9 y 31 diciembre 2010, causas del “holocausto”

jueves, diciembre 09, 2010

Causas del holocausto

¿Auschwitz o Dresden?



Un nuevo comienzo: la verdad

La verdad histórica no es algo que afecta sólo al pasado. Si fuera así no existirían miles de documentos clasificados sobre la Segunda Guerra Mundial sesenta y cinco años después de su finalización. La verdad histórica afecta a la legitimidad de la oligarquía transnacional que controla occidente mediante mecanismos escasamente democráticos. La única revolución posible, una revolución sin sangre, democrática y pacífica, es la revolución de la verdad. No el neofascismo que algunos revisionistas pretenden, sino un nuevo comienzo que haga tabula rasa de todas las ideologías del pasado. A tal efecto, es necesario revisar el relato histórico hasta tal punto, que algunos confundirán dicha revisión con la simple apología de Hitler. Tan enormes y graves han sido las mentiras, que la simple verdad se confunde con propaganda neonazi. Pero esto no es culpa del investigador de turno, enfrentado al desagradable riesgo de ser acusado de neofascista, sino de los mendaces “intelectuales”, políticos y oligarcas que “mecen la cuna” del actual dispositivo de dominación planetaria.

El “Holocausto” (Finkelstein) que narran los medios de comunicación, la “cultura” y la historia oficial nunca existió tal como nos lo cuentan. Para los que no tienen el hábito de documentarse, un lujo reservado al parecer a los muy pocos, la simple lectura de las últimas noticias sobre el caso Julien Assange pone en evidencia que los ciudadanos occidentales son regularmente manipulados con total cinismo y desparpajo por parte de nuestros gobernantes. Éstos operan como meros testaferros de las sectas, clubes económicos, logias e iglesias que, marketing mediante, hipnotizan a unas masas gregarias y conformistas supuestamente depositarias de la soberanía popular. No hubo jamás un plan de exterminio de los judíos en el que se emplearían cámaras de gas y hornos crematorios de manera sistemática. La persecución y las atrocidades contra los judíos por parte del nazismo, que sin duda existieron, han sido tremendamente exageradas a fin de ocultar las vulneraciones de los derechos humanos perpetradas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, las cuales, gracias a la cortina de humo del Holocausto, permanecen impunes hasta el día de hoy.

Hipótesis de trabajo: el funcionalismo crítico
En realidad, como poco desde el año 1941, lo que sí había era un plan, sin duda, pero un plan para aniquilar a Alemania y al pueblo alemán. De este “democrático” designio conocemos algunos detalles gracias al panfleto de Theodore N. Kaufman “Alemania debe perecer”, cuyo descubrimiento por parte de las autoridades alemanas fuera sin duda decisivo en el trato dado a partir de entonces a los judíos.
Revelaciones recientes de Wikileaks demuestran que Inglaterra rechazó las ofertas de paz de Alemania en un momento en que la Wehrmacht estaba ganando el conflicto bélico de manera espectacular, hasta el punto de que los soldados aliados tenían miedo de enfrentarse con las tropas alemanas. El motivo dado, empero, por los ingleses en los cables diplomáticos, era que la guerra se emprendía no contra Hitler, sino contra el pueblo alemán. Alemania (=Prusia) debía ser aniquilada. Éste era el designio de la oligarquía. El cablegrama revelado por Wikileaks encaja perfectamente con lo escrito por Kaufman.
En el año 1941, cuando los alemanes pretendían deportar a los judíos a Madagascar y no, como sostiene la propaganda, exterminarlos, el plan de Londres era bombardear Alemania con unos artefactos explosivos especialmente diseñados para quemar vivos al máximo número de civiles: ancianos, mujeres y niños. Tal querencia del Bomber Command británico era la primera concreción práctica del plan reflejado por el libro de Kaufmann y se puso en marcha de forma inmediata. El bombardeo de Dresde fue sólo uno de sus episodios tardíos. Las consecuencias para los judíos no se hicieron esperar. En 1942, los alemanes empezaron a explotar a hebreos y a otros prisioneros como mano de obra esclava y hasta la muerte. En Rusia, los Einsatzgruppen nazis asesinaban a los judíos de forma fulminante e inmediata, sin distinguir sexos o edades, ya desde el año anterior. Ésta es una realidad que ni siquiera los revisionistas más obtusos niegan.
El holocausto es el resultado de estas medidas de represalia. Tal versión del holocausto sería una variación coherente de la conocida como hipótesis funcionalista, que se contrapone, desde el punto de vista científico, a la hipótesis intencionalista. Ésta carece de fundamento pese a ser la más divulgada entre los telespectadores adocenados: “Desde hace muchos años, los historiadores del Holocausto se han dividido en dos grupos, el ‘intencional’ y el ‘funcional’. El primero de ellos insiste en que desde el principio Hitler había tomado la firme decisión de matar a los judíos y sólo esperaba a que se dieran las condiciones oportunas. El segundo sólo atribuye a Hitler la idea general de ‘encontrar una solución’ al ‘problema judío’, una idea clara sólo por lo que se refiere a la idea de una ‘Alemania limpia’, pero vaga en lo referente a los pasos que había que dar para que se hiciera realidad. Los estudiosos de la historia apoyan con datos cada vez más convincentes la visión funcional” (Zygmut Bauman, Modernidad y holocausto, Madrid, Sequitur, 1997, p. 143-144).Los funcionalistas aceptan que hubo exterminio judío, pero no plan de exterminio. No se debe confundir a los funcionalistas con los revisionistas, pero desde que Goldhagen admitió que el tema de las cámaras de gas se había “exagerado mucho” sin ningún fundamento, la divisoria se va haciendo cada vez más difusa: “suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (…) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (…) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período” (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 2003, pp. 29-39). !No está hablando un revisionista negacionista, sino un exterminacionista neoyorkino de etnia hebrea! !Y afirma, nada menos, que el tema de las cámaras de gas ha sido aceptado como “artículo de fe” procedente “de fuentes distintas de la investigación histórica”! ¿De qué fuentes, podemos preguntarnos? ¿Y cómo ha podido sostenerse entre los historiadores profesionales algo que era sólo un artículo de fe? ¿Qué credibilidad pueden ostentar unos investigadores académicos que actúan de esta manera? ¿Quién impone la “fe” y de qué “fe” se está hablando, cuando se trata de un imperativo que pisotea los protocolos más básicos de la ciencia, la objetividad y la verdad? Existiría, por tanto, entre el exterminacionismo funcionalista y el revisionismo moderado, una posibilidad metodológica intermedia, que denominaré “funcionalismo crítico” y que, a mi entender, podría ser la más próxima a la verdad sobre nuestra historia europea reciente.Cuando Alemania invade Polonia (1939) para recuperar los territorios del este que le fueron amputados por el Tratado de Versalles, también los tanques soviéticos atraviesan la frontera polaca, pero Inglaterra, que con ello está desatando conscientemente la Segunda Guerra Mundial, declara la guerra sólo a Alemania, no a la URSS. Este hecho no casa con el relato oficial de unas potencias aliadas intentando amparar a un pequeño país, en nombre de la libertad, de las garras de un sanguinario dictador. En efecto, en el momento (1941) en que Churchill pacta con Stalin para derrotar a Alemania, Auschwitz todavía no existe, pero el régimen soviético ha exterminado ya a 13 millones de personas. !El sanguinario dictador es Stalin! ¿De qué libertad estamos hablando entonces? Pese a tales discursos liberales, Inglaterra acepta a la URSS como aliado, porque el objetivo de la guerra no es la defensa de los derechos humanos, sino la destrucción de Prusia como modelo político, espiritual y cultural incompatible con la society burguesa capitalista.
La existencia de un plan de exterminio más allá del papel queda acreditada, si los bombardeos incendiarios contra las ciudades no fueran suficiente prueba, por lo que pasa en el momento en que Alemania es derrotada y ocupada por los angloamericanos y los soviéticos. Las víctimas del genocidio planificado, conocido en su postrera etapa como plan Morgenthau, sumadas a las víctimas de la limpieza étnica perpetrada por los soviéticos, se elevan a de 13 millones de personas, bien entendido que hablamos, siempre, de prisioneros desarmados y civiles, no de caídos en el frente de combate.
El comunismo, aliado de los EEUU e Inglaterra, ocupa en 1945 la misma Polonia que en teoría se pretendía defender al desencadenar la “cruzada” antialemana, pero además, de propina, Stalin se apodera de toda la Europa del Este y los regímenes marxista-leninistas siguen exterminando, después de la Segunda Guerra Mundial, a pueblos y sectores enteros de la sociedad en Rusia, China, Camboya y otros lugares, alcanzando los 100 millones de víctimas en los años noventa.
La manipulación más desvergonzada
como instrumento de dominación de masas
Ni los aliados occidentales ni los comunistas han sido juzgados nunca por sus genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, mucho más atroces que los crímenes nazis. ¿Debían juzgarse ellos a sí mismos? Esta impunidad nos grita a la cara, a menos que estemos sordos, cuál es la naturaleza moral del sistema oligárquico en el que vivimos sin ser demasiado conscientes de ello; mejor dicho: sin querer serlo por miedo a las consecuencias que se derivarían, o deberían derivarse, de esta repentina lucidez cívica. Entre ellas, el imperativo de cuestionar la visión de la historia que los genocidas nunca juzgados tratan de inocularnos a fin de auto legitimarse políticamente en el presente. Porque, si han perpetrado o consentido o abonado el gulag, Dresde e Hiroshima, ¿por qué tendrían que decir la verdad sobre Hitler y el “fascismo”? ¿Por qué no podrían mentir sobre cualquier cosa, como efectivamente hacen cada día, según acredita Wikileaks con sonrojante patencia?
No obstante, también a diario podemos “disfrutar” en la pantalla de la TV de una noticia o una película fraudulenta, auténtico “lavado de cerebro” para tontos, sobre el holocausto; o podemos leer una novela, premio oligárquico de narrativa propagandística, basada en el mismo tema, a saber: en la idéntica, repetitiva y machacona cantinela de cuento infantil de siempre: nazis perversos, diabólicos, aliados angélicos (“soldados y santos”, rezaba el título de una película), rusos un tanto groseros pero simpáticos al cabo, judíos que eran todos moralmente intachables, casi perfectos… Una descarada manipulación que sólo un ignorante y cretino integral podría digerir como “relato basado en hechos reales”. Todo ello a fin de mantener engañada a la mayor parte de la población europea sobre la realidad histórica y el carácter abominablemente criminal del estamento político-económico que nos gobierna desde el año 1945. ¿Hasta cuando?
Jaume Farrerons
La Marca Hispànica, 9 de diciembre de 2010
Publicado porENSPOen6:09 a.m.
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3 comentarios:

Jackobsdijo…

q me dices de la operación T4? o de la operación Reinhard? mira este video http://www.youtube.com/watch?v=-NpF3jGmKOM
A tenor del resto de tu entrada, debo decir q un crimen debería tener en teoría siempre la misma clasificación moral-penal, por bien q hoy en día a unos se les llame crímenes contra la humanidad y a los otros crímenes por la humanidad.
11:36 a.m.

Rodolfo Platadijo…

Prestarse a la farsa del holocausto, garantiza impunidad a los criminales y genocidas seriales. Luchemos porque se ejercite el juicio penal contra los responsables del saqueo, secuestro, sometimiento y exterminio de los pueblos de los países del Este de Europa después de la SGM. La ley que criminaliza a los revisionistas que niegan el holocausto, sin criminalizar a los bolcheviques judíos, debe de se abrogada porque carece de equidad. LIBERTAD A PEDRO VARELA. DAVID DUKE: EL EJÉRCITO ROJO. http://www.youtube.com/watch?v=My2o5VXxBIw&feature
4:24 a.m.

Jaume Farreronsdijo…

En ello estamos. Que se haga justicia.
2:02 p.m.

http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2010/12/causas-del-holocausto.html

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viernes, diciembre 31, 2010

Anotaciones preliminares sobre las causas del holocausto (4)

“La Shoah fue obra de un típico régimen neopagano moderno” (“Nosotros recordamos”, documento oficial de la Iglesia Católica sobre el Holocausto).

Conocida es la postura de la Iglesia Católica en relación con el holocausto. La persecución y exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial habría sido obra de un régimen “pagano”, expresamente anticristiano y, por ende, malvado, léase: sin dios. El antisemitismo religioso, que hunde sus raíces en los orígenes mismos de la predicación de Jesús, nada tendría que ver con tan oprobiosos hechos. Enlazamos a continuación el documento “Nosotros recordamos. Una reflexión sobre la Shoah”:

Por el contrario, como prueba del antisemitismo cristiano se aducen diversos fragmentos del Nuevo Testamento, singularmente el Evangelio de San Juan, donde encontramos afirmaciones como la siguiente: “Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: ‘Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres'” (Evangelio según San Juan, 8.31-32). Citamos este pasaje para que quede claro que Jesús está debatiendo con “los judíos” y éstos le responden con una pretensión que alude a su descendencia biológica: “Ellos le respondieron: ‘Nosotros somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?'” (Juan, 8.33). Los judíos olvidan fácilmente su esclavitud egipcia, babilónica y tantas otras fases de sometimiento político, pero el orgullo nacional herido, como sabemos, es el motor del mesianismo hebreo, aunque no venga ahora al caso ahondar en ese tema. El debate con los judíos prosigue y la afirmación final, puesta en boca de Jesús, resulta categórica:
“Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Éste era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira”
(Evangelio según San Juan, 8.44).
Jesús acusa de homicidas a los judíos en tanto que perpetradores de los deseos de su padre, el demonio. Un somero repaso al Libro de Josué y a otros lugares del Antiguo Testamento pone en evidencia que Jesús podría estar refiriéndose a las repetidas instigaciones al crimen masivo de sangre (el anatema) procedentes de Yahvé y ejecutadas por los hebreos, que se detectan en la “historia sagrada”. Yahvé, ¿sería entonces el demonio? No lo sabemos, se trata de una materia de investigación teológica. Lo que sí sabemos es que la imputación demoníaca había sido aquélla que utilizaran en el pasado los judíos contra los gentiles (los no elegidos por dios, antes de ser asesinados sin piedad), la misma que emplearían luego los cristianos contra los judíos y más tarde los comunistas y los anarquistas, en la versión secularizada del “mal absoluto”, contra sus adversarios fascistas, etcétera. El holocausto, como ya sugerí en otras entradas, ha sido sólo el último capítulo, la entrega más reciente, en el relato histórico de la intolerancia monoteísta.“El antisemitismo es inaceptable. Espiritualmente todos somos semitas” (Papa Pio XI dixit)
 
Según la Iglesia Católica, el genocidio judío a manos de los nazis no se puede explicar a partir del antisemitismo cristiano porque el holocausto supone una mutación ideológica de la idea de “el judío”. Se pasaría, así, de un antisemitismo religioso, en el cual el pueblo mosaico todavía puede salvarse mediante la conversión, a un antisemitismo biológico, donde no hay conversión posible, sino sólo exterminio físico. Si esto fuera así, los nazis cristianos que asesinaban judíos no habrían actuado como cristianos, sino como “fascistas”. Recordemos que hubo millones de nazis cristianos. Se da por supuesto que cuando mataban judíos, estos nazis traicionaban la ética cristiana, actuaban como “paganos” o “ateos” biologistas “ayunos de trascendencia”, por mucho que pretendieran legitimar sus actuaciones violentas a partir de la doctrina cristiana. Para cuestionar este dogma exculpatorio bastan, en principio, dos consideraciones:
1/ la historia de la Iglesia Católica y del cristianismo en general está repleta de violencia y utiliza ya el concepto de “pureza de sangre” -una vez más, de procedencia judía- como criterio de exclusión social en perjuicio de los conversos. Si los adversarios del cristianismo eran, ante todo, adversarios religiosos y podían ser siempre convertidos, lo que posibilitaba evitar la supresión física, ¿por qué, en nombre de la doctrina de Cristo, se ha asesinado a millones de personas, desde los paganos nórdicos que se negaban a convertirse hasta las brujas de la Edad Media, desde las víctimas de la Inquisición bien entrada la Edad Moderna hasta los herejes protestantes?
2/ es el propio judaísmo el que considera, como descencientes exclusivos, es decir, biológicos, de Abraham (distinción que los cristianos no pueden ostentar) ontológicamente superiores a los judíos respecto de los seguidores de Cristo. Aun hoy, en ciertos sectores nacionalistas del judaísmo se hace ostentación de una presunta excelencia genética hebrea. Hemos visto que ya desde la época de Lutero está documentada esta pretensión que, al perecer, se remonta a los orígenes mismos del cristianismo (véase la respuesta de los judíos a Jesús) y al concepto mismo de “pueblo elegido”, un ente material que se identifica por su ascendencia común y sus características étnicas sagradas.

La secularización del judaísmo, paralela a la secularización del cristianismo en las llamadas “ideas modernas” (Nietzsche), es decir, en el comunismo, el anarquismo, el liberalismo y demás doctrinas políticas de la felicidad y el paraíso en la Tierra, es un fenómeno interno inherente al propio judaísmo. Una de las expresiones más patentes de dicha secularización se encuentra en el sionismo, ideología de rasgos claramente racistas a la par que seculares. Pretender que el paganismo o el ateísmo tienen alguna relación de responsabilidad con la tradición del anatema es una injusticia de tal calibre como sólo un cristiano o un judío monoteístas podrían cometerla. El paganismo muestra, precisamente, una notoria tolerancia, cuando menos comparativa respecto del cristianismo, con las religiones nacionales de los otros pueblos, precisamente por su carácter politeísta, que le permitía reconocer los dioses ajenos como dioses, antes que como meros diablos sólo susceptibles de ser aniquilados.

El carácter nietzscheano y, por ende, pagano, del primer fascismo, explica el apoyo que los judíos dieron en Italia al movimiento fascista. Precisamente en Italia, donde la Iglesia Católica y el Estado Vaticano habían sido los enemigos seculares de la unidad nacional, los hebreos apoyaron dicha unidad con la esperanza de disminuir el peso del antisemitismo eclesiástico institucionalizado en el ghetto. El fascismo, en tanto que nacionalismo italiano vinculado simbólicamente a la romanidad pagana, despertaba en los hebreos del país subalpino las más encendidas esperanzas de libertad religiosa. De ahí la actitud de Mussolini hacia los judíos y su expreso apoyo a la propuesta sionista de “retorno” a Israel como “solución” al tópico problema del “desarraigo” judaico.
Todo lo contrario que en Alemania, donde, a pesar de las simpatías de Hitler hacia la idea sionista, se palpa la diferencia entre el relativamente moderado antisemitismo católico y el feroz antisemitismo protestante. La presencia masiva de cristianos reformados en el movimiento nacionalsocialista, el hecho de que Alemania fuera un país vinculado, en su proceso de unidad nacional, al cristianismo luterano, virulentamente antisemita, explica en parte el papel que el odio a los judíos, contraviniendo la preceptiva nietzscheana de dejar fuera del movimiento regenerador de Europa a los antisemitas en tanto que cristianos, jugara un papel mucho más fundamental en la retórica política de masas del III Reich que en el caso de Mussolini.
¿Puede, por tanto, identificarse la esencia del fascismo con el holocausto? No creo que quepa hacer semejante afirmación sin incurrir en abuso. El fascismo no tiene un carácter esencialmente antisemita, por mucho que sea crítico con el judaísmo en el mismo sentido en que lo son Marx y Hegel. Y si hace caso de su fundador, Nietzsche, filósofo también asaz hostil a la herencia judía, el fascismo debe desprenderse del bagaje antisemita precisamente por su intrínseca vinculación con el monoteísmo hebreo y por su tendencia a la diabolización maniquea del adversario. Respecto a Alemania, puede sostenerse que tampoco el holocausto representa la esencia del nacionalsocialismo. Es perfectamente concebible un “socialismo nacional” alemán libre de cristianismo y, por tanto, de antisemitismo. Pero el socialismo nacional procede de dos cepas, a saber, la judía y racista de Moses Hess, maestro de Marx, y la nietzscheana de Sorel. El nazismo pasó inconscientemente de la segunda a la primera por los carriles que el antisemitismo luterano -el judeocristianismo heredado- le abrió de manera automática y a cuya “tentación”, por razones contextuales que ya he explicado en otras entradas, no pudo resistirse.

Jaume Farrerons

31 de diciembre de 2010
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