la frase de Zinoviev (1)

domingo, febrero 13, 2011

La frase de Zinoviev (1)

El genocida comunista ruso, de procedencia judía, Grigori Zinoviev.

Uno de los argumentos más utilizados para dejar impunes los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial es el de la intencionalidad homicida de las atrocidades nazis, que las haría cualitativamente distintas a aquéllos. Los exterminios “fascistas” serían “peores” porque desde el principio, pasara lo que pasara, Hitler habría decidido asesinar a los judíos. En este contexto torticero, encuéntranse todo tipo de excusas para quitar importancia a los asesinatos en masa del comunismo y de los aliados anglosajones. En el caso del comunismo, se trataría de meros “excesos” realizados en nombre de un ideal políticamente correcto. En el caso de carniceros como Churchill o Roosevelt, los delitos fueron cometidos como respuesta a la intrínseca maldad del Tercer Reich. Sin embargo, basta cruzar unas cuantas fechas y datos para demostrar que se ha puesto el carro delante del caballo. O, dicho con otras palabras, que los grandes delitos genocidas del “fascismo” son todos ellos, sin excepción, reactivos, mientras que los crímenes en masa de marxista-leninistas y aliados cristiano-liberales se realizan por propia iniciativa -obedecen a la dinámica interna de la modernidad humanista- y se consuman antes de que se puedan achacar al adversario actuaciones equiparables. Además, los grandes exterminios perpetrados por los vencedores son siempre planificados, intencionales e implican al Estado en su conjunto, es decir, hasta las más altas esferas de decisión, en su ominosa comisión. Pero sobre los equivalentes nacionalsocialistas abríganse serias dudas al respecto (corriente funcionalista).

Un ejemplo de lo que decimos es la frase pronunciada por Zinoviev en septiembre de 1918, en la que se admite sin ningún tipo de embozo la intención de exterminar a 10 millones de ciudadanos rusos:
Para deshacernos de nuestros enemigos, debemos tener nuestro propio terror socialista. Debemos atraer a nuestro lado digamos a noventa de los cien millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto a los otros, no tenemos nada que decirles. Deben ser aniquilados (Zinoviev, Grigori, “Severnaya Kommun”, nº 109, 19 de septiembre de 1918, p. 2, citado por Vidal, César,Checas de Madrid. Las cárceles republicanas al descubierto, Madrid, Belaqua, 2003, p. 281).
Las víctimas del comunismo ruso, como sabemos, serían a la postre muchas más, entre 20 y 66 millones de personas, y las del comunismo en general, entre 100 y 150 millones de personas. No existe en la historia nada equivalente a semejante “decisión”, perfectamente documentada. Este “proyecto” de exterminio, que se cumplió así con creces y a rajatabla, es el que provoca, precisamente, el surgimiento del fascismo, como respuesta a la criminalidad expresa (y públicamente manifestada) del comunismo. Como sabemos, el fascismo nace en marzo de 1919 en Milán, Italia; pretende ser una revolución social sin sangre, sin exterminio. Con los únicos que no contempla tener piedad sería precisamente con los comunistas, justamente por la naturaleza criminal de este movimiento. !Cómo han  cambiado las cosas! !De qué manera se ha tenido que manipular la historia para legitimar a Stalin con la peregrina afirmación de que gracias a él, es decir, a su brutalidad, púdose frenar a Hitler!
Dada la importancia de la declaración pública de Zinoviev, que acredita una manifiesta intencionalidad genocida totalmente plasmada en los hechos, conviene abundar un poco más en la misma.
Al parecer, la frase habría sido pronunciada el 17 de septiembre de 1918 ante la asamblea del partido de Petrogrado. Nolte la transcribe de la siguiente forma: “De los 100 millones con que cuenta la población de la Rusia soviética, debemos ganar noventa para nuestra causa. En cuanto a los demás, no tenemos nada de qué hablar; hay que exterminarlos”. El historiador alemán remite a David Shub, autor de la famosa biografía de Lenin, quien a su vez transcribe: “A fin de vencer a nuestros enemigos, tenemos que contar con nuestro propio militarismo socialista. De los 100 millones con que cuenta la población de Rusia bajo los soviets, debemos ganar a 90 para nuestra causa. En cuanto a los demás, no tenemos nada que decirles; hay que exterminarlos” (Nolte, Ernst,La guerra civil europea, 1917-1945. Nacionalsocialismo y bolchevismo, México, FCE, 2001, p. 91). Cito a continuación la nota a pie de página de Nolte:
Como fuente se menciona “Severnaia Kommuna”, edición verpertina del 18 de septiembre de 1917. Puesto que de hecho dicha afirmación parece inverosímil a primera vista, pese a la mención de la fuente, hice todo lo posible por confirmarla. En Alemania no existen ejemplares de “Severnaia Kommuna. Izvestija Petrogradskogo Sovieta rabocich i krasnoarmeiskich deputatov”, y la Biblioteca Estatal de Leningrado no cuenta con microfilms. Finalmente conseguí un microfilm de la Hoover Institution on War, Revolution and Peace de Stanford. La cita de David Shub resultó ser en esencia correcta, aunque se encuentra en la página 2 del número 109, del 19 de septiembre de 1918; además, la resolución de la que habla Shub no se tomó a raíz del discurso de Zinoviev. El contexto general sólo modifica el cuadro en el sentido de que el tema principal no son los culpables de la guerra, sino los kulaks que instaban a la introducción del libre comercio, apoyados en ello incluso por comunistas como Larin. La primera parte del discurso pronunciado por Zinoviev en la séptima conferencia comunista de todas las ciudades en Smolny trató de la situación de la política exterior y de ahí paso a la política interior. Según explicó, la lucha de clases había llegado a su culminación cuando el atentado contra Lenin fue aplaudido no sólo por los explotadores rusos, sino por toda la burguesía mundial, incluyendo a supuestos socialdemócratas como Scheidemann. De acuerdo con Zinoviev, los kulaks representaban un peligro particular, ya que deseaban imponer condiciones a cambio de asegurar el abastecimiento de la población urbana con alimentos. Por este motivo, el “trabajo de los pueblos” era la clave de todo. Continuó con las siguientes palabras: “Debemos proceder como un campamento militar que envía tropas al pueblo. Si no aumentamos el ejército la burguesía nos pasará a cuchillo. No tenemos opción. Ellos y nosotros no podemos vivir en el mismo planeta. Necesitamos un militarismo socialista propio para vencer a nuestros enemigos. De los 100 millones con que cuenta la población en la Rusia soviética, debemos ganar (literalmente: arrastrar) a 90 para nuestra causa. Con los demás no tenemos nada de qué hablar; tenemos que exterminarlos (unictozat). Cargamos con una gran responsabilidad ante el proletariado mundial, el cual está presenciando que sólo en Rusia el poder pasó a manos de la clase obrera”. Tras concluir con la exhortación a luchar por la victoria con todas las fuerzas, el discurso del “jefe de la comuna septentrional” fue premiado con “aplausos tumultuosos” (Nolte, E., op. cit., pp. 91-92, n. 41).
En evidencias como la citada basa Nolte su teoría de que Auschwitz no es más que una reacción frente al temprano gulag comunista. Esta tesis ha provocado el habitual y farisaico rasgamiento de vestiduras de los académicos y propagandistas del sistema oligárquico (que nos gobierna), porque corta por su raíz la construcción narrativa que justifica todos los abusos de los vencedores como respuesta a la presunta “maldad de los vencidos”, tipificando como delito de banalización la argumentación contraria, a saber, que los crímenes de los vencidos representan sólo un pálido reflejo de las atrocidades perpetradas, en primer lugar, por los vencedores. Un ejemplo de banalización y legitimación de los crímenes de los vencedores nos lo ofrece el escritor alemán (renegado) W.G. Sebald, quien, después de describir las innumerables salvajadas de la guerra aérea británica contra Alemania, que incluían quemar vivos a todos los bebés posibles, concluye que:
La mayoría de los alemanes sabe hoy, cabe esperar al menos, que provocamos claramente la destrucción de las ciudades en las que en otro tiempo vivíamos (Sebald, W. G., Sobre la historia natural de la destrucción, Barcelona, Anagrama, 2003, p. 111).
Henry Morgenthau, banquero norteamericano de procedencia
judía que puso en práctica (1945) el plan de exterminio del pueblo alemán
diseñado por el también judeo-americano Theodore N. Kaufmann en 1941.

El motivo es que si los alemanes no destruyeron Londres no fue porque no tuvieran intención de hacerlo (¿antes o después de los bombardeos británicos?); que los alemanes fueron los pioneros en los bombardeos aéreos de ciudades (como si no existiera una diferencia legal entre bombardear una ciudad por motivos militares y bombardearla con la expresa finalidad de asesinar a su población civil); que los alemanes (¿también los niños?), en una palabra, “se lo buscaron”… Este es el tipo de argumento que, invertido, es decir, colocando a las víctimas de los alemanes como pertenecientes al bando que “provocó los hechos”, puede llevar a la cárcel a cualquiera que lo defienda por “justificación del genocidio”, pero que, cuando las víctimas son alemanas, cabe esgrimir alegremente, obscenamente diría yo, con total impunidad.

¿Por qué ese miedo a la determinación estricta de la sucesión cronológica de los hechos? Porque sólo dicha cronología nos permité reconstruir el sentido de los hechos mismos. Veamos cómojustifica Wikipedia la publicación del libro Germany must perish (1941), que proponía públicamente, antes de que principiara el Holocausto, el genocidio del pueblo alemán:

At the time that Germany Must Perish! was first published in early 1941, Germany had not yet occupied the Balkans. The German invasion of the USSR would occur in June (although the Germans had already invaded and reconquered the land, theirs before World War I, that had been given to form Poland, and had annexed Austria), and the Japanese attack on Pearl Harbor was still nine months away. However, the T-4 Euthanasia Program and mass sterilization had already begun. Some[who?] cite this “medicalized mass murder” as the beginning of the Holocaust. Still, the Wannsee Conference was more than a year in the future and stories of genocide by the Nazi Party were neither widely known nor believed. Nonetheless, the Nazis were already busy at ethnic cleansing through the passage and enforcement of laws against Jews.

Se trata de una clarísima legitimación de un proyecto de genocidio que, en puridad, debería poderse llevar a los tribunales, pero que ningún magistrado de la oligarquía aceptaría por las razones que ya conocemos. Independientemente de que un genocidio no puede abonar o dejar impune otro genocidio, el intento de justificar dicho proyecto de exterminio de Alemania a partir del Holocausto es una impostura, porque el Holocausto, aceptadas las fechas oficiales, comienza mucho después y sería, antes bien que una causa, una respuesta o consecuencia, una reacción de las autoridades alemanas al proyecto genocida de Kaufmann, que los alemanes conocían y consideraron que estaba siendo puesto en práctica con el plan de bombardeo británico. 
Evidentemente, que los aliados quemaran vivos a los niños alemanes no justifica que los alemanes asesinaran a los niños judíos, pero, al parecer, si se consigue hacer creer a la gente, engañándola y manipulando los hechos con todo descaro, que los niños alemanes fueron quemados como respuesta a que se matara a los niños judíosno pasa nada y conciencias progresistas como la de Sebald descansan tranquilas.
Pero nuestro deber es volver a la realidad y, con ella, a la decencia moral. En las fechas en que se publica el plan de exterminio del pueblo alemán y los ingleses planean quemar vivos a los civiles alemanes, ¿qué pretenden hacer los alemanes con los judíos? Atengámonos a las fechas y comparemos las intenciones alemanas con las intenciones de personajes como Zinoviev y Kaufmann:
A comienzos de julio, Frank estaba de nuevo eufórico. El 12 de julio de 1940, informó a los jefes de los departamentos generales de su zona que el propio Führer había decidio que no se podrían enviar más transportes de judíos al Generalgouvernement. Por el contrario, la comunidad judía del Reich, del Protektorat y del Generalgouvernement debería ser transportada, “a la mayor brevedad imaginable”, una vez firmado un tratado de paz, a una colonia africana o americana. La idea más extendida, dijo, se centraba en Madagascar, que Francia debería ceder a Alemania con este propósito expreso. Con una superficie de 500.000 kilómetros cuadrados, explicaba Frank, la isla (por cierto, en su mayor parte selva) podía albergar fácilmente varios millones de judíos. “He intervenido en nombre de los judíos del Generalgouvernement continuaba para que también esos judíos puedan beneficiarse de las ventajas de iniciar una nueva vida en una nueva tierra“. Esa propuesta, concluía Frank, había sido aceptada en Berlín, de forma que toda la Administración del Generalgouvernement podía esperar un “colosal alivio” (Hilberg, R., La destrucción de los judíos europeos, Madrid, Akal, 2005, p. 226).
Genrij Yagoda, comunista soviético de procedencia  judía responsable de los campos de concentración comunistas,  bajo cuya administración fueron exterminadas 10 millones de personas.

La fuente es totalmente fiable: nada menos que el clásico por excelencia sobre el Holocausto. Las conclusiones que se pueden sacar de este extraordinario texto son simétricas y opuestas, en un sentido moral, a las de la frase de Zinoviev. La intencionalidad de exterminar a los judíos, si existió después, como parece, no fue la originaria del régimen nazi. Hitler no quiso “desde el principio” perpetrar el holocausto. En cambio, sí hubo, “desde el principio”, un proyecto genocida por parte del comunismo. Y ya en la Primera Guerra Mundial, se documenta un plan de asesinar a la población civil alemana por hambre mediante un bloqueo que se prolongó incluso después de la paz de Versalles. Churchill fue su autor y ejecutor. Un proyecto que vuelve a plasmarse en la obra de Kaufmann Germany must perish y que finalmente se pone en práctica con los bombardeos ingleses de exterminio de la polación civil alemana. De esta manera, cuando los alemanes proponen conceder una nueva tierra a los judíos, los ingleses se oponen. Los aliados tampoco aceptan inmigrantes judíos. No sólo no colaboran en la emigración de los judíos, sino que responen a Alemania con un plan de exterminio del pueblo alemán. ¿Puede sorprendernos que los alemanes, en la famosa Conferencia de Wansee y habida cuenta de la actitud aliada, decidieran convertir a los judíos en mano de obra esclava? ¿Puede sorprendernos que, a medida que los bombardeos crematorios contra civiles alemanes fuéronse intensificando, se acordaran del libro del “judío” Kaufman y endurecieran las condiciones de vida de sus supuestos compatriotas hebreos en los campos?

Insistimos en que un genocidio no justifica moralmente otro genocidio. Pero si el “razonamiento Sebald” vale para dejar impunes las atrocidades de los aliados, ¿qué pasa cuando colocamos los hechos en su desarrollo cronológico real y aplicamos ese mismo razonamiento a las víctimas judías del HolocaustoDe ahí la importancia de la tesis de Nolte, sobre la cual él mismo hace las siguientes consideraciones por lo que respecta a su carácter políticamente incorrecto:
No fui yo (conforme al sentido) el primero en hablar de “nexo causal” entre gulag y Auschwitz. Andrej Kaminski, que personalmente estuvo detenido en campos de concentración alemanes, escribió en 1982 lo siguiente en uno de sus libros: “Que los sabios alemanes hayan evitado hasta ahora tratar esta cuestión, tal vez podría ser comprensible. Toda referencia de un investigador alemán al hecho de que los campos de concentración nazis eran copia de los soviéticos habría tenido que provocar en la parte soviética y en la prosoviética uno de los conocidos tumultos de indignación incluso si el respectivo investigador hubiera evitado toda apariencia y hubiera puesto el mayor cuidado en no considerar los crímenes soviéticos como una disculpa para los nacionalsocialistas (Los campos de concentración desde 1896 hasta hoy. Un análisis, Sttutgart, 1982, pp. 88 y ss.) (Nolte, E., op. cit., p. 33, n. 73).
Victor Gollancz, norteamericano de procedencia judía,
denunció el maltrato a la población civil alemana por parte
de las autoridades aliadas de ocupación durante la posguerra.

Y añade Nolte:

Aún mucho antes informaba un “testigo ocular” especialmente importante sobre ese nexo: Rudolf Höss; pero la declaración respectiva, hasta donde yo sé, jamás fue mencionada en la literatura científica. Höss escribe lo siguiente: “Por parte de la RSHA fue transmitido al comandante (es decir, a él mismo) un voluminoso resumen de informes sobre los campos de concentración rusos. Por parte de algunos escapados, se informaba allí sobre el estado de cosas y las instalaciones hasta el mínimo detalle. Allí se resaltaba especialmente que los rusos exterminaron poblaciones enteras mediante grandes medidas de trabajos forzados”. (Comandante en Auschwitz. Apuntes autobiográficos de Rudolf Höss, editado por Martin Broszat, Munich -dtv- 1963, p. 139) (Nolte, ibídem).
Quisiera concluir este breve post, que redacto con ocasión del aniversario del criminal bombardeo de Dresde por los aliados, con unas afirmaciones de Victor Gollancz, un judío norteamericano que denunció el maltrato de la población civil alemana por parte de las autoridades de ocupación aliadas:
Soy judío, y a veces me preguntan por qué, en cuanto tal, me preocupo por el pueblo en cuyo nombre se han cometido contra mi raza infamias cuyo recuerdo me temo que, tal vez, no perezca jamás… aunque yo desearía que no fuese así. A veces, esa pregunta me la plantean, lamento decirlo, judíos como yo que han olvidado las enseñanzas de los profetas, si es que las han conocido alguna vez… Es realmente cierto que me siento llamado a ayudar a los alemanes que sufren precisamente porque soy judío, pero no, ni mucho menos, por la razón que la gente imagina… Se trata de una cuestión (…) de simple y llano sentido común no desviado por ese sentimentalismo que tergiversa el juicio y corrompe el espíritu de tantas personas. En mi opinión hay tres proposiciones evidentes por sí mismas. La primera es que nada puede salvar al mundo si no es un acto general de arrepentimiento, en lugar de la actual insistencia farisaica en la maldad de los demás, pues todos hemos pecado y seguimos pecando de la manera más horrible.La segunda es que lo que nos hace buenos es el buen trato, y no el maltrato. Y la tercera -por caer en el odioso lenguaje colectivo tan de moda en la actualidad-, que a menos que tratemos bien a los que nos han tratado mal, no llegaremos a ninguna parte, o, más bien, esa actitud dará mayores bríos al mal y conducirá directamente a la aniquilación de la humanidad (Gollancz, Victor, citado por Macdonogh, G., Después del Reich, Barcelona, Círculo de Lectores, 2010, pp. 545-546, fuente en nota 97).
Aunque dudo mucho que la salvación moral del crimen racista pueda encontrarse en la tradición judía, tal como pretende Gollancz, las palabras de este autor me parecen totalmente dignas de respeto y las asumo a título personal.
Jaume Farrerons 13 de febrero de 2011
Publicado por ENSPO en 5:14 a.m. 

5 comentarios:

Jackobs dijo…

Es una realidad incontestable q el Gulag fue anterior y el fascismo una reacción.
2:53 p.m.

Jaume Farrerons dijo…

Podría añadirse: el fascismo no sólo fue una reacción genérica y difusa frente al gulag, sino Auschwitz una reacción concreta frente a Germany must perish + los bombardeos crematorios contra los civiles alemanes, todo ello en el contexto de la lucha contra el comunismo y sus aliados occidentales.
Sólo en ese doble marco cabe interpretar el holocausto y, por ende, la historia contemporánea en su conjunto. Si se elimina el marco, no se entiende nada y la persona queda sujeta a la más brutal manipulación por parte de los poderes existentes.
Quien controla el presente, controla el pasado, quien controla el pasado, controla el futuro (Orwell).
Puede hacerse tal afirmación sin pretender que el nazismo fuera “bueno”. La Segunda Guerra Mundial no fue una lucha entre buenos y malos, sino entre lo malo (nazismo) y lo peor (aliados + comunistas). Ganó lo peor. Eso es todo.
Los mayores criminales de la historia nos gobiernan y dicho gobierno necesita, para perpetuarse, hacernos creer que, aunque ellos fuesen malos, que no lo son, el nazismo sería siempre PEOR. En ese matiz se juega el destino. En un SENTIDO.
El ciudadano occidental, con su idea progresista de la historia, no puede creer que ganaran los peores. Tenían que ganar los menos malos, cuyos crímenes son poca cosa frente al mal absoluto nazi.
Una narración objetiva haría tambalearse los poderes existentes,la oligarquía, EL MISMO EQUILIBRIO MENTAL DEL CONTRIBUYENTE-CONSUMIDOR. Pondría patas arriba todo el planeta. De golpe, el hombre occidental no sabría donde está. El mundo daría vueltas en su cabeza.
La liberación de París dejaría de ser aquella fiesta que hemos visto en las películas y documentales para convertirse, a la postre, en una horrible farsa.
3:50 p.m.

Anónimo dijo…

Farreróns, aquí tiene otro grupo más de agentes del CNI amigos de Ernesto Milá:
http://identidadeetradizon.blogspot.com/
http://identidadegalega.blogia.com/
Los de Identidade Gallega llevan ambos web-blogs y colaboran con la revista Identidad, que editan los soplones de ZP.
7:17 a.m.

puteríos no dijo…

puteríos no. aportes sí.
6:05 p.m.

Jaume Farrerons dijo…

¿Podría explicar un poco más su postura? No creo que ninguno de los usuarios la haya entendido. Al menos yo, no alcanzo a columbrar el sentido de su “aporte”.
10:00 a.m.
http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/03/la-frase-de-zinoviev.html
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