Adios al intelectual de izquierdas

viernes, noviembre 25, 2011

Adiós al intelectual de izquierdas

Pierre Trotignon, intelectual de izquierdas.

Como ejemplo de aquello que considero el “intelectual de izquierdas” en su última fase -o sea, antes de enmudecer en cuanto tal y recluirse en su cátedra universitaria-, puede resultar muy ilustrativo el filósofo francés Pierre Trotignon, quien en 1966 había pronosticado el año 1980 como término de prescripción para la destrucción de la burguesía y de la civilización europea a manos de un comunismo liberador afincado en la China de Mao. La traducción castellana del texto puede encontrarse en Sartre. El último metafísico (Buenos Aires, Paidós, 1968, pp. 16-26). Las diez páginas de Trotignon (bajo el título “El último metafísico”) no tienen desperdicio. Transcribiremos algunos de los fragmentos a nuestro juicio más relevantes, que iremos comentando antes de llegar a la conclusión: el ocaso o extinción del intelectual de izquierdas, que debe elegir campo entre el filosionismo multiculturalista burgués más descarado, o una inédita izquierda nacional antisionista que todavía sólo despunta en tanto que mera virtualidad en sociólogos como James Petras.Contra el proletario blanco

Trotignon argumenta que Sartre ha intentado salvar a la sociedad burguesa pero que ésta, al no escucharle, debe ser destruida. El artículo de Trotignon es un estallido de odio contra occidente, cuyo concepto incluye, no obstante, también al proletariado de raza blanca: “Hoy lo que se pudre, es la sociedad occidental en su conjunto, incluido el proletariado” (p. 24). En consecuencia, ya nada hay que esperar de los obreros, pues: “El arma de nuestra salvación se forja en otra parte, en el Sing-Kiang” (ibidem). Como sabemos, actualmente, lo que se forja en el Sin-Kiang es empero más bien la competencia de un Estado comunista-capitalista (síntesis perfecta de la alianza USA-URSS contra Alemania) que, gracias a una determinada forma de esclavitud laboral, puede arrasar los puestos de trabajo de los obreros occidentales con productos fabricados a bajo coste. Sin embargo, Trotignon profetizaba en 1966 para 1980 lo que llamaba la Catástrofe, es decir, la extinción de la burguesía:

(…) debemos descifrar para comprender anticipadamente lo que los burgueses de 1980 -si quedan- llamarán Catástrofe y que será para nosotros el Advenimiento (p. 20).
La destrucción de Europa será, sin embargo, a este paso, la de su proletariado, no la de su burguesía. Y quienes encarnan el Advenimiento son los chinos, sí, pero justamente en calidad de feroces capitalistas esclavistas que gobiernan un Estado totalitario; el mismo que había de “liberarnos”, según Trotignon. Tal inversión “racial” que pone en la picota al obrero o empleado blanco y que, de alguna manera, anticipa la nueva izquierda antropológica, ya estaba prefigurada, no obstante, en Trotignon, quien encarna una fase de transición del marxismo-leninismo clásico al tercermundismo y de éste al multiculturalismo racista antiblanco:
La obra de Sartre es ese gran esfuerzo de lucidez por el que percibimos que termina por fin la dominación terrorista del hombre blanco y de ahí que se acabe también la forma cultural de esa dominación (p. 18).
Recuerda Trotignon que en 1961 Sartre todavía creía que nosotros, los europeos, nos curaríamos de la enfermedad capitalista. Pero en 1966 Trotignon considera que el plazo ha prescrito:
Hoy hay que ir más lejos: sabemos que no nos curaremos. Vamos a morir de ese cáncer que ha devorado la libertad, arruinando el proyecto de Sartre al hacer desaparecer su objeto. Esto no lo diminuye en nada: Sartre ha intentado valientemente lo que se podía y debía hacer para salvar la sociedad burguesa del abismo en que decididamente quiere arrojarse (p. 19).
Pero lo que ha desaparecido no es la sociedad burguesa, sino, precisamente, el comunismo, el mismo que, en la visión delirante de Trotignon, debía traernos la libertad. !Estos eran los “intelectuales de izquierdas”, de la vieja izquierda! De ahí que la izquierda nacional no constituya sólo una refundación a la izquierda de los rancios populismos anti-inmigración actuales, sino ante todo una refundación de la propia izquierda.Defensa del terrorismo y exterminio de Europa

No se vayan todavía amigos, !aún hay más! Trotignon comienza justo en este punto su discurso de instigación al odio y violencia contra Europa, por el que no veo que -curiosamente- haya sido procesado o siquiera marginado en la universidad a pesar de las legislaciones represivas existentes en Francia. ¿Cómo se puede, si no, calificar lo que viene a continuación?
Consideremos nuestra sociedad, moribunda, desarraigada en su cultura, corroída por un escepticismo leucémico, seducida por una derecha que utiliza todos sus encantos para dividir, envolver, empantanar, suavemente agitada por una izquierda de cartón pintado, ciega a los problemas revolucionarios de la época, a los que juzga despreciables y molestos porque se plantean sin ella, fuera de ella y contra ella (). La sociedad burguesa ya no puede ser modificada más que hacia una creciente tiranía. Es necesario, entonces, destruirla (ibidem).
Observemos la ambigüedad, pero también los aciertos del discurso de Trotignon. Éste reprocha a la izquierda reformista su traición, lo que es cierto, pero habla de ceguera, cuando el único ciego es él, incapaz -en plena “revolución cultural” maoísta, la mayor carnicería de la historia- de mirar de frente la realidad del comunismo a despecho de que una y otra vez reivindica la filosofía, la verdad, la necesidad…, como espadas en la lucha contra el escepticismo leucémico, el desarraigo, etcétera. Trotignon no distingue entre burguesía y proletariado, habla de “sociedad burguesa”, pero “nuestra sociedad”, merecedora de desaparecer, incluye a los trabajadores:
El único proyecto histórico coherente que hoy puede hacer un francés, si es filósofo, es desear la muerte de nuestra sociedad para que llegue la libertad.
El papel del filósofo se confunde con el del verdugo de la burguesía, lo que no deja de resultar atractivo, pero ese filósofo, en nombre de buenas razones, se abalanza, en medio de la confusión propia de esta izquierda radical internacionalista, contra su propio pueblo:
(…) por lo que se refiere a nuestra sociedad, es justo que ella desaparezca en el incendio que se prepara. Y en consecuencia la tarea filosófica de los intelectuales de nuestra generación es la de ser la enfermedad mortal de nuestra civilización sofística, la crítica radical, la subversión absoluta, y esto en nombre de la absoluta necesidad, de la ineluctable justicia que anunciamos. La filosofía debe arraigar en el discurso de la Necesidad, lo Absoluto (…) (p. 20).
!Habla, subrayémoslo, un intelectual de izquierdas en estado químicamente puro! !No se le puede pedir más! !Qué cerca de ciertas cuestiones fundamentales y, al mismo tiempo, qué lejos! Uno creería escuchar a un auténtico “fascista”, pues, como sabemos y hemos argumentado aquí, el “fascismo” proviene de la izquierda, el “fascismo” es la imagen invertida, estigmatizada, de la etapa superior del desarrollo del proceso de racionalización occidental, pero la izquierda anarco-marxista, precisamente, ha forjado un espantajo para defenderse de él, para salvaguardar la herencia axiológica judeocristiana secularizada (el “amor”, la “felicidad”, el “progreso”, el “paraíso”…), de la que teme con pavor desprenderse. El resultado es este escándalo de mixtificación, de contradicciones y de bochornos en boca de una izquierda anti-nacional incapaz de dar el último paso al frente, prefiriendo en su lugar la aniquilación de occidente (y, por ende, de sí misma). Trotignon, en efecto, no vacila en apelar al terrorismo:J. P. Sartre, maestro de Trotignon

(…) la función que había sido asignada al filósofo en la cultura burguesa, ha sido, por así decirlo, reducida a la nada. (…) Es entonces necesario un esfuerzo reflexivo para crear los operadores intelectuales que permitan al filósofo hacerse entender nuevamente. Pero atención: hacerse entender no es despertar simpatía. Es propagar el terror. La filosofía de mañana será terrorista. No filosofía del terrorismo, sino filosofía terrorista, unida a una práctica política terrorista (p. 22).

No deja de tener el hombre su parte de razón y hemos intentado reflexionar sobre esta cuestión planteando la idea de una revolución democrática que no derramara ni una sola gota de sangre pero que, mediante instrumentos discursivos pacíficos, pusiera en evidencia el carácter criminal genocida de la oligarquía transnacional. En cierto sentido, se trata de una filosofía terrorista, siendo así que debe aniquilar, con la palabra, el edificio simbólico, construido también mediante el lenguaje (=narración histórica), del sistema oligárquico. En cualquier caso, es seguro que el cuestionamiento indirecto de “el Holocausto” que se desprende del agnosticismo activo respecto de la Shoah, será calificado de fascismo y, por ende, de terrorismo. Pero dicho enfoque estratégico excluye, para ser eficaz, precisamente la “práctica política terrorista“, con la que su derrota -abstracción hecha de las cuestiones morales- resultaría inexorable vista la superioridad tecnológica aplastante del dispositivo de poder oligárquico. El potencial destructivo demoledor del dominio actual pone punto y final al concepto de la “violencia revolucionaria” y, con ella, al modelo de partido leninista. Parece llegada, paradójicamente, la hora del filósofo. Los intelectuales de izquierda, filósofos buena parte de ellos, tenían que haber detectado cuál era su rol, el filón de su fuerza y, sobre todo, el adversario a batir, el discurso o imaginario a “deconstruir”: la “ideología del Holocausto” (Norman G. Finkelstein). No hay otra revolución posible. En lugar de ello, desde hace hace décadas atizan palos de ciego contra el “fascismo”; la ultra hebrea debe de dar saltos de alegría ante la tremenda “capacidad” de penetración intelectual de semejantes filósofos:
(…) nosotros somos los hijos de puta, de esa gran puta que es la sociedad de consumo, la sociedad tecnocrática, el establo universal del género humano (…) La cultura burguesa se ha suicidado, ha dejado el campo libre a algunos pequeños Führern (sic) mediocres e impotentes que instauran un fascismo intelectual, y cuya voluntad nihilista despista e insulta a los verdaderos filósofos. Es contra esa voluntad que debemos mantenernos en pie para filosofar.
!Un fascismo intelectual -toda una concesión, gracias, cuando hasta hace bien poco el “fascista” no pasaba de simple oportunista e irracionalista semianalfabeto- caracterizado como “voluntad nihilista” de pequeños Führern (sic) que no son verdaderos filósofos! Trotignon, un verdadero filósofo; Heidegger, un falso filósofo. Estos serían los adversarios de Trotignon: tan “fascistas” como puedan serlo, justamente, los antifascistas de Tel Aviv o Washington o Londres, y tan “nihilistas” como los cristianos fundamentalistas neocon o sionistas (ziocon). Pero, sea cual fiere el desvarío teórico, el resultado es siempre el mismo: la revolución antiburguesa (?) consiste en la obsesión racista de entregar Europa a moros, negros o chinos…, aunque sólo sea como avanzadilla de la ultraderecha judía. !La burguesía oligárquica filosionista se frota las manos con semejante “revolución”! !Ella misma ha hecho esa revolución! !Y pretende Trotignon -en estado de embriguez, quizá- que serán tales grupos étnicos “liberadores” los que nos redimirán -¿se referirá a la sharia?- de la sociedad de consumo, cuando precisamente vienen a Europa atraidos por ella! !Cuando la sociedad de consumo universal, globalizada, se constituye como el gran crisol donde los imperialistas hebreos, esgrimiendo “Auschwitz”, pretenden diseñar la figura inocua del mestizo universal, clónico, plano, unidimensional, dócil y perfectamente manipulable, a las órdenes del “pueblo sacerdotal” augurado por la profecía mesiánica! Si existe alguna forma de hacer el ridículo, de demostrar que se es un no-filósofo (por decirlo suavemente) ahí tienen al “intelectual de izquierdas”. Y, sin embargo, su función es esencial, no dejemos de leerle. Trotignon apunta, en parte, a aquello que tenemos el deber de erradicar: la sociedad de consumo. Pero se equivoca a la hora de identificar, si de verdad pretende en efecto acabar con la “gran puta” (sic), al enemigo político. Repite como un loro la cantinela conformista del antifascismo en el mismo momento en que amenaza con destruir la sociedad burguesa mediante atentados terroristas (estupidez táctica y ética donde las haya). ¿Se puede ser más incompetente y fraudulento? ¿Le resulta tan difícil de entender, a este “filósofo”, que el discurso antifascista es precisamente el que le ha permitido convertirse en profesor universitario a pesar de incurrir en una descarada apología del terrorismo y, por lo tanto, que tales signos resultan sospechosos de identificar al auténtico poder oligárquico? !Compárese su carrera, por ejemplo, con la de un Roger Garaudy! ¿No lo ha visto o no ha querido verlo Trotignon, como la mayoría de sus correligionarios “progresistas” y colegas de profesión? Dejamos que el lector ensaye su propia respuesta.
25 de noviembre de 2011
Publicado porENSPOen2:45 p.m.

1 comentario:

fer dijo…

claro. la radicalidad del msj del autor es aparente. sucede que es mas directo que la verborrea de sartre, las conclusiones son las mismas en todo el espectro del troskysmo-leninismo. solo que la lectura de sarte, por obscura en momentos para el neofito izquierdista de tipo internacionalista suena a la vez sofisticada y ‘humanitaria’.
7:37 p.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/11/adios-al-intelectual-de-izquierdas.html
 
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