…. y la impunidad de la tortura

sábado, febrero 18, 2012

Montserrat Tura y la impunidad de la tortura

Siendo consellera de Justícia, la señora Montserrat Tura i Camafreita protestó públicamente porque el Síndic de Greuges había osado denunciar malos tratos recurrentes y nada anecdóticos en las cárceles catalanas. Al entender de la honorable, no se habría presentado prueba alguna de tamaña pretensión. Reclamaba así Tura a Rafael Ribó que le hiciera llegar toda la información, advirtiéndole de que, si no podía “demostrar” sus molestas afirmaciones, el Síndic debería retirar su informe o rectificarlo.Según “El Periódico” del 8 de mayo de 2008:

A pesar de que ayer Tura no intervino en ningún momento, ni mostró reacción alguna durante la intervención del Síndic en el Parlament, esta misma semana ha remitido una carta a Ribó en la que muestra su desacuerdo y preocupación por las conclusiones sobre los servicios penitenciarios catalanes que se exponen en el informe del 2007, según ha podido saber EL PERIÓDICO. Y su queja no se circunscribe solo a la memoria de esta institución, sino también al contenido de la nota de prensa que en su día, cuando fue presentado el resumen de actividades de la sindicatura, fue distribuida a los medios de comunicación. / En la misiva, la consellera expone que tanto del informe anual como de la nota de prensa se extrae la conclusión de que el Síndic de Greuges ha detectado la existencia de diversos episodios de malos tratos en una serie de módulos concretos de la cárcel de Brians 1, de los cuales Ribó ha manifestado tener pruebas de que se han producido, incluso con identificación de situaciones y funcionarios involucrados. En este sentido, Tura incide en el escrito en que, sin embargo, y de manera un poco contradictoria, se indica a la vez que la falta de identificación de los funcionarios, así como la dificultad probatoria de los reclusos, impide llegar a un conclusión diferente a la versión oficial. / La consellera recuerda a Ribó el máximo interés del departamento y de ella misma para erradicar situaciones como las relatadas en el informe. Por ello, ruega al Síndic que le haga llegar todas y cada una de las pruebas fehacientes relativas a las denuncias de malos tratos para actuar con la mayor diligencia. Pero, a su vez, advierte de que si no se dispone de esas pruebas debería puntualizar o enmendar, si cabe, el informe anual, ya que, a su entender, ninguna institución puede originar la más mínima sombra de duda respecto a la actuación administrativa ante hipotéticos malos tratos.

Vamos a demostrar que este desafío de la consellera era sólo propaganda política y no un requerimiento o apelación a la ética profesional que, en principio, cualquier persona rigurosa y seria hubiera podido razonablemente compartir.

Empecemos por el principio.
La incompetencia: de concejal de deportes a especialista carcelario en cuestión de días
Era, en efecto, la de Tura una cínica actitud, aunque aparentemente “objetiva”, que contrastaba con una realidad harto diferente. Algunos funcionarios habíamos solicitado muchas veces una entrevista para presentarle los documentos acreditativos de la impunidad de la tortura en las dependencias penitenciarias, pero Tura, quien reclamaba, al parecer, como sería su deber, toda la información, no quiso nunca recibirnos.
El Sr. Albert Batlle i Bastardas, secretari de serveis penitenciaris a las órdenes de la Tura, que sí descendió del olimpo político forzado por nuestra insistencia, espetó sin más a la cara de Jaume Farrerons, después de insultarle (“és vostè un absentista laboral“), que no aceptaba lecciones de derechos humanos del Sr. Farrerons. Suponemos que, como concejal de deportes del Ayuntamiento de Barcelona, había adquirido en poco tiempo un conocimiento especializado sobre la realidad penitenciaria y nada tenía que escuchar de un funcionario que llevaba 20 años bregando con el medio. Gracias a Batlle, tenemos a directores de prisión que ignoran el significado legal del habeas corpus o del artículo 408 del código penal. Ahora Albert Batlle i Bastardas ha sido recolocado en la Oficina Antifraude de la Generalitat. Sin duda, su experiencia carcelaria le sirve de currículo, los muchos fraudes que debe de haber conocido como responsable máximo de prisiones, empezando por sí mismo en tanto que alto cargo asistente a la condecoracíón sindical de un personaje calificado de “torturador” por decenas de asociaciones humanitarias, acreditan su idoneidad…
La corrupción: Josep Cuní, lacayo del poder o esa república bananera llamada Cataluña
En cualquier caso, el 9 de noviembre de 2006, cansados de esperar a que esa gente tan ansiosa por conocer la verdad se dejara de tapar los oídos, comparecimos en un programa de TV3, Els Matins, con el fin de hacer público aquello que al parecer la Sra. Tura ignoraba. El resultado fue que el departament de Justícia telefoneó en la pausa para la publicidad al presentador del programa, el famoso Josep Cuní, a fin de impedir a toda costa -y lo consiguió- que pudiésemos mostrar los boletines sindicales donde se amenazaba a los funcionarios considerados chivatos, es decir, a quienes vulneraren la omertà mafiosa de los carceleros (tremendamente funcional a los intereses del poder pese a venderse como película de compañerismo versus “infiltrados” de asuntos internos), así como documentos acreditativos de que la impunidad del maltrato era el resultado de un corporativismo fomentado por ciertas centrales muy próximas a los sucesivos gabinetes autonómicos.
Advertido y dócil a las órdenes de sus amos, el Sr. Cuní reoriéntó entonces las entrevistas hacia otros invitados y dejó a Jaume Farrerons poco menos que con la palabra en la boca. !El gobierno catalán le dictaba así a un periodista (presuntamente, modélico profesional del ramo), y además en tiempo real, lo que debía hacer o dejar de hacer en un programa de máxima audiencia! Se denunciaron los hechos ante el CCRT (Consell Català de Ràdio i Televisió) y me respondieron, agárrense, que, después de visionar el programa, nada sancionable habían observado…Los políticos, claro, encubren las causas políticas de impunidad de la tortura, pero lo hacen en los medios de comunicación a golpe de teléfono; y lo peor: el órgano que debe velar por el código deontológico de la radio y la televisión !quiere que esta vulneración del principio de objetividad de la información por puro encubrimiento u omisión aparezca en las imágenes! Ningún periodista protestó por la bochornosa intromisión política. Diarios, televisiones, intelectuales…, todos aquellos a quienes se informó sobre el hecho miraron hacia otro lado. Cataluña quedaba resumida en dos, tres gestos institucionales… La mafia catalanista, el cáncer que corroe este país, quedó retratada en plena actuación generadora de “oasis”.

!Imagínense el futuro que nos espera en una Catalunya independent! En nuestras pesadillas aparece la señora Rahola (que estaba sentada a pocos metros de mí cuando la celebrérrima libertad de información de las democracias fue apuñalada una vez más ante mis propios ojos) en calidad de consellera de Interior o Justícia a las órdenes directas del Mossad!

Me preguntarán cómo puedo saber que llamaron por teléfono al Sr. Cuní y quién lo hizo, pues bien, me lo confesó otra periodista también presente en el plató de TV3, la Sra. Xiana Siccardi, y el hecho quedó confirmado por el e-mail que enviara amablemente esa misma persona, honesta, sí, con lo que dispongo de una prueba documental de aquello que estoy afirmando aquí –y sostendré ante un juez si necesario fuere. Acusado Farrerons de fascista por quienes pretendían encubrir la tortura, para impedirle ejercer su deber de promover el respeto a la legalidad como sindicalista y funcionario de prisiones en un país presuntamente democrático (en realidad, como sé ahora con certeza, oligárquico), le censuraron. Alguien que denuncie abusos de instancias públicas, vulneraciones estatales de los derechos humanos, etc., puede ser amordazado y víctima de liberticidio bajo la indecente imputación de “fascismo” emitida por una pandilla de personajes de la calaña de Bush, Aznar, Pujol o, en este caso, de menor importancia, Tura. ¿Qué entraña, entonces, realmente, el “fascismo”, en nuestros días y en los lugares cotidianos donde vivimos, trabajamos, educamos a nuestros hijos, ejercemos como “ciudadanos”? ¿Qué, el antifascismo de las instituciones próximas: locales, regionales, nacionales? Las relaciones entre estos hechos y la jerga antifascista acuñada por Stalin, así como la provisión del gulag, repleto de presuntos “fascistas”, muestran muchos puntos de conexión, al menos en su estricto funcionamiento lingüístico. Otra alarmante coincidencia es la acusacíón de “loco”, también utilizada, como sabemos, por los estalinistas y la nomenklatura soviética en general contra los disidentes y que así mismo hará suya la Generalitat de Catalunya al objeto de desprestigiar a Farrerons (aunque la oligarquía catalana la utilizó ya con Verdaguer y no necesitaba, pues, copiarla de Koba el Terrible para luego arrojársela a la cara a Farrerons). No en vano sostiene Petras que el sionismo es el estalinismo del siglo XXI. Cataluña constituye, en efecto, gracias a Pujol, un enclave local de la oligarquía sionista transnacional; el ambiente que se respira en los medios de comunicación catalanes es el asfixiante que corresponde a una constante negación y manipulación de la verdad al servicio de los intereses oligárquicos.

La criminalidad: impunidad de la tortura, de la sensation caciquil subjetiva al indulto formal real

Por los motivos expuestos, y otros que vienen a continuación, sólo podemos calificar de impostura flagrante la actitud de Tura. No son palabras demagógicas vacías, sino conocimiento de primera mano de cómo funcionan las cosas realmente en Cataluña. Nuestra denuncia de entonces sobre las prisiones había sido confirmada por informes de varias organizaciones e instituciones de prestigio a las que venía a sumarse ahora, ante la evidencia, el Síndic de Greuges. El problema de la conselleria de Justícia no era, por tanto, de falta de información, sino todo lo contrario: estábamos ante una voluntad deliberada de engañar a la ciudadanía, de encubrir algo que los políticos ya sabían desde hacía años porque ellos mismos habían parido y alimentado al monstruo corporativista-carcelario utilizando a ciertos sindicatos de observancia nacionalista como títeres para manipular a la plantilla de funcionarios de prisiones.
El tiempo ha venido a convalidar con el sentimiento de la convicción moral aquéllo que pensábamos a la sazón sobre Montserrat Tura, quien, a tenor de la evidencia, resultaría una persona más adecuada incluso que Albert Batlle para ser “colocada” en la Oficina Antifraude.En efecto, en el año 2008 unos agentes de los Mossos d’Esquadra fueron condenados por torturas en la Audiencia de Barcelona. No podía quejarse esta vez la señora Tura de falta de pruebas. Sin embargo, a pesar de la sentencia, esta consellera de Justícia, expresándose en calidad de miembro del gobierno de Cataluña e insultando así a todo el pueblo catalán, PISOTEÓ la resolución judicial al sostener, en pocas palabras, que los policías condenados eran inocentes porque ella los conocía personalmente:

Tura esperó a que se revisara la sentencia, quizá convencida de que los magistrados satisfarían dócilmente sus caprichos de politicastra oligárquica, pero, !ay!, el Tribunal Supremo no revocó la condena. Una sorpresa parecida a la del caso Kalki y que, pese a los furibundos ataques progres contra Manuel Colmenero, nos permite seguir hablando todavía de democracia en España (no en Cataluña, aquí está definitivamente muerta). Ahora bien, en lugar de rectificar su “opinión”, que hasta ese momento ignoraba descaradamente las pruebas valoradas por jueces y magistrados, Tura insistió en la exculpación de los agentes:
La Generalitat de Catalunya ha demostrado su corporativismo en infinidad ocasiones, vamos a recordar aquí sólo unas pocas pinceladas relacionadas con este caso. El govern: 1/ no suspendió de empleo y sueldo a los Mossos condenados; 2/ cuando se celebró el juicio, ocultó esta información a los medios de comunicación; 3/ al dictarse la sentencia, intentó escamotear los nombres de los agentes; 4/ con dinero público, pagó el recurso al Tribunal Supremo, a pesar de que los hechos considerados probados en sentencia de primera instancia no pueden ya modificarse; 5/ otorgó a los Mossos condenados por torturas una defensa mediática de lujo por boca de nada menos que la consellera de Justícia, la cual los exoneraba alegremente del delito basándose en una “percepción”; 6/ no tuvo Tura ni una sola palabra de apoyo para la víctima de los abusos, quien perdió el trabajo a raíz de la detención errónea de sus “eficaces” Mossos d’Esquadra y se ha visto forzada a emigrar a toda prisa de la ciutat de la pau. !!!Cataluña, idílico lugar donde por lo visto la policía catalanista puede repartir palizas gratis a diestro y siniestro pero luego te meten en prisión por comprar unos libros “nazis” en el mercadillo de viejo!!!

La consellera Tura respondió, en definitiva, a un informe del Síndic de Greuges que denunciaba malos tratos recurrentes en las prisiones catalanas con una desautorización en toda regla y la exigencia de “pruebas”, pero ¿qué más pruebas quería Tura que una sentencia judicial del Tribunal Supremo, si ésta puede ser cuestionada a partir de una “sensación”?
!Éste es el valor, para Tura, de las “pruebas” que le reclamaba al Síndic de Greuges!
La consellera Tura representa fielmente, a escala local y por lo tanto, hay que decirlo, en una imagen de dimensiones reducidas, al estamento político que domina en todo occidente. Es Tura personaje de la misma calaña que los Cheney, Rumsfeld y otras “encarnaciones humanas de la democracia” (Imma Mayol dixit) en Guantánamo, Abu Grahib y demás centros de detención ilegales del sistema oligárquico transnacional. Si no hace más la señora es porque, desgraciadamente para ella, carece de poder, a pesar de sus ansias de presidir la Generalitat… El sueño de Tura: la primera “mujer” presidenta. Primera mujer quizá, pero no la primera impostora. El poco poder de que ha disfrutado la retratan como una fría manipuladora capaz de mentir sin inmutarse mientras esboza en su boca esa sonrisa “humanitaria” que ostenta para los tontos como aval de sus buenas intenciones progres.
La mendacidad: del hedor institucional a la guasa del código deontológico
En 2008, la consellera Tura promovió un código deontológico de la profesión penitenciaria. Es decir, por las mismas fechas en que negaba oficialmente unos hechos probados en sentencia judicial, la “señora” más catalanista de PSC -tenía que notarse en algo: el hedor-, se permitía darnos lecciones de derechos humanos a los empleados públicos de prisiones (aunque quizá algunos las necesitaran, todo hay que decirlo, !pero no de semejante farisea y falsaria!). El azar quiso una vez más que me topara con ella, pues, vecino de Mollet del Vallés durante muchos años, había podido ya apreciar antes de su ascenso al poder autonómico el pestazo a corrupción que se respiraba en el pueblo a base de rumores sobre temas como el reparto de pisos de protección oficial, la tarjeta VISA municipal de la alcaldesa y sus usos en París, los dobles sueldos (ayuntamiento y parlamento) “donados” a asociaciones de inmigrantes, dinero que luego retornaba supuestamente por retorcidos caminos al bolsillo de la cacique, etcétera. No me pronuncio sobre cuestiones que no puedo documentar, pero acredito que en Mollet del Vallès el ambiente político era más bien venenoso tras años de casi patrimonial dominium turano.

La coincidencia se produjo esta vez en el ámbito profesional, cuando Farrerons interpuso una demanda por 13 años de acoso laboral y esta señora, a la sazón poltronera máxima del departament de Justícia después de haberlo sido de Interior, la inadmitió a trámite por falta de pruebas.

Otra vez las pruebas. Pero, ¿qué le importarán a Montserrat Tura las pruebas?
Como ya conocemos un poco los problemas que esta señora tiene con las pruebas, vamos a explicar en qué consistía esta “falta” alegada por ella para negarse a examinar la demanda. En primer lugar, los abogados de Farrerons presentaron decenas de piezas de convicción documentales, como boletines sindicales donde se le insultaba, calumniaba y amenazaba por haber defendido públicamente a un funcionario sometido a mobbing (después de que denunciara un caso de torturas confirmado por los tribunales), informes administrativos de la propia Generalitat, pertitajes médicos, etc. Pues bien, además de los mencionados documentos, existían tres testigos, funcionarios de prisiones, que testimoniaban el acoso psicológico en el trabajo al que fue sometido Farrerons, quien no tenía la suerte de ser un torturador (en ese caso seguro que las cosas le habrían ido mucho mejor en nuestra querida Cacaluña). Cuando propusimos esta segunda tanda de acreditaciones, se abrió un plazo, fijado por la propia administración, para presentar el cuestionario de preguntas y, una vez enviado éste, sin que dicho plazo hubiese todavía concluido -nótese que fueron súbitas órdenes de “arriba” las que interrumpieron el normal procedimiento-, antes, por tanto, de que los testigos pudieran declarar, recibió Farrerons una notificación por la que se desestimaba la demanda alegando la ya referida “falta de pruebas”. La pregunta es: ¿puede sostenerse razonablemente una argumentación de falta de pruebas no ya sin conocer las pruebas mismas sino negándose uno a conocerlas? Pues así sucedió y conservo la resolución firmada por la honorable
Coincidiendo con las fechas en que Montserrat Tura inadmitía a trámite, de este deontológico modo, la demanda de Farrerons por responsabilidad patrimonial (que duerme en el Tribunal Superior de Justicia desde entonces) ella misma firmaba las bases del código ético de la profesión penitenciaria en Cataluña. !Bravo! !Todo un dechado de moralidad y valores, consistente en amparar a los torturadores mientras se machaca a los funcionarios honestos! Pero estamos en Cataluña, país de la mafia patriótica o del patriotismo como mafia, no lo olvidemos.
¿Habrá de extrañarnos que esta pseudo democracia se hunda poco a poco en la miseria moral y material? El sistema oligárquico no es más que la acumulación de miles, de millones, de miles de millones… de granitos de arenilla fangosa formados por actos mendaces -y hediondos- como éstos de Montserrat Tura Camafreita, apodada “injustamente” la torTURAdora. Corruptos, incompetentes y criminales, los políticos del estamento oligárquico, testaferros de la alta finanza sionista, parecen no darse cuenta de que sus -en el mejor de los casos- “pequeñas” imposturas, al final se suman y todo el edificio institucional termina desmoronándose bajo el peso aplastante del fango acumulado. Ellos, y sólo ellos, los políticos del liberalismo capitalista, provocan el descrédito de la democracia y la aparición de alternativas totalitarias que ya se perfilan otra vez en el horizonte, exactamente igual que en los años 30 del pasado siglo. Las Tura y compañía fabrican a los Lenin y éstos a los Hitler. Cuando por fin viene un holocausto, resulta entonces difícil a primera vista reconstruir la cadena causal y demostrar quién realmente provocó la cosa, pero basta reunir la piezas del puzzle y colocarlas en su sitio para hacerse una idea del proceso histórico que, comenzando por la corrupción, desemboca en el genocidio.
Había huído ya de Cataluña Lucien P., el rumano torturado a quien Tura Camafreita insultó de forma vergonzante negando -¿negacionismo, señora Tura?- unos hechos probados sin aportar otro argumento que la gustosa “impresión” que ella tenía de “sus” queridos policías (¿será divinamente ubicua la ex consellera?). Yo mismo huí -en vano- a la cárcel catalana situada más al norte del país, la de Figueres -y porque no hay otra… Como también huyó el único funcionario de prisiones que conocí capaz de denunciar en Cataluña un caso de malos tratos: abandonó su plaza de funcionario de la Generalitat después de 9 años de acoso laboral (consentido por la administración penitenciaria a pesar de tratarse de un testigo de cargo en un caso de torturas con petición fiscal de 5 años de privación de libertad). Escapó por piernas el funcionario porque, acorralado por jaurías de sindicalistas a sueldo del amo catalanero, ya no podía ejercer decentemente su profesión en las cárceles autonómicas; desde entonces yo me avergüenzo de ser catalán. Me da asco, debo admitirlo, el catalanismo -aquél sería su caso Dreyfus- porque he tenido la desgracia de conocerlo por dentro; sé qué significa en realidad el símbolo de la senyera y sólo me queda, a la postre, el reflejo condicionado, pavloviano, del saludable vómito sobre las quatre barres. Representa hoy, en fin, ese trapo, a personajes políticos nefastos como Jordi Pujol, Núria de Gispert, Montserrat Tura, Artur Mas, Felip Puig (y otros de los que ya iremos hablando en nuestra bitácora): esa y no otra es su verdad. Tendremos, los catalanes, que cambiar de bandera y enarbolar otra más limpia, que, como poco, no huela.
El interés de Montserrat Tura por las pruebas -o sea, por la límpida objetividad en lo público– es nulo, y a los hechos me remito. Demostró el auténtico transfondo de su política faz con la forma subterránea de actuar en el ámbito penitenciario, donde promovió un abyecto corporativismo de carceleros banqueados por siglas “progresistas” y confirmó finalmente su cinismo ante el universo entero al cuestionar los informes del Síndic y sentencias judiciales firmes que un político demócrata debería respetar cuando exprésase en calidad de miembro de un gobierno (aunque no las comparta en privado). Las gratuitas percepciones de Tura valen, sin embargo, en Cataluña, tierra de mafia empatriotizada, más que un grueso expediente judicial, de manera que, podemos afirmarlo categóricamente, los intereses caciquiles de Tura pisotearán siempre la verdad, la objetividad, la legalidad, la decencia…, y humillarán los principios éticos y deontológicos de la profesión penitenciaria (o policial) tantas veces cuantas haga falta. !Es nuestro honor como funcionarios públicos aquéllo que está en juego!Y al final, faltaría más, víctima del Holocausto

Volví a encontrármela, a toparme con ella de cara incluso, en el Palacio de Justicia de Barcelona el día que se juzgaba a los indignados por los hechos del Parlament. Conviene recordar que, allí mismo, miembros del Movimiento 15 de Mayo la acusaron de “torturadora” y “fascista”:
Se trata de calificativos muy comunes, casi de resorte progre, pero en este caso, con aquello de torturadora, los indignados andaban mucho más cerca de la verdad de lo que ellos mismos quizá de buena fe creerían. En realidad, fueron funcionarios de prisiones legalistas quienes difundieron por la red el logo torTURAdora a lo largo de años. Lo admito con orgullo. Veo que como mote ha cuajado y llegado incluso a los oídos de la trepadora catalanoide como si de un boomerang se tratara. No se merece otra cosa, la “señora”. Lucien P. te contesta, Montserrat, de forma anónima, por todo el daño que le infligieron y que tú legitimaste con la más obscena desvergüenza, alimentada por tu demasiado clásica ambición de poder.
Cuando los indignados bloquearon el parlamento más antiguo de Europa, Monterrat Tura resultó lamentablemente rociada con spray y salió del trance marcada con una X. Condenamos el hecho como condenamos toda violencia y admitimos que el error de aquellos indignados fue mayúsculo, porque con semejantes modales contribuyeron a desacreditar el Movimiento 15 de Mayo, algo que muchos esperaban con nerviosismo apenas disimulado pero que es la consecuencia inevitable del antifascismo que Hessel les ha inoculado. Tura tuvo entonces la oportunidad -y la desfachatez- de compararse con los judíos perseguidos por Hitler. Ella, precisamente ella, que desodorara la tortura con el fin de meterse en el bolsillo a los agentes de la autoridad adulando sus más bajos instintos corporativistas, no dudó ni un momento en hacer “uso” del Holocausto para los fines habituales del estamento político corrupto. La cruz negra del trajecito de Tura se convirtió así en un equivalente de la estrella amarilla y la verdugo política de Lucien P. devino, finalmente, víctima del “fascismo”:
¿No se le cayó la cara de vergüenza a Tura al equipararse a los presos de Auschwitz cuando ya sabemos de qué lado está la “señora cuando sus soldaditos perpetran torturas? ¿No ha sido el rumano torturado, y no la ex consellera, la verdadera víctima del totalitarismo, pero del oligárquico-catalanista, encarnado precisamente por Tura? Mas nos consta, por si a alguien le quedaba alguna duda después de haber leído este post, que Tura Camafreita, a pesar de sus miraditas de mosquita muerta a la que es tan aficionada en las fotos institucionales, carece políticamente vergüenza. Tan pagada está de su “superioridad moral” izquierdosa que, en el farisaico mundo de la impostura sionista, Tura sigue siendo progresista cuando legitima la tortura, mientras que Farrerons no dejará de ser fascista por denunciarla.
Conviene añadir que el affaire Tura no resulta anecdótico ni personal, sino una mera manifestación ejemplar de la realidad de nuestras instituciones “democráticas”. De hecho, cuando el tema de los Mossos llegó al gobierno de Madrid, o sea, superó la fase estrictamente judicial, los policías condenados fueron indultados y así concluyó el asunto, o sea, según los deseos señoriales de la potentada y en beneficio de los de siempre:

Además, el corporativismo institucional de Tura, último subproducto del oasis catalán, ha inspirado toda una escuela de cinismo político entre personajes caracterizados precisamente por un perfil mafioso todavía más explícito, si cabe, que Tura, como el inefable devorador de lubinas y corrupto empetrecido Felip Puig Godes. Éste suprimió directamente el código deontológico de los Mossos d’Esquadra y tiene -y tendrá- por norma, de ahora en adelante, o sea, ex Tura, negar siempre cualquier irregularidad, incluso con sentencias de por medio, presentando su solidificada jeta como única prueba de descargo. Mientras tanto, la Generalitat de Catalunya persigue, por acción u omisión, mediante el arma del acoso psicológico en el trabajo, a los funcionarios honestos. Una vez los ha destrozado como personas y lanzado al abismo del absentismo laboral, los acusa a continuación públicamente de vagos y, apelando a los informes médicos en que se han fundamentado esas bajas, sostiene al mismo tiempo que se trata de transtornados mentales. Con ello envía la institución un claro mensaje amenazante a los empleados públicos: quien pretenda hacer cumplir la ley y cuestione la voluntad mafiosa del estamento político, no cuente con apoyo alguno de aquellos políticos que viven de calificarse a sí mismos de perfectos demócratas antifascistas, sino todo lo contrario. Ese sostén institucional pueden esperarlo los torturadores, los corruptos, los incompetentes (!ojo, feladores o cunilingüeros!), pero no los funcionarios legales, quienes además serán acusados de fascistas a la mínima oportunidad.

Ningún intelectual ha protestado por las declaraciones de Tura o por la supresión del código ético policial a manos de Felip Puig. Si callaron la brutal represión del motín de Quatre Camins de 1º de mayo de 2004, no podía esperarse otra cosa por un hecho sustancialmente menos relevante. Y si ensordecienron durante décadas la realidad del gulag, resulta del todo lógico que ignoren los acontecimientos de Quatre Camins, minúsculos en comparación con el mayor genocidio de la historia. Son consecuencias en cascada de la ideología antifascista y su “almendra esencial”, el relato de Auschwitz. Las dimensiones de la interpretación las pone el cine, la literatura, la propaganda política y comercial, pero esas dimensiones literalmente fantásticas modulan por contraste el sentido y la importancia de los eventos políticos cotidianos y contribuyen a la gobernación simbólica de las masas narcotizadas porque, como sabemos desde Heidegger y Gadamer, la hermenéutica es universal. Léase: la exégesis, de raíz axiológica, no pertenece sólo al texto, sino a la cosa y, por ende, a la vida misma. En otros tiempos y lugares, habríase quizá esperado que los “intelectuales de izquierdas” publicaran algún manifiesto de protesta denunciando los abusos del poder y apoyando con uñas y dientes a los pocos funcionarios que todavía resisten dentro de esa organización criminal denominada administración pública. Fábrica de escándalos de corrupción y silencioso campo de batalla donde yacen simbólicamente los cuerpos -carreras profesionales, reputación y salud- de miles de funcionarios honestos, dicha administración es sólo el juguete de la oligarquía política y, por tanto, opera, lo quiera o no, al servicio de una mafia económica encarnada por gentes como Alavedra, Prenafeta, etc. Pero, como ya hemos dicho en algún otro lugar, el intelectual de izquierdas pertenece a una especie que se extinguió tiempo ha precisamente para asegurarse algún puesto tranquilo en el entramado administrativo docente o en la cultura subvencionada. Son los intelectuales que, cuando se enteraron del plagio de Arce, consultaron el Google para saber quién era Farrerons y decidieron que ya estaba bien el mundo que castigaba, como en el caso de Lucien P., a la víctima de los abusos. En cuanto a los intelectuales que “no son de izquierdas”, conservadores o liberales (y no digamos ya los ultraderechistas), resulta difícil encontrar entre ellos gentes dispuestas a romper una lanza en la lucha contra la tortura, a pesar de que los ultras son a menudo maltratados por la policía “democrática”. Denunciarán, sí, el terrorismo de ETA -cosa que tambíén hemos hecho nosotros y además en situaciones harto delicadas que nos comprometían personalmente- pero, con esa misma doble moral que se criticaba en quienes denunciaban la tortura mas no el terrorismo, ellos denunciaron el terrorismo pero no la tortura. Aquél que intente llevar la coherencia ética hasta sus últimas consecuencias se quedará solo. Quienes rechazan la tortura le reprocharán a éste que se comprometa también contra el terrorismo, un fenómeno que, a fin de cuentas, dicen, ataca a un Estado patentemente torturador. Y quienes abominan del terrorismo mirarán con desconfianza que se cuestione la honorabilidad de los fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o de los funcionarios de prisiones, puesto que los terroristas siempre afirman haber sido torturados, aunque sea mentira. Pero no siempre es mentira y, por otro lado, nada hay -bien mirado- más terrorista que los estados “democráticos” bombardeando Bagdad, por decir algo. También puede afirmarse que Ortega Lara fue torturado y que los terroristas ejercían en el zulo en calidad de carceleros (nacionalistas). En definitiva, la “democracia” (?), de alguna manera, ostenta el derecho de torturar, la propaganda del Holocausto no sólo resulta útil para minimizar toda canallada que los políticos oligárquicos puedan cometer, sino que cuenta como la mejor garantía de que se la pueda seguir cometiendo, siendo así que la impunidad queda grabada, por poner el ejemplo de este caso, en la conciencia de otros maltratadores con uniforme, hecho que les anima a continuar torturando, en la tranquila certeza de que, en el peor de los casos, serán indultados como lo fueron sus “compañeros”. Al signar el indulto, sígnase así, también, la futura repetición de ominosos hechos que ensucian a los policías y a los funcionarios honrados.

El final de toda esta historia es triste: los Mossos d’Esquadra condenados en firme podrán volver a sus puestos de trabajo mientras que el rumano, encima de torturado, de propina habrá perdido el suyo. Por no hablar de que las opiniones sin fundamento de Tura implicaban acusar tácita pero públicamente de impostor -!en boca de un gobierno!- a quien había sido vejado por agentes de ese mismo gobierno. ¿Qué futuro podía esperar Lucien P. en Cataluña? ¿Quizá volverse a topar en la calle con sus torturadores? Para el inmigrante Lucien P. la palabra Cataluña sabe a sangre, injusticia y humillación. Pero no olvidemos que también perdió a la postre el trabajo y fue difamado el funcionario de prisiones, de nacionalidad española, que denunció el referido caso de malos tratos carcelarios. Un sindicato mayoritario le acusó de falso testimonio a pesar de la sentencia, mientras la Generalitat callaba y dejaba hacer a la jauría corporativista que le acosaba ignorando las protestas del Síndic de Greuges y Amnistia Internacional. Gracias, consellera Tura, gracias, govern de la Generalitat de Catalunya, por honrar así a nuestra tierra, que pretende ser diferente y más civilizada que “España” pero prefiere disfrutar gratis de ese título narcisista y racista a asumir las obligaciones que conllevaría cargar con su responsabilidad . Montserrat Tura ha proseguido, aquí, la obra de canallización pública emprendida por Convergència i Unió desde la fundación misma de la administración autonómica por Jordi Pujol, que culminó en el ámbito de prisiones en la época de Núria de Gispert y el inicio de los motines carcelarios (ya hablaremos de eso).

¿Tenía empero que amargarnos también nuestras ya pocas ilusiones siendo usted, señora Tura, y precisamente usted, quien promoviera un código deontológico penitenciario -algo que veníamos proponiendo en ADECAF desde hacía años ante el mismo Parlament– para convertirlo, así, no sólo en papel mojado, sino en un mero rollo de papel higiénico manchado de mierda?
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DECISIÓN JUDICIAL

Los mossos condenados por torturas ingresarán finalmente en prisión en 45 días

La Audiencia de Barcelona rechaza el último recurso de los policías, que maltrataron y lesionaron a un rumano detenido por un error en el 2006

Martes, 2 de octubre del 2012 – J. G. ALBALAT / Barcelona
La Audiencia de Barcelona ha rechazado el último recurso presentado por cuatro mossos condenados por torturar y lesionar a un detenido para evitar ir a prisión y les ha dado un plazo de 45 días para ingresar en un centro penitenciario catalán. Los magistrados se remiten en su resolución a los argumentos esgrimidos el pasado mes de julio, cuando ya denegaron a los agentes la suspensión de la ejecución de la pena.

La Audiencia de Barcelona condenó hace unos años a los mossos Manuel Farré, Jordi Perisse y Joan Salvà a seis años y siete meses de prisión por el trato «cruel en exceso, brutal y salvaje» al ciudadano rumano Lucian P., que fue detenido por un error de identificación en el 2006. La sentencia relataba que los agentes llegaron a meter una pistola en la boca al arrestado para arrancarle una confesión falsa. Los jueces también condenaron al mosso Fernando Cea a dos años y tres meses.
En diciembre del 2009, el Tribunal Supremo rebajó la pena de los tres principales condenados a cuatro años y nueve meses de privación de libertad. Esto no les eximía de ingresar en prisión y solicitaron el indulto. El Consejo de Ministros se lo concedió parcialmente el pasado febrero, rebajando sus penas a dos años, lo que les permitía, en principio, librarse de la cárcel. Pero el tribunal de la Audiencia de Barcelona que les sentenció ha rechazado ya en varias ocasiones la suspensión de la pena de prisión.

Ninguna circunstancia nueva

La última estrategia de los condenados fue solicitar un nuevo indulto y exigir otra vez la suspensión de la pena mientras se tramitaba. Sin embargo, el pasado mes de julio los jueces desestimaron esta petición. El tribunal consideró que en esta segunda ocasión se han utilizado los mismos argumentos que en la primera. Por lo tanto, incidió, no existe «ninguna circunstancia nueva» para que el Gobierno modifique los términos del indulto. «Lo cual se antoja al tribunal–añadió– una suerte de fraude de ley o abuso de derecho que no puede quedar amparada» por la prerrogativa del indulto, máxime cuando fue concedido «de un modo y con unas condiciones irrevocables».
Los magistrados sostenían en esa resolución que los agentes pretendían burlar las decisiones judiciales que ya han sido adoptadas, recurriendo otra vez a un indulto que «no puede ser utilizado al antojo y cuantas veces considere adecuado el afectado».

LA IMPUNIDAD DE LA TORTURA: UN TRISTE FINAL

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/gobierno-vuelve-indultar-los-cuatro-mossos-condenados-por-torturas-2257066

El Gobierno vuelve a indultar a los cuatro mossos condenados por torturas

Los agentes tenían que ingresar en prisión antes del 10 de diciembre

Viernes, 23 de noviembre del 2012. MAYKA NAVARRO / MADRID. El Consejo de Ministros ha concedido por segunda vez el indulto a los cuatro mossos d’esquadra del grupo de atracos que habían sido condenados por torturas. Aunque ya habían sido indultados en una primera ocasión, los policías tenían que ingresar en prisión antes del 10 de diciembre pues la Audiencia de Barcelona entendió que se tenía que cumplir la pena. Según ha informado el ministerio de Justicia en un comunicado, el ministerio ha acordado concederles un indulto por el que se conmuta la pena de dos años de prisión por una multa de 7.200 euros.
Los cuatro policías fueron condenados en el 2009 por el Tribunal Supremo por delitos contra la integridad moral, torturas y lesiones. En febero del 2012, el Gobierno les concedió un primer indulto que redujo su pena a dos años de prisión, que evitaba así la entrada en la cárcel. Sin embargo, la Audiencia de Barcelona ordenó que entraran en prisión a cumplir esos dos años por existir “razones de prevención general y especial, de peligrosidad criminal, de reupulsa y alarma social”.
Publicado porENSPOen3:54 p.m.

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