin descanso, y que moverás a hacerlo a tus hermanas en religión, cuya inagotable caridad tal vez, algunas veces, abra paso al deseo retrospectivo de no haber tenido en la Comunidad una monja perteneciente a familia tan agitada. Dentro de pocos momentos ya estaré ante el Divino Juez que me ha de mirar con ojos sonrientes”. En lógica correlación, su testamento es, también, una confesión rotunda de Fe. Del ingente número de panegíricos que sobre la vida, la muerte y la fe de José Antonio se han elevado durante décadas a los vientos de España desde 1936 viene al caso exhumar, brevemente, dos notas por lo que de reconocimiento conllevan por parte de la Iglesia española.
La primera es el canto gregoriano entonado por los benedictinos, por los monjes de Silos, en 1938, bajo la invocación: Dessideratisimo principi juventutis
“Al deseadísimo príncipe de la Juventud española, al magnánimo fundador de la Falange, que juntamente con muchos mártires gloriosos ofreció valerosamente su muerte por Dios y por la Patria, séale concedida la luz de la Bienaventuranza, el recuerdo de los siglos y la corona de manos del Señor por toda la Eternidad”.
La segunda es el testimonio público del arzobispo de Valladolid en su análisis del testamento de José Antonio en los solemnes funerales de 1938, intervención que realizaba a petición expresa de Francisco Franco. Para el doctor Gandásegui, José Antonio “supo vivir y, sobre todo, supo morir como siervo bueno y como hijo bueno de la Patria y de la Iglesia… su testamento es prueba palmaria de mi afirmación: José Antonio, hijo preclarísimo de España e hijo ferviente de la Iglesia Católica” porque en sus líneas se contiene: la confesión de Dios como señor de la vida y la muerte; la humildad cristiana; el respeto a los derechos de Dios sobre la vida humana; el precepto del perdón y el amor a los enemigos. Es en, síntesis, una profesión de fe católica plena, la de un cristiano de ternura en el corazón, que muestra sus virtudes humildes, que perdona y pide perdón.
“Cuando un hombre, tras pública y sincera confesión de fe, que es acto del entendimiento llega a la plenitud de conciencia de dicha subordinación, ese hombre posee en toda su pureza y con grado eminente la virtud de la Religión; la religión del espíritu y de la verdad, exenta en lo posible de máculas, misas de conveniencia y fariseísmos puramente ritualísticos. De haberla poseído dio José Antonio muestras claras e irrebatibles en distintas ocasiones de su vida”.
Descubre, además, el arzobispo cuatro ideas que subyacen en el texto y que, están añadimos ahora, en la base conceptual de José Antonio:
Proclamación de la dignidad judicial suprema de Jesucristo. Confesión de que Dios es el manantial primero de  todos los bienes y venturas.
Proclamación de la fuerza redentora de los merecimientos de la Sangre de Jesucristo. Ejercicio ejemplar de la función principal de la Iglesia Católica, que es la oración humilde y confiada ante el trono de Dios.
“Lección -concluye- de enseñanza magnífica, de contenido sustancial profundamente humano y cristiano y envueltas en un ropaje de sencilla elegancia de estilo, de claridad y de precisión ideológica admirable y envidiable”.
Las raíces católicas de la conceptualización joseantoniana
José Antonio católico ferviente, José Antonio, en muchos aspectos, más que católico, cristiano en su dimensión interior. Si pocas dudas caben al historiador sobre la presencia constante de lo católico en la vida de José Antonio, debemos ahora llevar nuestro análisis a la búsqueda de la correlación existente entre ese catolicismo y su pensamiento político.
Ningún autor ha obviado la importancia que para José Antonio tiene el catolicismo, tanto desde un punto de vista humano como político. Hasta tal punto que muchos han empelado la desafortunada definición de “fascismo católico” como rasgo identitario de su “fascismo español” (Payne).
Ignorar esta realidad puede conducir a importantes tergiversaciones o desviaciones del sustrato real de los conceptos joseantonianos. Por ejemplo, quienes han mantenido y mantienen, en positivo o en negativo, el largo debate sobre la proximidad o el alejamiento de las tesis joseantonianas, que no de las formas, del pensamiento fascista prefieren prescindir o relegar a un segundo término algo tan fundamental como, lo ya señalado por Salvador de Brocá, sin que parezca haber tenido gran trascendencia: “la distinta perspectiva teleológica de la Falange y el Fascismo” (Falange y Filosofía, Tarragona 1976). Y en José Antonio ésta es fundamentalmente, yo diría que, exclusivamente católica. Recordemos que, durante décadas, cuando se ha explicado la distancia del pensamiento del fundador de la Falange con respecto a los fascismos se ha hecho, en amplísima medida, en función del peso del catolicismo, inseparable del pensamiento tradicional español, en su construcción conceptual y en su propia cosmovisión.
En este sentido, autores como Vicente Gonzalo Massot singularizan e independizan el pensamiento de José Antonio como la manifestación de un “estilo español”. Lo hacen en sintonía con el discurso joseantoniano que cifraba el origen ideológico de la Falange y las JONS en la “misma escuela de autenticidad española”; lo están haciendo, aun cuando en ocasiones no se refleje explícitamente, en base a las raíces católicas del pensamiento de Primo de Rivera (José Antonio. Un estilo español de pensamiento, Buenos Aires 1982).
En la misma línea, los autores que han profundizado en la noción del clasicismo, tan grata a la retórica joseantoniana, en ocasiones, no han percibido, en toda su magnitud, como en ese clasicismo, de raíz dorsiana, al que es consustancial la noción del Derecho y la Ley, el catolicismo es fundamental.
Por otra parte, quienes han subrayado, con acierto, la falta de desarrollo de los conceptos que José Antonio utilizaba (que Payne califica de “categóricos, esquemáticos y doctrinarios”), algo que el propio Primo de Rivera asumía, por lo que animaba a los suyos a seguirle “con ánimo de adivinación”, anotan la base católica de esos conceptos. Así, el profesor Miguel Argaya, al incidir en la “trágica inconsistencia” de la ideología falangista, exaltando, al mismo tiempo, el “sustrato ético” de José Antonio y su ideología como su principal y rotunda aportación, tiene que reconocer que la base de ese sustrato es fundamentalmente católica. Curiosamente, afirma este profesor, es allí donde reside, “lo específicamente joseantoniano”; en esa “preocupación ética y metafísica” que le guía.
Porque, como apunta Eduardo López Pascual, al prologar la obra, “la conceptualización última de todo falangista es el sentido ético de la función política”, que proviene, insisto, del filtro católico por el que pasa toda la construcción joseantoniana incluyendo la noción y el concepto de servicio (Entre lo espontáneo y lo difícil.
Apuntes para una revisión de lo ético en el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera, Oviedo 1996). En la misma tesis, Antonio Sánchez Marín nos indica que la “raíz de sus conceptos está en la Teología católica”, haciendo de la concepción católica del hombre la piedra angular de su doctrina política” (José Antonio Primo de Rivera: Una aproximación a su pensamiento político, Madrid 2003). Y, como apunta José María Permuy, resulta imposible negar la inspiración católica que anima la Falange pues se trata de un movimiento de inspiración católica.
Resulta también innegable que, cuando José Antonio construye sus conceptos lo hace desde una perspectiva católica. Conviene tener presente que, como he sostenido en otros trabajos, lo que José Antonio nos ha legado, por encima de lo puramente coyuntural, de las propuestas concretas en función de la realidad socioeconómica de los años treinta, son solamente un conjunto de conceptos, en la mayor parte insuficientemente desarrollados (el caso más evidente se da en el apartado de la estructura económica), en los que, por más que se quiera sostener, con intención de interpretación política interesada, no hay evolución; sino que sus conceptos van desenvolviéndose en busca de la exactitud que tanto le obsesionaba (“se encaraba –recuerda Pilar- con el lucero del alba por centrar las cuestiones en su punto”); integrando, al mismo tiempo, en su desarrollo temporal, aquellos aspectos que no figuraban o no lo hacían explícitamente en la formulación primigenia que constituyen dos piezas fundamentales: el denominado discurso fundacional y los denominados puntos iniciales de FE, redactados en colaboración con Rafael Sánchez Mazas.
Obsesión por el orden y la construcción conceptual exacta en un desarrollo armónico: “nuestro Movimiento es el único Movimiento político español donde se ha cuidado intransigentemente de empezar las cosas por el principio. Hemos empezado por preguntarnos que es España… Así, empezando por preguntarnos qué es España, nos forjamos todo un sistema poético y preciso que tiene la virtud, como todos los sistemas completos, de iluminar cualquier cuestión circunstancial”. Pues, para José Antonio, la “política es una gran tarea de edificación”.
Cuando José Antonio -insistimos- construye, edifica, lo hace desde un punto de vista innegablemente católico. Quiere, y es una idea reiterativa en sus discursos, poner en pie un orden político, social y económico distinto al existente. Un orden edificado al servicio de la Norma, del Pan y la Sal; un orden nuevo que debía empezar a construirse por “el individuo, como occidentales como españoles y como cristianos”.
Por ello se pregunta, en carta a su primo Julián Pemartín, cuando ya está dentro de la vorágine que pone en marcha lo que será la Falange: “¿a qué puede conducir la exaltación de lo genuino nacional sino a encontrar las constantes católicas de nuestra misión en el mundo?”.
En esta línea de pensamiento, cuando José Antonio entra en pugna dialéctica con Rousseau o con Marx, ¿acaso no lo hace desde el punto de vista católico? Con respecto a Rousseau, entre otras cosas, por significar la ruptura definitiva con el orden ideológico tradicional; por formar parte y acelerar el proceso de destrucción del orden espiritual de referencia occidental; por su responsabilidad en la quiebra de la noción tradicional, casi escolástica, de la “existencia de categorías permanentes de razón” que acaban siendo sustituidas por “decisiones de voluntad”, lo que consagró “la perdida de la unidad espiritual de los pueblos”. Como apunta Salvador de Brocá:“la crítica joseantoniana partió de la consecuencia más importante que dicha actitud comportaba, la relativización de la verdad como categoría permanente de razón”. Y es en esa pugna con Rousseau, de la que tan reveladores apuntes trazó Adolfo Muñoz Alonso, donde José Antonio va desgranando su concepción del Estado; la justificación del mismo, siguiendo la tradición cristiana, tomista, del bien común; del individuo y de la libertad, conceptos que en José Antonio son fundamental y casi exclusivamente de cuño católico, y, por sus bases teológicas, anteriores a la ruptura protestante, cristianos. Base cristiana invariable, porque como anota Muñoz Alonso, “desde la primera conferencia hasta la fecha del último manifiesto late en el pensamiento de José Antonio la idea de la norma permanente, ideal y trascendente, como valor fundamental del Estado y la noción del bien común como legitimadora de su existencia” (Un pensador para un pueblo, Madrid 1974).  Igual acontece en la discusión dialéctica, menos completa y con menor profundidad que la de Rousseau, que sostiene con Carlos Marx. Una parte fundamental de su crítica proviene de su formación cristiana. Lo que le preocupa es, tal y como suscribe, entre otros, Muñoz Alonso, “lo que tiene de concepción anticristiana” y, por tanto, añadimos, matizando la frase, “extraeuropea”, contraria al clasicismo de su civilización. Cuando José Antonio recusa al marxismo lo hace por la negación de la hermandad y la solidaridad entre los hombres, por negar la espiritualidad, por su desprecio a la Religión, lo hace desde la perspectiva del católico. Tiene razón Muñoz Alonso cuando apunta que José Antonio, precisamente por su interpretación materialista de la vida y de la historia, que desprecia una y otra vez, jamás hubiera comprendido el diálogo marxismo-cristianismo. Ni mucho menos, añadimos nosotros, por razones de concepción, por razones teleológicas, tesis como la Teología de la Liberación o las justificaciones que en su día alcanzó la dictadura castrista. Parece claro que José Antonio, por su concepción cristiana, también hubiera rechazado el denominado “humanismo marxista”, tal y como subyace en una de las escasas interpretaciones de estos fenómenos ideológicos realizada por uno de los escasos pensadores joseantonianos de después de José Antonio, por el profesor Jesús Fueyo en su obra La mentalidad moderna.  Serían muchas las citas, las exégesis de José Antonio a las que tantas veces se recurre para evitar la profundización, que subrayarían estas aseveraciones, pero es suficiente recordar aquellas frases de la campaña electoral de 1936, donde se mostraba alarmado por el “sentido asiático” que se alojaba en el anuncio del futuro predicado por la izquierda marxista que entonces estaba constituida, básicamente, por el Partido Socialista Obrero Español:  “si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un orden nuevo en lo económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo. Es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la historia; es la sustitución violenta de la Religión por la irreligiosidad; la sustitución de la Patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por las clases, y no la agrupación de todas las clases dentro de la Patria común a todos ellos; es la sustitución de la libertad individual por la sujeción férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como un hormiguero, sino que regula también implacablemente nuestro descanso.
Es todo eso. Es la venida impetuosa de un orden destructor de la civilización occidental y cristiana; es la señal de clausura de una civilización que nosotros, educados en sus valores esenciales, nos resistimos a dar por caducada”.
La tesis histórica de José Antonio
Enlazan estas palabras con un elemento angular en el pensamiento joseantoniano: su interpretación histórica. Una interpretación que subyace en esa construcción conceptual, pero que no alcanza a sistematizar hasta marzo de 1935, en el fundamental discurso rotulado como “España y la barbarie”. Tema al que volverá durante la campaña electoral de 1936 y, sobre todo, en el reposo de la cárcel donde traza el esquema de desarrollo de un ensayo de pensamiento titulado, significativamente, “Cuaderno de notas de un estudiante europeo” que no se puede desligar de otros papeles de ese tiempo como el artículo “España: germanos contra bereberes” o los esquemas que acompañan a los dos escritos rotulados como “Aristocracia y aristofobia”. José Antonio -nos indica Moisés Simancas- “comparte con Spengler la idea de una tensión cíclica repetitiva frente a un progreso lineal, aunque deja de lado todo biologismo; ahora bien, José Antonio va a dotar a este esquema formalmente spengleriano de un contenido tomado del pensamiento tradicional español (Donoso Cortés, Jaime Balmes), al coincidir en la idea de un proceso revolucionario enderezado contra el mundo católico y cuyos jalones principales serían: el protestantismo, el liberalismo y, por supuesto, el comunismo”(José Antonio: génesis de su pensamiento, Madrid 2003).
José Antonio sale a la arena política porque el ruido que sube de la calle, explica en una bella imagen, resulta ensordeceros para permanecer aislado. “Cuando -afirma- nosotros abrimos los ojos nos encontramos un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas”.
José Antonio vive el tiempo de la gran crisis de la democracia liberal, de las injusticias y miserias del capitalismo y acepta como inevitable la tesis marxista de la autodestrucción del capitalismo junto con el fin inmediato de la civilización occidental, que en su pensamiento es la clásica y cristiana. Pero lo que a escala universal, europea y española le preocupa es la desaparición, en ese fin, de los valores espirituales que anuncia la ruina moral que ve a su alrededor. Llegados a este punto la duda que nos asalta es si esa interpretación, en clave, indudablemente deudora de Spengler, de la crisis, destrucción y desaparición de las civilizaciones, fue puramente temporal o tiene bases de permanencia.
Es evidente que la autodestrucción del capitalismo no sólo no se ha producido sino que éste ha sabido regenerarse para perpetuarse y que ahora, encarnado en la faz más agresiva, la del ultraliberalismo, comienza a regatear las cesiones de las décadas anteriores que componían lo que en occidente se llamó el Estado del Bienestar. Tampoco la “invasión de los bárbaros”, destructora de la civilización occidental, al menos en el sentido de las imágenes joseantonianas, ha tenido lugar. Por otro lado la pesadilla comunista, encarnación de esa invasión, prácticamente ha desaparecido víctima de su propio proceso de autodestrucción. Y es evidente, finalmente, que, pese a todo, las injusticias sociales se han tamizado mucho en el mundo occidental presentando un abismo infranqueable con la situación de la Europa de los años treinta. Finalmente, la democracia liberal, entonces sumida en una crisis que parecía definitiva, se ha convertido en la ideología dominante y si no es el fin de la historia, promocionado desde los EEUU y asumido por la clase política occidental, si parece el sistema político que marcará los destinos de la humanidad en los próximos decenios. Ante esta realidad cabría preguntarse ¿qué queda de la crítica joseantoniana, de ese ruido que le obligó a salir de su abstracción? Queda, precisamente, el ruido.
Lo que a José Antonio realmente le preocupaba de la anunciada invasión de los bárbaros, como sabemos, no era la posibilidad de un orden económico o político distinto, sino lo que tenía de anticristiano, antiespañol y antieuropeo. Ese mundo en ruina moral es, para José Antonio, el fruto de un proceso que se abre en la Reforma protestante y se continúa con el pensamiento liberal y la imposición de los procesos de secularización. Es el mundo que pierde la base religiosa de la existencia y la noción de lo espiritual. Y ¿acaso no continuamos viviendo en ese marco de referencia? ¿Acaso no se ha agravado esa pérdida de lo espiritual en nuestras sociedades?Porque José Antonio, seducido por la violencia de la coyuntura temporal, no pudo más que atisbar que el comunismo no era sino una de las hordas de la invasión y que ésta, realmente, residía en la imposición del materialismo, el hedonismo y el consumismo que forman la triada actual de esa invasión de los bárbaros.
Y ¿por qué a José Antonio le obsesionaría la anunciada invasión de los bárbaros y el fin de la civilización occidental? Básicamente porque ésta completaría el círculo abierto por el liberalismo que impediría ser al hombre verdaderamente libre porque convertido, si seguimos categorías más actuales, en trabajador, elector y consumidor, quedaría privado de toda concepción trascendente.
Se abandonaría la línea de pensamiento clásico, en la que la humanidad discurre en el mundo terrenal una parte de su camino hacia Dios, para cifrar el horizonte en la consecución de la libertad, el progreso y la democracia. Así, la política asentada en otras categorías alejadas de la Verdad permanente dejaría de “intentar políticamente la puesta en forma para la espera de la gracia”, renunciando a hacer posible que “el hombre recobrase la armonía con su entorno en vista de un fin trascendente”.
José Antonio entiende que la “invasión de los bárbaros”, la catástrofe, el fin posible de la civilización occidental y cristiana no es un hecho irreversible. No lo es porque, a diferencia de lo acontecido en tiempos anteriores, en los retratados por Spengler, la generación que la sufre es consciente de ello y que los “valores permanentes de la edad hundida” pueden retoñar en una nueva “Edad Media” si se sabe “tender el puente sobre la invasión de los bárbaros”. La puesta en marcha de las soluciones ascendentes.  José Antonio, el José Antonio final de septiembre de 1936, el que sufre la catástrofe española, el que escribe que la república de 1936 representa, como segundo capítulo de la realidad de 1931,“la demolición de todo el aparato monárquico, religioso, aristocrático y militar que aún afirmaba, aunque en ruinas, la europeidad de España”, niega como puente la actitud catastrófica del comunismo y duda de las soluciones extremas del anarquismo y del fascismo, haciendo la última recusación del mismo en virtud de “la exterioridad religiosa sin religión” o del nazismo sino es capaz de “volver a la unidad religiosa de Europa” apartándose de “la tradición nacionalista y romántica de las Alemanias”.  La otra vía, el otro puente es la “solución religiosa: el recobro de la armonía del hombre y su entorno en vista de un fin trascendente. Este fin no es la patria, ni la raza, que no pueden ser fines en sí mismos: tienen que ser un fin de unificación del mundo, a cuyo servicio puede ser la patria un instrumento; es decir, un fin religioso.- ¿Católico? Desde luego de sentido cristiano”.  Pocas dudas son posibles a la hora de afirmar que José Antonio también rechazaría, como solución posible, las tesis de la denominada Nueva Derecha. Tesis como la de Benoist cuando afirma que ha llegado el momento de liberarse de la “monstruosa tiranía del Libro y de la Ley, retornando a la escuela del Mito y de la Vida”.
Estado, hombre y libertad
Cuando José Antonio inicia su reflexión sobre el Estado, el hombre y la libertad lo hace desde presupuestos básicamente católicos, y en consonancia con el pensamiento papal del momento recogido en la Inmortale Dei de León XIII y la Quadragesimo Anno de 1931. Toda la construcción joseantoniana sobre las bases y la misión del Estado se asienta en un dilema clave: ¿la sociedad y la comunidad política debe levantarse sobre un conjunto de principios fundamentales, que él designa como lo permanente, o deben levantarse sobre la ausencia de tales principios, convirtiendo lo que no es sino un método de organización y participación en un fin, en un principio fundamental en sí mismo?
Para José Antonio, que habla siempre desde una perspectiva cristiana, católica, sólo existe, ante ese dilema político, una respuesta válida: sólo es posible crear una sociedad justa y verdaderamente libre si se edifica desde lo permanente. Lo permanente es lo que viene de la Tradición clásica y cristiana, por ello es fácil encontrar en José Antonio los rastros de Santo Tomás, San Agustín, Suárez o León XIII que ejercen de eficaz contrapeso y complemento a Kelsen o a Carl Smicht.
El Estado de José Antonio es aquel que se justifica, siguiendo la tradición clásica, por la consecución del bien común. Ese Estado no puede ser en modo alguno neutro y por tanto liberal. Su misión es servir, defender e imponer esos principios, porque de lo contrario de qué sirve afirmar su validez, su permanencia; cómo se puede mantener, como sucede con los partidos de inspiración cristiana, un criterio para la vida particular y alejar ese criterio de la responsabilidad de gobierno y por ende de la misión del Estado. Son partes que no se pueden disociar. Así pues, el Estado como el individuo, tienen un destino que cumplir, un fin.  José Antonio, como nos recuerda Arnaud Imatz, defenderá la concepción orgánica del Estado que es la doctrina clásica de la Iglesia. El universo -explica Imatz siguiendo esta tesis- es un todo ordenado para la consecución de su fin; cada parte del todo es un todo relativo. Las entidades sociales reposan en el hombre, en su naturaleza, pero conservan su independencia y su propio fin. A través de diferentes entidades sociales los individuos se unen en una organización moral, un todo orgánicamente estructurado. Entre el individuo y el Estado existe la misma relación que entre la parte y el todo, entre el miembro y el cuerpo. Para José Antonio sólo es viable el orden querido por Dios, que es el creador de la naturaleza humana. El hombre es miembro de ese orden querido por Dios, integrado en un cosmos orgánico y jerárquico de derechos y deberes. La Ley eterna domina el mundo de la creación. La humanidad debe buscar esa ley eterna y no puede entrar en contradicción con ella… el derecho natural es trascripción de esa Ley eterna. Esta es la línea que seguirá José Antonio en su construcción conceptual (José Antonio. La Phalange Espagnole et le national-syndicalisme, París 2000).  La posición de José Antonio en el dilema del Estado, el hombre y la libertad es radicalmente cristiana: el mundo se ha desquiciado, “no se puede remediar con parches técnicos; necesita todo un orden nuevo”. Ese orden se edifica sobre la “dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad” que son “valores eternos e intangibles”, pero “sólo se respeta la dignidad del hombre (por tanto su libertad) cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse”. Eso supone que la libertad tiene límites, que está condicionada por la Norma, “no existe libertad sino dentro de un orden”. Pero José Antonio no quiere imponer (“las ideas se proponen pero no se imponen”, ha dicho Juan Pablo II), quiere transformar a la sociedad, quiere ese hombre nuevo sin el que no es posible su orden nuevo, un hombre que tiene que aceptar esa misión. Por ello fija el norte de su Falange en “devolver a los hombres los sabores antiguos de la Norma y el pan. Hacerles ver que la Norma es mejor que el desenfreno; que hasta para desenfrenarse alguna vez hay que estar seguro de que es posible la vuelta a un asidero fijo”.  Se podría argüir, en los parámetros del mundo actual, que esa formulación cercena la libertad del hombre. José Antonio no rehuye, en su mundo conceptual, el debate de la libertad. Sus lecturas indirectas de Marx le llevan a compartir la tesis del fenómeno de la alienación del hombre como instrumento de dominación, pero en José Antonio las intenciones y las consecuencias de este fenómeno son radicalmente distintas. Para José Antonio, el sistema que no se sustenta en la Norma aliena al hombre seduciéndole para, privándole de sus raíces, desarraigándolo, desencajándolo de su realidad espiritual, hacerlo esclavo; para ello cuenta con poderosos agentes. ¡Qué hubiera dicho José Antonio si hubiera contemplado las consecuencias del poder de la imagen! Esa alienación, que aparta al hombre de sus raíces y su destino, es la que ha hecho que “el desquiciamiento haya llevado al hombre a ser una molécula pura, sin personalidad sin substancia… la antigua ciudadanía ha quedado reducida a estas dos cosas desoladoras: un número en las listas electorales y un número en las colas a las puertas de las fábricas”.  La negación de los valores trascendentes, de los valores eternos, realizada de forma directa o indirecta, pero en todo caso favorecida por el sistema, priva al hombre de la salvación, de la armonía consigo mismo, rompe esta necesidad y por lo tanto le arrebata su verdadera dignidad alojándolo en las simas del desorden moral. José Antonio no pensó nunca en redimir a ese hombre para hacerlo un buen burgués, para calmar sus ansías económicas, lo hace para darle la posibilidad de alcanzar el fin trascendente. Y el Estado, en su pensamiento, debe contribuir a ello, porque en José Antonio, en ese José Antonio que clama por el retorno al clasicismo, al Estado también le corresponde la misión de hacer posible el orden querido por Dios. Cuando el Estado sirva a esa misión será posible la libertad real del hombre: “y el día en que el individuo y el Estado, integrados en una armonía total, vueltos a una armonía total, tengan un solo fin, un solo destino, una sola suerte que correr, entonces sí que podrá ser fuerte el Estado sin ser tiránico”.  El sustrato teórico del pensamiento católico de José Antonio. El sustrato del catolicismo de José Antonio no anida en lo sentimental o en lo cultural, sino en lo racional. Cuando José Antonio, explícita e implícitamente, rechaza a la par, tanto el relativismo como el idealismo alemán de raíz hegeliana, tan en boga en su tiempo, lo hace desde su fundamentación católica. La mayoría de sus conceptos están, en última referencia, ligados a Santo Tomás y a la neoescolástica. Ese sustrato católico será el eje transversal que atraviesa y condiciona toda su construcción política.  Los pilares de ese catolicismo cimentado en la Fe y la Razón se encuentran en una serie de lecturas trascendentales en la formación individual de José Antonio de los que tenemos referencias claras y concisas. Es incuestionable la influencia de la Biblia, que lee con frecuencia y le acompañará en la prisión; buena prueba de ello son las constantes imágenes religiosas o bíblicas de la retórica joseantoniana. Otros dos textos fundamentales en su proceso formativo son, a nuestro juicio: la celebérrima Imitación de la Vida de Cristo de Tomás Kempis (una de las lecturas de referencia de Francisco Franco) y la Vida devota de Francisco de Sales. En ellos es fácil encontrar los rastros de los componentes del estilo, de la conducta, del código moral falangista promocionado por José Antonio. A ellos, en este campo, debe sumarse la pervivencia de la mentalidad del Siglo de Oro, manifiesta en Cervantes, Quevedo y Calderón. Es en estos parámetros donde nacen lo que algunos autores, erróneamente, han interpretado como “categorías nietzscheanas”.
Las categorías joseantonianas se van cimentando al compás de la formación académica. La formación filosófico-jurídica de José Antonio, amplia y variada, donde la huella de Santo Tomás es fácilmente perceptible, no se situará nunca al margen de de su sólida base católica, sino que se realiza a través del filtro que ese condicionante le impone.  Sobre este tamiz se impostarán, a nuestro juicio, cuatro tendencias fundamentales a la hora de situar las raíces de su construcción política:  – la primera, proviene del mundo del derecho, donde se inclinará por la filosofía del derecho de raíz más liberal (Kelsen y Stamler), pero reinterpretada siempre a través de la concepción neoescolástica y de Santo Tomás. Es el mundo del derecho el que le lleva a la profundización en la filosofía de Kant, de Marx o al conocimiento del guidismo, pero también a Sorel o Maurras. – la segunda, tiene su base en el pensamiento neotradicionalista, producto de la influencia, permanentemente marginada en los análisis de la ideología joseantoniana, de Ramiro de Maeztu y de sus obras La Crisis del Humanismo (texto para entender la visión de José Antonio) y Defensa de la Hispanidad; camino que le conduce a Balmes, Costa, Ganivet y, en menor medida, a Donoso Cortés. – la tercera, la orteguiana, a través de la cual conoce gran parte de la filosofía del momento (Bergson, Heidergger), y que trata de llevar a la práctica política (siendo imprescindibles La España invertebrada y La rebelión de las masas); – la cuarta, la histórica, donde se aúnan las tesis de Spengler con la visión del catolicismo como fundamentación de España difundida por Menéndez Pelayo o Vázquez de Mella: “en España ¿a qué puede conducir la exaltación de lo genuino nacional sino a encontrar las constantes católicas de nuestra misión en el mundo?”. – Añádase el gusto por la lectura de los ensayistas del 98 y de Unamuno.  La resultante es una cosmovisión católica dialécticamente actualizada desde la que José Antonia entra en pugna dialéctica con el nacionalismo romántico, con el liberalismo que representan en lo político Rousseau y en lo económico Smith, con el socialismo utópico, con el anarquismo y con el marxismo. A través de ese tamiz lee e interpreta, buscando soluciones y síntesis superadoras.  Todos estos afluentes ideológicos son los que pugnan, una y otra vez, de forma dialéctica en la construcción conceptual de José Antonio, yendo más allá de la edificación de meras síntesis, como con harta liviandad a veces se afirma. Lo que hace José Antonio es recoger, resumir, delimitar, reinterpretar y asumir, en clave propia, a través de sus filtros, una serie de conceptos que le permitirán edificar una variante política, de raíz neotradicionalista, que no se apartará de las concepciones católicas.
La confesionalidad oculta del falangismo
Luis María Sandoval, con acierto en la expresión pero sin entrar a fondo en la cuestión, ha hablado de la “confesionalidad oculta” del proyecto falangista de José Antonio; pues, si bien ésta no aparece con reconocimiento explícito ni en los Puntos Iniciales de Falange Española de 1933, ni en el punto XXV de la Norma Programática de 1934, resulta evidente que el Estado pergeñado por José Antonio está concebido en función y al servicio de la norma católica. “Confesionalidad oculta” es una definición muy gráfica ya que recoge de forma explicativa lo que fue y quiso ser ese proyecto en la mente de José Antonio (José Antonio visto a derechas, Madrid 1998).
El planteamiento de José Antonio con respecto a la confesionalidad y a las relaciones Iglesia Estado debe analizarse desde la revisión de lo que ha sido la postura de la Iglesia Católica, que ha variado en lo accidental pero nunca en lo fundamental, buscando la adecuación del pensamiento joseantoniano a la misma. José Antonio, fiel a su modo de conceptuar, va en esta como en otras cuestiones a lo fundamental, al contenido, prescindiendo de la forma; lo que le permitirá situar su proyecto en concordancia con el pensamiento permanente de la Iglesia.
El proceso de separación de la Iglesia y el Estado, disolviendo la vieja alianza del Trono y el Altar, que se desarrolla a lo largo de los siglos XIX y XX, ha sido condenado formalmente por la Iglesia, no tanto por lo que conlleva de simple separación de facultades y espacios de acción, sino por lo que tiene de imposición del laicismo y de instrumento activo para disociar al hombre y la sociedad moderna de Dios; buscando, además, cortar o poner freno a todas las formas de influencia de la Iglesia en la sociedad. Ante este innegable contenido de lo que ha sido el proceso de separación de la Iglesia y el Estado, con diversas formas dialécticas, con aparente disparidad formal, pero preservando siempre la sustancia, la Iglesia ha mantenido posiciones similares desde León XIII al propio Concilio Vaticano II, desde la Inmortale Dei a la Lumen Gentium. Afirmando, en síntesis, la existencia de dos potestades, la civil y la eclesiástica, ambas supremas, ambas con espacios propios, pero sin obviar que la primera no puede desconocer la existencia de la segunda obrando como si no existiese. El problema de la política, en este campo, consiste en cómo hacer compatibles ambas potestades, y para ello las fórmulas pueden ser diversas.
José Antonio se sitúa ante un mundo en abierto proceso de secularización, donde lo que pervive es la vieja imagen de la alianza del Trono y el Altar cuando se aborda el problema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Pese a su canto a la Europa ordenada de Santo Tomás, al reinado de los Reyes Católicos, a la tradicionalidad, parece evidente, por la ausencia de tratamiento del tema, que no comparte la visión idealizada que el tradicionalismo, algunos sectores conservadores, y una parte del clero hacía, en su tiempo, de las idealizadas relaciones temporales entre la Monarquía Católica y Roma. Como hijo fiel de la Iglesia es consciente de que un proyecto político no puede colaborar en ese proceso de secularización y laicización que se dimana de la tesis de la separación de la Iglesia y el Estado dentro del horizonte liberal, porque en el horizonte marxista a la Iglesia sólo le queda la proscripción. Por ello, José Antonio, que en el fondo es un tradicionalista revolucionario, aborda la cuestión desde una posición distinta a la tesis de la confesionalidad nominal de unos y de la separación de la Iglesia y el Estado de otros.
José Antonio, que conocía a la perfección las condenas a la doctrina liberal de la separación de la Iglesia y el Estado de León XIII y Pío X; que no podía desconocer el contenido de la Dilectisima nobis de Pío XI dirigida a España en junio de 1933, ni la posterior pastoral del cardenal Gomá, Horas Graves, buscó, para su construcción política una fórmula propia, desligada de los condicionantes temporales en consonancia con el contenido y no con la forma.
Es fácil percibir, como Víctor Pradera hará en su Estado Nuevo, la sombra del planteamiento de León XIII en la tesis de José Antonio: “Dios ha hecho copartícipes del gobierno de todo el linaje humano a dos potestades: la eclesiástica y la civil; ésta, que cuida directamente de los intereses humanos y terrenales; aquélla, de los celestiales y divinos. Ambas potestades son supremas, cada una en su género; ambas tienen sus propios límites dentro de los cuales actúan, definidos por la naturaleza y fin próximo de cada una: por lo tanto, en torno a ellas, se forma como una esfera, dentro de la cual cada una dispone de iure propio. Así que todo cuanto en las cosas humanas, de cualquier modo que sea, tenga razón de sagrado, todo lo que se relacione con la salvación de las almas y el culto de Dios, sea por su propia naturaleza o bien se entienda ser así por el fin a que se refiere, todo ello cae bajo el dominio y arbitrio de la Iglesia; pero lo demás que el régimen civil y político abarca justo es que esté sujeto a la autoridad civil puesto que Jesucristo mandó expresamente que se dé al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Inmortale Dei). Tesis que no es sino la adaptación temporal de la doctrina clásica de Santo Tomás, que José Antonio conocía y asumía, que diferencia las potestades por sus fines; entendiendo que la civil queda sometida a la eclesiástica en “las cosas que pertenecen al alma”. Además, en ningún caso, se puede actuar como si Dios no existiera, por lo que el orden temporal tiene que ajustarse “a los principios superiores de la vida cristiana”. Tesis que José Antonio tendrá muy presentes en su construcción política.
José Antonio, en consonancia con la tesis de las dos potestades, anula, con su planteamiento de la cuestión, el elemento esencial de la condena papal que no está, reiteró, en la diferenciación de funciones y atribuciones sino en su utilización como instrumento de laicización y secularización.
El Estado Nuevo que José Antonio describe a finales de 1933, coincidiendo con los planteamientos de Víctor Pradera, se “inspirará en el espíritu religioso católico tradicional de España”. En su desarrollo conceptual, como ya hemos subrayado, ese Estado se edifica al servicio de la Norma y su objetivo es permitir ganar al hombre la trascendencia. Por ello, cuando en 1934, la Norma Programática alcance su forma definitiva, José Antonio, que según Francisco Bravo abordará el tema con honda preocupación, incluirá una definición taxativa: “nuestro Movimiento incorpora el sentido católico -de gloriosa tradición y predominante en España- a la reconstrucción nacional”. Lo que, tal y como nos recuerda Permuy, equivale a una confesión de catolicidad plena.
José Antonio no utiliza, ni para su movimiento ni para su Estado, el adjetivo confesional; su planteamiento se aleja, en este sentido, de lo que siguiendo el Syllabus y a Pío XI era usual en la época, pero ese alejamiento no entra en contradicción con la doctrina. Al hacer de lo permanente, del sustrato católico, como hemos señalado, la base e inspiración de su construcción política, se hace innecesaria la utilización del término y su tesis quedaba perfectamente anclada dentro de la doctrina tradicional de la Iglesia que, por otra parte, es la vigente hasta hoy.  Fue decisión de José Antonio llevar a su movimiento político por el camino descrito, imponiendo su cosmovisión a una línea más estatista y hegeliana defendida por algunos sectores de la Falange encabezados por Ramiro Ledesma Ramos o el propio Sánchez Mazas. Resulta, por otra parte, evidente que José Antonio se vio obligado a encontrar esa vía ante el problema de la confesionalidad política y la polémica sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado. José Antonio, a la hora de autorizar los puntos iniciales de FE, matizó la tesis más extrema de Rafael Sánchez Mazas; al igual que Onésimo Redondo, a través de sus artículos reelaboró y desarrolló la propuesta de las JONS condicionada por la posición de Ledesma quien valoraba el catolicismo desde un punto de vista más sociológico y cultural. Cuando José Antonio logra adecuar la redacción del punto XXV de la Norma Programática a su pensamiento, sin violentar las posiciones más antitéticas de otros miembros del partido, consigue una fórmula superadora pues lo que explícitamente recoge es que el programa de reconstrucción nacional que defiende se hará desde una perspectiva católica, lo que implica una política de recristianización de la sociedad impulsada o facilitada por el propio Estado; enfrentándose a los procesos de laicización y secularización. Toro ello, porque considera que la “interpretación católica de la vida es la verdadera”.
Proyecto de recristianización, porque fija su meta en “devolver a los hombres los sabores antiguos de la Norma y el Pan. Hacerles ver que la Norma es mejor que el desenfreno; que hasta para desenfrenarse alguna vez hay que estar seguro de que es posible la vuelta a un asidero fijo. Y, por otra parte, en lo económico, ligarle de una manera más profunda a las cosas; al hogar en que vive, y a la obra diaria de sus manos”.  La influencia de la propuesta de José Antonio es tal que hasta Ledesma tiene que admitir, tras su salida de la Falange y su ruptura con José Antonio, en 1935 que “parece incuestionable que el catolicismo es la religión del pueblo español y que no tiene otra. Atentar contra ella, contra su estricta significación espiritual y religiosa, equivale a atentar contra una de las cosas que el pueblo tiene y ese atropello no puede nunca ser defendido por quienes ocupan la vertiente nacional”.  No es suficiente para José Antonio la teoría sino que la praxis política, la política diaria debe también contribuir a la defensa de los valores morales del catolicismo. Por ello, en sus discursos, no hará sino reiterar el peso y el valor de lo católico. Baste recordar lo contenido en el artículo de Arriba, de 1935, “Esquemas de una política” que resulta, básicamente, el esquema de una política de fundamentación católica:
“En realidad se empezará por la ayuda de Dios, por la organización del mundo moral, por la elevación del orden religioso. Es necesario que el centro espiritual de la aldea sea la parroquia, como órgano supremo de moralidad… Nuestro Estado había de colaborar con la Iglesia, ofreciéndoles cuantos medios temporales y legales estén a nuestro alcance para el robustecimiento de las parroquias campesinas (y de las no campesinas también), para la recta formación del clero, para el vigor de la jerarquía episcopal. Nada como la libertad y la fortaleza de la Iglesia, en la esfera que le es propia, evita su mezcla deplorable con la política. En la aldea, en torno a la parroquia robustecida, podrían funcionar con regularidad y sin mezclarse jamás con la política todas aquellas obras sociales católicas, que tanto pueden hacer por elevar al mundo campesino y devolverle sus mejores tradiciones… (y)…tras el robustecimiento de la parroquia, viene la reforma de la escuela y de la escuela con Cristo, que debe ser el enlace, cordial e intelectual, de la moral y la cultura civiles con la moral y la cultura de la Iglesia”, o su petición-proclama a los maestros para que enseñasen a los niños a creer en Dios.
Por su militancia católica, por su concepción católica de la familia se opondrá a leyes como la del divorcio:
“España ya no es una reunión de familias. Vosotros sabéis lo que era de entrañable la familia. Todas vosotras, las mujeres de Cádiz, las mujeres de España, habéis cada una constituido vuestra familia y pensabais otras constituirla también a la española, en la única forma tradicional que nosotros podemos entender la familia. Pues bien: ya tenemos una magnífica institución que se llama divorcio. Con el divorcio ya es el matrimonio la más provisional de las aventuras, cuando la bella grandeza del matrimonio estaba en ser irrevocable, estaba en ser definitivo, estaba en no tener más salida que la felicidad o la salida de la tragedia, porque no saben muy bien de cosas profundas los que ignoran que lo mismo en los entrañables empeños de lo íntimo que en los más altos empeños históricos, no es capaz de edificar imperios quien no es capaz de dar fuego a sus naves cuando desembarca…
España ya no siente la familia, pues con la Ley del Divorcio se ha amparado a los que nunca supieron constituir un hogar y amparado a esas mujeres que no hay quien las resista ni diez minutos En Arcos decía hace poco: vosotros que habéis nacido y vivido en un hogar donde el padre era la autoridad y la madre el amor, el padre representaba el trabajo y la madre el perdón ¿cómo podéis ahora comprender que vuestras hijas, después de casadas, sean abandonadas como se deja el salón de espectáculos cuando no agrada la película?
Desde el punto de vista religioso, el divorcio, para los españoles, no existe. Ningún español casado, con sujeción a rito católico, que es el de casi todos los nacidos en nuestras tierras, se considerará desligado de vínculo porque una Audiencia dicte un fallo de divorcio. Para quienes, además, entendemos la vida como milicia y servicio, nada puede haber más repelente que una institución llamada a dar salida cobarde a lo que, como todas las cosas profundas y grandes, sólo debe desenlazarse en maravilla de gloria o en fracaso sufrido en severo silencio.”  No olvidará José Antonio, en sus discursos, la falta de decisión de la CEDA, cuyo objetivo era rectificar la República y eliminar el espíritu antirreligioso de la misma, para aplicar sus promesas entre las que se incluía la anulación de la Ley del Divorcio, la vuelta del crucifijo a las escuelas, etc.… Duros fueron sus juicios al calificar, en este sentido, la política cedista de “estérilmente conservadora en cuanto impide toda alegría hacia el futuro. Política híbrida; ni laica del todo, para no herir a los católicos, ni inspirada en sentido religioso, para no mortificar a los viejos tragacuras radicales; ni generosa en lo social, para respetar el egoísmo de los viejos caciques agrarios, ni desprovista de tal cual platónica declaración democristiana a cago del inquieto canonista señor Jiménez”. Y hasta en Alicante, cuando redacta las bases para una posible tregua en el conflicto no olvida incluir la “autorización de la enseñanza religiosa sometida a la inspección técnica del Estado”  José Antonio a la luz de la doctrina de la Iglesia
Cuando José Antonio trataba de buscar una solución propia a la crisis de España distinta la liberal-capitalista, a la burguesa o democrática-liberal, según la nomenclatura que se prefiera, y a la izquierda revolucionaria, básicamente marxista, lo hacía en sintonía con el mismo objetivo que parecía animar el debate existente sobre la acción y la opción política en el seno de la Iglesia Católica.
Roma, el Vaticano, buscaba también un camino, una opción política distinta a la democracia liberal o a la izquierda revolucionaria, luego subsumida en el confuso término del totalitarismo. La Iglesia acogió, como una posibilidad de desarrollo de un sistema político alternativo, la fórmula corporativa. José Antonio, en la misma línea de pensamiento, aspira a construir un sistema alternativo sobre bases católicas capaz de detener y cauterizar el proceso revolucionario, que aspiraba a destruir el mundo forjado por el catolicismo, el modelo alumbrado por la Europa de Santo Tomás. El fascismo italiano, o mejor dicho, su forma de ver el fascismo, había sido una vía. José Antonio exaltó los acuerdos entre Mussolini y el Papa. Sin embargo, acabó asumiendo que al fascismo le faltaba la incorporación del humanismo católico, por lo que sólo podía verse como una fase, un momento que también era necesario superar en la búsqueda y construcción de la “solución religiosa”.  La Iglesia de después de la II Guerra Mundial abandonó, progresivamente, en la década de los cincuenta, la posibilidad de edificar un orden político propio, optando por su presencia a través de los partidos de inspiración cristiana, de la democracia cristiana, en los sistemas democráticos occidentales. En España, sin embargo, se continuaba defendiendo, desde posiciones falangistas, la tesis de anteguerra, siendo quizá la prueba más concreta de ello el trabajo de José Luis de Arrese, uno de los escasos continuadores del pensamiento joseantoniano, Capitalismo, Comunismo, Cristianismo.
En los márgenes del nuevo posicionamiento de la Iglesia ante la cuestión política, sólo cabría preguntarse por la identidad que pudieran seguir manteniendo los conceptos joseantonianos con la doctrina oficial de la Iglesia. Antes de citar brevemente los rastros perdidos de esa identidad es necesario apuntar como, leyendo a los cardenales Carlo María Martín y Ratzinger o al propio Juan Pablo II, sorprende la identidad que muestran algunas visiones joseantonianas con sus tesis.
Clara identidad, por poner un ejemplo, a la hora de dictaminar los orígenes de la crisis del mundo actual desde una perspectiva católica. Si no detenemos, por lo accesible, en el texto de Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, hallaremos una crítica a Rousseau muy similar a la joseantoniana. Para el Su Santidad es en las tesis del pensador francés donde se inicia el proceso de alejamiento de Dios, al defender que el hombre tenía que vivir “dejándose guiar exclusivamente por la propia razón como si Dios no existiese”.
Mucho más ilustrador sería comparar los conceptos joseantonianos de dignidad, libertad, sociedad, hombre, trabajo, participación en la vida política con los sostenidos por los documentos pontificios más recientes, lo que requeriría, evidentemente un espacio superior a los límites de un artículo. No es excesivo afirmar que los conceptos joseantonianos, los dictámenes joseantonianos, se adecuan perfectamente a los parámetros de la Pacem in terris de Juan XXIII, o de la Sollicitudo rei sociales y Laborem excercens de Juan Pablo II.
Casi se podría leer, por ejemplo, a la luz de la propuesta de José Antonio lo referente a la dignidad y libertad del hombre contenido en la Christi fideles Laici del mismo Juan Pablo II.
Si Juan Pablo II nos dice: “El Evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. No promete a nadie una vida cómoda. Es exigente. Y al mismo tiempo es una gran promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre, sometido a la ley de la muere, la promesa de la victoria, por medio de la fe, a ese hombre atemorizado por tantas derrotas”. José Antonio nos apunta: “hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “no quiero el Paraíso, sino el descanso”. Era un verso romántico de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero un blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descanso. El Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente, como los ángeles. Pues bien: nosotros que ya hemos llevado camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, exacto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas”.
En la crítica joseantoniana al capitalismo también existe una fundamentación religiosa en consonancia con la doctrina de la Iglesia. José Antonio comparte y asume las críticas de Pío IX, León XIII y Pío XI, sobre todo lo expuesto en la Quadragesimo Anno en la que se estima que la evolución del capitalismo, además de imponer la destrucción de la noción del bien común, la subordinación del trabajo al capital y el olvido de la justicia social, conducirá a un retorno al paganismo. En su discurso sobre el capital y el trabajo, José Antonio no se aleja de lo que será el Magisterio Social de la Iglesia y las tesis de Juan XXIII o Juan Pablo II al buscar la superación de la lucha de clases, el cambio de los valores socioeconómicos, la salvaguarda de la dignidad del hombre y la prelación del trabajo al capital.
A modo de conclusión Cabría, como punto final, resumir que José Antonio, católico convencido, católico practicante, elevó su pensamiento, su construcción conceptual desde los basamentos de lo católico. Lo hizo por lógica coherencia interna: “a veces siento pirandelliana angustia por la suerte de tantas auténticas vidas cuyos protagonistas no vivieron, prendidos a una vida falsificada. Por eso mido en lo que vale el haber encontrado una vocación. Y sé que no hay aplausos que valgan, ni de lejos, lo que la pacífica alegría de sentirse acorde con la propia estrella. Sólo son felices los que saben que la luz que entra por su balcón cada mañana viene a iluminar la tarea justa que les está asignada en la armonía del mundo”. Lo hizo con afán de precisión y de eternidad, porque toda construcción es necesario asentarla con firmeza huyendo de la tendencia a asentar “todos los pilares fundamentales en terreno pantanoso”.
Por ello escribía: “no plantemos nuestros amores esenciales en el césped que ha visto marchitar tantas primaveras, tendámoslos, como líneas sin peso y sin volumen, hacia el ámbito eterno donde cantan los números su canción exacta”.
José Antonio supo transmitir a su Falange esa raíz y esa finalidad para dar vida a un proyecto innegablemente católico que difícilmente podría subsumirse, como alguien ha escrito, dentro del estrecho marco de lo puramente sociológico. Ya que, como apuntara Salvador de Broca, “la Falange era el único grupo que aunaba la modernidad consciente de su programa con la atención cuidadosa a la tradición nacional y con la fidelidad a la interpretación católica de la vida”.
Sirvan de cierre a estas palabras unos versos juveniles del propio José Antonio donde es fácil encontrar muchos de los temas abordados:
¿Qué importa nuestra muerte, si con ella ayudamos al logro de este sueño? Si la muerte es tan bella, ¿qué importa sucumbir en el empeño? ¡No importa que muramos! Las estelas que dejan nuestras raudas carabelas jamás han de borrarse; por su traza vendrán para buscar nuevos caminos de nuestra religión y nuestra raza.

Publicado por ENSPO en 4:36 a.m.
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6 comentarios:

Anónimo dijo…

Apasionante blog lleno de tesoros… Algunos nos preguntamos sobre el proyecto de libro del Sr. Farrerons. ¿Hay visos de concreción?

10:36 a.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Este otoño aparecerá un libro titulado “La manipulación de los indignados”, firmado por “un indignado”… Aquí habrá material con un nivel asequible para ser comprendido por cualquier persona con una cultura media.
Inmediatamente (ya está escrito) se publicará “Verdad y muerte, I”, la introducción a la fundamentación filosófica del nacionalismo revolucionario, firmado por Farrerons.
Tambíén se publicará al mismo tiempo el “Manifiesto por una izquierda nacional”, cuya versión provisional ya está colgada en la red (se trata de una versión ampliada y depurada que firmará la Izquierda Nacional de los Trabajadores, INTRA).
Y para terminar se publicarán al mismo tiempo los “Ensayos plagiados”, que son las versiones originales (no amputadas políticamente) de los trabajos de doctorado que el catedrático José Luis Arce Carrascoso le plagió a Farrerons. Esos textos originales irán acompañados de otros de la misma época que no fueron plagiados y permanecen inéditos.
En fin, en unos pocos meses habrá a disposición de los interesados 4 libros con las ideas de Farrerons, que en algunos casos van bastante más allá de lo dicho en esta bitácora.
Saludos.

11:55 a.m.

Anónimo dijo…

La mentalidad Semita es afeminada, y cobarde, la mentalidad europea antes del cristianismo era viril, y heróica, volvamos a nuestra raíces de una vez por todas, y olvidemos la imposición semítica. Viva el Fascismo! Enhorabuena por el blog.

10:22 a.m.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo…

Gracias, continuaremos luchando por la causa nacional-revolucionaria hasta que expire nuestro último aliento.
!!!Por la Revolución Nacional!!!
Ni Cristo, ni Marx.

10:35 a.m.

Anónimo dijo…

este blog es por fin una publicación nacionalrevolucionaria de verdad, profunda, clara, sin ambigüedades.
Ya era hora.

11:13 a.m.

Jackobs dijo…

El transcurso de la historia europea no ha sido nada más q eso, un eterno péndulo entre los valores heroicos greco-romanos y los hedonistas judeo-cristianos. Espero con interés las publicaciones de JF q intentaré me dedique en persona.

11:16 a.m.
 
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http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/06/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion_04.html

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria

http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/06/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion_04.html

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